Personajes (en busca de actor)

Miguel A. Bonhome
 
El Teatro Universal ha creado seres tan vivos para el alma colectiva que, después de encontrar autor, desgraciada y felizmente encuentran actor que ponga carne a su sueño. Son personajes que vampirizan y dejan al sujeto actoral alienado (alien=otro) por su fuerza y exigencia; inerme, fidelizado, encoñado e irrecuperable a corto plazo. Los actores que caen en los remolinos de estos personajes-vorticella deberán pasar después una temporada de desintoxicaci6n en el Hospital del Sindicato de Actores —si es que lo hubiera— (el Hospital, digo), para recomponer su arquitectura interior y volver a ser disponibles profesionalmente. TODO les es arrebatado por el personaje fatal y, claro, ante los ojos de un público que participa del espectáculo antropofágico. En lo sucesivo, si el actor no es convenientemente desalienado, el honrado público comenzará a ver y a oír, gestos o fragmentos de gestos; matices de voz o restos del fantasma primitivo que se interpola insi-diosamente entre el actor y el espectador como un telón transparente con dibujillos siniestros.
Es necesario apartar al joven actor y a la actriz joven de estos grandes monstruos que buscan carne fresca. Hay que detener el impulso amoroso que siente el que comienza por esos personajes que contaminarán su agüita limpia. Preservar el alma y los registros de los que están dispuestos a emprender el camino de tan misteriosa vida es un cuidado al que atenderá un sabio profesor, un humano director de teatro. ¿Esos personajes? Sí, después de toda una carrera. ¿Esos personajes? Sí, después de haber creado el actor autodefensas espinosas para que se lo piensen bien antes de comerlo crudo.
 
 

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