Francisco Díaz-Faes
La Gala anual ¿no debe ser reconciliación, puesta en común, afecto entrañable, de la clase teatral que tiene que saber perder notoriedad a favor de quien más la merece? Repitamos que en región tan parva hasta recibirán premios los que no creen en ellos. La felicidad recayó en Roberto Corte que se lleva todo en todas las facetas. Con su Gasolina con capullos y el coautor Chechu García. O la grandeza de sus actores Patricia Rodríguez y Daniel Loredo. Incluso a su trabajo con la revista LA RATONERA y la eficacia de Pedro Lanza, Boni Ortiz, José Rico e Inma Rodríguez. Tan destacable es el reconocimiento emocionado a los 25 años del grupo Margen, como el que representan ya Arturo Castro o José Lobato. Merecido es el de Polimnia de Mieres como mejor aficionado, e Higiénico Papel como mejor espectáculo infantil y no digamos la carrera excepcional de José Miguel en todos los ámbitos escénicos: técnico o artista. Pero para hacer estos eventos ¿no es cuestión de práctica, sentido común o simplemente, nada menos, de ingenio? Chispazos de humor, hasta de buen humor, e impertinencias y chabacanerías en bable de Adolfo Camilo, dirigidas por Inma Rodríguez han hecho lo propio ¿Debemos mear la tapa del wáter para jugar con el físico, lo físico o lo administrativo, que paga lo que decimos, distanciarnos intelectualmente, alardear, ser sinceros, o hipócritas? La Gala de teatro enseña muchas cosas. Entre ellas compostura y descomposición. Ejemplar la organización del discurso de la Compañía de Grupos Profesionales de Teatro, siempre con la exactitud de Etelvino Vázquez. El de la representante de Caja Asturias Regina Rubio y la del irónico Consejero de Cultura. Y el cierto desbarajuste de todo lo demás. Al público, cautivo durante 2 horas largas, ¿se le debe diferenciar información por un lado, de juegos de creación? ¿Qué hacemos allí, qué se premia, a quien? La anterior edición fue cosa deslumbrante. Hoy no faltó algún destello pero sobró mala iluminación y pobre enfoque, y no me refiero sólo al de los técnicos. Está bien rescatar al personaje, tan querido del autor, del comisario político, chillando en voz del gran Toño Caamaño, más ¿tanto tiempo, con tan poca chispa, moviéndolo hasta la saciedad? No extraña que haya pasado inadvertido que el ITAE es carrera superior por fin ¿No nos halaga? No digamos nada del fallido homenaje al director y autor Eduardo Usillos, muerto en acto de servicio hace días en Gijón, cuando se dirigía a ensayar con Nun Tris que organizó esta gala ¿Se enteró alguien de esto? Hay voluntad de hacerlo bien, pero no debemos caer en ocultar a artistas como Riki Ripoll o Carlos Comendador, por no hablar de la performance, o el descalabro del desnudo final. Buen rollito ¿Y?
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