Número 7. Enero de 2003

Escuela superior en Asturias

Francisco Díaz-Faes

 

Felicitamos a quienes por su labor en el teatro consiguen por fin este año los estudios superiores de teatro en Asturias. A la directora, y al equipo del ITAE, Instituto del Teatro, y a los técnicos y políticos de Consejería de Cultura. Además no olvidamos a quienes lo intentaron desde hace 15 años sin éxito, y, o han dejado el teatro, o se les ha echado de la administración. No sé sabe aún cuanto tiempo durará esta transición administrativa al nuevo estatuto docente. Ni si existe reconocimiento de la Universidad para tales estudios, o si convalidarán los precedentes. Por fin, se ha remediado la oficialidad de los estudios de Arte Dramático en Asturias. El boletín oficial de Asturias, dispuso hace tres meses la implantación progresiva de los 4 cursos de que constan las enseñanzas superiores de teatro, que empezaron este curso. ¿Significará esto la propia desaparición del ITAE? ¿Deberá cambiar administrativamente, aunando estudios al circuito de teatro asturiano y el centro de documentación teatral siempre polémicos?

Desde aquél viejo 1987 se ha venido escuchando en la inauguración del nuevo año escolar, la implantación de tales estudios. Digamos que desde entonces o los iban retrasando, o bien, de otra manera, tontamente han ido mintiendo durante años sobre su entrada en vigor. Recibimos pues este largo parto con entusiasmo a pesar que no dejemos de preguntar si por ser oficiales, tales estudios serán mejores. "No se aprende a interpretar —bien— apuntándose a una escuela, como no se logra pintar —bien— matriculándose en la Real Academia de Bellas Artes. Los profesores deberían tener la humildad de reconocerlo. Y los pupilos, la lucidez de aceptarlo", dice en su interesante libro de memorias Adolfo Marsillach refiriéndose a enseñar teatro, actor, como todos los grandes de la escena, sin preparación superior. Se estila la fórmula de que cualquiera puede hacerse poeta (en la bragueta), escritor, maldito, o dramaturgo con un cursillo. O una operación triunfo. Recordemos que todas las operaciones necesitan bisturí, y hacen heridas. Nada mejor que aprender de las operaciones del fracaso. Es ahí de dónde se aprende. El triunfo solo puede enjugar con la humildad.

Todo esto no nos impide reconocer públicamente a quienes lo han hecho bien durante tanto tiempo. Empezando por los buenos profesores, alguno expulsado de alumno y contratado como docente. El ITAE tras años de olvido de gobernantes del PSOE, oposición de IU y PP, con el cambio del gobierno del URAS, inició una tambaleante transformación. En la consolidación del PSOE, que fue quien empezó y acaba la jugada limpiamente, hoy termina este calvario. He visto grandes cosas, las que importan (en un día tan feliz callemos las feas), en esa casa. Como la magnífica y emocionante dirección y actuación de alumnos de ejercicio sobre obra de Chejov que dirigió hace poco el profesor Enrique Villanueva. Criticar al ITAE públicamente supone que te tilden, de obsesivo o resentido (sic) por los políticos. Aunque sea simple curiosidad, y deber. Algo que ellos desconocen. Homenajearlo por lo bien que lo hacen, para muchos, es buscar algo, medrar, hacer la pelota. Es inevitable al hacer nuestro cometido por una profesión tan mezquina y pobretona como cualquier otra. Pero, ¡tan bella!

 

  

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