Debate
Crítica a escena

Roberto Corte

DEBATES EN EL ATENEO OBRERO DE GIJÓN

Aunque los grupos de teatro asturianos carecen de planes de explotación para sus espectáculos similares a los del teatro comercial y la incidencia de la crítica queda en su mayor parte restringida al ámbito de los autores e intérpretes, la encendida polémica que ésta desata entre los implicados no desdice un ápice a las vividas en otros foros, con mayores intereses en juego.
Para hablar sobre el tema LA RATONERA reunió el pasado 10 de octubre, en el salón de actos del Ateneo Obrero de Gijón, a los críticos de La Nueva España y El Comercio, junto a tres actrices, un autor y un director. Las páginas que siguen son la transcripción del coloquio, a las que añadimos a modo de “carta abierta” —por su interés—, las consideraciones que Joaquín Fuertes tuvo a bien remitirnos, unos días después.

PARTICIPANTES:
– Joaquín Fuertes. Crítico de El Comercio.
– Francisco Díaz-Faes. Crítico de La Nueva España y miembro del equipo de dirección de LA RATONERA.
– Eladio de Pablo. Autor.
– Gemma de Luis. Actriz.
– Sonia Santos. Actriz.
– Andrés Presumido. Director.
– Eva Legazpi. Actriz.
– Roberto Corte. Miembro del equipo de dirección de LA RATONERA.
– Pedro lanza. Miembro del equipo de dirección de LA RATONERA.

R. CORTE.- En primer lugar hay que excusar la ausencia de García Oliveros. Las actividades que organiza para el Club de Prensa Asturiana, de Avilés, coinciden en fecha y hora con nuestro coloquio. Su opinión hubiera sido interesante porque es una persona que llega al comentario o reportaje teatral desde el periodismo, como profesional de la información, y no desde el propio gremio artístico, como es normal entre los críticos. Su participación habría permitido otro flanco más de exposición. Como están presentes la mayoría de los invitados vamos a empezar con Joaquín, para que nos cuente el cómo y el por qué llega al periódico. Qué es lo que lo lleva a escribir y publicar la opinión que le merecen los espectáculos hechos por los otros.
JOAQUIN FUERTES.- Yo llego a la crítica de teatro porque ya estaba allí, es decir, en le periódico. Empecé haciendo comentarios sobre libros y conferencias y, después, como uno siente filias —bueno y también fobias— por las cosas que le gustan, pues hice lo propio con el teatro. Lo hice por afición y porque en ese momento tenía oportunidad y hueco en el periódico. Bueno, pero, aparte de esto, yo es que todavía no sé lo que es la crítica ni si yo soy un crítico. Lo único que trato es de ayudar al teatro a través del vínculo que se pueda lograr desde el periódico, y que éste sea un pilar más para sostener el tinglado del carro de la farsa. ¿Cuáles son los objetivos y qué se consigue? Pues creo que un espacio más donde se hable de teatro en un medio que considera el arte como un ente extraño, porque entiende que es un tema que no aporta lectores. Como ya sabéis, los periódicos le prestan muchísima más atención a un equipo de fútbol de primera regional que a cualquier manifestación teatral.

(Se incorpora al coloquio, con un poco de retraso, Francisco Díaz-Faes.)

