Roberto Corte
La escenografía, entendida como el arte encargado de la organización
del escenario y el espacio escénico y no como una mera ornamentación, es
una disciplina que por servir de "ambientación" a la interpretación,
forma, junto con el actor y el público, el todo que confiere la esencia
al hecho teatral. Tal es así que no hay espectáculo sin ambientación o
escenografía, y su aparente ausencia o reducción, a veces,
no es más que una limitación del presupuesto para su realización.
Para hablar sobre escenografía en lo que atañe a los espectáculos
realizados en nuestra comunidad citamos el pasado 8 de octubre en el
ITAE a Begoña Muñoz y a Ánxel Nava, ambos vinculados desde siempre a las
artes plásticas y con alguna que otra incursión o experiencia
significativa en el apartado teatral.
Un error de grabación, fruto de la ineptitud de quien suscribe, dio
al traste con diez minutos de conversación que hacía referencia a la
relación que guardan los espacios arquitectónicos con las diferentes
poéticas de escritura teatral. La trascripción que sigue, que no
reproduce este momento, queda a expensas de completar algún día el
debate volviendo sobre el tema, y publicando el mismo en LA
RATONERA.
Participantes:
—Ánxel Nava. Vinculado al teatro como escenógrafo, a las artes
plásticas, y articulista habitual en "Les noticies" y otros medios de
comunicación.
—Begoña Muñoz. Cursó estudios de escenografía en institutos
especializados y ha impartido talleres sobre materias relacionadas con
esta disciplina.
—Pedro Lanza, Díaz-Faes, José Rico y Roberto Corte. Miembros de
LA RATONERA.
ROBERTO CORTE.- Para empezar nos gustaría que os presentaseis. Que
contéis un poco vuestra experiencia en el teatro y en los distintos
proyectos escénicos en los que habéis trabajado.
BEGOÑA MUÑOZ.- Bueno, yo estoy aquí porque me llamó Fran, a quien
conocí por estar implicada en proyectos comunes. Pero antes de empezar,
quisiera decir que en este momento mi relación con el teatro es
prácticamente inexistente. Es cierto que aquí, en Asturias, participé en
algún que otro proyecto, hice algunas cosas, pero, por diferentes
motivos que ahora no vienen al caso, los espectáculos en los que
participé no se han podido realizar. Así que me siento un poco
alejada... Hice una escenografía para una historia de payasos,
guapísima, un proyecto completamente disparatado y muy divertido en
el que participaba Díaz-Fáes y Maxi Rodríguez, con sede de ensayo en
Perlora; y después también diseñé la escenografía de El color del
agua, pieza donde, al conseguir el texto dramático el premio Marqués
de Bramomín de aquel año, la productora decidió cambiar a los actores y
prescindir también de mi trabajo. Aunque, bueno, sobre esta historia
también he de decir que en todo momento la relación personal que han
tenido conmigo fue correcta y muy respetuosa. Yo hice el diseño,
maquetas incluidas, y me lo pagaron religiosamente. Así que en ese
sentido no hay queja.
ROBERTO CORTE.- Alguna otra experiencia...
BEGOÑA MUÑOZ.- Si te refieres a mi campo... Hice interiores, estudié
escenografía, impartí clases en la Universidad Popular, en la
Universidad de Salamanca hice un laboratorio sobre el color,
escenografía, etc. Y además hace unos años desarrollé un proyecto, que
lo presenté en su día en la Escuela de Artes Aplicadas cuando la dirigía
Sanjurjo, para hacer un taller de investigación sobre escenografía.
Pero, bueno, aquello era inviable porque la investigación era un
proyecto de larga duración, no era sobre decorados sino sobre la
escenografía, las artes visuales y el espacio escénico. Y sobre el
resto, pues.., el trabajo con los grupos y poco más, bueno.., si te soy
sincera creo que no hay campo de acción.., o quizá es que yo no lo supe
encontrar, o, quizá.., también puede que esté un poco apartada porque me
han salido otras cosas que no guardan relación con el teatro, otros
campos, que me han ido alejando.
