En una
época de magnos musicales —en Madrid hay una docena de ellos— y de un
teatro oficial un tanto discutible, hay que recurrir a las compañías
independientes para ver espectáculos que merezcan la pena. La andaluza
Teatro del Gato es una de ellas, que, además de acercarnos autores, y
sobre todo autoras, tan interesantes como escasamente conocidos,
defiende el teatro de
compromiso
social, algo un tanto inusual en estos tiempos que corren. Pero,
además, Rafael Torán, su director, premio Meridiana del Instituto
Andaluz de la Mujer, enfoca su compromiso hacia el colectivo femenino,
haciéndolo protagonista de sus montajes. Teatro del Gato, con dos años
y medio de existencia, ha representado piezas de Ana Istarú (Baby
Boom en el paraíso) y Gracia Morales (Quince peldaños).
Actualmente tiene en cartel la obra El hueso de la aceituna, de
Jesús Domínguez, con un reparto de lujo para la escena andaluza: la
sevillana María Alfonsa Rosso, veterana actriz, con experiencia en
teatro, cine y televisión, que interpreta a Paca; la malagueña Adelfa
Calvo, componente de la compañía Brea y cantante del grupo Casamía, en
el papel de Cristina; la almeriense Sole Palmero, protagonista de la
serie Arrayán, encarnando a Inés; y la granadina María Álvarez,
a la que se ha podido ver en Fuenteovejuna del C.A.T., dando
vida a Raquel. Acompañando a las cuatro actrices, "en off", o bien a
través de una película realizada expresamente para la obra, y que se
puede ver durante la representación, intervienen Domi del Postigo,
actor y periodista sobradamente conocido en Andalucía; Juanma Lara,
actor y director de la compañía Té-Atroz, protagonista del Otello
del C.A.T., y presentador del programa de televisión Sinceros;
Araceli Campos, actriz y cantante malagueña; Rosa Moreno, miembro de
El Espejo Negro; y Antonio Salazar, malagueño también, que participa
en la serie Arrayán y ha colaborado con numerosas compañías.
Rafael
Torán ha llevado a escena El hueso de la aceituna, obra del
onubense Jesús Domínguez, que narra la protesta, concretada en un
encierro, que, debido a unas precarias condiciones laborales, realiza
un grupo de trabajadoras de una almazara andaluza de aceitunas de
mesa. Basada en hechos reales ocurridos en la Andalucía de 1979, año
en el que se produjo una huelga de tres meses y medio en el sector
industrial de las aceitunas de mesa. Se luchaba por el primer convenio
laboral tras la dictadura. Después llegaron tiempos nuevos, con
máquinas sustituyendo al personal, aparatos que rellenaban hasta 3.600
aceitunas por minuto. Por supuesto, mucha gente a la calle, sin
trabajo, a buscarse la vida como fuera. Algunas de estas mujeres
hipotecaron su indemnización laboral y su desempleo por una
cooperativa, y actualmente son administradoras o directivas de
empresas números uno en exportación mundial. Sin embargo, otras, se
quedaron en el camino.
La
historia, centrada en uno de los pueblos que sufrieron aquella crisis,
trasciende lo puramente local y regional para convertirse en la lucha
universal a la que tantas mujeres deben enfrentarse, una lucha por el
respeto. Cada una de estas mujeres, de edades diferentes, tiene su
propia vida y sus propios motivos para luchar, pero el objetivo es
común, y es que la dignidad debe ser común. Y el conflicto es mucho
mayor al tratarse de mujeres, porque como dice el propio autor "fueron
mujeres las escogidas... porque en ellas la rebelión tiene que ser más
intensa, más dura, por cuanto su campo de reivindicaciones se enfrenta
a un mayor número de obstáculos sociales."
A pesar de
lo dramático del asunto, la pieza contiene momentos realmente
festivos, ya que el cante está presente en muchos momentos, y también
el humor, que va adquiriendo matices trágicos hacia el final.
Teatro del
Gato, compañía malagueña interesantísima, ha comenzado recientemente
una gira con la que pretenden llegar a todos los rincones del país, en
busca de todas aquellas y todos aquellos que quieran disfrutar con una
puesta en escena moderna, con reminiscencias brechtianas, y muy
cercana al documental. Si Fernando León de Aranoa, una vez más, ha
sorprendido con su descarnada visión de los parados del cierre de unos
astilleros en la película Los lunes al sol; Rafael Torán, desde
la admirable humildad del teatro independiente, no deja indiferente
con estas mujeres al borde de la catástrofe.