Pedro Lanza
Boni Pérez es una de las personalidades más polifacéticas del
actual panorama cultural asturiano. Autor en español y en asturiano,
tiene publicada la colección de relatos Algunos signos de los
tiempos (KRK, 1993) y la novela de viajes Aparecíos en México
(vtp, 1995). En los ambientes musicales es conocido por su labor de
letrista del grupo gijonés Los Locos. También es el responsable de la
notoria y polémica serie de cómic Los Potaje, realizada en
colaboración con el dibujante Javier Rodríguez. Es autor de guiones
cinematográficos, entre ellos Nun val la pena conquistar la Tierra,
realizado bajo la dirección de José Braña, y también ha escrito la
letra de algunas piezas teatrales musicales.
Pregunta. ¿Cómo surge Gilda?
Respuesta. Gilda es un encargo del Centro Cultural del
Coto que le ofreció al Festival de Cine de Gijón la posibilidad de una
actividad paralela con un texto teatral escrito ex profeso pero
inspirándose en algo del cine. Y con muy poco tiempo, un plazo de tres
meses hasta el Festival, me llaman. Lo primero que se me ocurrió fue
Gilda. También tenía una canción y me gustaba que se recogiera
en el texto para hacerla en castellano. En un tiempo récord hice la
adaptación. Les entrego el texto a últimos de septiembre. ¡Y querían
hacer el estreno en noviembre con alumnos del Instituto del Teatro!
Claro, fue imposible. Lo que se hizo fue una lectura dramatizada y ni
siquiera fue en la semana del Festival. O sea, que no fue una idea mía
de "voy a tentar el teatro", surgió como te he contado.
P. ¿Cuál es tu relación con el teatro como espectador?
R. Como espectador teatral procuro ver todo lo que puedo, o por
lo menos todo lo que "huelo" que me va a gustar. Recuerdo que el
primer montaje que vi (estaba todavía en el bachillerato) fue en el
polideportivo del Instituto de El Coto. Lo representó Margen:
Cuando los cíclopes salen de la tierra…, sobre la revolución de
octubre del 34. Me gustó aquel teatro de combate de aquella época. En
lo que se refiere al teatro asturiano procuré siempre ver lo que se
iba estrenando. Como espectador tengo buena relación con el teatro,
aunque pasa como con todo, vas haciéndote más "repunante" y cosas que
a lo mejor hace años pasabas por alto ya no las transiges: siempre los
mismos trucos, siempre la misma historia. Yo suelo ir "virgen" a la
función, sin prejuicios. Lo que no soporto son las cosas mal hechas,
los malos actores, las tomaduras de pelo. No tengo un teatro ideal que
me guste más. Además viviendo aquí vas a ver lo que te llega, no
puedes elegir. Pienso que hay una enorme censura comercial. No se
montan las cosas que a mí, a priori, me podían interesar más. Se
repiten espectáculos hasta la saciedad. No se asumen riesgos. Y los
espectáculos ya no nos conmueven. ¿Qué necesidad hay de hacer
versiones teatrales de películas, aunque se haga bien? ¿No hay cosas
nuevas que no se hayan visto? Si quiero ver El verdugo veo la
película de Berlanga.
P. ¿Cómo ves el teatro asturiano?
R. En los últimos años me he perdido varios espectáculos que no
pude ver por problemas de horarios laborales. De lo último que vi me
gustó bastante el espectáculo de Higiénico Papel, Con p de piano,
que recupera un poco el café-teatro. Es teatro de entretenimiento con
la dosis justa de mala uva donde los dos actores funcionan muy bien.
El problema de Asturias es que enseguida se toca techo. En la música,
en el teatro, en todo… La dificultad es dar el salto fuera. Se hacen
las pocas funciones que se pueden hacer por la región y luego se
acabó. Y es una pena porque creo que hay cosas muy dignas que se
pueden vender.