ROBERTO CORTE.- Ángel, te toca.
ÁNXEL NAVA.- Bueno, vamos a ver. Mi experiencia en el teatro en el
apartado escenográfico creo que tiene dos momentos o épocas bien
diferenciadas. Hay una época que se corresponde un poco a los años de
Caterva y Javier Villanueva, donde yo tuve un primer contacto directo
con la escena y, posteriormente, y quizá por esos mismos contactos y a
sabiendas que yo soy escritor y escultor y todo un poco a la vez,
también hay otro momento donde me pongo al lado de Etelvino Vázquez y
participo en la elaboración de la escenografía de De vita beata y
Las galas del difunto. Creo que fue sobre el 77 ó 78. En De
vita beata, principalmente, con un trabajo centrado en un elemento
escénico circular, creo que inspirado en la jaula circular de la osa
Petra que había en Oviedo en el parque San Francisco, que reproducía muy
bien, a modo de homenaje, la memoria de nuestra infancia, envuelto con
un fondo musical de Verde, la Aida; y también por otro lado, al
tratarse de una versión en tono de Comedia del Arte, el tema de las
máscaras. La elaboración de las máscaras a través del carácter de los
personajes, de los tipos. Y después, ya con la experiencia adquirida en
este montaje, voy a Las galas del difunto, que se presenta como
un trabajo del grupo Margen más en relación con todo el grupo y creo que
mejor estructurado en lo que respecta al espacio. Aquí el espacio
escénico de Valle, en función de sus acotaciones, sería el punto de
partida para la elaboración de un montaje con rampa desarrollado en
escenas, algunas de las cuales fueron recreadas desde los bocetos y
dibujos que yo realizaba en los propios ensayos, así como algunos de los
arquetipos. A lo que seguía un trabajo recopilatorio de información para
conseguir el vestuario de rayadillo de los expatriados, etc... Bueno, y
esta es un poco mi experiencia en la construcción de algunos personajes
que también me sirvieron, posteriormente desde el grupo Abra, para la
creación de otros personaje populares como, por ejemplo, el de Mateín.
Un personaje que, aunque no lo parezca, fue un poco construido con esa
misma estructura y a raíz de mi trabajo en Las galas... Después
me alejo poco a poco del teatro y me centro más en la escultura y las
artes plásticas pero nunca sin descolgar del todo de mi imaginario ese
interés por la escenografía. Bueno, y hasta tal punto que creo que mi
obra escultórica, lo que es la Trilogía del sueño, no se puede
leer correctamente si sólo se le aplican claves plásticas. Algo que
también ocurre a la contra, es decir: mis escenografías se ven muy mal
si sólo se interpretan en claves teatrales. Así que creo que toda la
trayectoria de mi vida es un poco andar por esos espacios deslizantes,
límites, que tratan de relacionar a las artes entre sí. Y de ahí que en
mi obra la relación entre teatro y plástica quede siempre como bastante
evidente... Bueno.., pues, posteriormente, y al hilo de lo que contaba
Begoña, yo también tengo algunas colaboraciones con la Universidad
Popular, en fiestas, con elementos de tipo escenográficos, carrozas para
el carnaval, etc. Y con Begoña coincido también para trabajar el
apartado de los animales mitológicos asturianos para la Expo de Sevilla,
dentro del equipo de diseño y proyecto de Chus Quirós. Animales que,
todo hay que decirlo, también tienen deriva en mi obra en otros
personajes que yo realizo después. Por ejemplo —y a raíz también de que
mi interés por la mitología y el estudio por temas asturianos ha sido
constante— construyo El Corverán, la máscota de Corvera, o Mariquina la
Galana, un personaje que anda por ahí en las reivindicaciones pro-llingua
asturiana, etc., y que, curiosamente aparece últimamente con otro
personaje que se llama El Miritón, y que se dedica a imitar a nuestro
ilustre presidente. Bueno, y que también está dentro de la misma
línea... Y, ya para referirme a mi última relación con el teatro
propiamente dicha, tendría que contaros mi trabajo con Maxi Rodríguez y
el grupo Toaletta, donde realizo la escenografía de El arte que hizo
pub. Un trabajo que en un principio, tras la lectura de la obra, me
interesa, y que yo centro desde el proyecto escenográfico inicial en un
elemento simbólico, que es un caja escénica semicircular, buscando el
tipo de espacio donde todo se va a proyectar, pero que después se
complica un poco por desavenencias de estilo. El naturalismo deseado por
Maxi y otro tipo de propuesta no naturalista, de tipo simbólico, que era
mi intención, quedando un poco el resultado final a mitad y mitad de
nuestras intenciones. Que es lo que a menudo suele ocurrir cuando las
ideas se llevan a la práctica. Y después, bueno, también está el tema de
Orleáns, que aparece como un texto que me pasa José Rico cuando
yo estaba en Lucernario, donde había una serie de objetos que podían
formar parte de una obra. Unos objetos que, quizá no de una forma
convencional, podían presentarse en el teatro. Una máscara de soldadura,
un coche, entre otras cosas…, con el tema del fascismo de fondo...
