Laureano Mántaras:
toda una vida

Boni Otiz

Fue allá por 1929 cuando, en el Llano de Arriba de Gijón, nació Laureano Mántaras. Pionero del teatro asturiano de compromiso en los años difíciles y oscuros del franquismo, es hoy un entusiasta y vitalista personaje que vierte en su ordenador portatil su renacido gusto por la escritura. Tras reseñar su biografía, les ofrecemos la entrevista que mantuvimos con él alrededor de un buen café. A continuación nuestros lectores podrán degustar el texto teatral Berlín, muestra de la escritura dramática de Mántaras.

Primeros contactos con el teatro:
Hogar del Productor de la calle Vázquez Mella. 1953 (Gijón).
Miembro fundador de “La Máscara”. 1957 (Gijón).
Miembro fundador de “Gesto”. 1960 (Gijón).
Miembro fundador del T.E.U. de la Escuela de Comercio. 1961. (Gijón).

Setiembre de 1962 viaje a Brasil.

Actividades en Brasil:
Primer Premio como director en el VII Festival de Teatro del Estado de Sâo Paulo del año 1963, con la obra La Camisa de Lauro Olmo, y el grupo de teatro del Centro Democrático Español.
Contratado por la TV Excelsior de Sâo Paulo.
Dirige el grupo de teatro del Centro Asturiano de Sâo Paulo.
Contratado por “Henry Grud-man Asociados” de la “United Artist” para dirigir el doblaje de una serie de 52 para televisión.
Estreno del texto para teatro La Dulce Paz (teatro amateur).
Montaje en el teatro profesional de Don Juan Tenorio de José Zorrilla.
En el año 1978 se forma como Ingeniero de Producción en la rama de edificaciones por “Special Merits”.
Obtiene el Primer Premio del “Concurso Literario del periódico Alborada”. Premio Garcilaso de la Vega (Poesía en Español) del año 1980.

Montajes de relevancia:
Yerma de Lorca; Revolución en Asturias de Albert Camus; Mirando hacia tras con ira de Osborne; Tres actores un drama de Ghelderode; Los Poemas Escénicos de Alberti; Los pobrecitos de Alfonso Paso. Adaptación y montaje de los cuentos de Alvaro Cunqueiro Los salmones del Eo. Así como diversos recitales de poetas españoles y sudamericanos, escenificados y musicados.

Pregunta.- ¿Cuándo empiezas en esto del teatro?
Respuesta.- Yo empiezo en el Hogar del Productor de la calle Vázquez Mella (creo que se llamaba así)... cerca de la Fábrica del Gas. En ese Hogar del Productor se reunía una gente que hacía teatro bajo la dirección de Ramón Vega. En realidad no me acuerdo cómo llegué allí y mi encuentro con Ramón Vega... fue por una casualidad; había unos antecedentes familiares entre mi familia y la de él: un hermano mío fue su padrino de boda, pero no lo sabíamos. Yo no sabía nada y él tampoco y lo descubrimos allí, un día me dijo que había en su casa una fotografía de un puntu que se parecía mucho a mí y que se llamaba Carlos Mántaras. “Coño yo no sé, no tengo ningún pariente que se llame Carlos Mántaras” y resulta que era mi hermano, mi hermano llámase Carlos Manuel y yo no lo sabía hasta entonces, es cuando lo descubro. Empiezo allí, pero yo no voy con el ánimo de hacer teatro, yo voy con el ánimo de estar cerca del teatro para poder escribir teatro. El interés mío era el escribir. El teatro siempre necesita de la gente, y ésta es una de sus grandes virtudes. Empiezo ayudando a Ramón porque él dirigía y actuaba; después en una obra, se necesita de alguien para encarnar un personaje y entonces yo salgo; la propia actividad del grupo te envuelve. Empiezo a trabajar desde dentro: en los decorados, en todo lo que había, porque había que hacerlo todo. Yo estaba soltero, lo cual quiere decir que debía de ser el año 1953, aproximadamente.
