Número 7. Enero de 2003

Entrevista a Cabal

Roberto Corte

 

Ferrmín Cabal es uno de los dramaturgos más significativo del panorama español de estos últimos veinticinco años, con títulos tan reconocidos como Tú estás loco, Briones, ¡Vade retro!, Caballito del diablo o Castillos en el aire. Su trayectoria teatral lo sitúa en un principio formando parte de los míticos Tábano y El Gallo Vallecano, para después desmarcarlo como autor, guionista y director, en proyectos teatrales y cinematográficos muy coherentes, sin desestimar la televisión como medio para satisfacer su curiosidad profesional. El sábado 17 de noviembre finalizó su taller de dramaturgia en el Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón.

La Ratonera. Acabas de impartir un curso sobre escritura teatral. Háblanos un poco de sus contenidos. ¿En qué consiste?

Fermín Cabal. Es un curso práctico. Se trabaja a partir de los materiales que traen los participantes. Los alumnos suelen traer cosas que acaban de escribir, o que quieren corregir, o incluso que están escribiendo. Las leemos y analizamos en conjunto. Yo trato de soltar algún que otro elemento teórico que va surgiendo con la lectura de las obras, viendo la manera en que el espectador las percibe, sus partes.., en fin, hablamos un poco de la organización del material siguiendo, como te digo, la secuencia de recepción de ese material en un espectador imaginario que se parece mucho a nosotros mismos. Luego lo discutimos y yo trato de dar algunas pautas de exploración en la escena para indicar desde mi experiencia —que siempre es discutible, ya que tampoco trato de imponer ningún criterio científico o teórico, son más bien cosas intuitivas— lo que yo haría si fuera el escritor que está trabajando en esos textos. Y trato de aportar ideas, ocurrencias que me surgen en torno a las obras, sobre todo atendiendo a la estructura interna de las piezas. En fin.., se trata de intentar sugerirles posibilidades de exploración en sus escenas. Y eso es lo que trato de hacer, luego lo que hago realmente, pues.., te lo dirán las personas que han participado, que tendrán una visión más objetiva.

L. R. ¿Es posible que los cursillos generen un tipo de epígono que pueda coartar la personalidad y carácter de los jóvenes autores?

Fermín Cabal. Mira, yo estoy bastante de acuerdo en lo que planteas. Creo que uno de los grandes peligros que tiene ahora la escritura teatral es que es excesivamente mimética y "epigoniza" las formas que transmitimos los profesores de otra generación de una manera mucho más asfixiante que antes. En mi época, el simple hecho de que no hubiera profesores, de que no hubiera una gran presión teórica —porque casi no había nada— nos daba una gran libertad, una libertad absoluta para inventar el mundo... Inventábamos los estilos... Mira, en Tábano jamás pensamos en inventar un estilo, pero sin darnos cuenta creamos el "tabanismo", que era algo que la gente reconocía.., y que después otro grupo imitaba, porque marcaba, sobretodo, una voluntad. Era una cosa divertida, crítica, muy irónica.., y también muy poco rigurosa, muy superficial. Tenía sus pros y sus contras. Pero fue el resultado de una práctica, de la suma de caracteres de la gente que estábamos allí. Y, ¿por qué podíamos hacer eso? Pues porque no estábamos sometidos a ninguna presión. La única pequeña presión que teníamos era el "brechtianismo". Nos considerábamos brechtianos y lo estudiábamos a nuestra manera, a través de libros y fotos que nos enseñaban... Para mi la idea del teatro era la de Brecth cuando decía "el teatro tiene que ser divertido, el espectador se tiene que divertir"... Que era algo que me tranquilizaba muchísimo, ya que cuando yo veía reír a mis espectadores me decía: soy brechtiano, cumplo con la primera condición... Después venía Juan Antonio Hormigón y me ponía a caldo, "pero si no tienes ni idea", y seguramente que él tenía razón pero, gracias a Dios, como Brecht no venía impuesto como una disciplina académica, pues podía inventarme mi "brechtianismo" a través de los libros que yo estudiaba. Ahora estos chicos que escriben están tremendamente sometidos a la presión de los modelos, que ellos "epigonozan", porque en los festivales ven a Heiner Müller, a Botho Straus, a Mamet.., y se comparan con los originales pero de verdad, porque están ahí los auténticos, se ven en ese espejo, y no como nosotros que nos los imaginábamos, porque nadie había visto ni a Jerzy Grotowski ni a Brecth... Y así los toman como modelos y los copian, pero es el peligro que tiene toda formación. Aunque visto así también puede dar la impresión de que lo mejor es no saber nada. Y no es cierto, porque todos sabemos que el que tiene talento de verdad todo eso lo sabe "metabolizar" poco a poco y saldrá con voz propia... Yo, es que a los escritores de ahora los envidio, hay más oportunidades y posibilidades de adquirir conocimientos... pero bueno, es verdad que la gente con menos talento "epigoniza" de una manera muy descarada y, además, todo eso a veces es muy contagioso. Por eso yo a los escritores que empiezan trato de hacerles ver que ese veneno es muy tóxico. Y que tienen que defenderse. Que tienen que ser conscientes que todo eso pasa. Y por eso también, a veces, cuando veo que se apoya a un escritor que está empezando, pues, pienso que quizá no sea ése por el que habría que apostar. Yo prefiero apoyar voces personales más toscas, que voces "epigonales" más al día. Pero es mi opinión y éste es un debate eterno, y sé que los promotores no estarán de acuerdo conmigo. Porque también los programadores y gestores culturales en general escuchan con la oreja "epigonizada". Si se parece a Botho Straus les gusta más. Desgraciadamente esto es así, pero forma parte de los filtros que se le plantean a los artistas. El artista tiene que saber superar ese filtro con una voz suficientemente potente.