Bueno, y por ahora no voy a extenderme más.
ROBERTO CORTE.- Antes de seguir quiero decir que al coloquio estaba
invitada gente que trabaja en el teatro, desde la escenografía, de
manera más continuada, como es el caso de Josune Cañas. Pero que por
problemas de fecha, no ha podido venir. Yo tengo la impresión de que la
escenografía, por ser lo material tangible, lo que cuesta más dinero, la
mayoría de las veces queda casi siempre en mera entelequia, algo
irrealizable. Es como si a la hora de prescindir de algún elemento, por
razones de presupuesto, ese elemento es siempre la escenografía, que
sería la gran perdedora. Podemos pensar un poco en las escenografías
asturianas de estos últimos veinte años para descubrir cuántos
espectáculos son los que tienen una escenografía lo suficientemente
relevante como para pensar que la escenografía está presente para el
espectador, aparece en la obra, y no es suplantada por un elemental
juego de claroscuros con la luz. Y entonces es cuando me parece que el
problema es más grave de lo que parece, porque la reducción simbólica es
tan básica, o tan minimalista —a veces incluso por problemas de espacio,
escenario o sala—, es tan tremenda, que la mayoría de las veces está
ausente, o sea, no está. Esto al margen de que algunos grupos,
deliberadamente, usan con gran sabiduría y eficacia estos mínimos —por
ejemplo el Teatro del Norte— porque saben sacarle partido y convertirlos
también en elementos protagonistas de la propia acción, y no de fondo en
un último plano... Aunque también es cierto que algunos supieron
realizar asombrosas escenografías casi sin medios. Recuerdo a Telón de
Fondo y su Historia del zoo como otro buen ejemplo. Una rama
enorme y unas hojas por el suelo, junto a una excelente iluminación le
fueron suficientes a Benigno para "naturalizar" un espacio excelente...
Pero a lo que vamos... Begoña, en tu caso, da la impresión de que te as
apartado un poco del teatro porque es como si la escenografía, en
Asturias, principalmente por problemas presupuestarios, no fuera
posible. Es como un "no ha lugar"...
BEGOÑA MUÑOZ.- Bueno, es que yo empiezo por diferenciar lo que es la
escenografía de lo que son los decorados. Algo que ha de tener muy claro
el profesional que se encarga de ese apartado. Porque una cosa es
trabajar en un grupo, un equipo donde cada uno hace lo que puede y todos
hacen de todo porque así lo desean por imperativos y limitaciones
económicas, y otra cosa es que ya de arranque haya un proyecto
medianamente sensato de producción. Porque me da la impresión de que en
Asturias lo que no existe es la producción propiamente dicha. Y al no
existir un planteamiento de producción, la escenografía no se contempla
como un elemento más a tener en cuenta en la misma medida que se hace
con los autores o intérpretes. Y tampoco me parece que esto responda a
pobreza de planteamiento profesional o intelectual, sino de medios,
económico...
ROBERTO CORTE.- Yo me refería a que da la impresión de que cuando la
escenografía tiene un nombre, es como si se viese, y por el contrario,
cuando todo queda en manos del equipo artístico, fuese más pobre...