R.CORTE.- Desde siempre se ha generalizado la idea —casi siempre por aquéllos que soportan directamente las consecuencias de la crítica— de que detrás de un crítico hay un actor, autor o director frustrado...
F. DÍAZ-FAES.- ¿Esa idea del autor frustrado se acaba de enunciar aquí?
R. CORTE.- No. Es algo que voy soltando yo porque lo he oído infinidad de veces.
F. DÍAZ-FAES.- Eso ya es un hecho. Hay una opinión generalizada que dice que el que se dedica a la crítica de poesía es un poeta frustrado y el que se dedica a la crítica de teatro es un actor frustrado. Posiblemente, no lo niego. Pero creo que hay que ir más allá de lo que es un tópico. Yo me dedico a la crítica porque me la ofrecieron. Yo era un mal estudiante y un gran mal titiritero y, un día, una persona que ejercía la crítica me pasó el testigo. Previamente asistí a una reunión que organizó Adolfo Camilo Díaz que yo he considerado siempre como muy sintomática. Allí se habló de la crítica teatral y de los medios de comunicación, enarbolando ya como pendón o bandera, y bien a las claras, la idea de que el crítico era un eunuco. Recuerdo que estaba con Maxí Rodríguez y me dijo: “Menudo sitio donde te vas a meter”. Pero me pareció muy interesante dedicarme a esto porque en La Nueva España había que ganar un espacio para el teatro, aunque ahora, bueno, creo que se ha vuelto a perder a juzgar por la nula atención que nos prestan. Pienso que ya hasta es una guerra perdida.
R.CORTE.- En el coloquio vais a participar todos los que estáis invitados, lo que ocurre es que, antes de ir a mayores, conviene saber algo acerca de las condiciones en que ejerce su labor el crítico, el soporte...
F. DÍAZ-FAES.- Perdona. Yo lo que quiero decir es que por aquel entonces no había una crítica sistemática en prensa más que la que desde Avilés firmaba Carmen de la Campa, en La Voz de Avilés, que, curiosamente, ahora escribe desde Londrés y es una reportera sagaz y brillante, y que hoy, veinte años después, seguimos con la misma precariedad de medios, tanto en la danza como en el teatro. Todo muy marginal porque esta sociedad valora otras cosas.
R. CORTE.- Vamos con el trato y maltrato que padecen los críticos desde su propio medio...
JOAQUÍN FUERTES.- Si me permites un inciso quiero decir que en lo que se refiere a la “frustración” yo empecé haciendo teatro y terminé como terminaron todos los que empezaron conmigo. O sea, que no aprecio frustración alguna. Ahora han vuelto a llamarme mis antiguos compañeros para formar compañía y ejercer de intérprete y les he dicho que no, porque no siento la necesidad de hacerlo. Considero frustrado a aquél que queriendo, no puede, ni tiene la posibilidad de hacerlo. Aunque, bueno, también estoy de acuerdo con Fran, cada uno tiene sus frustraciones y se libera de ellas como puede... A mí también me pidió Carantoña que hiciera crítica de teatro y de cine. Le convenía que llenara el periódico con todas estas cosas sin cobrar nada o casi nada por ello. Pero lo he hecho con gusto, al igual que otras muchas cosas aparte de la crítica. También he fundado algún grupo de teatro, y luchado en la calle cuando había que hacerlo, incluso en días de lluvia, para conseguir firmas contra el cierre de un teatro. Quiero decir con todo esto que, de lo que se trata, es de conseguir mejoras para que el teatro siga adelante. Ahora bien, también sé lo que comporta el escribir en el periódico: no das gusto a casi nadie, creas enemigos, y casi todo el mundo te mira como si hubieras asesinado a su abuela. Te consideran un incompetente, y en ningún momento quieren saber nada sobre las limitaciones de espacio, los cortes forzados e imprevistos, etc. Aunque, en fin, yo sigo diciendo que siempre intenté tratar a las personas con cariño y respeto, y en especial a los grupos de teatro asturianos. Salvo a las causas muy perdidas, claro, porque uno siempre se debe a la verdad o a lo que cree que lo es. Y así tiene que ser, aunque muchas veces no seamos coincidentes con los lectores. Como me ocurre a veces con las críticas de cine cuando algunas personas me muestran su desacuerdo.
R. CORTE.- Ahora me gustaría tocar el soporte y la incidencia. Las limitaciones de orden material, lo que se refiere a las cuestiones de espacio, y la atención que se le presta. ¿Qué incidencia tiene la crítica en Asturias hecha desde un periódico regional? ¿Tiene lectores? Aunque bien podría ser de dos tipos, la parte artística, que afectaría al espectáculo y grupo propiamente dicho, y la parte comercial, que guardaría relación con el plan de explotación, la incidencia que se produce en los programadores, etc.
ELADIO DE PABLO.- Enton-ces planteamos lo que yo creo que tiene que ser la primera cuestión, es decir: ¿Qué funciones tiene la crítica aquí en Asturias o en el resto del país? Pues las siguientes. Una: orientar a los espectadores. Dos: que sirva para realizar el dossier que ayude a vender el espectáculo. Y Tres: para la autosatisfacción o autoflagelación del grupo, del autor, etc. Bien. Lo que ocurre es que aquí en Asturias, al tener representación única, ya de entrada queda eliminada la información al espectador, y a los cuatro meses cuando se hace la siguiente, ya todos han olvidado la crítica. Eso sin tener en cuenta la reducida difusión geográfica o local que tienen algunos periódicos, o que otros, como La Voz de Asturias, carecen incluso de crítica porque reconocen sin complejos que la crítica teatral no cumple ninguna función. Así que aquí la crítica es —y no sé si los críticos se lo plantean— una especie de fantasía que para lo único que sirve, y en la medida de su eficacia como valor positivo, es para el dossier. Pero la crítica que funciona como información al espectador, y que además sirve para crear afición, creo que aquí está pervertida por las circunstancias señaladas, el retraso con que aparecen las críticas tras el estreno, etc.
