A pesar de
la brevedad, la Compañía de Arte Asturiano, creada por el barítono
gijonés Antonio Medio, fue uno de los intentos más serios de
profesionalización, arriesgados y con mejores resultados escénicos de
la larga historia del teatro costumbrista asturiano, desde que el
actor asturiano Pedro Granda, lo definiese en su artículo:
Laboremos por el Teatro Regional (El Comercio, 5-XI-1907),
en los siguientes términos:
"Su idea,
su sueño dorado, su eterna pesadilla es la creación de un Teatro
Regional, por cuyo escenario pasarán ráfagas de vida campesina con sus
claras romerías, sus sencillas costumbres y sus rudas faenas; tiernos
idilios que guardan en su seno esas agrestes montañas que nos rodean,
o que se esconden en las ignoradas playas de nuestras costas; dramas
íntimos desarrollados en las entrañas de tantas, las diferentes
iniciativas escénicas que estaban desarrollándose, fundamentalmente en
Gijón, a través de los cuadros escénicos de sociedades, centros de
Cultura e Higiene y ateneos y, por supuesto, los centros asturianos
que, como el de La Habana, "jugarán un papel muy importante a la hora
de impulsar dicho teatro regional. En esos centros se reúne la
emigración asturiana deseosa de asistir a unas representaciones que
evoquen los recuerdos de sus lugares de origen. Satisfacer la demanda
de ese público (...) será uno de los objetivos que plantean quienes a
partir de 1907 y, sobre todo, en torno a 1909 programan la creación
minas como enriquecen nuestra tierrina, escenas todas saturadas de
poesía, de sentimentalismo, de belleza, propias de este bendito suelo
que nos vio nacer, de esta encantadora y panorámica Asturias".
(Fuente: Jesús Menéndez Peláez, Teatro y Sociedad en Asturias.
RIDEA, Oviedo 1999)
Pedro
Granda recogía en esta propuesta, las diferentes iniciativas escénicas
que estaban desarrollándose, fundamentalmente en Gijón, a través de
los cuadros escénicos de sociedades, centros de Cultura e Higiene y
ateneos y, por supuesto, los centros asturianos que, como el de La
Habana, "jugarán un papel muy importante a la hora de impulsar dicho
teatro regional. En esos centros se reúne la emigración asturiana
deseosa de asistir a unas representaciones que evoquen los recuerdos
de sus lugares de origen. Satisfacer la demanda de ese público (...)
será uno de los objetivos que plantean quienes a partir de 1907 y,
sobre todo, en torno a 1909 programan la creación de un teatro
regional asturiano" (Jesús Menéndez Peláez, o. c., p. 35 y ss.).
Antonio
Medio se había iniciado escénicamente en la Cía. Asturiana de José
Manuel Rodríguez. La primera aparición en un programa, de la que
tenemos noticia, se produce el 19 de febrero de 1933, en el Salón
Novedades de Somió (Gijón) No sólo en uno de aquellos fines de fiesta
con los que se remataban las funciones teatrales, también formando
parte del reparto junto a Aurora Sánchez en la "comedia musical" de
Barbieri, Los Carboneros. Sin embargo, en el mencionado fin de
fiesta, cantaba con Oliva de Aller, con la que formó pareja de canto
en numerosas ocasiones. En aquel momento, era un joven y prometedor
tenor, con unas grandes cualidades naturales. Poco antes de nuestra
guerra civil, estuvo a punto de debutar en el Teatro Dindurra a
iniciativa del que era, por entonces, su gerente: Antonio Iglesias. En
los primeros meses de la guerra civil, monta el conjunto vocal "Los
Farapepes", con el que participaría en diversos festivales en
"beneficio de los hospitales de sangre", teniendo en el repertorio del
grupo La Internacional... Asunto que algunos no olvidaron, ya que a la
entrada de las tropas nacionalistas, fue detenido y torturado por los
falangistas, entre ellos Paco "Lunares" y Basterrechea y amenazado con
"el paseíllo". Afortunadamente se salvo y como otros muchos, fue
movilizado forzoso por el ejercito franquista. En Valladolid, donde
cumplió su militarización forzosa, forma parte del Coro del
acuartelamiento. En cierta ocasión lo ve (y oye) José Navarro, agente
artístico y conocido de Eladio Cuevas, director de una compañía de
zarzuelas que venía actuando en la zona nacionalista. Ambos, junto al
maestro Jacinto Guerrero, le hacen una prueba de la que sale airoso, a
pesar de no tener piano y en la que el propio maestro Guerrero, tuvo
que arreglarse con un diapasón y tarareando su música. Debuta el 16 de
septiembre de 1938 en el Teatro Calderón de Zamora, en la zarzuela
Los Gavilanes, en el papel de Juan el Indiano.