BEGOÑA MUÑOZ.- Perdona que te interrumpa, pero es que ya antes
dijiste que la escenografía es lo material tangible, lo caro, lo que
cuesta, sin tener en cuenta que la labor del escenógrafo, aquí, también
es una trabajo que se realiza en las mismas precarias condiciones a como
lo hacen los miembros del resto del equipo. Aunque el escenógrafo tenga
compensaciones económicas, éstas son similares a las del intérprete, el
director, adaptador, etc. Lo que nos da un poco idea de cual es el
estado de la cuestión y del teatro en general. Y puede explicar también
el distanciamiento de algunas personas que, intentando desarrollar la
escenografía como una disciplina profesional, ante esa falta de
efectividad, nos hayamos ido apartando. Y puesto que no es posible ese
desarrollo profesional hayamos canalizado la energía hacia otros campos.
JOSÉ RICO.- Ese es un mal endémico del teatro asturiano. Porque de la
misma manera que no se puede desarrollar el proyecto profesional del
escenógrafo, otro tanto ocurre con los actores y directores.
BEGOÑA MUÑOZ.- Claro, yo digo que es lo mismo.
ROBERTO CORTE.- Sí, pero lo que yo digo es que a la hora de
prescindir de algún elemento, el escenográfico es el que sale perdiendo.
BEGOÑA MUÑOZ.- Claro, porque ni los actores, ni el autor van a perder
la oportunidad de representar su obra por este tipo de carencia.
ROBERTO CORTE.- Sí, pero luego hay que ver cómo se hacen.
ÁNXEL NAVA.- Yo creo que hay una realidad, que es frustrante, y que
imposibilita el trabajo del escenógrafo, es cierto, pero es cierto que
esa imposibilidad no es sólo por un problema económico. Hay también un
problema que tiene ver con las pocas relaciones que hay entre el teatro
y las gentes vinculadas a otras artes. Hay como un desconocimiento mutuo
de dos mundos que se presentan en apartados diferentes, y que nunca se
tocan. Curiosamente, de manera excepcional, aparecen casos como el de
Paco Cao, donde su obra artística está vinculada al teatro a través de
escenografías, ensayos, o trabajos de investigación, que tendrían que
ser la norma, pero que no lo es. Algo igual a como ocurría con los
constructivistas rusos y su relación con la escenografía teatral. O como
cuando en la Bauhaus trabajaban Oskar Schlemmer junto a Kan-dinsky o
Klee. En fin, y ese es el tipo de relación que se echa en falta... Así
que, hace falta dinero para pagar al escenógrafo, para realizar la
escenografía, pero también necesitamos otro tipo de relación
interdisciplinar. Hace falta un espacio o punto de encuentro que sirva
para trabajar en este sentido. Y no lo hay... Porque no debemos olvidar
que la escenografía es una lectura o interpretación que se corresponde
con un espacio visual, un espacio escénico visualmente construido que no
sólo pertenece al los actores y al director, sino que tendría que
proceder del encuentro o simbiosis entre diferentes campos artísticos. Y
que tendría que darse en ese espacio ideal de investigación, que es de
donde tendría que salir todo el entramado de la producción
PEDRO LANZA.- Siguiendo un poco con lo anteriormente comentado tengo
que decir que el caso del Teatro del Norte es un claro ejemplo de
escenografía minimalista, de reciclaje si se quiere, pero de
escenografía que "se ve" porque está usada convenientemente, donde los
objetos cuentan y sirven para algo. Pero eso responde a un caso muy
concreto de formación, el de Telvi, y del teatro del que procede, que,
desgraciadamente, no es norma en el resto de los grupos... Sobre lo que
Ánxel decía, la escasa o nula relación del teatro con el resto de las
artes plásticas, tengo que decir que aquí, más o menos, como creo que
decía Goebbles, cuando en Asturias un teatrero oye hablar de Van Gogh (y
valga Van Gogh como ejemplo) saca la pistola. Quiero decir con esto que,
unido a la penuria que todos comentabais, lo que hay es una falta de
formación sobre las artes plásticas por parte de los teatreros... Y
sobre la escenografía quiero recordar una frase de Ángel Facio, que a mí
siempre me pareció importante, que dice que "en el teatro todo lo que no
es significativo es decoración". Y que a mí también me interesan muy
poco las escenografías que no son significativas.