SONIA SANTOS.- Acabas de decir lo que es la crítica aquí, en Asturias, pero yo me pregunto ¿qué es lo que debería ser la crítica? Y entonces como no lo sé, pues me lo tengo que buscar en los libros para ver si se corresponde con mi idea, con la realidad y con la práctica periodística habitual. Y me encuentro con algo que estoy muy de acuerdo, y que es lo siguiente: “1. Que la crítica debería de ser descriptiva, revelar el mecanismo de la obra, reconocer su estructura, intención del creador con datos sobre su construcción, su producción y su tema, para una mejor comprensión de la pieza y el espectáculo. 2. Ser explicativa, si va a agradar al espectador y por qué. 3. Ser apreciativa. Una crítica es un juicio y ha de contener juicios de valor justificados, fundamentados y objetivos. 4. Ser discursiva. Ha de expresarse en un lenguaje que llegue al lector.” Este punto me hace mucha gracia porque yo a veces leo unas críticas de un barroco que no me entero de nada. Perdonadme pero acabo ya. “ser discursiva, al expresarse en un lenguaje que llegue al lector y que le ayude a la comprensión de la obra y de su representación eludiendo las falsas erudiciones, las rebuscadas nomenclaturas teatrales o las referencias a obras o sucesos que el lector desconoce. 5. Ser valorativa, con toda la argumentación intelectual necesaria para huir de la subjetividad, aunque es inevitable que cada crítico tenga su personalidad y sus gustos, pero el lector posee también la facultad de elección de aquel medio de difusión en el que se cuide la solvencia de los críticos y su seriedad.” Todos estos puntos me parece que son los que debiera de tener la crítica.
R. CORTE.- Por eso yo empezaba por los problemas de espacio. Todo eso que acabas de decir no se si procede para una revista especializada o un suplemento cultural, pero dudo que en una columna convencional...
ELADIO DE PABLO.- No, no, yo estoy muy de acuerdo. La mayoría de las veces en las críticas teatrales, al final, no te enteras de qué va el espectáculo, ni cómo es la escenografía, cómo están los intérpretes, etc. A veces ni tan siquiera sabes si se trata de una comedia o un drama. Y por supuesto, el lector espectador se pierde en vagas disquisiciones que lo estimulan muy poco o casi nada para asistir al teatro. No se le aporta información ni datos que son imprescindibles. En el cine, con la sinopsis argumental, hasta te ponen las estrellitas con, mala, pasable, interesante, buena y excelente.
R. CORTE.- Hombre, yo creo que la crítica no se puede reducir a una cosa así de aséptica. Por problemas de espacio tiene que ser una labor de síntesis, más que de análisis.
ELADIO DE PABLO.- No, pero tiene que tocar unos puntos inexcusables, inherentes a toda crítica.
R. CORTE.- Lo que creo es que son muchos puntos y me temo que todos no caben. Sería un telegrama. Yo es que defiendo la personalidad del crítico como acto creativo, y lo entiendo como un espectador de calidad...
SONIA SANTOS.- Si los críticos fueran espectadores de calidad no tendríamos aquí a dos invitados críticos, sino que estaría el socio número uno del Jovellanos, que suponemos que es el que más va, y lo pondríamos a escribir en el periódico, o ¿no?
R. CORTE.- Claro. Pero si ya desde posicionamientos brechtianos entendemos que todos los espectadores son críticos, de calidad...
SONIA SANTOS.- Pero es que el crítico no sólo tiene que ser un espectador de calidad...
R. CORTE.- Cuando digo calidad no me estoy refiriendo a un producto...
PUBLICO.- Roberto, por favor, deja hablar a los invitados.
F. DÍAZ-FAES.- Yo creo que los puntos que has leído es el objetivo de todo crítico. Aunque puede ocurrir que una persona tan poco sospechosa como Clarín, actualmente, no pasaría esas premisas de ser claro, conciso y objetivo.
EVA LEGAZPI.- Pero habrá que intentarlo.
ELADIO DE PABLO.- Clarín no la pasó, precisamente, porque era muy claro, aunque incisivo. Creo que no está reñido que el crítico sea un creador. Puede ser un creador sobre la creación de otros, y es muy legítimo. Ahora bien, cuando el crítico es el periódico, que es un elemento de consumo inmediato y de información, la crítica debe atenerse a los enunciados que Sonia apunta: descripción, valoración fundamentada y un lenguaje accesible a la mayoría.
SONIA SANTOS.- No os quiero aburrir, pero también dice Jardiel Poncela que en los críticos existen cuatro defectos capitales, que son: “La falta de entusiasmo por su oficio, la vanidad, la ausencia de criterio y el morbo destructor”. Este último punto es importante, después hablaremos de él, porque está en relación con lo que dice Joaquín de apoyar al teatro asturiano con cariño y respeto. Algo que yo valoro mucho.
GEMMA DE LUIS.- Creo que las críticas de teatro son seguidas con interés por las gentes de teatro, en especial por el actor y el grupo protagonista a quien van dirigidas, lo que ocurre es que hay críticas y críticas. Yo, las críticas que son para ayudar —como dice Joaquín—, las constructivas, que te dicen que eres un paquete y puedes hacerlo mejor, o que, a la obra le falta ritmo, etc., me parecen muy soportables, digeribles, ahora que las críticas que son opiniones personales que mezclan cosas que no tienen nada que ver con el teatro, y están hechas con bazofia, pues me parecen fatal. Y además, hay una gran indefensión hacia ellas —y este es el problema— por parte de los actores. Porque claro, yo también tengo mi opinión personal y puedo pensar que fulanito es una mierda, lo que ocurre es que no dispongo del periódico para hacerlo. No sé, creo que el actor está siempre un poco indefenso.
EVA LEGAZPI.- El actor, el director, el autor...
PEDRO LANZA.- También el espectador está muy indefenso después de pagar mil quinientas pesetas por una entrada cuando desde el escenario se le agrede vilmente con unas obras infumables, con unos textos ininteligibles y con unos actores malísimos. No sé, quiero decir con esto que un crítico tampoco tiene que ser una ONG.
R. CORTE.- A mi me gustaría saber —y esto va para los actores y los autores— si alguna vez estuvisteis disconformes con alguna de las críticas que os fueron favorables, positivas y elogiosas. Porque da la impresión de que defendemos al crítico cuando nos pone bien, y, estamos visceralmente en su contra, cuando ocurre lo contrario.
SONIA SANTOS.- Esa pregunta me parece que sobra. Todos sabemos que los actores al acabar la función siempre dicen: fatal. Y por mucho que venga un crítico a saludarle y darle la enhorabuena, uno, en esos momentos sabe de sus errores.
R. CORTE.- Entonces, si realmente es así, ¿por qué hay tanto problema con los críticos?
GEMMA DE LUIS.- Porque hay críticos que antes de producirse la representación ya sabemos como nos van a poner.