Después
Madrid y en poco tiempo el triunfo del lado de Pepita Embil, esposa de
Placido Domingo (padre) con la que formó pareja artística hasta su
vuelta a Asturias. Ya en 1943, en el Teatro Reina Victoria (estreno
24-04-1943) participa junto a Pepita Embil (soprano) M. Alares y
Manuel Gas (bajo) en el sainete madrileño en dos actos, Don
Manolito, libreto de Anselmo Carreño y Luis Fernández Sevilla y
música del maestro Solozabal. Éxito y triunfos como para que, en la
temporada 1947-48, le fuese concedido el Premio Nacional de
Interpretación Lírica. Diera la impresión de que su vuelta a Asturias
coincide con su mejor momento, en cuanto a fama y prestigio. El
regreso a Gijón, con el ánimo de formar compañía, se produce a poco
más del año del estreno en el Teatro Calderón de Madrid de, Un día
de primavera, música del maestro Jesús Romo y libreto de los
hermanos Guillermo y Rafael Fernández Shaw. De esta obra sería la
romanza Las campanas de Madrid, que gozó de tal éxito popular
que se convirtió en "hit parade" musical del momento:
"Las
campanas de Madrid
que triste
suenan,
de mi
pobre corazón
saben la
pena..."
Precisamente con el maestro Jesús Romo (1906-1995) y el poeta Rafael
Duyos (1906-1983), será con los que reinicia sus actividades
escénicas, en un Recital Lírico Poético, organizado por el
Ayuntamiento de Gijón, para conmemorar los cien años de la llegada del
ferrocarril a Gijón desde Laviana, tercero que funcionara en España
tras el de Barcelona-Mataró y el Madrid-Aranjuez. Para la ocasión, el
Ilustre Ayuntamiento de la Villa de Gijón, no escatimó medios: el
"Tren Centenario" (o Romántico, que también se le llamó) entraba en El
Muelle local por las vías existentes y en uso, hasta el cargadero de
graneles y la grúa tolva situada ambos, al principio de la calle
Rodríguez Sanpedro (frente al lateral del que fuera Banco Urquijo).
Desde allí, se le suplantaron unas vías hasta Los Jardines de La
Reina: fin del trayecto ferroviario "...Los ocupantes de los vagones,
1ª, 2ª y 3ª, que vienen este año 1949 a visitar Gijón, apeándose en
las inmediaciones de los Jardines de la Reina, a las siete de la tarde
del sábado 13 de agosto, se encontraran con una ciudad veraniega bien
distinta de aquella"..."escogida por Doña Isabel II para sus baños
estivales en el Cantábrico". A las "ilustres personalidades de las
artes y de las letras que forman la expedición", vestidos con los
trajes de época dispuestos por el Ayuntamiento, les esperaban varios
tranvías engalanados para la ocasión que, tirados por mulas del
ejercito, habrían de trasladarlos hasta el Salón Continental,
siguiendo el céntrico trayecto del tranvía Muelle-Villamanín. En el
Continental, cena y baile recreando la época del tercer trayecto
ferroviario español.
Pero el
plato fuerte estaba por llegar: el martes dieciséis de agosto, de ese
1949, en el Teatro Mª Cristina, a las once en punto de la noche, daba
comienzo el Recital Lírico Poético que cerraba los actos del
Tren del Centenario. En el repleto patio de butacas, además de las
autoridades, estaban presentes los "ilustres viajeros" dando colorido,
con sus trajes de época. Inició el espectáculo Antonio Medio,
acompañado al piano por el maestro Jesús Romo, con canciones y
romanzas del propio Romo, de Serrano, Sorozábal y Guerrero.