P. O sea, te interesa escribir, ¿empiezas ha hacerlo en esa época?
R. No, no me decido porque pasa lo siguiente: mi padre era un lector empedernido, era un maniático de la lectura; yo también leía muchísimo, había días que pasaba la noche entera leyendo, y entonces empecé a escribir. Un día mi padre vio que yo estaba escribiendo y dijo “coño, qué haces”. Yo le contesté: “escribiendo”. Me pregunto por los conocimientos que tenía para poder escribir. “No, yo quiero escribir teatro”; “bueno pues lo que tienes que hacer ye leer teatro, porque no vayas a perder el tiempo en hacer lo que ya esta hecho; primero dedícate a leer y después escribes”. Y entonces empezó una sistemática conmigo de leer todos los clásicos, todo el teatro español, y me lo tragué todo... No obstante todavía no empecé a escribir. Lo cierto es que yo no entiendo el oficio de autor; yo creo que la gente escribe cuando tiene la necesidad de decir algo. Aquello de: “yo como soy escritor, me siento a la mesa y escribo”. No, yo creo que hay que escribir cuando hay necesidad. Si a esto unimos la gran pereza que me produce sentarme a escribir y un enorme sentido crítico que me hace romper más de lo que escribo, lo que significa que siempre estoy a menos.
P. ¿Sigues algún método? ¿Cómo construyes la obra, cómo lo haces? Enséñanos cuál es el librillo de este maestrillo.
R. Bueno, yo no tengo un libro determinado. Si acaso, yo tengo un asunto que tratar, y entonces hago un esquema de líneas básicas, y después desenvuelvo las escenas. Una de las cosas más difíciles es quitar el sobrante de lo que hablan los personajes. Los personajes hablan mucho más de lo que pueden decir... Limpiar todo ese material para dejar lo que sea realmente esencial, es el trabajo más difícil, porque lo que te mata, por encima de todo, es la lógica de la construcción de la escena: Tú tienes una escena y tiene una lógica dentro de sí; a partir de un supuesto, tú creas una lógica; mantenerte dentro de esa lógica y limpiar toda esa literatura teatral, para poder dejar la esencia, de tal modo que eso tenga la sustancia de lo que se quiere decir. Pues bien, ese me parece el trabajo más difícil.
P. En este momento en Asturias hay casi un centenar de autores censados. Solamente en el circuito asturiano de teatro, se están representando treinta y seis montajes diferentes y la mayoría son de autores asturianos. Casi todos provienen del mundo del teatro. ¿Cómo ves tú el fenómeno?
R. Pienso que buena parte de esa proliferación de autores está determinada por una cuestión de carácter económico. Es decir, yo hago la obra a medida del grupo que yo tengo y dentro del esquema económico que a mí me interesa. Es la pescadilla que se muerde la cola: yo hago una obra de teatro, no pago derechos de autor (los cobro en caso de que alguien la quiera hacer), la hago exactamente a la medida del grupo que yo tengo, con el mínimo de personajes por definición,... está todo mediatizado por la cuestión económica. La mayor parte es así. No quiero decir que no haya autores con interés por escribir... aún así, lo difícil es tener algo que decir, por lo menos hasta ahora todo lo que se presenta por ahí, es bastante pobre en lo referente al autor: lo que vemos está, en la mayoría de los casos, bien dirigido, bien montado, técnicamente bien resuelto y bien interpretado, pero fallan las historias: nunca pasa nada. Hay dos o tres que destacan un poco más que tienen más construcción, que dicen más cosas, que son más objetivos diciendo las cosas y que van más directos al grano. Las adaptaciones son más de lo mismo: reducir, comprimir. La Antígona que vimos adaptada por Teatro del Norte, es la condensación al máximo, sacando, estrujando la esencia de lo que es más tenso dramáticamente dentro del texto teatral y con cuatro personajes. Desde el punto de vista del actor es un buen ejercicio, porque se tiene que desdoblar haciendo tres, cuatro, cinco personajes y entonces es bueno como escuela de teatro, pero desde el punto de vista del espectador y como obra de teatro, es realmente pobre.