L. R. Siempre tuviste preocupación por el apartado teórico. Ahora empieza a salir al mercado bibliografía al respecto, como el libro de Alonso de Santos, que viene un poco a paliar la ausencia existente en otros tiempos. Sin embargo tú aún no tienes tu manual o poética...

Fermín Cabal. Sí, yo tengo interés por este tema. Es cierto que le he dedicado pequeños esfuerzos, sobretodo de indagación sobre los aspectos estructurales y de composición de la pieza. Lo que ocurre es que yo me dedico a escribir..., y a este tipo de cosas, hasta muy recientemente, no le he dedicado tiempo porque yo no me dediqué a la pedagogía. Y gente como Alonso de Santos —ya que has citado el caso de José Luis—, es que se ha jubilado como catedrático de La Escuela, y, aparte de ser escritor, él es profesor. Ha tenido una dedicación muy intensa durante estos últimos años dedicado a la pedagogía, y claro, es lógico que le dé una salida a todos esos cursos y cosas que ha aprendido y explicado durante tantos años... Yo es que esas cosas también las he hecho hasta hace unos cinco años, lo que ocurre es que no las hice en serio. Ahora, que estoy más acomodado, lo empiezo a hacer de una manera más sistemática porque he aceptado dar cursos más extensos, más sostenidos. Antes daba talleres como éste, de tres o cuatro días, aunque tampoco es la primera vez que los imparto aquí. Estuve en Cabueñes, con Cracio, y en Candás, en la década de los ochenta. Pero ahora me he metido en más honduras dando cursos académicos, de octubre a junio. Empecé hace cinco años, pero, desde luego, yo no me considero ningún especialista en este tema. Noto que me falta todavía preparación. Sí tengo mano para trabajar desde la práctica, porque he sido guionista en televisión, con todo lo que supone respecto a coordinar equipos de, a veces, hasta catorce o quince guionistas, que vienen con su escena a la que hay que dar respuesta muy rápidamente, etc. Así que he desarrollado alguna que otra habilidad profesional en ese sentido, que son las que exploto y trato de comunicar en estos cursillos. Pero ya en el aspecto teórico, sesudo y concienzudo, pues…, creo que se escapa a mis posibilidades y ni siquiera me lo planteo. Al menos a corto plazo no tengo ningún objetivo en ese sentido.

L. R. Como autor, ¿se puede hablar de tu caso como ligado a algún grupo generacional? ¿Miguel Murillo, Alonso de Santos, Mediero...?

Fermín Cabal. Se puede. De hecho la gente lo hace. Pero Mediero es mucho mayor que yo, Murillo es mucho más joven que yo, y José Luis es algo más mayor, ya que me saca seis o siete años. Lo que no impide que seamos amigos...