JOSÉ RICO.- Cuando yo estuve en la Compañía de Teatro Clásico el
escenógrafo llevó todo el proyecto realizado, con planos y bocetos
incluidos, escenas diseñadas, módulos que se movían, etc., todo
perfectamente claro y trabajado. Algo que, con unos mínimos de rigor,
también se tendría que poder hacer en Asturias y en el resto de las
comunidades autónomas.
ÁNXEL NAVA.- Claro, pero date cuenta cuántas horas y días de trabajo
fueron necesarias para conseguir todo ese trabajo. Y ahí es donde nos
damos cuanta de que en Asturias estamos viviendo un proceso de
"amateurismo", es como un quiero y no puedo. Y conste que esto no ocurre
solamente en el teatro. Otro tanto pasa con la escultura. Así que lo
primero sería preguntarse cómo estamos y de dónde venimos, para después
compararse con el resto de países de la comunidad europea. Aquí hay
capacidad de inventiva y trabajo, pero falta experiencia y tradición
profesional para desarrollar convenientemente los proyectos. Todo va en
función de una viabilidad que está muy determinada por las escasas
subvenciones y por el tarde mal y nunca. Por ejemplo, en la pieza
Orleáns, realizada un el tiempo récord de quince días o un mes, con
otras condiciones también habría variado el trabajo de escenografía.
Pero la premura del estreno y demás condicionantes de una producción más
que precaria, fuerzan al "trágala" y un poco "a lo que salga". Y claro,
todo esto exige también otro tipo de relación en equipo.
ROBERTO CORTE.- Yo quería preguntar, ¿a qué obedece esta distancia
existente entre los escenógrafos y los grupos?
JOSÉ RICO.- Yo creo que es porque el director ya tiene bastantes
problemas como para complicarse más la vida con el escenógrafo, pues
algo terrible...
ROBERTO CORTE.- Yo lo digo también porque el escenógrafo tampoco
tiene que ser un señor que venga de las artes plásticas o de la
arquitectura, como a veces se cree, sino que tiene que ser un hombre de
teatro. Algo que tenemos que meternos en la cabeza. Casi todos los
escenógrafos, y a excepción de las vanguardias revolucionarias y
agresivas de principio de siglo XX, de fuerte impacto plástico por su
ambición de querer cambiarlo todo, todos son gente de teatro. Y esto
ayuda a entender al escenógrafo como un hombre del equipo teatral que
trabaja el día a día con el director para ajustar y sincronizar, fines y
objetivos de la obra. Para conseguir armonizar resultados.
JOSÉ RICO.- Otro de los problemas por lo que no hay escenografías en
Asturias es porque aquí las compañías no se pueden permitir el lujo de
llevar un trailer. En realidad para cuatro trastos no hace falta llamar
un escenógrafo...
ROBERTO CORTE.- Y ahí entramos en el problema de los espacios...
PEDRO LANZA.- Respecto a lo de antes igual pasa con los autores. Sólo
se entienden como gente de teatro...
ROBERTO CORTE.- Claro, o están ligados a un grupo o no existen...
DÍAZ-FAES.- Intenté traer al coloquio a Luis Antonio Suárez del grupo
Gag, pero no estaba en la oficina de trabajo. Luis Antonio es uno de los
pocos escenógrafos que están funcionando con un nivel de producción que
abarca diferentes ámbitos, óperas incluidas. Julio Gran es otro, al
igual que Carmen Castañón, que es asturiana y trabajó con Emilio Sagi,
al igual que hay otros que trabajan con títeres, etc. En fin, lo que
quiero decir es que hay un grupo de asturianos que trabajan en esto, lo
que ocurre es que lo hacen, como casi todos los que suenan, fuera.