P. Hay una cosa sorprendente, en las obras que vemos, o incluso las obras que se presentaron el año pasado y también este año, al certamen de textos dramáticos del Teatro Jovellanos. Hay un montón de obras de una truculencia pasmosa, que si incestos, que si misoginia absoluta, todo muy tenebroso, ¿no es una cosa sorprendente todo ese pesimismo, esa especie de oscuridad terrible en el mundo interior del autor? ¿No crees que esa infelicidad es una extraña impostura? Lo más curioso es que, a lo mejor, ese autor ingresa en su casa mensualmente más de medio millón de pesetas, vive muy bien y, sin embargo, luego produce una obra literaria que es un monstruo de siete cabezas.
R. Sí, se da con mucha frecuencia. Hasta incluso presentar comedia donde la madre es prostituta, la hija es cocainómana, el padre es psicópata y quieren hacer comedia con estos ingredientes. Claro, es un poco difícil; es como querer hacer una ensalada con una cotolla. El sacar de contexto los personajes para chocar, para crear un impacto teatral. El teatro tiene una característica: hay que mantener una tensión durante la hora y media que dura la obra; esa tensión tiene un carácter eminentemente policíaco: crear la tensión dramática a través del suspense. Primero hay una convención inicial, porqué los personajes están allí, cómo se fijan los personajes en esa situación, en ese espacio teatral y a cuento de qué: eso tiene que mantenerse... por qué están allí; por qué vienen a la escena, por qué acontece lo que acontece allí y no otra cosa, o en otra parte. Esa convención inicial tiene que ser algo que efectivamente convenza al espectador. Después dentro de eso, introducir una serie de elementos que mantengan la tensión... y es entonces cuando se recurre, se ponen todos esos ingredientes truculentos del incesto y de todos esos extremos que, dicho sea de paso, hoy ya no chocan como pudieran hacerlo en una época en que la escena era timorata y existía la censura. Tal vez sería bueno recomendar al autor plantarse ante su propia obra, pero desde el punto de vista del espectador. Si yo voy a ver la obra desde el punto de vista del espectador, lo que me interesa a mí es ver en escena sólo una serie de individuos que actúan socialmente, no una serie de personas; a mi no me interesa entrar en la introspección psicológica. Yo creo que lo que interesa es saber muchas cosas del individuo Boni; y no consigo (ni tampoco me interesa) saber muchas cosas de la persona de Boni. En definitiva, a mí lo que interesa es Boni individuo: que actúa, que vive; al que yo veo actuar, al que veo gesticular, y veo como reacciona. La parte psicológica de Boni, es algo que él trata, y que a mí, ni me interesa, ni tiene que preocuparme. A mí tiene que preocuparme Boni individuo, y yo consigo llegar a él a través de su forma de actuar y vivir. Y eso yo creo que es lo que interesa. Es a través de este esquema del que se puede discutir los grandes problemas de la sociedad humana y no del carácter psicológico; el teatro relativista de Pirandello, o el de J.B. Priestley, con toda su carga psicológica, quedó para atrás. Yo creo que hoy discutir problemas de orden psicológico en el teatro, me parece que está fuera, totalmente fuera de lugar. El aspecto psicológico del individuo debe tratarlo él, a mi lo que me interesa es tratar el aspecto individual del sujeto, del sujeto individuo, el individuo incrustado en la sociedad, los problemas del individuo en la sociedad. Otra característica es que la gran mayoría de la obra que se produce, está dentro de los parámetros del teatro del absurdo, para así huir de los problemas concretos, digamos de la realidad.
P. Va a haber dentro de poco un encuentro de autores. Segunda edición de los que hubo el año pasado. En las resoluciones, de las que se hace eco el nº 2 de LA RATONERA, da la impresión de que, sobre todo, se trató el asunto de las ayudas a la producción literaria, la necesidad de propiciar los montajes de los autores vivos asturianos y que esto se haga desde las administraciones. ¿Cómo ves esto? ¿Cuál es tu valoración de todas estas cuestiones sindicales de los autores?