L. R. Yo me refiero a una autoría afín a un tipo de teatro.

Fermín Cabal. Yo no me siento formando parte de generación con Mediero de ninguna manera. Creo que Mediero está en otro grupo generacional. Murillo estaría más bien en el grupo de Ernesto Caballero, Paloma Pedrero, etc., que es gente notablemente más joven. Y el caso de José Luis es un poco distinto porque José Luis y yo, pues hemos sido muy amigos —y lo seguimos siendo—, hemos andado y reído juntos durante mucho tiempo, y... hemos hablado muchísimo más todavía, así que creo que nos hemos influido mutuamente. Y para bien. Él me ha aportado mucho sentido común. Ya que como escritor creo que yo habría sido mucho más disperso, mucho más radical, si no fuera porque él me ha orientado en una buena dirección... Así que somos amigos y todo eso nos une, pero yo también creo que estéticamente estamos muy alejados. José Luis tiene un teatro muy ligado al costumbrismo y a mi no me interesa ese género, aunque muchas veces la gente me dice que soy un escritor costumbrista. Claro que creo que no tengo nada que ver con esa clave, aunque reconozca que en mi obra pueda haber puntos de contacto, y que hay críticos que han utilizado esa falseta para leer mis obras, a mi juicio aplicando un reduccionismo absurdo. Pero bueno... yo no me siento estéticamente ligado a ese grupo..., discrepo bastante. Sin embargo me siento más unido a algunos escritores que han venido después, como es el caso de Ignacio del Moral, Ernesto Caballero, Antonio Onetti, Plou, Paloma Pedrero. Aunque también estoy más unido a ellos porque son mi grupo de amigos. Han trabajado mucho conmigo, a veces como guionistas, han sido mis alumnos en clase y... por encima de todo somos amigos con una relación muy personal e ideas compartidas. Y en ese sentido yo me siento mucho más cómodo en este grupo que con Mediero, por ejemplo, o López Mozo, o la gente del underground, de quien estoy muy alejado de sus principios estéticos, y también del sainete, de Murillo y de Alonso de Santos. Géneros que me gustan como una opción posible de las tantas que tiene el teatro pero en los cuales, repito, no me siento cómodo... Así que creo que esto de las generaciones es tarea de los profesores, y está muy bien que lo hagan, pero hay que reconocer que a veces es muy difícil reducir la diversidad.

L. R. Es una cuestión organizativa, hay que sistematizar el estudio, ordenar...

Fermín Cabal. Mira, las fechas cronológicas suelen ser un buen indicativo... En ese sentido es que cuando yo empecé apenas había escritores, así que lo he tenido relativamente fácil. No como ahora, que hay cuarenta o cincuenta. Pero en aquella época no había, yo era el único. Luego vinieron, muy posteriormente, gente de mi edad que empezó a escribir, como Álvaro de Amo, Macua, Amestoy. Pero empezaron a venir cuando yo ya estaba en el teatro. Y en ese sentido no tuve que luchar mucho, ya que no había nada, y al no haber nada se nos prestaba mucha atención y salíamos adelante. Ahora es más difícil, hay más competencia y más calidad. Y la gente está más preparada. Y bueno..., yo creo que eso es bueno para unas cosas y malo para otras.

L. R. Como autor escribiste un teatro que estaba como muy al día, Caballito del diablo, o Castillos en el aire, el mundo de la drogadicción y el "pelotazo" socialista, un teatro comprometido con el tiempo. ¿Dónde está la pieza del día de hoy, el teatro bajo el tiempo del PP?

Fermín Cabal. Pues mira, yo estoy escribiendo ahora mismo un teatro bajo el PP. Las obras que escribo son de hoy, las escribo...

L. R. Sí, todas son fruto de su tiempo y del contexto, en un sentido sociológico. Pero en tu caso te has desmarcado con alguna que otra pieza...