ROBERTO CORTE.- También hay asturianos que de una forma excepcional
participan en acontecimientos muy concretos, como son las Jornadas de la
Ópera.
PEDRO LANZA.- No sé si la pregunta procede o es una chorrada, pero:
¿Cómo veis la escenografía única, cuando ésta está ligada a un único
espacio? Al igual que ocurría en el teatro isabelino o en el Siglo de
Oro español, cuando los espectáculos se representaban en El Globo o en
los corrales de comedias, cuando todo se hacía con una cortina y dos
puertas practicables. Curiosamente, cuando el teatro era un espectáculo
de masas, antes de pasar a manos de la burguesía. ¿Cómo es posible que
esas soluciones funcionasen, incluso para representar batallas navales y
guerras, y hoy no podamos imaginarnos un espectáculo sin un mínimo de
aparato escenográfico?
BEGOÑA MUÑOZ.- Lo que acabas de decir es muy interesante, porque es
verdad que en definitiva la escenografía no es más que un problema de
espacio. Y esa mirada histórica que haces no debe de llevarnos más que a
contemplar la historia del espacio escénico como una historia en
evolución. Y es que desde los teatros griegos pasamos al teatro del
medioevo donde la arquitectura teatral desaparece, porque el teatro está
en la calle, para después dar paso a otra arquitectura teatral
diferente, a la italiana, que como se anquilosa, a su vez dará paso a
todo el cuestionamiento escenográfico que se produce en el siglo XX.
Pero no debemos de olvidar que es de esta arquitectura de donde proceden
los escenógrafos. Se alcanzaba un alto grado de perfeccionamiento, de
elaboración de decorados construidos en talleres especializados regidos
por artesanos muy cualificados para su realización, donde surgen las
maquinas, las tramoyas, etc... Pero es cierto que es la arquitectura lo
que permite todo ese desarrollo, y lo que nos lleva a pensar que uno de
los problemas con que hoy nos encontramos es que no existen esos
espacios de investigación. Antes los teatros tenían un lugar para la
investigación escénica y otro para la construcción de los decorados. Y
es muy importante diferenciar estos dos espacios, el de investigación y
el de la elaboración, para no confundir lo que es la construcción de un
decorado con la escenografía, algo ya se sabían en el siglo XIX... No
hace mucho, conjuntamente con Fran, hice un trabajo en la cuenca minera
del Nalón, y es impresionante ver la cantidad de teatros que se
levantaron en la etapa de industrialización. Muchos permanecen a punto
del pertinente derribo o permanecen aún cerrados. Pero eso nos dice
mucho acerca de la necesidad de entender el espacio como el lugar de la
poética teatral y no sólo de la literatura. Literatura, puesta en escena
y representación, que cierra el espectador en un espacio arquitectónico
concreto... Así que para mí la escenografía es un problema de espacio y
de arquitectura. Y lo lamentable es que en este momento la arquitectura
teatral no existe, porque los modelos arquitectónicos que hay son
obsoletos. Ya que vienen heredados de otros tiempos a través de
políticas de recuperación y restauración de viejos espacios. Y a
diferencia de lo que ocurre con la música y la pintura, donde se
construyen museos y auditorios con espacios modernos para que estas
artes contemporáneas encuentres su lugar, con el teatro estamos todavía
como hace cien años. Y con las escuelas teatrales pasa un poco lo mismo,
todas dependen de estas arquitecturas.
ROBERTO CORTE.- No sé como está la enseñanza en ese sentido,
desconozco si en el instituto de teatro se estudia escenografía y de qué
trata. Pero ahora, al menos en otras escuelas, sé que se imparte la
asignatura y que empieza a haber bibliografía al respecto, manuales. Y
en el campo de la semiótica es increíble lo que se ha avanzado. Carmen
Bobes acaba de sacar un libro muy importante, ya imprescindible, que se
titula Semiótica de la escena. Francisco Nieva también tiene un
manual para la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, con una
exposición general sobre los espacios cruzada con opiniones o consejos
personales para oficiantes...
JOSÉ RICO.- Ya, pero aquí estamos hablando de espacios. ¿Dónde están
los espacios?