(Discusión ininteligible.)

F. DÍAZ-FAES.- Es muy discutible lo de las opiniones personales. La crítica, necesariamente, ofrecerá siempre una opinión que no le sea ajena al crítico. Yo también, a veces, doy las reacciones del público.
SONIA SANTOS.- Para mí es muy importante saber si das tu opinión personal o una opinión como crítico.
F. DÍAZ-FAEZ.- Desde luego lo que no doy es la opinión de un neurótico.
SONIA SANTOS.- Aunque no se siga a rajatabla las pautas que acabamos de nombrar lo que sí se tienen que ver son las premisas claras de: qué es lo que se cuenta, cómo están los actores, etc.
PEDRO LANZA.- En todas las disciplinas humanísticas no existe un baremo objetivable en los términos que aquí se proponen. Es imposible, no se puede. La historia de la literatura nos muestra que obras que fueron muy respaldadas por los críticos de entonces fueron rechazadas por los críticos de las generaciones siguientes. ¿Y quién tiene razón? ¿Aquéllos o éstos? Lo que hay que pedir al crítico es que tenga formación, y esto es algo obvio. Pero es imposible que la crítica se pueda objetivar a tales extremos.
ELADIO DE PABLO.- Yo, es que parto de la base de que los críticos se equivocan siempre, incluso cuando hacen críticas con valores positivos. ¿Y por qué? Porque es muy difícil emitir un juicio de una forma tan inmediata el día más inadecuado, que es el del estreno. Y esto no pasa en Madrid o Barcelona, sencillamente, porque antes de recibir la crítica los espectáculos ruedan uno o dos meses por provincias.
JOAQUÍN FUERTES.- Y se entregan más en las funciones de la capital.
ELADIO DE PABLO.- La crítica se equivoca siempre porque el espectáculo no es el espectáculo, sino el día del estreno, que es el día de los nervios y todo se hace apresuradamente. Y sin posibilidad de crítica correctora, porque la crítica es de un día, salvo las gacetillas o los comentarios sicodélicos desde Avilés de Oliveros, que después puedan aparecer, y que es como un cotilleo entre el Hola y Diez minutos.
F. DÍAZ-FAES.- Y, ¿también se equivoca ese señor?
ELADIO DE PABLO.- Pues claro. Lo que escribe son sólo impresiones fugaces sobre unas personas que se suben al escenario del Palacio Valdés. Por eso conviene tener presente unas premisas objetivas a la hora de escribir. Y por eso para ser crítico hay que tener unas cualidades...
R. CORTE.- Perdona Eladio pero, ¿cuáles son esas cualidades? Porque curiosamente todo esto que ocurre aquí es extensible a otras comunidades, y lo mismo pasa en Madrid con Haro Tecglen, que no le reconocen cualidades críticas más que el mero impresionismo literario.
ELADIO DE PABLO.- En Haro Tecglen el morbo destructor es el que predomina, es un “serial-killer” del teatro. No hay espectáculo que no machaque.
JOAQUÍN FUERTES.- No sé, Eladio. Es que muchas veces el que juzga desde el patio de butacas, y lo mismo lo hace el espectador que el crítico, está juzgando y contando lo que ve, y quizá como tú has dicho en el día menos apropiado, cuando el actor no está muy bien, etc.
F. DÍAZ-FAES.- Y juzga lo que sabe.
GEMMA DE LUIS.- Y a veces, también, lo que no sabe.
JOAQUÍN FUERTES.- Es que a veces hay unos condicionantes en el escenario que entorpecen la relación entre el individuo y la obra, y hacen que ése no sea el momento óptimo de la función. Como suele ocurrir, también, cuando los espacios no son apropiados, al igual que en La Colegiata, que no se presta a cualquier cosa. O con el Teatro Jovellanos, que todos dicen que es muy malo de acústica, aunque mucha de la culpa la tienen los intérpretes “altamente profesionalizados”, que no saben hablar, vocalizar. Aunque para cerciorarme de que dentro de los muchos males que tengo como crítico, no entra el estar sordo, fui al otorrino de la calle Cabrales y me dijo: “No, no se preocupe, ya han venido muchos aquí porque en el Jovellanos se oye muy mal.”... A mí el actor Enrique Prendes me llamó una vez ante una crítica desfavorable muy airado por teléfono, y me dijo: “Oiga, es que ayer no estuve acertado durante la representación porque comí una mariscada y estaba indispuesto.” Pero claro, como comprenderéis, ¿qué culpa tengo yo, y el espectador que paga las doscientas pesetas de entonces, o las mil de ahora?
