Felicitamos a quienes por su labor en el teatro consiguen por fin este
año los estudios superiores de teatro en Asturias. A la directora, y
al equipo del ITAE, Instituto del Teatro, y a los técnicos y políticos
de Consejería de Cultura. Además no olvidamos a quienes lo intentaron
desde hace 15 años sin éxito, y, o han dejado el teatro, o se les ha
echado de la administración. No sé sabe aún cuanto tiempo durará esta
transición administrativa al nuevo estatuto docente. Ni si existe
reconocimiento de la Universidad para tales estudios, o si
convalidarán los precedentes. Por fin, se ha remediado la oficialidad
de los estudios de Arte Dramático en Asturias. El boletín oficial de
Asturias, dispuso hace tres meses la implantación progresiva de los 4
cursos de que constan las enseñanzas superiores de teatro, que
empezaron este curso. ¿Significará esto la propia desaparición del
ITAE? ¿Deberá cambiar administrativamente, aunando estudios al
circuito de teatro asturiano y el centro de documentación teatral
siempre polémicos?
Desde aquél viejo 1987 se ha venido escuchando en la inauguración del
nuevo año escolar, la implantación de tales estudios. Digamos que
desde entonces o los iban retrasando, o bien, de otra manera,
tontamente han ido mintiendo durante años sobre su entrada en vigor.
Recibimos pues este largo parto con entusiasmo a pesar que no dejemos
de preguntar si por ser oficiales, tales estudios serán mejores. "No
se aprende a interpretar —bien— apuntándose a una escuela, como no se
logra pintar —bien— matriculándose en la Real Academia de Bellas
Artes. Los profesores deberían tener la humildad de reconocerlo. Y los
pupilos, la lucidez de aceptarlo", dice en su interesante libro de
memorias Adolfo Marsillach refiriéndose a enseñar teatro, actor, como
todos los grandes de la escena, sin preparación superior. Se estila la
fórmula de que cualquiera puede hacerse poeta (en la bragueta),
escritor, maldito, o dramaturgo con un cursillo. O una operación
triunfo. Recordemos que todas las operaciones necesitan bisturí, y
hacen heridas. Nada mejor que aprender de las operaciones del fracaso.
Es ahí de dónde se aprende. El triunfo solo puede enjugar con la
humildad.
Todo esto no nos impide reconocer públicamente a quienes lo han hecho
bien durante tanto tiempo. Empezando por los buenos profesores, alguno
expulsado de alumno y contratado como docente. El ITAE tras años de
olvido de gobernantes del PSOE, oposición de IU y PP, con el cambio
del gobierno del URAS, inició una tambaleante transformación. En la
consolidación del PSOE, que fue quien empezó y acaba la jugada
limpiamente, hoy termina este calvario. He visto grandes cosas, las
que importan (en un día tan feliz callemos las feas), en esa casa.
Como la magnífica y emocionante dirección y actuación de alumnos de
ejercicio sobre obra de Chejov que dirigió hace poco el profesor
Enrique Villanueva. Criticar al ITAE públicamente supone que te
tilden, de obsesivo o resentido (sic) por los políticos. Aunque sea
simple curiosidad, y deber. Algo que ellos desconocen. Homenajearlo
por lo bien que lo hacen, para muchos, es buscar algo, medrar, hacer
la pelota. Es inevitable al hacer nuestro cometido por una profesión
tan mezquina y pobretona como cualquier otra. Pero, ¡tan bella!