ROBERTO CORTE.- Trataba de enumerar algunos estudios...
BEGOÑA MUÑOZ.- Sí, pero no se trata de teorías, sino de
experimentación, de espacios útiles...
JOSÉ RICO.- Lo que queremos decir es que no existen espacios que se
correspondan con el teatro de hoy, o que sólo existen estos espacios
heredados, obsoletos.
ÁNXEL NAVA.- Creo que estáis tocando un tema clave. Antes hablábamos
de cómo irrumpen las vanguardia, a principios de siglo, en el espacio
escénico, cómo estudian el espacio teniendo el cuerpo humano como
referente, para iluminarlo, situarlo dentro de la caja escénica, etc. Y
así nace la teoría, los estudios de iluminación, las nuevas perspectivas
y la investigación. Pero claro, desde la misma Bauhaus ya la
arquitectura teatral tradicional está llamada a subvertirse porque el
teatro a la italiana es un espacio exclusivamente pictórico, con
perspectiva caballera, renacentista. Y ya desde los años treinta, en
algunos puntos de Europa, empiezan a construirse variantes espaciales
modernas. Lo que ocurre, y esto es lo grave, es que en los años ochenta
en nuestro país se lleva a cabo una política de recuperación de teatros
a la italiana sin preocuparse lo más mínimo de construir espacios
acordes a los tiempos que vivimos y para las necesidades del arte del
siglo XXI. Algo que también se habían hecho en otros países y que truncó
toda esa vía experimental y de investigación. O sea, de trabajar con
espacios libres, abiertos, se vuelve a un orden más tradicional. Con
esto quiero decir que los discursos que se inscriben en el espacio
teatral no son inocentes. Cuando vemos un teatro de tresillo, vemos el
teatro de la burguesía porque ése es su espacio. Y, ahora, aunque no lo
parezca, estamos más o menos en esa realidad... Sobre la formación
quisiera decir que, efectivamente, hay necesidad de crear espacios de
formación muy unidos a los espacios de trabajo, pero también tiene que
haber voluntad política para que eso sea posible. Aquí ahora se está
pensando en crear un centro de arte, ubicado en la Universidad Laboral,
y claro, el espacio de la Laboral vuelve a ser un espacio a la italiana.
El planteamiento vuelve a ser el mismo de siempre. ¿Cómo es posible
pensar que desde ahí se pueda realizar el teatro del siglo XXI? Con la
danza contemporánea ocurre lo mismo, es un arte todavía sin espacio, y
por eso ese tipo de espectáculo hay que verlo en La Colegiata... Y,
curiosamente, uno como espectador no puede abstraerse a las asociaciones
que se presentan a la hora de ver cuerpos desnudos, suponiendo que el
espectáculo los contenga, y los angelitos que sobresales en la
ornamentación de la capilla en una especie de paraíso, que no aparece
cuando vamos al Palacio Valdés o al Jovellanos, porque el espacio
también está condicionando el discurso. Por eso digo que, ¿dónde están
los espacios de hoy? Sin olvidarme de las posibilidades que ofrece todo
lo que ahora se llama ruina o arqueología industrial, que podrían ser
espacios perfectamente recuperables para el teatro...
PEDRO LANZA.- Estamos de acuerdo en que el espacio condiciona los
espectáculos. No hay más que echar una mirada a los grupos asturianos
para darse cuenta de que sus espectáculos son, no sólo en el apartado
estético sino también ideológico, reaccionarios.
ÁNXEL NAVA.- Claro, porque todo condiciona.
BEGOÑA MUÑOZ.- Con los cines ha pasado lo mismo, pero hemos tenido
que esperar toda una vida para que hicieran unos cines como es debido.
¿Cuánto tardarán en darse cuenta de que los teatros de este siglo han de
hacerse para servir a cualquier tipo de propuesta? Existen experiencias
individuales, de grupos o compañías, con salas muy pequeñas y con los
inconvenientes que nos podemos imaginar, pero, desgraciadamente, no hay
una arquitectura que formalice y dé continuidad reglada a esos trabajos.