Seguidamente, Rafael Duyos Giorgeta (1906-1983) recitó un buen número
de creaciones poéticas propias, a base de sonetos y romances, en la
mayoría de los casos con motivos taurinos (Alvaro Domecq; La
Chata en los toros; Luis Miguel Dominguín) y otras al propio
Antonio Medio, A la Virgen de Covadonga, etc. Después de su primer
poemario (Romances de la Falange, Valencia 1939) la poesía de
temática taurina la habría de cultivar durante toda su vida, asunto
que a algunos ilustres aficionados les causó muy distinta valoración:
para José Mª de Cossío, fue uno de los grandes poetas de la fiesta y
para Javier Villán, el peor poeta del siglo.
Este
recital significaba un paso más en la relación de los tres artistas:
El maestro Romo, en aquellas fechas ultimaba "la partitura de la
zarzuela asturiana El Gaitero de Gijón, sobre libro de los
hermanos Fernández Shaw, escrito ex profeso para Antonio Medio, a
petición de este mismo cantante". Duyos y Romo, habrían de continuar
colaborando en asuntos creativos. Mediada la década de los cincuenta,
realizan para Pilar López Júlvez (hermana de "La Argentinita") la
música y el libreto de El cabrerillo que constituyó todo un
éxito y en el que Pilar López imprimió sus novedosas coreografías de
entonces. Sin embargo, una de las actividades que mayor influencia
tendría en los proyectos inmediatos de Antonio Medio: la formación de
la Compañía de Arte Asturiano, había sido el estreno en el Teatro
Ayala de Bilbao, el miércoles 22 de diciembre de 1948, del espectáculo
Acuarelas Vascas con la Compañía Ases líricos, Luisita Sala y
el propio Antonio Medio. Se trataba de unas "estampas líricas sobre
motivos populares", en dos actos y ocho cuadros cada uno, que
combinaban canciones populares y textos de José Luis Albéniz Campino y
Julián Echevarría Sanmartín. Esta será la formula, como más adelante
veremos, de los espectáculos que la Cía. de Arte Asturiano repetiría y
que tan bien habría de funcionarles.
Los actos
del Tren del Cen-tenario, sirvieron para calentar motores y establecer
fórmulas de colaboración con las autoridades, por parte de Antonio
Medio y su Compañía de Arte Asturiano que en ese momento no sólo
estaba formada, sino que ensayaba a marchas forzadas. Pocos días
después de las fiestas de Begoña, comienzan a aparecer pequeñas
noticias, dosificando informaciones y creando expectativas:
"Antonio
Medio tiene ya formado el elenco que actuará en Gijón: Ayer, a
mediodía, regresó a Gijón, procedente de Madrid, Antonio Medio el
notable barítono gijonés, entregado en estos momentos a la plausible
tarea de organizar una formación teatral de la máxima solvencia que,
con las obras de nuevos autores (...) y de otros consagrados, inicie
una campaña de resurgimiento del auténtico teatro regional (...) que
después de actuar en los escenarios españoles, se traslade a América
para dar[lo] a conocer a nuestros coterráneos allí residentes, con las
máximas garantías de dignidad y solvencia artística (...) ya tiene
contratado en firme el elenco que habrá de realizar esta campaña (...)
Precisamente mañana llegará a Gijón, Carlos Rufar, el veterano
barítono y actor de carácter, figura prestigiosa y de gran valía de la
escena española (...) Por otra parte, Antonio Medio ha conseguido
también contratar en Gijón a Au-rora Sánchez, la magnífica
característica de la Compañía Asturiana".
Debemos de
tener presente la fuerte actividad escénica que en ese momento estaba
desarrollando la Compañía Asturiana, con Eladio Verde a la cabeza tras
la desaparición, tres años antes, de José Manuel Rodríguez. El
proyecto de Antonio Medio era visto con grandes recelos en el entorno
de la Cía. Asturiana, como evidencia la anécdota que Eladio Sánchez
cuenta en la entrevista realizada 29.8.02:
"Yo
recuerdo cuando Antonio Medio vino de Madrid y quiso formar compañía.
