Antes de
comenzar debo decir tres cosas: la primera es que yo no me considero
dramaturga, sino teatrera de batalla. Tampoco soy una teórica del
teatro; mis conocimientos son fundamentalmente prácticos, producto de
la experiencia, del sentido común y de la intuición. Y finalmente debo
decir, que no estoy muy acostumbrada a participar en esta clase de
eventos, así que os pido disculpas si titubeo o si mis reflexiones
resultan superficiales.
Por lo que
se refiere a la cuestión de la autoría, debo matizar que me siento
autora de la puesta en escena, o lo que viene a ser lo mismo, del
texto espectacular. Yo produzco, escribo y dirijo mis espectáculos, de
tal modo que la responsabilidad última de lo bueno y lo malo que
suceda en el escenario deriva en mí, sin embargo, entiendo el teatro
como un arte colectivo, pues las manos que ponen en pie cada
espectáculo no son sólo las mías, sino las de todo el equipo que
trabaja conmigo. Y si estoy aquí, probablemente se lo deba en una
buena parte a ellos.
Yo
entiendo el lenguaje escénico como una globalidad multidisciplinar.
Creo que el teatro de hoy en día debe estar abierto a los nuevos
lenguajes y me gusta particularmente este aspecto tan dinámico y tan
vivo de la creación teatral y del diálogo entre las artes.
Además, en
la mayoría de mis textos disfruto de la colaboración de los actores.
Suelo trabajar con ellos mediante improvisaciones y normalmente
compagino los ensayos con la escritura, de modo que el producto final
es algo muy vivo que va creciendo en paralelo con la puesta en escena,
y que incluso sigue creciendo más allá de los estrenos, porque tengo
la buena o la mala costumbre de seguir modificándolos...
Una
aproximación histórica...
Entrando
ya en el tema del encuentro, teatro y realidad, si revisamos a vista
de pájaro los datos históricos, constatamos que ya desde la antigüedad
clásica la cuestión ha dado muchos quebraderos de cabeza a los
teóricos. No es de extrañar, pues el tema se relaciona directamente
con la esencia misma de la literatura dramática, con su utilidad, con
su función.
Uno de los
pilares básicos es Aristóteles que con el concepto de mimesis propugna
que la obra de arte debe mantener una relación de adecuación y
semejanza con una realidad natural ya existente.
Esta
teoría de que la creación literaria es imitación de una realidad, de
una naturaleza exterior o interior, se mantiene prácticamente hasta el
siglo XVIII, momento en el que nacen las teorías expresivas que
consideran que el arte no debe imitar a la naturaleza sino ser
expresión de los sentimientos.
A partir
de ahí todo va mucho más rápido. Se rechazan las teorías de la
imitación y ya surgen diversas tendencias que propugnan nuevas
relaciones del arte con la realidad. Tendencias que defienden el arte
como pura evasión y huida hacia lo fantástico, el arte como mera
búsqueda de una estética, y más adelante el arte como vehículo de
ideas y motor de cambio social...
Ya en el
siglo XX y en el terreno teatral, no podemos olvidar a Brecht y su
teoría del distanciamiento que desmantela el pensamiento clásico.
Según Brecht, el teatro épico debía reemplazar al aristotélico,
imitador de la naturaleza, que sume al público en la ilusión, y lo
lleva a confundir el espejismo del arte con la realidad. El teatro
debía ser concebido de modo que alertara sobre su propia condición e
hiciera bien visibles las fronteras que lo separan de lo real. Sólo
así se puede cumplir su misión. El teatro debía remover las
conciencias, criticar la realidad social, instruir a los espectadores
en la verdad e incitarlos a actuar.
Más
recientemente, con la llamada posmodernidad, entramos en un tobogán de
caos. Dios ha muerto, el arte ha muerto, y todo ello nos lleva a la
depreciación de los valores. La posmodernidad cuestiona los grandes
discursos, las utopías e incluso la noción de realidad. La cultura
reflexiona acerca de sí misma dando bandazos. Estamos en el momento de
la fragmentación, del pastiche, del metalenguaje, de la
desmitificación y del "todo vale".
