El estado de la danza

Francisco Díaz-Faes
 
Como el pasado año –para el teatro infantil –del 2 al 5 de octubre de 2001 Gijón disfrutó del Foro dedicado a la danza nacional organizado por el Centro de Cultura del Antiguo Ins-tituto. Igual que ocurre con el teatro, es mucho lo que tienen que hablar los profesionales de la danza entre sí. Pero preguntémonos: ¿tienen, de la misma manera, algo que decir con sus actuaciones hechas no sólo para ellos, programadores, funcionarios y políticos que los subvencionan? A través de funciones en confrontación con el público y dos jornadas de análisis del cuerpo como eje creador en el espacio, ¿se vio o dijo algo claro? ¿Hay desconocimiento y desinterés hacia esta disciplina, salvo honrosas excepciones, del propio teatro? Tomemos nota de las ideas manejadas en estos días, ante la promesa de publicar actas de trabajos, realizada por el Ayuntamiento, profundizando en este antiguo arte. Arte que queda a veces en simple o complicada técnica, o con mayor ahínco, en total, demoledora y pertinaz falta de técnica. Se habló de los elementos creativos del teatro gestual y la pantomima. La relación con la danza y su futuro generando ambiente –han dicho– uniéndose, dejando rencillas, conociéndose (según la bailarina Olga Mesa, a la que alguien dijo, tras su actuación y exposición no entender nada). O exigiendo a la Ad-ministración, (¿se puede entre no iguales y sin autoridad artística exigir a una autoridad política?). Y subvencionando actuaciones, creando un centro de recursos, postulando uno de enseñanza y luego otro coreográfico (Beatriz Martínez del Fresno), etc. Hay un ambiente de conservadurismo muy grande en programadores públicos: empresarios públicos con mentalidad privada, dijo José Manuel Garrido anterior director del INAEM. Para quien el teatro, más industrial que la danza, ensaya fórmulas valencianas: devolver subvenciones según se vaya actuando para no vivir siempre del pan de la Administración (¿no se lleva él como otros, pan y migas de mesas redondas?). Admitimos que ¿la danza es una coordinación estética de movimientos corporales (recogiendo) elementos plásticos, grandes gestos o posturas corporales (...) en composición coherente y dinámica?, o que el hombre ¿realiza esa “construcción” plástica inspirado por sentimientos de orden superior? ¿No son estas sabias palabras de Adolfo Salazar de 1948 las que hoy deberían ajustarse, cuando muchas veces ni hay coordinación, estética, movimientos, coherencia, dinamismo, ni por supuesto orden superior? La danza se ha deshecho del ballet, por cierto mucho más moderno, y cuando aparece como en Gijón en toda su grandeza, extasía. Sólo falta que pueda ensayar en buenos locales y se distribuya alguna vez con cierta libertad de mercado.
 
 

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