En el interior de la Cia. Asturiana se le acusaba de venir a
desarmar la bolera: "¿Qué vien esti a facer aquí?". La primera con
quien habla Antonio Medio, fue con mi madre: esto confirma la tesis
que planteas en referencia al espíritu de superación y dignificación
de la actividad teatral de Aurora. Medio venía con grandes proyectos y
lo poco que hizo fue de una gran calidad y dignidad. Él venía con los
modos de hacer de Madrid: a lo grande. Pues bien, acuérdome como si
fuese hoy: Estábamos en la romería de Granda, un grupo de gente entre
los que nos encontrábamos mi madre y yo; por allí apareció "El Presi",
llevaba un polo de moda (que lo chavales llamábamos guayabera, sin
serlo) de manguina corta, con un cordón entrelazado a la manera de los
zapatos y que era el cierre del cuello. "El Presi" no paraba de jugar
con los cordones y reñía a mi madre: "¡Pues ya verá, Aurora¡ ¡Va a
haber sorpreses, va a haber sorpreses! Porque eso de dejanos plantaos,
habiendo actuaciones... ¡Ya verá Aurorina, va a haber sorpreses!" ...
y la sorpresa fue que en menos de quince días, El Presi estaba con la
Cia. de Antonio Medio. También llevó a Araceli, y a Paco del Busto".
Por tanto,
el 26 de julio de 1949 (fecha en la que se celebra la romería de Santa
Ana, en Granda) Antonio Medio estaba en pleno proceso de
encuadramiento de personas y conjuntos en su Compañía de Arte, y antes
del tren del Centenario, habían comenzado los ensayos.
El día 30
de agosto de 1949, aparece una pequeña gacetilla en El Comercio, en la
que se fija el día del debut de la Compañía, si bien se haría un día
después: "... el próximo 3 de septiembre, en función de gala
organizada por el ilustre Ayuntamiento. Se estrenarán en esta
representación las estampas retrospectivas de Joaquín A. Bonet, con
canciones de la época recopiladas por José Antuña, Estampas Líricas
Asturianas". Este va a ser el nombre genérico de los espectáculos de
la Cía. de Arte Asturiano, en el que se hace referencia a la
estructura de sketches o de escenas autónomas, al género lírico y su
la temática costumbrista regional. Esta definición se concreta aun más
en los programas: "Estreno de las Estampas Líricas Gijonesas
tituladas, Cantar y más Cantar escritas por Joaquín Alonso
Bonet" o en las concebidas para Oviedo: "Estampas Líricas Ovetenses,
A la Sombra de un Carbayu escritas por Alfonso Iglesias". Si
bien estos dos programas van a ser los más representados, la compañía
completaba su repertorio con alguna obra de Pachín de Melas, como
La Sosiega o Noche de Luna, y de Eladio Verde como Nieve
en el Puerto, complementadas con los típicos finales de fiesta,
en los que participaban todas las individualidades y conjuntos, de
carácter musical, que componían la Cía. de Arte Asturiano, cuyos
componentes los enumeramos a continuación, por orden alfabético:
Balbina
Barrera (actriz), Pilar Bejarano (tiple cómica), Josefina Canales (tiple),
Ángeles Ceñal (actriz), Araceli Fernández (actriz), Maudilia Fernández
(actriz), Aurora Sánchez (característica), Josefina Vera (actriz),
Yudita de la Viña (tiple), Francisco Fernández del Busto (actor),
Ricardo Blanco (tenor), Manolo Codeso (tenor cómico), Mariano Castro
(actor), Salvador Castello (tenor), Jaime García (actor), Mario García
(actor), Antonio Medio (barítono), José Morán (actor cantante), César
Ordieres (actor), Rufino Peña (actor), José Piquer (actor), Carlos
Rufar (primer actor y director), Macario Villa (bajo), José González
"El Presi" (cantante regional), Cuarteto Asturiano (cuarteto vocal),
Los Mariñanes (cuerpo de baile), Coro Covadonga, Senén Ordieres
(gaitero), Modesto Álvarez (tambor), Pedro Vilches (maestro director
concertador), José M. Quirós (gerente), Antonio Rivero y Blas Herrero
(apuntadores), Luis Morales (regidor), Jesús Rúa (maquinista);
sastrería: Peris Hermanos (Madrid); decorados: García y Ros (Madrid) y
Fernando Wes (Aviles)
El debut
de la Cia. de Arte Asturiano se produce el domingo 4 de septiembre de
1949 en el Teatro Jovellanos de Gijón, en una "función de gala",
organizada por el Ilustre Ayuntamiento de Gijón, con asistencia de
autoridades nacionales, provinciales y locales:
"Dado el
carácter de ceremonia oficial que el patrocinio del Ilustre
Ayuntamiento de Gijón dio a la presentación de la Cía. de Arte
Asturiano, fueron invitadas a la función inaugural las principales
autoridades provinciales y locales. Y también, como invitado de honor,
el ministro de Obras Públicas, excelentísimo señor don José María
Fernández Ladreda, aprovechando su temporada de descanso en Asturias.