Fermín Cabal. Sí..., pero yo creo que eso son perspectivas terribles, mira. Yo he hecho teatro contra Franco, cuando hacíamos teatro independiente, bajo el franquismo, ahí sí que había una vocación clara, militante, clarísima, indudable. Era consciente de que hacía aquellas obras, Cambio de tercio, La ópera del bandido, etc., para contribuir a la lucha antifascista, en ese pequeño terreno del teatro, que sin ser una cosa importante, pues ahí estaba, aportando su granito de arena... Y ahí sí que había un compromiso claro de intención política. Luego yo he seguido haciendo —quizá por esa misma educación de intentar hacer un teatro que estuviera vinculado con la vida— un teatro de connotaciones políticas. Por ejemplo, la primera obra que firmé, Tú estás loco Briones, pues era una sátira de la transición política. Que mucha gente no entendía, e incluso algunos de la izquierda me decían: "oye, tú, que es que parece que frivolizas". Bueno, pues yo, ingenuamente, era un muchacho muy joven y seguía haciendo las cosas que hacía con Tábano, lo que pasa es que, claro, al cambiar el contexto de la dictadura franquista por el contexto de la democracia, determinadas cosas se deslizaban de sentido y uno tenía que ir aprendiendo a manejar todo eso. Pero yo seguí haciendo un teatro muy inducido por la realidad. Luego, todavía, cuando escribí ¿Fuiste a ver a la abuela?, pues lo mismo, la obra contaba mi experiencia de haber sido un joven a caballo entre la transición y el franquismo, y era una obra que terminada con la muerte del general Franco. Así que todo seguía siendo una escritura como muy al día... El Caballito del diablo que citabas, pues es evidente que en los primeros años de la transición política hubo una llegada masiva de las drogas que afectó muy catastróficamente a ciertos sectores de la población, y yo eso lo retraté porque era sujeto de esa experiencia y, bueno, porque un hermano mío murió de una sobredosis de heroína... Así que tenía una familia afectada, lo tenía en casa…, y, en fin, tenía algo que decir sobre ese tema y me venían a la cabeza esas imágenes. Pero no era una respuesta mía de imponerme un teatro que reflejara la realidad, sino simplemente algo mucho más relajado. Me venía todo eso a la cabeza, era algo que yo sentía que tenía que escribir, y no me he plateado nunca hacer una bandera estética con todo ello. Luego, bueno, con el tiempo he escrito otras cosas, incluso clásicos para el festival de Mérida: Electra, Medea…, este verano he hecho una Agripina y estoy encantado y dispuesto a seguir haciéndolo porque es otra vertiente... Ahora, yo también sigo escribiendo cosas de hoy. La última obra que he escrito, Ni es cielo ni es azul, —cuyo título está sacado de unos versos de Argensola, que dice: "Porque este cielo azul que todos vemos / ni es cielo ni es azul. / Lástima que no sea verdad tanta belleza." Un autor del siglo XVI con un verso que a mi me sugiere algo para la obra, quizá muy cogido por los pelos porque yo soy bastante malo para los títulos—, pues es una obra que retrata la vida de tres muchachos de Fuenlabrada, un pueblo del cinturón industrial de Madrid, que se ha transformado, y ha pasado de ser una huerta agraria con un pueblo que pasaba, hace cuarenta años, alimentos a la urbe, pues a ser una ciudad dormitorio muy degradada, de clase obrera, con un fracaso escolar del setenta y tantos por ciento... Pues con todo ello exploro el grupo generacional de la última hornada, tres protagonistas de unos veinticinco años que van contándonos sus vidas hacia atrás, hasta que nos muestran el momento en que ellos se conocen en un colegio público del pueblo, ya cuando tienen ocho años. ¿Y qué cuento? Pues el fracaso escolar. Esa idea teórica de que hay "igualdad de oportunidades", de que el estado garantiza y se esfuerza en practicar la igualdad de derechos entre los jóvenes en el terreno de la enseñanza, etc... Y claro, pues después viene el fracaso y el truco del sistema. Porque el fracaso de esos presupuestos teóricos es el triunfo del sistema, porque si esos presupuestos salieran adelante el mundo estaría lleno de ingenieros... Fuenlabrada lleno de arquitectos y abogados... y no es así, claro, está llena de parados y de mano de obra barata. Es decir, el sistema triunfa fracasando teóricamente. El sistema, aparentemente fracasa, y en realidad triunfa... Esa paradoja, esa contracción interna tan suculenta para el sistema y tan dolorosa para los seres humanos que la padecen, pues a mi me ha servido para escribir sobre ello... Pero no porque yo tenga un programa de intervención al pensar que el teatro tiene que hablar de la sociedad, sino porque yo hablo de la sociedad sin planteármelo. Y ése es mi teatro y es el teatro que yo hago, sin más. Y ya te digo que todo eso para nada me impide, después, escribir una Agripina para el festival de Mérida... Una obra que yo hago porque me gusta y porque el poder en ese sentido es intemporal. Tú estudias el poder de los romanos y te encuentras que Agripina tiene los mismos problemas que Felipe González. Llegas al poder, puedes hacerlo todo, la impunidad es absoluta, la vanidad y la ambición también, y si eres un hombre vanidoso e impúdico, y el poder te da una impunidad total, pues ya estás condenado, ya vas a caer, caerás tarde o temprano. Y pasas de ser la Agripina que viene a reformar Roma, a defender los valores del pasado, a recuperar los valores de la república, a ser la Agripina madre de Nerón, a ser la directora de una organización criminal repleta de corrupción, de abusos, nepotismo, etc... Y, en definitiva pues todo eso se convierte en un tema tan contemporáneo como el tema de Fuenlabrada, un tema de hoy... Así que en ese sentido yo ya he dejado de tener prejuicios. Bertolt Brecth lo hacía con toda tranquilidad hace años... Bueno, lo que quiero decir es que todo esto no es algo que yo haga porque crea que debo hacerlo, sino porque lo hago, porque así me sale.