R. CORTE.- Vamos a dar la palabra a Andrés. Hay quien propone que la crítica no debe de ser un juicio de valor y que tiene que acercarse más, participar, en el proceso de creación...
ANDRÉS PRESUMIDO.- Cla-ro, eso son propuestas como las que tiene José Monleón, que por otra parte es una buena referencia como crítico. Pero una cosa es la crítica como hecho literario, ensayo literario o periodístico —y aquí tendría que estar algún jefe de redacción de algún diario para que respondiera ante esos titulares que ya de entrada sangran el espectáculo, se lo cargan— y otra la crítica que entiende, además, por su formación, el proceso de producción. El por qué se hace esa obra determinada y no otra, qué compañía, qué actores, con qué medios han contado, cuál ha sido el proceso de ensayos y producción, conocer muy bien el texto, etc. Elementos todos que tendría que considerar el crítico con sumo cuidado, ya que debido a su difusión su opinión es un arma muy poderosa, y no una charla de café. Claro que esto no ocurre cuando se enfrentan a Hamlet, que es un texto que conocen y han leído, pero sí, por ejemplo, puede pasar con Las alegres comadres de Windsor, más desconocido. Por tanto, yo me pregunto: ¿Conoce el señor que hace la crítica el texto? ¿Ha seguido el proceso de producción y los problemas con que se encuentra la compañía a la hora de abordarlo? ¿Sabe del día a día? Porque yo no he visto nunca ninguna crítica donde eso se refleje... O hay “pasteleo”, porque se trata de amigos y no quiere quedar mal, o hay una sangría total. Aquí de cada crítico ya sabemos cuáles son sus gustos, sus afinidades, su estilo: si tiene un estilo benaventino, va de Pérez de Ayala o a lo Haro Tecglen. Y no estaría mal que la crítica que podemos llamar “profesional” fuera elevando su nivel. Yo lo único que pido es que sean más reflexivos con la propuesta, y no tengan tan presente los imprevistos ambientales que se acaban de nombrar, como: día del estreno, indisposición, etc. En Asturias no sería tan difícil que se acercaran más al proceso de creación desde los ensayos generales, etc.
F. DÍAZ-FAES.- ¿Quién paga eso?
ANDRÉS PRESUMIDO.- Bue-no, yo ya no voy a entrar si lo tiene que pagar el periódico...
JOAQUÍN FUERTES.- O el grupo.
R. CORTE.- ¿No condicionaría en exceso la opinión del crítico ese acercamiento a la producción?
ELADIO DE PABLO.- Fran, en otros sitios se hace.
ANDRÉS PRESUMIDO.- Eso se hace en Francia, en Italia, en Bélgica...
PEDRO LANZA.- Yo, es que estoy en desacuerdo con lo que dices, Andrés. La crítica se hace sobre un hecho espectacular puntual. Quiero decir, ocurre como la crítica en pintura. No sabemos los meses que tardó el pintor en acabar el cuadro ni nos tiene que interesar dónde compró los óleos. La crítica se hace sobre el cuadro, no sobre el proceso de producción.
ANDRÉS PRESUMIDO.- Pues habría que considerarlo, sería enriquecedor. Creo que así las críticas serían más sólidas y con más sentido, con más conocimiento de causa, a como las hacéis. A la hora de elaborarla seríais mucho más objetivos.
PEDRO LANZA.- Si los críticos acudieran a los ensayos de los grupos asturianos las críticas serían, entonces, muchísimo más duras.
ANDRÉS PRESUMIDO.- Pues a lo mejor es lo que se necesita.
SONIA SANTOS.- Dos frases del señor Goethe.
R. CORTE.- El trino goethiano.
SONIA SANTOS.- “... considerado que la misión del crítico no era la de juzgar, sino que debía de contestar a estas tres preguntas: ¿Qué se propuso el autor? ¿Lo ha conseguido? Y, ¿valió la pena?