R. Este asunto de las ayudas debe de ser un producto del momento, debe de ser una moda, digo yo. Aquí hay ayudas para todo y, claro, los autores también se sienten en la necesidad de pedir ayudas. A mí me parece simplemente un disparate. ¿Por qué ayudas para los autores y no para los zapateros o los fontaneros, que andan poniendo canalones y están siempre a punto de caer de los tejados? Simple-mente me parece un despropósito pedir ayudas para que un punto escriba una obra de teatro, ¿y si hace un fiasco, le quitas las perras? Eso no se hace, es una cosa extraña. Otra cosa es que un grupo de teatro monte una obra de un autor asturiano, digamos vivo, ya que es el caso que nos ocupa. Una obra de teatro a la que hay que hacerle una investidura material para ponerla de pie. Desde ese punto de vista, sí parece sensato que se ayude. Ahora, un trabajo de carácter intimista, individual, y, además, sin coste material, pues creo que no tiene sentido. Otra cosa es que un autor escriba una obra que tenga interés, que diga algo, y alguien, en algún lugar de la administración diga: “vamos a premiarlo” y se le otorgue una ayuda, una vez hecha y verificados los valores (los que sean). De la otra manera no, no veo la razón para ello.
P. La obra que publicamos en este número de LA RATONERA, trata sobre el Muro de Berlín, que hoy ya no existe. A pesar de eso, ¿tú crees que sigue teniendo vigor?
R. A mí me parece que sí. El muro de Berlín funciona como el gancho que precisa la obra para estar presente en el escenario; no juega ningún papel. Yo no critico, ni apoyo el muro de Berlín, entiendes. El muro de Berlín es la consecuencia de una idea que nació entre los dirigentes políticos, en un momento determinado, en el Berlín este; pensaban que eso era una forma de evitar determinadas corrientes de espionaje o influencias no deseadas; o de fuga, o de lo que fuera... Pero lo que realmente me importa a mí, son los dos soldados que mandan allí de centinelas, cada uno en su lado del Muro. Berlín, trata de ellos. El problema que se intenta plantear en la obra, es la diferencia en la forma de ver dos mundos: como se ve el mundo desde la formación recibida en uno y en otro país; eso que crea el antagonismo y eso que crea, sería la tensión dramática. Al final se ve, creo, por lo menos eso era mi intención, que los hombres son hombres, al margen del lugar, de la situación, etc., en que nazcan. Y que el hecho de que haber recibido culturas diferentes, no impide que en lo básico, en lo fundamental, en lo humano, ellos pueden acercarse, comprenderse, llegan a entenderse... y a la par, denunciar a las diversas superestructuras que por encima y al margen de ellos mismos, son las que acaban con esa posibilidad de entendimiento. Ahora mismo, parece ser, que fluctúa en el espacio un antagonismo entre la cultura occidental cristiana y la islámica. Yo no creo que un musulmán que trabaja para sustentar a su familia, que planta fabes y maíz, piense en hacer una guerra por culpa de esos conceptos (choque de civilizaciones, guerra santa, etc.), contra un cristiano que también planta fabes. Esos plantadores de fabes entre sí no tienen nada que los enfrente; cada uno es un producto: él cayó aquí, si los cogieras al contrario pues serían diferentes. Por eso me parece necesario fomentar la autocrítica sobre dónde se nace, dónde se crece; sospechar de lo que incrustan en el proceso de educación que recibes; tener la capacidad de poder analizar el ambiente donde estás, el medio social en el que estás, e intentar corregirlo y transformarlo para poder llegar a un punto de justicia, de convivencia adecuado.
P. Tu obra es económica: un sólo escenario, un sólo cuadro, dos actores solamente. Seguro que la montará alguien rápidamente.
