Ferrmín Cabal es uno de los dramaturgos más
significativo del panorama español de estos últimos veinticinco años,
con títulos tan reconocidos como Tú estás loco, Briones,
¡Vade retro!, Caballito del diablo o Castillos en el
aire. Su trayectoria teatral lo sitúa en un principio formando
parte de los míticos Tábano y El Gallo Vallecano, para después
desmarcarlo como autor, guionista y director, en proyectos teatrales y
cinematográficos muy coherentes, sin desestimar la televisión como
medio para satisfacer su curiosidad profesional. El sábado 17 de
noviembre finalizó su taller de dramaturgia en el Antiguo Instituto
Jovellanos de Gijón.
La
Ratonera. Acabas de impartir un curso sobre escritura teatral.
Háblanos un poco de sus contenidos. ¿En qué consiste?
Fermín
Cabal. Es un curso práctico. Se trabaja a partir de los materiales
que traen los participantes. Los alumnos suelen traer cosas que acaban
de escribir, o que quieren corregir, o incluso que están escribiendo.
Las leemos y analizamos en conjunto. Yo trato de soltar algún que otro
elemento teórico que va surgiendo con la lectura de las obras, viendo
la manera en que el espectador las percibe, sus partes.., en fin,
hablamos un poco de la organización del material siguiendo, como te
digo, la secuencia de recepción de ese material en un espectador
imaginario que se parece mucho a nosotros mismos. Luego lo discutimos
y yo trato de dar algunas pautas de exploración en la escena para
indicar desde mi experiencia —que siempre es discutible, ya que
tampoco trato de imponer ningún criterio científico o teórico, son más
bien cosas intuitivas— lo que yo haría si fuera el escritor que está
trabajando en esos textos. Y trato de aportar ideas, ocurrencias que
me surgen en torno a las obras, sobre todo atendiendo a la estructura
interna de las piezas. En fin.., se trata de intentar sugerirles
posibilidades de exploración en sus escenas. Y eso es lo que trato de
hacer, luego lo que hago realmente, pues.., te lo dirán las personas
que han participado, que tendrán una visión más objetiva.
L. R.
¿Es posible que los cursillos generen un tipo de epígono que pueda
coartar la personalidad y carácter de los jóvenes autores?
Fermín
Cabal. Mira, yo estoy bastante de acuerdo en lo que planteas. Creo
que uno de los grandes peligros que tiene ahora la escritura teatral
es que es excesivamente mimética y "epigoniza" las formas que
transmitimos los profesores de otra generación de una manera mucho más
asfixiante que antes. En mi época, el simple hecho de que no hubiera
profesores, de que no hubiera una gran presión teórica —porque casi no
había nada— nos daba una gran libertad, una libertad absoluta para
inventar el mundo... Inventábamos los estilos... Mira, en Tábano jamás
pensamos en inventar un estilo, pero sin darnos cuenta creamos el "tabanismo",
que era algo que la gente reconocía.., y que después otro grupo
imitaba, porque marcaba, sobretodo, una voluntad. Era una cosa
divertida, crítica, muy irónica.., y también muy poco rigurosa, muy
superficial. Tenía sus pros y sus contras. Pero fue el resultado de
una práctica, de la suma de caracteres de la gente que estábamos allí.
Y, ¿por qué podíamos hacer eso? Pues porque no estábamos sometidos a
ninguna presión. La única pequeña presión que teníamos era el "brechtianismo".
Nos considerábamos brechtianos y lo estudiábamos a nuestra manera,
a través de libros y fotos que nos enseñaban... Para mi la idea del
teatro era la de Brecth cuando decía "el teatro tiene que ser
divertido, el espectador se tiene que divertir"... Que era algo que me
tranquilizaba muchísimo, ya que cuando yo veía reír a mis espectadores
me decía: soy brechtiano, cumplo con la primera condición... Después
venía Juan Antonio Hormigón y me ponía a caldo, "pero si no tienes ni
idea", y seguramente que él tenía razón pero, gracias a Dios, como
Brecht no venía impuesto como una disciplina académica, pues podía
inventarme mi "brechtianismo" a través de los libros que yo estudiaba.