(Discusión ininteligible.)

R. CORTE.- Sí, pero eso es decirlo todo no diciendo nada... Voy a tratar de dirigir el coloquio. A ver si atino. Se acusa a los críticos de hacer una crítica meramente literaria porque cojean de formación en otras disciplinas, como puede ser la plástica o la escenografía, etc. Se dice que tiene que viajar más, salir, ver otros espectáculos fuera, otras artes...
JOAQUÍN FUERTES.- Estoy de acuerdo pero, si escribes en un periódico tienes que hacer literatura. Escribas lo que escribas. Porque si no, serviría cualquiera para la crítica. La crítica es una cuestión de forma, de estilo, y hay que echarle literatura a veces, incluso, para no herir. Para que las palabras no molesten más allá de lo necesario. Incluso hasta hay que autocontrolarse para no agredir con barbaridades, que es lo que verdaderamente te sugieren algunos espectáculos. Y para eso está la literatura, como una cuestión de respeto hacia lo visto y, en especial en Asturias, considerando la precariedad con que se trabaja, como una cuestión de apoyo al teatro. Porque, a veces, las verdades no se pueden decir con crudeza.
ANDRÉS PRESUMIDO.- No exáctamente literatura. La literatura es cuando la crítica se considera dirigida al texto o libreto, como ocurre con la crítica tradicional, Pérez de Ayala...
JOAQUÍN FUERTES.- Perdona Andrés. Para mí, y en eso supongo que estaréis de acuerdo, lo más importante que hay sobre le escenario es la obra, sea una creación colectiva o de Shakespeare. Y eso es lo que va a quedar de la crítica pasado un tiempo...
ANDRÉS PRESUMIDO.- Yo creo que lo más importante es el mensaje de la obra, en el cual intervienen los actores, escenógrafos... Porque lo que le queda al espectador tras el espectáculo es lo que ha visto. Si no, por esa regla de tres, no vas al teatro, te compras el texto.
JOAQUÍN FUERTES.- Yo he dicho “lo más importante”, no que lo otro no lo sea.
R. CORTE.- Yo me refiría a la formación que necesita el crítico para afrontar esos espectáculos multidisciplinares, sin texto, con predominio de elementos estéticos.
SONIA SANTOS.- Yo es que vuelvo con Fran y con lo que dijo antes. Preguntaba que quién le pagaría si tiene que acudir a los ensayos de los grupos antes del estreno y de escribir la crítica. Pues bien, yo lo que le pregunto es quién le paga para escribir esto sobre los alumnos de cuarto del Instituto del Teatro y las Artes Escénicas (ITAE). (Saca un recorte de prensa.) Se trata de una crítica donde no se habla del espectáculo ni del evento propiamente teatral, y sí se hace de otros temas muy ligados al ITAE...
R. CORTE.- No me gustaría que se personificara el coloquio. Creo que no es deseable ir a temas concretos ni a problemas personales. Quizá en otra ocasión.

(Discusión ininteligible acerca de una crítica de Díaz-Faes sobre la huelga de hace unos años en el ITAE.)

