Número 29. Mayo de 2010

Tríptico de festivales

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Scrooge, de Teatro Gioco Vita y Teatro delle Briciole,
representado en Teatralia.

Manuel Simón 

Ahora que el mapa de festivales en la ciudad de Madrid está cambiando, ya que el que fuera Festival de Otoño ha pasado a ser llamado Festival de Otoño en Primavera, ha provocado que el resto de muestras se muevan en el calendario para hacerse un hueco en ella. Así, en el primer trimestre, casi al tiempo, han coincidido Teatralia, Escena Contemporánea y la Muestra de las Autonomías. Una oportunidad idónea para comprobar el estado de las diferentes líneas de teatro que se realizan a día de hoy en nuestro país y más allá de nuestras fronteras.

Quince años tiene mi amor

Desde hace quince años, la Muestra de Teatro de las Autonomías se ha ido consolidando como una de las citas ineludibles de la temporada escénica madrileña. Este certamen anual se creó con el objetivo de brindar a las compañías de diferentes lugares de España un espacio de expresión y una ventana abierta a sus ricos y diversos proyectos. Desde mil novecientos noventa y seis, por el Círculo de Bellas Artes han pasado más de un centenar de agrupaciones teatrales de muy diversa procedencia que han estrenado cerca de un centenar de obras de autores contemporáneos de distintas generaciones y han puesto de manifiesto la pujanza de un teatro plural y no condicionado por intereses espurios. Año tras año, este certamen ha ido consiguiendo que el público tenga acceso a propuestas que difícilmente podrían llegar por sí solas a Madrid. De este modo, queda patente la extraordinaria vitalidad del teatro que se realiza fuera de los núcleos escénicos comerciales.

En esta decimoquinta edición el programa ha querido jugar con esa cifra, convocando a quince compañías, con quince espectáculos venidos de quince autonomías. Si bien ésta podría haber sido la ocasión de tener el mapa exacto de la actualidad escénica del país en cuanto al tipo de producción que hacen compañías de mediano formato, no pudo ser, lo expuesto no tuvo el nivel deseado, dejándonos un gran interrogante sobre qué tipo de teatro se hace, a día de hoy, en el territorio español.

La década prodigiosa

La décima edición del Festival Escena Contemporánea, que se celebró entre el diecinueve de enero y el quince de febrero de dos mil diez en Madrid, contó con más de ochenta actuaciones de veintitrés compañías de teatro experimental, acciones de calle, danza, performance y arte sonoro de todo el mundo. Organizado por la Asociación Cultural Escena Contemporánea, integrada por el Teatro Pradillo, la Sala Cuarta Pared, ARTEMAD y la Coordinadora Madrileña de Salas, el festival contó, además, con la promoción de la Consejería de Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid y subvención del Ministerio de Cultura a través del INAEM. Escena Contemporánea, en esta edición, centró su programación en las propuestas escénicas más arriesgadas, el teatro no convencional, las nuevas dramaturgias y las piezas multidisciplinares, con el fin de convertirse en un reflejo de la creación contemporánea, tanto nacional como internacional. Este empeño le hizo merecedor, en el año dos mil nueve, del Premio Max de Nuevas Tendencias y del Premio a la “Mejor Programación Teatral de España” de la Feria Internacional de Teatro y Danza de Huesca.

La mirada del otro... Todas las piezas de la décima edición de Escena Contemporánea partieron de la alteridad, la posibilidad de cambiar la propia perspectiva por la del “otro”, considerando otros puntos de vista, intereses o ideologías. Cada espectáculo tuvo su voz única y fue un desafío para el espectador, invitándole a tomar parte en una experiencia individual o colectiva. Estas propuestas obligaron a que el público se sumergiese en una programación donde se mezclaron relaciones entre conocidos y desconocidos, padres e hijos, jóvenes y adultos, poder e individuos. El programa, independientemente del lenguaje que utilizó en cada pieza, promovió también encuentros interculturales entre distintas razas y nacionalidades, además ofreció una interesante perspectiva de género a través de obras creadas e interpretadas por mujeres como Shantala, Sònia Gómez, Paloma Calle, Louisa Merino, Sara Serrano o Antonia Baehr.