Ahora estos chicos que escriben están tremendamente sometidos a la
presión de los modelos, que ellos "epigonozan", porque en los
festivales ven a Heiner Müller, a Botho Straus, a Mamet.., y se
comparan con los originales pero de verdad, porque están ahí los
auténticos, se ven en ese espejo, y no como nosotros que nos los
imaginábamos, porque nadie había visto ni a Jerzy Grotowski ni a
Brecth... Y así los toman como modelos y los copian, pero es el
peligro que tiene toda formación. Aunque visto así también puede dar
la impresión de que lo mejor es no saber nada. Y no es cierto, porque
todos sabemos que el que tiene talento de verdad todo eso lo sabe "metabolizar"
poco a poco y saldrá con voz propia... Yo, es que a los escritores de
ahora los envidio, hay más oportunidades y posibilidades de adquirir
conocimientos... pero bueno, es verdad que la gente con menos talento
"epigoniza" de una manera muy descarada y, además, todo eso a
veces es muy contagioso. Por eso yo a los escritores que empiezan
trato de hacerles ver que ese veneno es muy tóxico. Y que tienen que
defenderse. Que tienen que ser conscientes que todo eso pasa. Y por
eso también, a veces, cuando veo que se apoya a un escritor que está
empezando, pues, pienso que quizá no sea ése por el que habría que
apostar. Yo prefiero apoyar voces personales más toscas, que voces "epigonales"
más al día. Pero es mi opinión y éste es un debate eterno, y sé que
los promotores no estarán de acuerdo conmigo. Porque también los
programadores y gestores culturales en general escuchan con la oreja "epigonizada".
Si se parece a Botho Straus les gusta más. Desgraciadamente esto es
así, pero forma parte de los filtros que se le plantean a los
artistas. El artista tiene que saber superar ese filtro con una voz
suficientemente potente.
L. R.
Siempre tuviste preocupación por el apartado teórico. Ahora empieza a
salir al mercado bibliografía al respecto, como el libro de Alonso de
Santos, que viene un poco a paliar la ausencia existente en otros
tiempos. Sin embargo tú aún no tienes tu manual o poética...
Fermín
Cabal. Sí, yo tengo interés por este tema. Es cierto que le he
dedicado pequeños esfuerzos, sobretodo de indagación sobre los
aspectos estructurales y de composición de la pieza. Lo que ocurre es
que yo me dedico a escribir..., y a este tipo de cosas, hasta muy
recientemente, no le he dedicado tiempo porque yo no me dediqué a la
pedagogía. Y gente como Alonso de Santos —ya que has citado el caso de
José Luis—, es que se ha jubilado como catedrático de La Escuela, y,
aparte de ser escritor, él es profesor. Ha tenido una dedicación muy
intensa durante estos últimos años dedicado a la pedagogía, y claro,
es lógico que le dé una salida a todos esos cursos y cosas que ha
aprendido y explicado durante tantos años... Yo es que esas cosas
también las he hecho hasta hace unos cinco años, lo que ocurre es que
no las hice en serio. Ahora, que estoy más acomodado, lo empiezo a
hacer de una manera más sistemática porque he aceptado dar cursos más
extensos, más sostenidos. Antes daba talleres como éste, de tres o
cuatro días, aunque tampoco es la primera vez que los imparto aquí.