R. No sé. Está en la línea de lo que se usa ahora,... de lo que se usa ahora en casi todas partes, excepto en aquellos montajes donde se puede pagar a amplios elencos, como el Teatro Nacional o cosas por el estilo. Pero fuera de esas grandes producciones, ya ves que la mayoría de las obras tienen dos o tres actores,... cinco ya son muchos. La situación económica del teatro es ésa y, además hay ahora una prisa por hacerse rico de la hostia, todo el mundo quiere comer caviar rojo.
P. Tú participas activamente en la formación de La Máscara en 1957. En 1960 en Gesto, y años mas tarde marchas a Brasil ¿durante todo ese tiempo continúas haciendo teatro?
R. Sí, casi todo el tiempo. Cuando llego a Brasil, trabajo durante 6 años como profesional de la televisión. Concretamente, en el canal 9 de Sao Paulo. Salgo de allí a trabajar con la delegación de la United Artists de Estados Unidos para dirigir doblaje en cine; doblo una serie de 52 películas para la televisión, hago el doblaje para América Latina con un equipo que dobla en español. En todo ese periodo, continúo haciendo teatro. Presento La camisa, en Sao Paulo en el 63, y con ella gano el Primer Premio como director, en el VII Festival de Teatro del Estado de Sao Paulo (bastante considerado en esa etapa), con un grupo del Centro Democrático Español de Sao Paulo. Allí también hago Yerma, pero con una concepción diferente. Yo la planteo como una tragedia rural, no como un poema escénico con todos los conceptos líricos de Lorca y todo lo demás. Este planteamiento, incluso dio origen a unas conversaciones en la Universidad de Sao Paulo. Colaboro bastante con un grupo que se llamaba Teatro Redondo, y que hacían teatro circular, fue la primera vez que yo me doy de cara con un teatro circular, y después paso a trabajar en una organización que se llamaba Teatro de los Trabajadores Leales. Salimos a la periferia y empezamos a organizar grupos CPC, de trabajadores, no había...
P. CPC que quiere decir...
R. CPC era... Comisiones Participativas,... no me acuerdo muy bien; era una organización de barrio. Trabajábamos en los barrios exclusivamente y con trabajadores y en vez de llevar el teatro, digamos de fuera, lo hacíamos directamente allí. Era un trabajo diferente: queríamos hacer un teatro que fuera de ellos y para ellos. De la gente que se presentaba para el grupo de teatro, empezábamos descubriendo quién tocaba la guitarra, quién cantaba, quién hacia esto, o aquello; quién era el simpático del grupo... cuando aparecía uno que escribía, escribía los textos, y así construíamos pequeños sketchs. Ellos conocían el material mejor que nadie.
P. ¿Qué año era?
R. Eso era en 1963, a finales de 1963. Después vino la revolución del 64, que lo desbarata todo. Hay una persecución y una represión muy grande: se destruye el CPC, se destruye el Redondo, el director viene a parar aquí a Barcelona, hace bastante teatro en París y hace teatro aquí en Barcelona...
P. ¿Cómo se llama?
R. Augusto Boal. Y... bueno, pues ya digo que se desbarata la situación y yo me refugio en la televisión y continúo haciendo teatro en el Centro Democrático. A finales del 64 estreno Yerma, y nos dura bastante porque vamos hasta Río de Janeiro con ella; también a varios pueblos del estado de Sao Paulo, que es una región donde emigraron muchos españoles. En esa época había casi 200.000 españoles en Sao Paulo, y ya habían regresado muchísimos.
P. La montas en castellano.
R. La monto en castellano, y La camisa también. Después hago unos textos cortos de Casona, aquellos entremeses que tiene. Bueno hice muchas cosas, así de memoria... Lo último que hice de teatro fue Asturias, de Albert Camus sobre la revolución asturiana. En el Centro Democrático estaba agrupada toda la colonia española y había costumbre de conmemorar las fiestas de cada región y cuando le tocó a Asturias, lo último que hicimos pues fue eso de Camus. Y lo último que hice para Galicia (siempre me encomendaba alguna cosa) fue la escenificación de unos cuentos de Álvaro Cunqueiro. En mil novecientos sesenta, me presento al premio Garcilaso de la Vega de poesía y gano el primer premio,... tengo ahí una producción de poemas y ahora estoy haciendo unas cosas en asturiano, mejor dicho: en gijonés.