F. DÍAZ-FAES.- ¿Qué quieres, saber lo que me pagan por escribir eso?
R. CORTE.- Quizá lo que procede es preguntar cuánto cobra un crítico. Lo digo en serio, por curiosidad. Conviene dejar claro por cuánto lo hacen.
JOAQUÍN FUERTES.- En mi caso soy muy claro: nada. No me pagan nada.
F. DÍAZ-FAES.- Yo unas mil pesetas por crítica.
GEMMA DE LUIS.- Yo vuelvo con lo de antes. Quiero preguntar si a la hora de hacer una crítica se puede escribir sobre el espectáculo o sobre lo que a uno le salga de las narices. Quiero saber si hay límites. (Lo dice por la crítica del problema de la huelga.)
F.DÍAZ-FAES.- Dice John Steinbeck que “todos estamos condicionados por el medio”. Pero no inventa nada. Tú puedes escribir sobre lo divino y lo humano. Es la libertad, la responsabilidad, tus propios conocimientos.
JOAQUÍN FUERTES.- Es la libertad de expresión.
EVA LEGAZPI.- Pero si empiezas a sacar trapos sucios de otras historias que no vienen a cuentos con la obra, pues es muy fácil. Hasta yo puedo meterme a crítica mañana mismo, me lo pasaré pipa.
F. DÍAZ-FAES.- Eva, si son trapos.., ¿por qué no pueden salir?
EVA LEGAZPI.- Porque os quejáis de que tenéis problemas de espacio, y no conviene desperdiciarlo. Así que, no ha lugar a los cotilleos de barrio.
F. DÍAZ-FAES.- Yo me limito a dar mi opinión.
GEMMA DE LUIS.- Pero es una opinión que va a quedar para siempre en las hemerotecas...

(Más discusión sobre el tema de la huelga.)

EL PÚBLICO.- Yo quisiera hablar acerca del periódico y el retraso con que salen las críticas. Tal parece una estrategia publicitaria del medio para que compremos el periódico durante el mes de espera.
F. DÍAZ-FAES.- Ya, pero yo no he leído ninguna carta al director como protesta.
ELADIO DE PABLO.- Lo que aquí se dice conviene discutirlo. Es así, ¿para cuándo el estatuto del crítico en nuestra región? Los críticos en Asturias están absolutamente maltratados. No cobran, y están marginados. Al margen de lo que los críticos hagan —y en esto ahora no voy otra vez a entrar—, aquí la prensa maltrata al teatro y al crítico. Y todo esto es una vergüenza y hay que decirlo. Yo dirigí una carta al director de La Nueva España, que no fue contestada, por el maltrato que hacían al teatro al no publicar las críticas. Y desde el ITAE también se han recogido firmas para protestar sobre el mismo tema.
JOAQUÍN FUERTES.- Bueno, para acabar, sólo quiero decir que estoy en esto desde siempre, y que sigo escribiendo porque me gusta y es una manera de seguir con todos vosotros. Y hasta me hace sentirme más joven. Por eso no reclamo compensación económica alguna. Me pagan por otros artículos, pero por el teatro y el cine nunca he cobrado una peseta. Así que, ese es el motivo principal de mis escritos en el periódico. Respecto a lo de antes, también quiero decir que siempre que se me llama a un ensayo general, si puedo, voy. Lo he hecho con el grupo TEG y estoy dispuesto a hacerlo con cualquiera que me avise con la antelación suficiente.
F. DÍAZ-FAES.- Yo, para rematar, más o menos lo mismo. Dicen que tengo espíritu destructivo. Bien. Pero créeme, Eva, no se puede escribir si no se tiene espíritu crítico. Y yo, en esto, creo que me he molestado. Y ahora, como no tengo vanidad, lo digo: reto a cualquiera de los que están aquí, de la audiencia, a ver si hay alguien que haya visto más teatro que yo, que haya perseguido tanto a las compañías de teatro por toda la geografía asturiana como yo, y que haya insistido con sus escritos sobre el teatro en los medios de comunicación durante tantos años, por menos dinero.
R. CORTE.- Es tarde y falta poco para que en el Teatro Jovellanos empiece el Otelo, así que vamos a cerrar el coloquio para que podáis asistir a la representación. Me gustaría hacerlo con un decálogo que he hecho a mi medida desde otros decálogos o escritos sobre el tema, sacados de las revistas Primer Acto y Ade/Teatro. Son propuestas, creo recordar, de José Monleón y Alberto Fernández Torre, mezcladas aquí para la ocasión. Lo lanzo a la mesa para ver si estáis de acuerdo: “1. Acabar con el aislamiento del crítico. Recono-cimiento de la necesidad de integración en el gremio. Incluso para hablar de sus propias críticas. 2. El crítico —cualquier crítico— debe asumir que está en la obligación de someterse a un proceso de formación continua. Revistas, libros, seminario, cursos. Visión de espectáculos de los que no ha de hacer comentario alguno. 3. No hacer jamás la crítica partiendo de la función del día del estreno. 4. Conceder en el periódico más espacio a la información teatral que a la crítica teatral. Cuando la crítica se convierte en el instrumento de información teatral se hace de ésta un cáncer. 5. Acabar con la idea de que haya un crítico por diario. Hay que multiplicar los puntos de vista. No todos los críticos sirven para todo tipo de teatro. 6. Acabar con la idea de que todo espectáculo ha de recibir una crítica.”
PEDRO LANZA.- No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

(Risas.)

