Querido Luis:
¡Qué difícil es escribir estas letras, que surgen del fondo del
corazón, envueltas en sincera y agradecida amistad! Tengo el alma
encogida y los renglones están cada vez más mojados por las lágrimas,
pero la fuerza del artista curtido en cien mil batallas, y el poder
rendirte un pequeño homenaje, me hace seguir escribiendo esta carta. Shakespeare decía que "Unos en velas, otros dormidos, el mundo sigue
su rodar" y la vida es tan injusta que no se para por nada ni por
nadie, si nos diésemos cuenta que el tiempo que estamos en escena es
tan corto, que por mucho que acumules y amases lo único que te llevas
son los recuerdos y el cariño de la gente, nos haría ser mejores
personas, disfrutando cada segundo de la vida dada y no perderla en
estúpidas rencillas y batallas sin sentido. Recuerdo la última
conversación que tuvimos, preparando el musical José, que me
advertiste sobre los oscuros personajes que en cervecerías, video club
y muchas veces en casas de putas se reúnen a conspirar. ¡Qué verdad
tenías!
Un buen amigo dice hay que pasar por la vida haciendo el menor daño
posible, tú no sólo no hiciste daño, sino que sembraste amor, amistad
y sobre todo creaste con tus manos arte y magia, arte en la pintura,
la cocina y magia entre las bambalinas del teatro y los focos de los
set de televisión y cine; siempre llenando nuestros corazones con
sonrisas caribeñas. Qué pérdida para la escena, no sólo asturiana,
sino mundial, y qué injustos han —mejor dicho hemos— sido contigo, que
no supimos darnos cuenta que entre nosotros había un genio.
¿Cómo el Teatro Jovellanos, el Palacio Valdés o el Campoamor te
dejaron escapar? ¿Cómo el I.T.A.E., se permitió el lujo de perder como
profesor a uno de los mejores escenógrafos del mundo? Tengo las
respuestas, pero como dicen, uno vale más por lo que se calla que por
lo que dice. Qué pena que en este paraíso natural en el que vivimos,
tengamos que callarnos por miedo a las represalias y a las listas
negras. Todos estos personajillos vestidos de negro y escondidos tras
las máscaras de gafas de pasta, que están haciendo tanto daño a los
profesionales asturianos, protegidos por el amparo del poder
establecido. ¡Pobre Asturias!
Las luces y los focos se han apagado para ti en esta vida, pero se han
encendido y de qué manera en la otra, porque si existe otra vida estoy
seguro que estarás haciendo la escenografía de la última obra de Lorca,
Shakespeare, Lope, Brecht, Chéjov o de Calderón. Góngora nos dijo:
"Que yo soy el que se va y el tiempo el que se queda", y por eso mi
último recuerdo es para Alex, que es el que más sufre en estos
momentos por tú ausencia y por tu amor. ¡Estamos contigo Alex!
Seguramente el 6 de septiembre estarás sentado desde las butacas
estelares apoyándonos en el estreno de José y como estarás al
lado de D. Armando Palacio Valdés, pídele disculpas de antemano, por
si no le gusta la representación, aunque sé que se sentirá muy
orgullos de que Candás, su Rodillero, le rinda el homenaje que se le
debía. Me despido lleno de pena y tristeza por tu ausencia, pero no te
preocupes, pronto nos veremos. ¡Qué son cincuenta o sesenta años en la
eternidad! ¡Qué orgullo es poder llamarte amigo, Luis Montalvo!