P. Con La Máscara de esta última época, montaste muchos recitales de poesía, ¿cual es la razón?
R. A mí me gusta mucho la poesía. Leo constantemente a los poetas. Me interesa mucho todo lo que aparece de poesía, lo nuevo... estoy al tanto. Me parece que da un espectáculo muy limpio y muy interesante y que la poesía es un material que raramente llega al público. Hay poca gente que se dedique a leer poesía, por eso creo que es una buena cosa darla a conocer y... ¡es que me suena muy bien! Tengo una predilección por la poesía; hay cosas que me parecen extraordinarias, y me gusta el poner de pie esos poetas: encima del escenario, combinar con música, con canciones... un pintor pintando en escena también, esa simbiosis, es algo, para mí, muy interesante.
P. ¿Montaste alguna obra tuya?
R. No me gusta, no me parece lógico.
P. ¿Crees que sería peor el resultado final? ¿Cuál es la razón?
R. No, no creo que fuera ni mejor ni peor. Creo que las cosas más sorprendentes pueden salir de otras personas; nunca se sabe dónde puede estar la solución. La visión de otra persona puede dar otros matices a la cosa. Puede ser tan interesante como lo que tú hagas o más... además, me gustaría verlo representado desde la óptica de espectador.
P. Con el compromiso literario, es más que suficiente ¿no?
R. Sí, me parece que, no sé, no lo veo. Por ejemplo, los textos de los recitales yo consigo hacerlos porque tienen un trasfondo didáctico y entonces en esa parte pues me siento mas seguro. En estos casos, el protagonista es el poema,... los textos que hilvanan, son los elementos para poder situar al público dentro del poema. Pero un texto teatral, me gustaría verlo desde otra óptica. Sobre todo por que, yo no pienso nada en el espectador cuando escribo. Cuando escribo, pienso única y exclusivamente, en lo que estoy escribiendo. No elaboro la escritura para que tenga tensión dramática, para que tenga impacto o no. Las cosas tienen que salir por generación espontánea, tienen que salir sueltas y quitar lo que sobra, sin duda lo más duro. Cuando ya estas en la mitad de la obra lo difícil es acompañar a los personajes, porque ellos ya tienen un contexto, ya tienen una forma de ser...
P. Tienen vida propia, por decirlo de alguna manera.
R. Tienen vida propia y no hay dios que los pare; no tienes más que servirlos, pero servirlos de una manera consciente: sin mandarles, pero que no vaya para donde ellos quieran.
P. ¿El teatro mejor divertido?
R. Mejor. El teatro debe de tender a decir cosas pero con alegría, que sea divertido. Yo creo que la risa es una cosa que hay que fomentar a toda costa, es un desahogo, es algo realmente sorprendente en el ser humano. Yo creo en la ironía, la risa, el divertimento. En ese aspecto yo estoy absolutamente con Brecht: creo que el espectáculo... tiene que haber espectáculo, tiene que haber divertimento,... y en medio de eso colocar lo que se quiere...
P. El teatro de ahora mismo, ¿está conectado con su tiempo, con las preocupaciones de la gente?
R. Ni muchísimo menos. Y vamos por el camino de que se implante la censura definitivamente. Cada vez se permite decir menos y no se va a decir nada. Eso todo lo trajo esa onda de la crisis de las ideologías. Bueno, van a acabarse las ideologías cuando se acabe la fame. Parece que no hay problemas, pero claro que los hay. Están desenterrando los autores del pasado. No me extrañaría nada que alguien saliera por ahí representando a Echegaray.

 
 

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