Número 8. Mayo de 2003

 Boni Pérez en el teatro

 

El mundu y yo tamos en paz,

cadún garró’l so sitiu,

de vez en cuando llégame

una factura a casa,

de vez en cuando cúspo-y

el mio tarrecimientu

y en delles ocasiones

salimos de copes

pa zarrar la cuestión.

Él sigue igual,

pero yo llego

más contentu pa casa.

Pedro Lanza

Boni Pérez es una de las personalidades más polifacéticas del actual panorama cultural asturiano. Autor en español y en asturiano, tiene publicada la colección de relatos Algunos signos de los tiempos (KRK, 1993) y la novela de viajes Aparecíos en México (vtp, 1995). En los ambientes musicales es conocido por su labor de letrista del grupo gijonés Los Locos. También es el responsable de la notoria y polémica serie de cómic Los Potaje, realizada en colaboración con el dibujante Javier Rodríguez. Es autor de guiones cinematográficos, entre ellos Nun val la pena conquistar la Tierra, realizado bajo la dirección de José Braña, y también ha escrito la letra de algunas piezas teatrales musicales.

Pregunta. ¿Cómo surge Gilda?

Respuesta. Gilda es un encargo del Centro Cultural del Coto que le ofreció al Festival de Cine de Gijón la posibilidad de una actividad paralela con un texto teatral escrito ex profeso pero inspirándose en algo del cine. Y con muy poco tiempo, un plazo de tres meses hasta el Festival, me llaman. Lo primero que se me ocurrió fue Gilda. También tenía una canción y me gustaba que se recogiera en el texto para hacerla en castellano. En un tiempo récord hice la adaptación. Les entrego el texto a últimos de septiembre. ¡Y querían hacer el estreno en noviembre con alumnos del Instituto del Teatro! Claro, fue imposible. Lo que se hizo fue una lectura dramatizada y ni siquiera fue en la semana del Festival. O sea, que no fue una idea mía de "voy a tentar el teatro", surgió como te he contado.

P. ¿Cuál es tu relación con el teatro como espectador?

R. Como espectador teatral procuro ver todo lo que puedo, o por lo menos todo lo que "huelo" que me va a gustar. Recuerdo que el primer montaje que vi (estaba todavía en el bachillerato) fue en el polideportivo del Instituto de El Coto. Lo representó Margen: Cuando los cíclopes salen de la tierra…, sobre la revolución de octubre del 34. Me gustó aquel teatro de combate de aquella época. En lo que se refiere al teatro asturiano procuré siempre ver lo que se iba estrenando. Como espectador tengo buena relación con el teatro, aunque pasa como con todo, vas haciéndote más "repunante" y cosas que a lo mejor hace años pasabas por alto ya no las transiges: siempre los mismos trucos, siempre la misma historia. Yo suelo ir "virgen" a la función, sin prejuicios. Lo que no soporto son las cosas mal hechas, los malos actores, las tomaduras de pelo. No tengo un teatro ideal que me guste más. Además viviendo aquí vas a ver lo que te llega, no puedes elegir. Pienso que hay una enorme censura comercial. No se montan las cosas que a mí, a priori, me podían interesar más. Se repiten espectáculos hasta la saciedad. No se asumen riesgos. Y los espectáculos ya no nos conmueven. ¿Qué necesidad hay de hacer versiones teatrales de películas, aunque se haga bien? ¿No hay cosas nuevas que no se hayan visto? Si quiero ver El verdugo veo la película de Berlanga.

P. ¿Cómo ves el teatro asturiano?

R. En los últimos años me he perdido varios espectáculos que no pude ver por problemas de horarios laborales. De lo último que vi me gustó bastante el espectáculo de Higiénico Papel, Con p de piano, que recupera un poco el café-teatro. Es teatro de entretenimiento con la dosis justa de mala uva donde los dos actores funcionan muy bien. El problema de Asturias es que enseguida se toca techo. En la música, en el teatro, en todo… La dificultad es dar el salto fuera. Se hacen las pocas funciones que se pueden hacer por la región y luego se acabó. Y es una pena porque creo que hay cosas muy dignas que se pueden vender.