Estuve en Cabueñes, con Cracio, y en Candás, en la década de los
ochenta. Pero ahora me he metido en más honduras dando cursos
académicos, de octubre a junio. Empecé hace cinco años, pero, desde
luego, yo no me considero ningún especialista en este tema. Noto que
me falta todavía preparación. Sí tengo mano para trabajar desde la
práctica, porque he sido guionista en televisión, con todo lo que
supone respecto a coordinar equipos de, a veces, hasta catorce o
quince guionistas, que vienen con su escena a la que hay que dar
respuesta muy rápidamente, etc. Así que he desarrollado alguna que
otra habilidad profesional en ese sentido, que son las que exploto y
trato de comunicar en estos cursillos. Pero ya en el aspecto teórico,
sesudo y concienzudo, pues…, creo que se escapa a mis posibilidades y
ni siquiera me lo planteo. Al menos a corto plazo no tengo ningún
objetivo en ese sentido.
L. R.
Como autor, ¿se puede hablar de tu caso como ligado a algún grupo
generacional? ¿Miguel Murillo, Alonso de Santos, Mediero...?
Fermín
Cabal. Se puede. De hecho la gente lo hace. Pero Mediero es mucho
mayor que yo, Murillo es mucho más joven que yo, y José Luis es algo
más mayor, ya que me saca seis o siete años. Lo que no impide que
seamos amigos...
L. R.
Yo me refiero a una autoría afín a un tipo de teatro.
Fermín
Cabal. Yo no me siento formando parte de generación con Mediero de
ninguna manera. Creo que Mediero está en otro grupo generacional.
Murillo estaría más bien en el grupo de Ernesto Caballero, Paloma
Pedrero, etc., que es gente notablemente más joven. Y el caso de José
Luis es un poco distinto porque José Luis y yo, pues hemos sido muy
amigos —y lo seguimos siendo—, hemos andado y reído juntos durante
mucho tiempo, y... hemos hablado muchísimo más todavía, así que creo
que nos hemos influido mutuamente. Y para bien. Él me ha aportado
mucho sentido común. Ya que como escritor creo que yo habría sido
mucho más disperso, mucho más radical, si no fuera porque él me ha
orientado en una buena dirección... Así que somos amigos y todo eso
nos une, pero yo también creo que estéticamente estamos muy alejados.
José Luis tiene un teatro muy ligado al costumbrismo y a mi no me
interesa ese género, aunque muchas veces la gente me dice que soy un
escritor costumbrista. Claro que creo que no tengo nada que ver con
esa clave, aunque reconozca que en mi obra pueda haber puntos de
contacto, y que hay críticos que han utilizado esa falseta para leer
mis obras, a mi juicio aplicando un reduccionismo absurdo. Pero
bueno... yo no me siento estéticamente ligado a ese grupo..., discrepo
bastante. Sin embargo me siento más unido a algunos escritores que han
venido después, como es el caso de Ignacio del Moral, Ernesto
Caballero, Antonio Onetti, Plou, Paloma Pedrero. Aunque también estoy
más unido a ellos porque son mi grupo de amigos. Han trabajado mucho
conmigo, a veces como guionistas, han sido mis alumnos en clase y...
por encima de todo somos amigos con una relación muy personal e ideas
compartidas. Y en ese sentido yo me siento mucho más cómodo en este
grupo que con Mediero, por ejemplo, o López Mozo, o la gente del
underground, de quien estoy muy alejado de sus principios estéticos, y
también del sainete, de Murillo y de Alonso de Santos. Géneros que me
gustan como una opción posible de las tantas que tiene el teatro pero
en los cuales, repito, no me siento cómodo... Así que creo que esto de
las generaciones es tarea de los profesores, y está muy bien que lo
hagan, pero hay que reconocer que a veces es muy difícil reducir la
diversidad.
L. R.
Es una cuestión organizativa, hay que sistematizar el estudio,
ordenar...
Fermín
Cabal. Mira, las fechas cronológicas suelen ser un buen
indicativo... En ese sentido es que cuando yo empecé apenas había
escritores, así que lo he tenido relativamente fácil. No como ahora,
que hay cuarenta o cincuenta. Pero en aquella época no había, yo era
el único. Luego vinieron, muy posteriormente, gente de mi edad que
empezó a escribir, como Álvaro de Amo, Macua, Amestoy. Pero empezaron
a venir cuando yo ya estaba en el teatro. Y en ese sentido no tuve que
luchar mucho, ya que no había nada, y al no haber nada se nos prestaba
mucha atención y salíamos adelante. Ahora es más difícil, hay más
competencia y más calidad. Y la gente está más preparada. Y bueno...,
yo creo que eso es bueno para unas cosas y malo para otras.