R. CORTE.- “7. Diseñar un concepto del crítico como factor creativo y parte del trabajo teatral frente a la idea del juez que, desde fuera, premia o castiga; en nombre, las más de las veces, de unos cánones rutinarios. 8. Instaurar el respeto recíproco entre creadores y críticos. 9. Asumir la función crítica con ánimo participativo sin someter la emoción y el imaginario a la autocensura automática de quien sólo busca argumentos para su informe. O sea, los prejuicios. Y 10. Interés por el trabajo de los actores y superación del estado de ánimo, o la circunstancia personal, como elemento determinante en el escrito.”
JOAQUÍN FUERTES.- Bueno, tengo que marchar al teatro, lo siento... Voy a hacer la crítica. (Risas del público.) Ha sido muy grato estar aquí con todos vosotros y espero que esto se repita.
ELADIO DE PABLO.- Yo también tengo que irme.
R. CORTE.- Podemos dar por finalizado el coloquio... pero, antes, una última pregunta: ¿Consideráis que en Asturias hay buen teatro, buenos grupos e intérpretes?
JOAQUÍN FUERTES.- Muy bueno. Y si no lo hay muy bueno lo que sí te puedo decir es que es de lo mejor. Además lo tengo escrito.
F. DÍAZ-FAES.- Yo no diría tampoco que no hay teatro muy malo...
EVA LEGAZPI.- Hombre, hay de todo...
JOAQUÍN FUERTES.- Pero esos pueden mejorar...

Carta abierta de Joaquín Fuertes

17-10-01

Amigo Roberto: En la mesa redonda sobre la crítica promovida por LA RATONERA, a la que amablemente me invitasteis, quedaron en el aire algunas admoniciones hacia los críticos que quisiera responder. El motivo de que no pudiera hacerlo entonces, ya sabes, fue la prisa por llegar a hacer un comentario crítico de la obra “Otelo”, que se representaba en el Teatro Jovellanos.
Alguien leyó las advertencias y recomendaciones sobre la figura y preparación del crítico, con las cuales estoy de acuerdo; o sea, que nadie critique de lo que no entienda ni esté de algún modo experimentado. Esto es, que si en el escenario ocurre un asesinato convendría que el crítico, al igual que debiera hacer un empleado de pompas fúnebres, se muriera antes, para saber cómo llevar el negocio con solvencia.
Hay otros casos en los que el que suscribe se confiesa, modestia aparte, preparado. Por ejemplo, para enjuiciar obras como Madre Coraje, por haber trabajado de peón, participar en huelgas y haber pasado alguna vez hambre. El crítico en estas ocasiones siente una sana envidia por los que están en el escenario, que sin haber experimentado nada, van del chocolate con churros a sus asuntos teatrales, y puede crecerles la egolatría hasta el infinito sin ser gran cosa, como a aquel personaje de Friedrich Dürrenmatt llamado Andorra. Las sentencias hacia los críticos de Jardiel Poncela y otros, las hicieron, claro está, cuando las críticas no les eran favorables.
En lo que a mí respecta vivo solo y, hago las compras en los supermercados: ello me ha dado una gran experiencia sobre las posibilidades de la crítica. Las mujeres de mi barrio, al menos, según escucho en las colas de la cajera, tienen hijos inteligentes pero un poco vagos. Como si el trabajo no fuera una virtud superior a la inteligencia. La culpa de que no aprueben la tiene el profesor, que le da por perseguirlo. Si en vez de mujeres son personajes de otro género (a veces las mujeres también), hablan de un vástago que iba para figura en Mareo, pero cayó en manos de un entrenador que es un canalla y le cerró el paso. Si el chaval se precipitó en un vicio mayor, de los que hieren y hasta matan, la culpa es de alguna compañía, de alguna influencia extraña y jamás del propio sujeto.
Todo se reduce a “matar al padre”, según explicación freudiana. Dicho de otro modo, a aquel que te descubre quién eres, o te pone de cara a la realidad, es un mal nacido si hace algo más que dedicarse a dar coba. Ahí está también el pobre crítico, que como el profesor y el entrenador se atreve a señalar defectos que ve, además de virtudes que también debe ver. Visto lo cual, creo que lo mejor sería que cada cual llevase al teatro a su abuela para que le hiciese la crítica. O, en su defecto, por deceso, que cada uno se inciense con su propio botafumeiro.
Hay que disculpar al crítico de una pequeña y alejada provincia. Es poca cosa, pequeño, como todo lo de la provincia. Cuando hace crítica cree que está ayudando al teatro. Y además a cambio de nada.
La obligación del crítico no sé cuál es. La de la primera actriz, según Artaud, es dejarse que la maten en el escenario, para llegar a la verdadera esencia del teatro.

                Un abrazo.

                Joaquín Fuertes

 
 

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