P. Has colaborado en diversos espectáculos teatrales como autor de canciones…

R. He hecho colaboraciones musicales con grupos teatrales asturianos. La primera fue en Píldoras de cabaret, del ya desaparecido grupo Toaletta, que dirigió Maxi Rodríguez. Hice la letra de tres canciones y la música la compuso Carlos "Loco". También colaboró Salva como teclista. Como Maxi quedó contento con el resultado quiso repetir y en el siguiente espectáculo, que era infantil (Mucho cuento), Carlos y yo volvimos a hacer las canciones. Aunque aquí fue un trabajo más a lo juglar, Carlos con la guitarra cantando los temas en directo, integrado en el espectáculo como nexo de unión entre los distintos cuentos y participando en cierta medida en la acción. Mi tercera colaboración fue con Quiquilimón, bajo la dirección de Etelvino Vázquez en una obra también infantil, Supertot de Benet i Jornet. La cosa fue creciendo muchísimo: al principio eran siete u ocho canciones, pero no sé si a Etelvino le iba gustando cada vez más la parte musical (por cierto el músico era Chus Naves de Salón Dada, grupo también de la quinta de Los Locos, de los 80, de Oviedo y que también era conocido mío porque tocó muchas veces los teclados con Los Locos) que al final eran un montón de canciones. El espectáculo se hizo largísimo y era para niños. Así que después del estreno se redujo el número de canciones y también texto. Fui a los ensayos y fue divertido estar allí echando una mano para ayudar a los actores, que no eran cantantes, a encontrar su voz. Y ya mi última colaboración volvió a ser con Maxi, que dirigió en Cataluña El color del agua. Le apetecía meter una canción y me llamó.

P. ¿Cómo te desenvuelves con la escritura teatral?

R. En la escritura teatral ando un poco perdido. Reconozco que las reglas de la dramaturgia no las domino. Escribir con alguien sí me apetecería, que alguien tuviera una idea e ir perfilando los diálogos. A mi no se me ocurren cosas para el teatro. Se me ocurren para el cine. Y nunca me planteé la escritura teatral. Lo que hice fue por encargos. Tengo otra pieza que nunca se estrenó por diversos avatares y que está basada en las canciones que tenía para un espectáculo fundamentalmente cantado a las que uní con un texto que se terminó llamando Faltas personales.

P. Me gustó mucho tu Ferviella. ¿Escribes con asiduidad poesía?

R. Siempre escribí poesía. Empecé escribiendo poesía en el bachillerato, lógicamente. Tengo publicado un único libro de poesía, Ferviella, que está escrito en asturiano y que publicó VTP. Algunos de los poemas están escritos directamente en asturiano y otros los había escrito en castellano que luego traduje al asturiano. Era una especie de diario de una época de desencuentro con el mundo, de periodos de mala leche, época que en cierta medida todavía atravieso. Ferviella es el retrato fiel de un estado de ánimo.