ROBERTO CORTE.- Los catalanes tienen alguna que otra sala, y también
en Madrid hay algún que otro espacio que funciona con módulos que se
ordenan a gusto del usuario, espacios laterales, circulares, etc. Pero,
sinceramente creo que son espacios condenados a contar como excepción
porque son propuestas que no acaban de cuajar. Difícilmente abandonan su
condición experimental. Tenemos que pensar que incluso los espacios que
se usan en las salas alternativas, son, mayoritariamente, de exposición
frontal.
BEGOÑA MUÑOZ.- Pero tenemos que entender que esta necesidad de
sustituir las arquitecturas obsoletas por otras más abiertas y acordes
con el tiempo no tiene por que ser competencia única de las salas
alternativas. Hasta que no se abandone el apartado de sala alternativa y
estas arquitecturas cobren naturaleza de norma en el resto de espacios,
nada se habrá conseguido. Seguiremos como estamos.
ÁNXEL NAVA.- Lo que tiene que quedar claro es que faltan espacios
verdaderamente multiformes, polivalentes, y que hay que crearlos para
que los espectáculos puedan ser presenciados tal como se conciben.
Incluso para representar los textos clásicos adaptados, que siempre se
presentan prisioneros de una relación endogámica con las arquitecturas
convencionales, ya muy limitada. No debemos olvidarnos que se está
viviendo una nueva forma de percibir la luz a través de los aportes
tecnológicos que se están usando en la publicidad, discotecas, pantallas
y demás efectos ópticos de uso muy generalizado. Aportaciones que están
modificando muy seriamente las artes en general, y que parecen no
incidir en el teatro...
ROBERTO CORTE.- Yo es que reivindico un poco la endogamia en la
medida en que el escenógrafo es uno más de la familia teatral, no un
alienígena...
PEDRO LANZA.- La percepción del espectáculo, el aprendizaje, el
discurso espectacular que la gente está acostumbrado a ver es un
discurso que nos viene de la televisión. Esa es la educación que recibe
la gran masa de espectadores. Sintiéndolo mucho hay que decir que las
poéticas de las vanguardias clásicas se han frustrado y quedado sin
continuidad. Se han perdido. Ha ocurrido un poco como con las
aspiraciones que teníamos en política durante la transición. Lo que ha
sido la democracia y en lo que se convirtió... Yo, es que hoy por hoy,
me cuesta ir a un local desvencijado a ver un espectáculo, y además a
pasar frío. Ya no voy, lo siento... Necesito estar en una butaca
confortable, a gusto...
ÁNXEL NAVA.- Yo no estoy de acuerdo, Pedro. Uno de mis sueños ha sido
siempre, no ya ir a locales donde se pasa frío, sino a ruinas y espacio
absolutamente abandonados, perdidos, donde el espectador es un personaje
más, que participa de la obra de otra manera a como dicta la norma y las
buenas costumbres. Algunos de los mejores espectáculos que presencié yo
han sido de grupos que han adulterado estos espacios de una manera
deliberada para transformarlos en otros más sugerentes y acogedores.
Cambiando el flanco de expectación tradicional, etc., para combatir las
perspectivas del espectador burgués, acomodado, fijo. Vivimos una
sociedad que se ha convertido en espectáculo...
ROBERTO CORTE.- La última palabra es para Begoña...
BEGOÑA MUÑOZ.- Como se acaba de hablar del aburguesamiento del
público yo quisiera decir que quizá, ahora, lo más importante, para que
el teatro exista, sea la recuperación de ese público. Una recuperación
del público que tiene que pasar por un cambio de percepción del espacio
y la escenografía. Ese público aburguesado, que somos todos, y que no
sólo se queda en casa a ver la televisión sino que, cuando sale, acude a
buscar el calor de la butaca confortable a los grandes centros
comerciales que están construidos con grandes escenografías, como es el
Parque Principado. Puro teatro...
ÁNXEL NAVA.- También quiero decir que hay que recuperar la calle como
espacio de creación, pero con rigor. Sin olvidarnos del teatro de los
niños.