L. R.
Como autor escribiste un teatro que estaba como muy al día,
Caballito del diablo, o Castillos en el aire, el mundo de
la drogadicción y el "pelotazo" socialista, un teatro comprometido con
el tiempo. ¿Dónde está la pieza del día de hoy, el teatro bajo el
tiempo del PP?
Fermín
Cabal. Pues mira, yo estoy escribiendo ahora mismo un teatro bajo
el PP. Las obras que escribo son de hoy, las escribo...
L. R.
Sí, todas son fruto de su tiempo y del contexto, en un sentido
sociológico. Pero en tu caso te has desmarcado con alguna que otra
pieza...
Fermín
Cabal. Sí..., pero yo creo que eso son perspectivas terribles,
mira. Yo he hecho teatro contra Franco, cuando hacíamos teatro
independiente, bajo el franquismo, ahí sí que había una vocación
clara, militante, clarísima, indudable. Era consciente de que hacía
aquellas obras, Cambio de tercio, La ópera del bandido,
etc., para contribuir a la lucha antifascista, en ese pequeño terreno
del teatro, que sin ser una cosa importante, pues ahí estaba,
aportando su granito de arena... Y ahí sí que había un compromiso
claro de intención política. Luego yo he seguido haciendo —quizá por
esa misma educación de intentar hacer un teatro que estuviera
vinculado con la vida— un teatro de connotaciones políticas. Por
ejemplo, la primera obra que firmé, Tú estás loco Briones, pues
era una sátira de la transición política. Que mucha gente no entendía,
e incluso algunos de la izquierda me decían: "oye, tú, que es que
parece que frivolizas". Bueno, pues yo, ingenuamente, era un muchacho
muy joven y seguía haciendo las cosas que hacía con Tábano, lo que
pasa es que, claro, al cambiar el contexto de la dictadura franquista
por el contexto de la democracia, determinadas cosas se deslizaban de
sentido y uno tenía que ir aprendiendo a manejar todo eso. Pero yo
seguí haciendo un teatro muy inducido por la realidad. Luego, todavía,
cuando escribí ¿Fuiste a ver a la abuela?, pues lo mismo, la
obra contaba mi experiencia de haber sido un joven a caballo entre la
transición y el franquismo, y era una obra que terminada con la muerte
del general Franco. Así que todo seguía siendo una escritura como muy
al día... El Caballito del diablo que citabas, pues es evidente
que en los primeros años de la transición política hubo una llegada
masiva de las drogas que afectó muy catastróficamente a ciertos
sectores de la población, y yo eso lo retraté porque era sujeto de esa
experiencia y, bueno, porque un hermano mío murió de una sobredosis de
heroína... Así que tenía una familia afectada, lo tenía en casa…, y,
en fin, tenía algo que decir sobre ese tema y me venían a la cabeza
esas imágenes. Pero no era una respuesta mía de imponerme un teatro
que reflejara la realidad, sino simplemente algo mucho más relajado.