En los palcos principales y proscenios, que habían sido adornados con
magníficos reposteros, estaban, además del general Fernández Ladreda,
excelentísimo señor gobernador militar de Asturias, general Hidalgo de
Cisneros y Manso de Zúñiga; comandante militar de la plaza y coronel
del Regimiento de Simancas: don Francisco Romero Gallisa; segundo
comandante militar de Marina de Asturias, don Higinio Fernández;
alcalde de Gijón, con el Ayuntamiento en pleno, don José García
Bernardo y de la Sala; jefe local del Movimiento, camarada Julián
Gómez Elisburu; teniente coronel de la Guardia Civil, señor Tajueco y
otras autoridades y representaciones. Ni que decir tiene que el
aspecto del teatro era brillantísimo, a tono con esta especial
solemnidad teatral. En el patio de butacas estaba lo más distinguido
de la sociedad asturiana. Y no faltó, en las localidades altas, esa
simpática concurrencia del elemento popular tan estrechamente
vinculado a las cosas de Gijón".
Así
comenzaba la crónica de Antonio Iglesias del debut de la compañía de
Antonio Medio; por cierto, crónica para el Voluntad, de Antonio
Iglesias, también prevista y oficial:
"Una
delicadeza, una extremada delicadeza de don Joaquín Alonso Bonet, por
su doble personalidad de director de Voluntad y autor de
Cantar y más Cantar (...) no ha querido que ninguna de las plumas
que forman la Redacción del periódico gijonés que él dirige (...)
pusieran, su autorizado juicio en la crítica de Cantar y más Cantar
y ha solicitado la opinión de una persona ajena al periódico para que,
libre de prejuicios y compromisos, emitiera aquella con amplitud y
libertad absoluta de criterios (...) No por méritos, sino por este mi
ancestral y probado cariño a las cosas de mi "tierrina", tocome el
honor de ser el elegido y mi pobre pluma, muchos años dormida, y bien
dormida en lides teatrales, ha de desentumecerse en estos momentos..."