Y hoy en
día, a comienzos del siglo XXI, el panorama teatral es ecléctico y
difuso. Por un lado se diría que estamos aún bajo ese efecto
posmoderno, aunque también hay tendencias que quizás intentan poner un
poco de orden en ese caos sembrado por la posmodernidad.
Las
tendencias se solapan y aún no tenemos perspectiva para analizar el
problema.
Será el
tiempo el que ponga las cosas en su lugar.
Ficción y
realidad...
Entre el
mundo de ficción y el mundo real siempre hay vínculos, pues la ficción
artística no se puede desprender de la realidad empírica. Los autores
estamos inmersos en una realidad que no se puede obviar. Ahora bien,
aunque lo real sea la matriz de la ficción escénica, eso no significa
que el mundo teatral deba referirse directamente a lo real.
El teatro,
al igual que las demás manifestaciones artísticas, tiene conexión con
la experiencia humana y con la realidad social, porque somos animales
culturales. Desde que nacemos, nos vemos inmersos en una realidad
social e histórica, que se plasma queramos o no en nuestras
creaciones, pero no creo que necesariamente el teatro deba ser un
signo de tales elementos, pues no supone un lenguaje referencial, sino
artístico, y por ello debe tener una naturaleza imaginativa, simbólica
y plurisignificativa.
No somos
historiadores, ni reporteros, ni sociólogos... Somos creadores. Y los
creadores partimos de la realidad para crear universos de ficción.
Más de una
vez, cuando me han preguntado a qué me dedico, he dicho que invento
mundos, mundos pequeñitos. Y trato de buscar en ellos una coherencia,
unas leyes, unas normas. Intento que sean verosímiles, que nada
chirríe en ellos, y que sean, en la medida de lo posible, tan
perfectos como un mecanismo de relojería.
Creo que
la puesta en escena debe articular una realidad en sí misma, una
realidad teatral, que debe ser incluso más perfecta que la realidad
misma. Una realidad ficticia, valga la paradoja , que llegue y que
conmueva al público.
El arte,
finalmente, busca sentidos.
Es una
herramienta de reflexión, de análisis, de clarificación. Es una
búsqueda brutal de conocimiento profundo que va más allá de lo
inmediato.
El arte
ilumina la realidad e incluso se adelanta a ella, si me apuran.
Desde la
experiencia personal...
Por lo que
se refiere al vínculo de mis espectáculos con la realidad, o a su
grado de realismo, al repasar mi trayectoria encuentro relaciones de
distinta índole. Parece claro que hay distintos grados de acercamiento
a la realidad, así como hay géneros y lenguajes que nos acercan o nos
distancian de ella...
Nuestro
primer espectáculo, CARNE DE PRENSA, tenía una fuerte vinculación con
la realidad más grosera, pues se trataba de un texto basado en
noticias reales recogidas de los periódicos. Era el momento de auge de
los programas de morbo sensacionalista en televisión y el espectáculo
planteaba una crítica bastante dura hacia este tipo de prensa...
Nuestro
segundo espectáculo ¡OH!TELº fue un juego metateatral a partir del
Othello de Shakespeare. En clave de comedia de enredo analizábamos el
teatro shakespiriano y la problemática de una compañía a la hora de
montar un espectáculo. En cierto modo, hablábamos de nosotros mismos,
de nuestras dificultades cotidianas...
EL DESVÁN
DE LAS HORAS MUERTAS fue quizá nuestro espectáculo más realista. Es un
drama que habla acerca de la decadencia y del paso del tiempo como
elemento destructor que lleva inevitablemente a la muerte, al desgaste
y a la ruina...
También
hemos hecho espectáculos para niños que manejaban aspectos más lúdicos
y pese a tener un tono muy fantástico, estaban teñidos por un brochazo
de didactismo. Espectáculos con mensaje ecologista como ARRIBA EL
PERISCOPIO, que cuestiona las atrocidades que se cometen en nombre de
la ciencia y FRÍO FRÍO que habla acerca del calentamiento del planeta
y sus devastadoras consecuencias.