Me venía todo eso a la cabeza, era algo que yo sentía que tenía que
escribir, y no me he plateado nunca hacer una bandera estética con
todo ello. Luego, bueno, con el tiempo he escrito otras cosas, incluso
clásicos para el festival de Mérida: Electra, Medea…,
este verano he hecho una Agripina y estoy encantado y dispuesto
a seguir haciéndolo porque es otra vertiente... Ahora, yo también sigo
escribiendo cosas de hoy. La última obra que he escrito, Ni es
cielo ni es azul, —cuyo título está sacado de unos versos de
Argensola, que dice: "Porque este cielo azul que todos vemos / ni es
cielo ni es azul. / Lástima que no sea verdad tanta belleza." Un autor
del siglo XVI con un verso que a mi me sugiere algo para la obra,
quizá muy cogido por los pelos porque yo soy bastante malo para los
títulos—, pues es una obra que retrata la vida de tres muchachos de
Fuenlabrada, un pueblo del cinturón industrial de Madrid, que se ha
transformado, y ha pasado de ser una huerta agraria con un pueblo que
pasaba, hace cuarenta años, alimentos a la urbe, pues a ser una ciudad
dormitorio muy degradada, de clase obrera, con un fracaso escolar del
setenta y tantos por ciento... Pues con todo ello exploro el grupo
generacional de la última hornada, tres protagonistas de unos
veinticinco años que van contándonos sus vidas hacia atrás, hasta que
nos muestran el momento en que ellos se conocen en un colegio público
del pueblo, ya cuando tienen ocho años. ¿Y qué cuento? Pues el fracaso
escolar. Esa idea teórica de que hay "igualdad de oportunidades", de
que el estado garantiza y se esfuerza en practicar la igualdad de
derechos entre los jóvenes en el terreno de la enseñanza, etc... Y
claro, pues después viene el fracaso y el truco del sistema. Porque el
fracaso de esos presupuestos teóricos es el triunfo del sistema,
porque si esos presupuestos salieran adelante el mundo estaría lleno
de ingenieros... Fuenlabrada lleno de arquitectos y abogados... y no
es así, claro, está llena de parados y de mano de obra barata. Es
decir, el sistema triunfa fracasando teóricamente. El sistema,
aparentemente fracasa, y en realidad triunfa... Esa paradoja, esa
contracción interna tan suculenta para el sistema y tan dolorosa para
los seres humanos que la padecen, pues a mi me ha servido para
escribir sobre ello... Pero no porque yo tenga un programa de
intervención al pensar que el teatro tiene que hablar de la sociedad,
sino porque yo hablo de la sociedad sin planteármelo. Y ése es mi
teatro y es el teatro que yo hago, sin más. Y ya te digo que todo eso
para nada me impide, después, escribir una Agripina para el
festival de Mérida... Una obra que yo hago porque me gusta y porque el
poder en ese sentido es intemporal. Tú estudias el poder de los
romanos y te encuentras que Agripina tiene los mismos problemas que
Felipe González. Llegas al poder, puedes hacerlo todo, la impunidad es
absoluta, la vanidad y la ambición también, y si eres un hombre
vanidoso e impúdico, y el poder te da una impunidad total, pues ya
estás condenado, ya vas a caer, caerás tarde o temprano. Y pasas de
ser la Agripina que viene a reformar Roma, a defender los valores del
pasado, a recuperar los valores de la república, a ser la Agripina
madre de Nerón, a ser la directora de una organización criminal
repleta de corrupción, de abusos, nepotismo, etc... Y, en definitiva
pues todo eso se convierte en un tema tan contemporáneo como el tema
de Fuenlabrada, un tema de hoy... Así que en ese sentido yo ya he
dejado de tener prejuicios. Bertolt Brecth lo hacía con toda
tranquilidad hace años... Bueno, lo que quiero decir es que todo esto
no es algo que yo haga porque crea que debo hacerlo, sino porque lo
hago, porque así me sale.
L. R.
Tienes experiencia en televisión como guionista y has participado como
asesor en el programa Lo tuyo es puro teatro. ¿Qué pasa con el
teatro dramático en la televisión? ¿Qué no encaja entre tanto reality
show y comedia de situación?