L. R. Tienes experiencia en televisión como guionista y has participado como asesor en el programa Lo tuyo es puro teatro. ¿Qué pasa con el teatro dramático en la televisión? ¿Qué no encaja entre tanto reality show y comedia de situación?

Fermín Cabal. Bueno, yo creo que la comedia de situación ocupa el lugar del teatro comercial, y tiene un arraigamiento más vigoroso en el medio de la televisión porque el tipo de lenguaje que ha generado es más próximo a las necesidades de la televisión y gusta más al público, es más adecuado. Yo en ese programa estaba en la parte de la revista, el apartado informativo, encargado de filtrar y de valorar el material que nos llegaba... Pero yo no participaba para nada en la programación, me parece una programación profundamente equivocada. Yo creo que ahí, las reglas del equipo de programación y los ejecutivos de televisión han estado al servicio de los políticos de turno, y han metido a todos los barbianes del PP que han llegado con una obra debajo del brazo, los han programado y contemplado.., actores que van a los saraos del palacio.., etc. Pero claro, en eso han obrado exactamente igual que los que había antes. Entonces como los de antes eran unos golfos, pues los de ahora siguen siendo también unos golfos puesto que hacen lo mismo... Son conservadores, conservan lo que hay, la porquería. Y es en ese sentido donde yo no me hago cargo para nada de la programación, pues me parece una programación disparatada, que oscila entre lo caprichoso, lo petulante, lo pedante, y el populismo más insensato. Es un programa de animación que ha fracasado por sus propios méritos. Y no me duelo decirlo. Ahora bien, yo creo que, a pesar de todo, siempre es mejor que haya un espacio para el teatro, porque el teatro necesita ayuda, necesita oxígeno, y entonces, aun así, siendo un programa con increíbles limitaciones, pues es un programa que hay que apoyar porque no hay otra cosa. Aunque ojalá se haga mejor. Pero en fin, es una etapa para mi superada porque hace más de dos años que he terminado con ese programa y creo que, bueno, pues el balance general tampoco ha sido tan malo, por lo menos en lo que respecta a la revista.

L. R. Y para finalizar la pregunta obligada: ¿qué opinas del teatro que, en general, hoy se hace en España? Ya sabemos que no es unívoco sino variado...

Fermín Cabal. Yo esa pregunta te la contexto con mucha claridad. Creo que en mi generación había un empobrecimiento brutal de la figura del autor. Fuimos un poco el grupo generacional que vino después del silencio del autor. Después del teatro del absurdo, la explosión de la libertad, el teatro sin palabras, la creación colectiva.., etc. Hijos de todo aquel movimiento fue una generación sin autores, y esto ocurrió en todo el mundo. La recuperación de los autores se produce paulatinamente, más o menos, igual en todos los países de occidente, y yo soy un autor de ese momento. Una excepción de ese grupo, de ese agujero negro. Yo a veces me pregunto por qué soy yo esa excepción, y no tengo respuesta. Seguramente por circunstancias azarosas, quizás el hecho de que el teatro me ha interesado ya de pequeño, desde el colegio, en la universidad.., en fin, durante toda mi vida, y también sin saber muy bien por qué. Pero es un camino que al principio me he tenido que hacer casi en solitario. Apenas había apartados teóricos, y como nadie me los enseñaba me los he tenido que investigar yo. Pero hoy, claro, en ese sentido las condiciones son mucho mejores, la generación de los años noventa que hay hoy en España es mucho más sólida que la que había hace veinte años. Vamos, es que no hay color... Nosotros hacíamos una tarea con gran entusiasmo que nos hizo crecer muy de prisa, asumiendo responsabilidades a una edad quizá muy temprana, para bien o para mal —que es algo que muchos escritores de ahora nos envidian cuando dicen "tú a los treinta años habías hecho esto, y lo otro, y lo de más allá.."—. Pero porque era verdad que era distinto. Había un espacio enorme para ti. Tú echabas a correr y podías correr. Ahora hay muchas mejores condiciones, mucha más astucia, mucha más formación, mucho más talento y muchos más escritores. Y todo esto que es muy bueno para el teatro es muy malo a nivel individual. Porque también hay mucha más competencia y es más difícil abrirse paso. Hay que luchar mucho más y hay que estudiar, y antes..., bueno, pues valía cualquier cosa. Así que yo creo que la situación actual es buena y es una situación de futuro.

 

 

  

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