Y en la
actualidad, estamos trabajando en un espectáculo humorístico, titulado
CON P DE PIANO.
El humor
ha sido uno de los aspectos más constantes en nuestra trayectoria. Ha
estado presente en todos nuestros espectáculos, independientemente del
género o del público al que estuvieran destinados. Creo que el humor
es un recurso maravilloso para analizar con cierta inmunidad las
vicisitudes de la existencia, una herramienta perfecta para digerir y
analizar la realidad incluso en situaciones límite.
CON P DE
PIANO es un espectáculo de sketches donde nos acercamos bastante a la
realidad y a lo cotidiano. Incluso a la actualidad más rabiosa. La
intención es buscar la risa sin renunciar a la reflexión ni a la
crítica.
Visto lo
anterior, se puede comprobar que mi trayectoria es bastante ecléctica.
Se pueden encontrar en ella aspectos lúdicos, meramente expresivos,
brochazos de fantasía, de realismo, de ironía, de metalenguaje, de
puro entretenimiento, de didactismo, de evasión, de crítica, de
reflexión, etc.
Supongo
que toda esa variedad está generada por diversos factores. Los
espectáculos siempre están condicionados por realidades ideológicas,
sociales, políticas y económicas, además de las motivaciones puramente
personales, reflejo de una inquietud, de una preocupación o hasta de
un capricho. Y tampoco podemos dejar a un lado las motivaciones de
empresa, las demandas del mercado o de la propia producción, pues
tampoco debemos olvidar que el teatro es una industria y que además
está guiado en muchos casos por las instituciones que nos financian.
En el
teatro infantil, por ejemplo me veo cercana a las fórmulas clásicas
del prodesse aut delectare de Horacio. Jugando con buenas dosis de
fantasía que se enmarcan en un mensaje pedagógico, al tiempo que
pretendemos deliberadamente crear afición y abrir gusto por el teatro
en los niños y niñas.
Llegados a
este punto se abriría el debate de lo políticamente correcto, de la
censura y del teatro cautivo de las instituciones que lo patrocinan o
lo contratan... No entraré en el tema, pero dejo ahí ese guante, por
si alguien quiere recogerlo...
Conclusiones...
En todos
mis espectáculos ha habido siempre un barniz de dulzura intencionado.
Una búsqueda consciente de teatralidad. Esta es una opción personal y
absolutamente deliberada, pues lo cotidiano sobre el escenario, o las
fórmulas excesivamente realistas, no me interesan especialmente.
Mi
aspiración es inicialmente entretener, conseguir que el espectador
pase un buen rato. Y si me pidieran ir un poquito más allá, quisiera
conmoverle, ampliar su horizonte de expectativas, pellizcarle las
tripas, el corazón o la conciencia.
El teatro
no es la realidad de la calle, sin embargo existe una realidad teatral
que provoca o debiera provocar unas emociones verdaderas en el
público.
Supongo
que lo deseable, lo ideal, sería un feed-back. Es decir, que partiendo
de la realidad, el artista creara una nueva realidad susceptible de
actuar sobre el pensamiento del espectador, provocando en él unos
sentimientos verdaderos, una emoción auténtica capaz de modificar su
alma, su conciencia..., y por ende la realidad que le envuelve y la
realidad de los que le rodean...
En
conclusión: se trata de profundizar en el conocimiento de la realidad
a través de la ficción.
Todo arte
es una mentira, una re-presentación, que pretende la verdad pero que
no deja de ser una mentira. Un juego consciente y laberíntico. Un
juego que puede llevarnos a ser más felices, a obtener más placer de
la experiencia, a ser más perfectos, más humanos y más sabios. Y esos
frutos sí que son reales.
Quizás sea
la vida la que deba imitar al arte.
Y ya.
Muchas
gracias.