Fermín
Cabal. Bueno, yo creo que la comedia de situación ocupa el lugar
del teatro comercial, y tiene un arraigamiento más vigoroso en el
medio de la televisión porque el tipo de lenguaje que ha generado es
más próximo a las necesidades de la televisión y gusta más al público,
es más adecuado. Yo en ese programa estaba en la parte de la revista,
el apartado informativo, encargado de filtrar y de valorar el material
que nos llegaba... Pero yo no participaba para nada en la
programación, me parece una programación profundamente equivocada. Yo
creo que ahí, las reglas del equipo de programación y los ejecutivos
de televisión han estado al servicio de los políticos de turno, y han
metido a todos los barbianes del PP que han llegado con una obra
debajo del brazo, los han programado y contemplado.., actores que van
a los saraos del palacio.., etc. Pero claro, en eso han obrado
exactamente igual que los que había antes. Entonces como los de antes
eran unos golfos, pues los de ahora siguen siendo también unos golfos
puesto que hacen lo mismo... Son conservadores, conservan lo que hay,
la porquería. Y es en ese sentido donde yo no me hago cargo para nada
de la programación, pues me parece una programación disparatada, que
oscila entre lo caprichoso, lo petulante, lo pedante, y el populismo
más insensato. Es un programa de animación que ha fracasado por sus
propios méritos. Y no me duelo decirlo. Ahora bien, yo creo que, a
pesar de todo, siempre es mejor que haya un espacio para el teatro,
porque el teatro necesita ayuda, necesita oxígeno, y entonces, aun
así, siendo un programa con increíbles limitaciones, pues es un
programa que hay que apoyar porque no hay otra cosa. Aunque ojalá se
haga mejor. Pero en fin, es una etapa para mi superada porque hace más
de dos años que he terminado con ese programa y creo que, bueno, pues
el balance general tampoco ha sido tan malo, por lo menos en lo que
respecta a la revista.
L. R.
Y para finalizar la pregunta obligada: ¿qué opinas del teatro que, en
general, hoy se hace en España? Ya sabemos que no es unívoco sino
variado...
Fermín
Cabal. Yo esa pregunta te la contexto con mucha claridad. Creo que
en mi generación había un empobrecimiento brutal de la figura del
autor. Fuimos un poco el grupo generacional que vino después del
silencio del autor. Después del teatro del absurdo, la explosión de la
libertad, el teatro sin palabras, la creación colectiva.., etc. Hijos
de todo aquel movimiento fue una generación sin autores, y esto
ocurrió en todo el mundo. La recuperación de los autores se produce
paulatinamente, más o menos, igual en todos los países de occidente, y
yo soy un autor de ese momento. Una excepción de ese grupo, de ese
agujero negro. Yo a veces me pregunto por qué soy yo esa excepción, y
no tengo respuesta. Seguramente por circunstancias azarosas, quizás el
hecho de que el teatro me ha interesado ya de pequeño, desde el
colegio, en la universidad.., en fin, durante toda mi vida, y también
sin saber muy bien por qué. Pero es un camino que al principio me he
tenido que hacer casi en solitario. Apenas había apartados teóricos, y
como nadie me los enseñaba me los he tenido que investigar yo. Pero
hoy, claro, en ese sentido las condiciones son mucho mejores, la
generación de los años noventa que hay hoy en España es mucho más
sólida que la que había hace veinte años. Vamos, es que no hay
color... Nosotros hacíamos una tarea con gran entusiasmo que nos hizo
crecer muy de prisa, asumiendo responsabilidades a una edad quizá muy
temprana, para bien o para mal —que es algo que muchos escritores de
ahora nos envidian cuando dicen "tú a los treinta años habías hecho
esto, y lo otro, y lo de más allá.."—. Pero porque era verdad que era
distinto. Había un espacio enorme para ti. Tú echabas a correr y
podías correr. Ahora hay muchas mejores condiciones, mucha más
astucia, mucha más formación, mucho más talento y muchos más
escritores. Y todo esto que es muy bueno para el teatro es muy malo a
nivel individual. Porque también hay mucha más competencia y es más
difícil abrirse paso. Hay que luchar mucho más y hay que estudiar, y
antes..., bueno, pues valía cualquier cosa. Así que yo creo que la
situación actual es buena y es una situación de futuro.