Como puede
verse, las autoridades del momento, no desperdiciaban la ocasión de
abanderar toda manifestación folclórica o cultural que sintonizase con
aquel proyecto folclórico de paño fino y lentejuela, desvirtuado y
edulcorado, que representaban los "Coros y Danzas" de la Sección
Femenina de Falange Española y que, en lo ideológico, cumplía "la
finalidad, noble y elevada, de sacar las raciales virtudes del alma
asturiana, para que, encumbradas en arte, se juzguen dignas de ser
conocidas por todos los ámbitos del solar hispano, en orgullosa unión
con las demás regiones hermanas". Otras veces hemos insistido en el
gusto por la gran gala, la solemnidad y la grandilocuencia de las
autoridades de la dictadura, sobre todo en ocasiones como ésta en las
que podían ejercitar y subrayarse principios esenciales, como la
jerarquía y la sumisión, no solo entre el "simpático elemento popular"
y las autoridades, también entre las propias autoridades y en su
relación con otros aparatos del estado de carácter civil, como la
prensa. Tratábase pues, de exhibir el apoyo unánime con el que contaba
aquella manifestación folclórico cultural de una Asturias que para
nada tenía que ver con la Comuna Asturiana de 1934 o con la que fuera
último bastión del frente norte... y, por ende, en Gijón, digna
capital insurrecta y resistente al terror ejercido por tierra, mar y
aire contra la población civil, durante los quince meses que duró aquí
la guerra... Para tal demostración, que mejor presidencia honorífica
del acto escénico que la ejercida por José María Fernández Ladreda,
vocal, nueve años antes, del Consejo de Guerra Sumarísimo presidido
por el general Ambrosio Feijoo Pardiñas, cuando todavía era teniente
coronel de Artillería. Cuánta rabia contenida; cuánta saliva
atragantada en muchas de las gargantas de los que se encontraban,
tanto en el escenario, como en alguna de las butacas, o entre el
"simpático elemento popular" del "paraíso".
Antonio
Medio, en alguna ocasión se había referido a las Estampas Líricas,
como "canciones escenificadas" y uno de los objetivos, que no pudo
cumplir, fue el de girar por América con estos dos espectáculos, cuya
composición tienen Uds. a renglón seguido:
Cantar y
más cantar, Joaquín Alonso Bonet (ocho estampas líricas gijonesas,
con los siguientes títulos y orden): Emigrante, El mercado del
aire, La cuesta del Cholo, La promesa, Guajira, La Banderita, La Feria
de San Antón, Cuento en acción. Estreno en el Teatro Jovellanos de
Gijón, el domingo 4 de septiembre de 1949.
A la
sombra de un carbayo. Alfonso Iglesias (siete estampas líricas
ovetenses, con el siguiente título y orden): Un día de la
Ascensión, Bajo los arcos del Fontán, La Bolera, A la sombra de un
Carballo, El Martes del Bollu, Nochebuena en Vetusta, El Haiga y el
Carru del Pais. Estreno en el Teatro Filarmónica de Oviedo, el
jueves 13 de octubre de 1949.
La
Compañía de Arte Asturiano no llegó al año de vida. Fueron unos meses
de intensa actividad artística que puso en marcha a los mejores
profesionales del teatro y la lírica de Asturias. En este breve
tiempo, las Estampas Líricas fueron vistas en los mejores teatros de
Asturias; pero también en León, Palencia, Zamora, Reinosa, Zaragoza,
La Coruña y otras localidades gallegas.
A finales
del mes de marzo de 1950, recién llegados de la gira gallega, el
diario Voluntad de Gijón recoge una pequeña entrevista con
Medio:
"(...)
Animoso como siempre nos confirmó la noticia que hace días publicaron
algunos importantes periódicos de Madrid. Nuestro barítono saldrá la
próxima semana para la capital de España, llamado por el ilustre
maestro Sorozabal, quien le confió la principal figura de su nueva
obra lírica, un sainete titulado "De Sevilla a Triana" (...) Y ante
estos requerimientos, se ha visto en el caso de interrumpir, contra su
gusto, la actuación de su Compañía de Arte Asturiano (...)
–Es un
paréntesis –nos dijo– pues quiero volver a lo que constituye mi gran
ilusión, que es nuestro teatro regional y darlo a conocer en Madrid,
no tardando. Yo hubiera querido encontrar aquí una ayuda más amplia
para mis proyectos, pero no ha podido ser así (...)"
Medio se
fue para Madrid, donde no llegó a estrenar la nueva zarzuela de
Sorozabal. Meses después partió para América, donde todavía seguiría
cantando y triunfando en varios países del continente: Cuba, Méjico,
etc.
Muchos de
los componentes de la Cía. de Antonio Medio, se quedaron con el
regusto amargo del objetivo no cumplido: actuar en Madrid y, sobre
todo, en América... Si bien algunos, sólo tendrían que esperar cuatro
años para realizar el viejo sueño de saltar el charco. Pero eso es ya
otra historia.