P. Has colaborado en diversos espectáculos teatrales como autor
de canciones…
R. He hecho colaboraciones musicales con grupos teatrales
asturianos. La primera fue en Píldoras de cabaret, del ya
desaparecido grupo Toaletta, que dirigió Maxi Rodríguez. Hice la letra
de tres canciones y la música la compuso Carlos "Loco". También
colaboró Salva como teclista. Como Maxi quedó contento con el
resultado quiso repetir y en el siguiente espectáculo, que era
infantil (Mucho cuento), Carlos y yo volvimos a hacer las
canciones. Aunque aquí fue un trabajo más a lo juglar, Carlos con la
guitarra cantando los temas en directo, integrado en el espectáculo
como nexo de unión entre los distintos cuentos y participando en
cierta medida en la acción. Mi tercera colaboración fue con
Quiquilimón, bajo la dirección de Etelvino Vázquez en una obra también
infantil, Supertot de Benet i Jornet. La cosa fue creciendo
muchísimo: al principio eran siete u ocho canciones, pero no sé si a
Etelvino le iba gustando cada vez más la parte musical (por cierto el
músico era Chus Naves de Salón Dada, grupo también de la quinta de Los
Locos, de los 80, de Oviedo y que también era conocido mío porque tocó
muchas veces los teclados con Los Locos) que al final eran un montón
de canciones. El espectáculo se hizo largísimo y era para niños. Así
que después del estreno se redujo el número de canciones y también
texto. Fui a los ensayos y fue divertido estar allí echando una mano
para ayudar a los actores, que no eran cantantes, a encontrar su voz.
Y ya mi última colaboración volvió a ser con Maxi, que dirigió en
Cataluña El color del agua. Le apetecía meter una canción y me
llamó.
P. ¿Cómo te desenvuelves con la escritura teatral?
R. En la escritura teatral ando un poco perdido. Reconozco que
las reglas de la dramaturgia no las domino. Escribir con alguien sí me
apetecería, que alguien tuviera una idea e ir perfilando los diálogos.
A mi no se me ocurren cosas para el teatro. Se me ocurren para el
cine. Y nunca me planteé la escritura teatral. Lo que hice fue por
encargos. Tengo otra pieza que nunca se estrenó por diversos avatares
y que está basada en las canciones que tenía para un espectáculo
fundamentalmente cantado a las que uní con un texto que se terminó
llamando Faltas personales.
P. Me gustó mucho tu Ferviella. ¿Escribes con asiduidad
poesía?
R. Siempre escribí poesía. Empecé escribiendo poesía en el
bachillerato, lógicamente. Tengo publicado un único libro de poesía,
Ferviella, que está escrito en asturiano y que publicó VTP.
Algunos de los poemas están escritos directamente en asturiano y otros
los había escrito en castellano que luego traduje al asturiano. Era
una especie de diario de una época de desencuentro con el mundo, de
periodos de mala leche, época que en cierta medida todavía atravieso.
Ferviella es el retrato fiel de un estado de ánimo.
P. Cuéntanos tus experiencias en el mundo del cómic…
R. Empecé con Ángel Heredia, que ahora se dedica más bien al
diseño, haciendo guiones para cómic. Fuimos compañeros de instituto.
Fue una publicación del Ayuntamiento de Langreo que se llamaba "Caja
de dibujo" y que dirigía Próspero Morán. Ahí hicimos Ángel y yo
nuestros primeros pinitos. Con Javier Rodríguez e Igor Medio como
dibujantes hice los guiones de un cómic sobre la historia del cine
español, por encargo del Festival de Cine de Gijón. Como ves yo vivo
mucho de encargos. Y luego vino la famosa campaña de Los Potaje que me
hizo tristemente famoso: los célebres quince minutos de Andy Warhold.