P. Cuéntanos tus experiencias en el mundo del cómic…

R. Empecé con Ángel Heredia, que ahora se dedica más bien al diseño, haciendo guiones para cómic. Fuimos compañeros de instituto. Fue una publicación del Ayuntamiento de Langreo que se llamaba "Caja de dibujo" y que dirigía Próspero Morán. Ahí hicimos Ángel y yo nuestros primeros pinitos. Con Javier Rodríguez e Igor Medio como dibujantes hice los guiones de un cómic sobre la historia del cine español, por encargo del Festival de Cine de Gijón. Como ves yo vivo mucho de encargos. Y luego vino la famosa campaña de Los Potaje que me hizo tristemente famoso: los célebres quince minutos de Andy Warhold. El trabajo surge, de nuevo, como un encargo. Fueron los Sevicios Sociales del Ayuntamiento quienes nos pidieron un cómic agresivo, nada de doctrina, algo que ni Javier Rodríguez, el dibujante, ni yo hubiéramos aceptado. Iba destinado fundamentalmente a los institutos de enseñanza y tenía una parte didáctica. Deberían ser tres números coincidiendo con los trimestres escolares. Ya en el primer número hubo problemas con las feministas, pero se publicó de todas maneras. Ya en la calle el cómic viene la gran polémica con el Partido Popular, que generosamente nos calificó de blasfemos y otras lindezas. La campaña tuvo varios premios y la cosa se calmó. Viene una nueva corporación y nos llaman para una segunda tirada de otros tres, de los cuales sólo salió el primero, con problemas y censurado por una viñeta en la que aparecía una mujer en biquini en una valla publicitaria anunciando un ron, como en la vida real, donde el ron es anunciado por señoritas: nosotros reprodujimos en el cómic ese aspecto de la realidad. Y como el cómic se iba a comentar, el profesor que lo hiciera hablaría de los estereotipos y los abusos publicitarios. Nos llama la señora concejala, hermana de la alcaldesa, y nos dice que "mientras yo esté aquí no saldrán estereotipos". Fueron muy desagradables las cosas que nos dijeron y como se dijeron. Javier y yo decidimos que no íbamos a poner ninguna viñeta alternativa a la censurada y el cómic se publicó con la valla en blanco. Aun así tuvo un accésit en los premios Reina Sofía de la Fundación Contra la Drogadicción, premio que fueron a recoger la alcaldesa y su hermana que habían censurado el cómic, momento que aproveché para contar toda la historia a los medios de comunicación. Así acabaron Los Potaje. Una pena. La campaña era muy conocida y tenía mucha aceptación. Pero no estoy dispuesto a aguantar memeces.

P. Viendo los últimos acontecimientos, en España y en el mundo, ¿no crees que es el momento de volver a un teatro de corte social, comprometido, político?

R. No sé quien decide, ejecutivos supongo, que eso no interesa. Y a veces, cuando este tipo de teatro logra traspasar todas las barreras empresariales y por fin llega a las salas, algunas veces funcionan muy bien. Están engañándonos: "la gente lo que quiere es divertirse". ¿Qué es divertirse? "Divertere", separarte de lo tuyo, de tus problemas cotidianos. Te puedes divertir con un musical y te puedes divertir con Bergman. Y se está vendiendo a los jóvenes un tipo de diversión, como ellos lo llaman, de "desfase". Divertirse es "desfasarse". La diversión no está asociada a estoy en mi casa y cojo un libro o estoy haciendo algo yo solo. La diversión es pérdida de control, pérdida de conciencia: coger una borrachera y hacer el pijo por la calle. No tienen la culpa ellos: se les vende a través de la publicidad. Si no gritas, si no pierdes la cabeza y si no haces locuras eres un pobre desgraciado.

P. Tú que conoces bien a los jóvenes, por tu profesión de profesor y por tú acercamiento a ellos a través del cómic y de la música, ¿no te animas a unirlo todo ello en una pieza teatral?

R. Yo necesito a alguien que sepa de teatro más que yo. Además es mucho más divertido trabajar en equipo que trabajar solo. Y además aprendes de los demás. Sí me interesaría un espectáculo que hable de los jóvenes, contado por ellos mismos y con su propio lenguaje. Es complicado hacerlo con un mínimo de calidad.

Ando soliviantáu,

enguedéyaseme’l pelo

y l’estómadu

mándame dalgún avisu.

Nun tengo ganes de nada,

namás me diba petecer

convertime en torpedu

y fundir daqué...

Disculpái los engorrios,

permanecéi atentos a mi,

facéime dalgún afalagu

y en breves momentos

voi ser el de siempre

y pagar los destrozos.

(Los dos poemas que abren y cierran la entrevista son del libro"Ferviella", de Boni Pérez)

  

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