Todas estas previsiones y balances, que de algún modo, se confirmaron en el transcurrir del festival, nos dejaron un cierto sabor a poco, a cierta decepción conforme se iban desarrollando las distintas representaciones y ciclos. Poco de lo prometido se cumplió, todo adquirió un tono más superficial y falto de compromiso artístico del previsto. Un nuevo Ciclo Autor subió en parte el nivel de la muestra, que en este caso se dedicó a David Hare.  

David contra Goliat

Teatralia, el Festival Internacional de Artes Escénicas para Niños y Jóvenes de la Comunidad de Madrid llegó a su decimocuarta edición. Catorce años acercando el teatro, la música, los títeres y la danza a un público difícil y exigente, que no es ajeno al concepto de calidad y que ha sabido acompañarnos con su presencia en las miles de representaciones ya realizadas. Teatralia ha sabido a lo largo de estos catorce años crecer y enriquecerse con lo mejor de las artes escénicas para niños y jóvenes que se hace en el mundo. La programación se cerró este año con un total de treinta y tres espectáculos, veinte de ellos venidos de más allá de nuestras fronteras, afianzando un año más el carácter eminentemente internacional del festival. Entre los países participantes: Francia, Canadá, Italia, Portugal, Rusia, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Inglaterra y Suiza. Y de nuestro país, llegaron espectáculos desde Cataluña, Andalucía, Galicia, Castilla y León y también de Madrid, Comunidad que organiza el festival. Esta programación se desarrolló en más de sesenta espacios escénicos de la capital y en treinta y nueve municipios de la región. Alrededor de cincuenta mil espectadores pudieron ver alguna de las más de doscientas cincuenta funciones que tuvieron lugar durante el festival. Para algunos de ellos fue la primera vez que asistieron a un espectáculo en vivo, otros muchos renovaron el encuentro con el teatro, la música y la danza y volvieron a ser testigos de un hecho único e irrepetible como es una representación teatral, distinta siempre una de la otra, y fueron partícipes así de la magia de la creación artística. A la experiencia piloto iniciada el año pasado de realizar funciones traducidas con el lenguaje de signos para niños y niñas con discapacidad auditiva, que este año se repitieron, se unió la realización de una función en el módulo familiar de uno de los centros penitenciarios de la Comunidad, incidiendo así en el reto de que Teatralia llegue cada año a más personas. Independientemente de las cifras y las voluntades por hacer un festival de gran nivel, lo que está claro es que resulta el marco más interesante de todas las muestras que se organizan oficialmente desde Madrid, un lugar en el que puede participar casi la familia al completo, donde las propuestas son innovadoras y de gran nivel, alentando así a los profesionales españoles a hacer un teatro para la infancia con respeto, facilitando también que el público de mañana forme su criterio y gusto en muy buenas condiciones. En esta ocasión, el que parece festival más pequeño, David-Teatralia… derrotó a todos los demás Goliats.

El otoño de la primavera

No, no es una nueva estación en el año, es sencillamente como se ha denominado al Festival de Otoño al trasladarlo a la primavera. Según sus responsables, al cierre de la edición de este número de La Ratonera, se mantiene el nombre por si hubiera que regresar a su ubicación original. En esta ocasión y dado que el cambio que se ha realizado ha provocado que haya dos festivales en una misma temporada, este otoño primaveral será menos intenso y extenso que sus predecesores ya que no ha habido el tiempo suficiente para realizar una programación de altura como venían ofreciéndonos hasta ahora, no obstante, han conseguido que entre los nombres de reclamo de esta edición, figuren creadores como Peter Brook, Declan Donnellan, Philippe Decouflé, Sidi Larbi Cherkaoui, Deborah Warner, Ute Lemper, Luc Bondy y Rodrigo García. Habrá que esperar a ver el sabor de este plato exótico entre dos estaciones.

 

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