El trabajo surge, de nuevo, como un encargo. Fueron los Sevicios
Sociales del Ayuntamiento quienes nos pidieron un cómic agresivo, nada
de doctrina, algo que ni Javier Rodríguez, el dibujante, ni yo
hubiéramos aceptado. Iba destinado fundamentalmente a los institutos
de enseñanza y tenía una parte didáctica. Deberían ser tres números
coincidiendo con los trimestres escolares. Ya en el primer número hubo
problemas con las feministas, pero se publicó de todas maneras. Ya en
la calle el cómic viene la gran polémica con el Partido Popular, que
generosamente nos calificó de blasfemos y otras lindezas. La campaña
tuvo varios premios y la cosa se calmó. Viene una nueva corporación y
nos llaman para una segunda tirada de otros tres, de los cuales sólo
salió el primero, con problemas y censurado por una viñeta en la que
aparecía una mujer en biquini en una valla publicitaria anunciando un
ron, como en la vida real, donde el ron es anunciado por señoritas:
nosotros reprodujimos en el cómic ese aspecto de la realidad. Y como
el cómic se iba a comentar, el profesor que lo hiciera hablaría de los
estereotipos y los abusos publicitarios. Nos llama la señora
concejala, hermana de la alcaldesa, y nos dice que "mientras yo esté
aquí no saldrán estereotipos". Fueron muy desagradables las cosas que
nos dijeron y como se dijeron. Javier y yo decidimos que no íbamos a
poner ninguna viñeta alternativa a la censurada y el cómic se publicó
con la valla en blanco. Aun así tuvo un accésit en los premios Reina
Sofía de la Fundación Contra la Drogadicción, premio que fueron a
recoger la alcaldesa y su hermana que habían censurado el cómic,
momento que aproveché para contar toda la historia a los medios de
comunicación. Así acabaron Los Potaje. Una pena. La campaña era muy
conocida y tenía mucha aceptación. Pero no estoy dispuesto a aguantar
memeces.
P. Viendo los últimos acontecimientos, en España y en el mundo,
¿no crees que es el momento de volver a un teatro de corte social,
comprometido, político?
R. No sé quien decide, ejecutivos supongo, que eso no interesa.
Y a veces, cuando este tipo de teatro logra traspasar todas las
barreras empresariales y por fin llega a las salas, algunas veces
funcionan muy bien. Están engañándonos: "la gente lo que quiere es
divertirse". ¿Qué es divertirse? "Divertere", separarte de lo tuyo, de
tus problemas cotidianos. Te puedes divertir con un musical y te
puedes divertir con Bergman. Y se está vendiendo a los jóvenes un tipo
de diversión, como ellos lo llaman, de "desfase". Divertirse es
"desfasarse". La diversión no está asociada a estoy en mi casa y cojo
un libro o estoy haciendo algo yo solo. La diversión es pérdida de
control, pérdida de conciencia: coger una borrachera y hacer el pijo
por la calle. No tienen la culpa ellos: se les vende a través de la
publicidad. Si no gritas, si no pierdes la cabeza y si no haces
locuras eres un pobre desgraciado.
P. Tú que conoces bien a los jóvenes, por tu profesión de
profesor y por tú acercamiento a ellos a través del cómic y de la
música, ¿no te animas a unirlo todo ello en una pieza teatral?
R. Yo necesito a alguien que sepa de teatro más que yo. Además
es mucho más divertido trabajar en equipo que trabajar solo. Y además
aprendes de los demás. Sí me interesaría un espectáculo que hable de
los jóvenes, contado por ellos mismos y con su propio lenguaje. Es
complicado hacerlo con un mínimo de calidad.
Ando
soliviantáu,
enguedéyaseme’l
pelo
y l’estómadu
mándame dalgún
avisu.
Nun tengo
ganes de nada,
namás me diba
petecer
convertime en
torpedu
y fundir daqué...
Disculpái los
engorrios,
permanecéi
atentos a mi,
facéime dalgún
afalagu
y en breves
momentos
voi ser el de
siempre
y pagar los
destrozos.
(Los dos poemas que abren y cierran la entrevista son
del libro"Ferviella", de Boni Pérez)