Manuel Simón
Ahora que el mapa de festivales en la ciudad de Madrid
está cambiando, ya que el que fuera Festival de Otoño ha
pasado a ser llamado Festival de Otoño en Primavera, ha
provocado que el resto de muestras se muevan en el
calendario para hacerse un hueco en ella. Así, en el
primer trimestre, casi al tiempo, han coincidido
Teatralia, Escena Contemporánea y la Muestra de las
Autonomías. Una oportunidad idónea para comprobar el
estado de las diferentes líneas de teatro que se
realizan a día de hoy en nuestro país y más allá de
nuestras fronteras.
Quince años tiene mi amor
Desde hace quince años, la Muestra de Teatro de las
Autonomías se ha ido consolidando como una de las citas
ineludibles de la temporada escénica madrileña. Este
certamen anual se creó con el objetivo de brindar a las
compañías de diferentes lugares de España un espacio de
expresión y una ventana abierta a sus ricos y diversos
proyectos. Desde mil novecientos noventa y seis, por el
Círculo de Bellas Artes han pasado más de un centenar de
agrupaciones teatrales de muy diversa procedencia que
han estrenado cerca de un centenar de obras de autores
contemporáneos de distintas generaciones y han puesto de
manifiesto la pujanza de un teatro plural y no
condicionado por intereses espurios. Año tras año, este
certamen ha ido consiguiendo que el público tenga acceso
a propuestas que difícilmente podrían llegar por sí
solas a Madrid. De este modo, queda patente la
extraordinaria vitalidad del teatro que se realiza fuera
de los núcleos escénicos comerciales.
En esta decimoquinta edición el programa ha querido
jugar con esa cifra, convocando a quince compañías, con
quince espectáculos venidos de quince autonomías. Si
bien ésta podría haber sido la ocasión de tener el mapa
exacto de la actualidad escénica del país en cuanto al
tipo de producción que hacen compañías de mediano
formato, no pudo ser, lo expuesto no tuvo el nivel
deseado, dejándonos un gran interrogante sobre qué tipo
de teatro se hace, a día de hoy, en el territorio
español.
La década prodigiosa
La décima edición del Festival Escena Contemporánea, que
se celebró entre el diecinueve de enero y el quince de
febrero de dos mil diez en Madrid, contó con más de
ochenta actuaciones de veintitrés compañías de teatro
experimental, acciones de calle, danza, performance
y arte sonoro de todo el mundo. Organizado por la
Asociación Cultural Escena Contemporánea, integrada por
el Teatro Pradillo, la Sala Cuarta Pared, ARTEMAD y la
Coordinadora Madrileña de Salas, el festival contó,
además, con la promoción de la Consejería de Cultura y
Deporte de la Comunidad de Madrid y subvención del
Ministerio de Cultura a través del INAEM. Escena
Contemporánea, en esta edición, centró su programación
en las propuestas escénicas más arriesgadas, el teatro
no convencional, las nuevas dramaturgias y las piezas
multidisciplinares, con el fin de convertirse en un
reflejo de la creación contemporánea, tanto nacional
como internacional. Este empeño le hizo merecedor, en el
año dos mil nueve, del Premio Max de Nuevas Tendencias y
del Premio a la “Mejor Programación Teatral de España”
de la Feria Internacional de Teatro y Danza de Huesca.
La mirada del otro...
Todas las piezas de la décima edición de Escena
Contemporánea partieron de la alteridad, la posibilidad
de cambiar la propia perspectiva por la del “otro”,
considerando otros puntos de vista, intereses o
ideologías. Cada espectáculo tuvo su voz única y fue un
desafío para el espectador, invitándole a tomar parte en
una experiencia individual o colectiva. Estas propuestas
obligaron a que el público se sumergiese en una
programación donde se mezclaron relaciones entre
conocidos y desconocidos, padres e hijos, jóvenes y
adultos, poder e individuos. El programa,
independientemente del lenguaje que utilizó en cada
pieza, promovió también encuentros interculturales entre
distintas razas y nacionalidades, además ofreció una
interesante perspectiva de género a través de obras
creadas e interpretadas por mujeres como Shantala, Sònia
Gómez, Paloma Calle, Louisa Merino, Sara Serrano o
Antonia Baehr.
Todas estas previsiones y balances, que de algún modo,
se confirmaron en el transcurrir del festival, nos
dejaron un cierto sabor a poco, a cierta decepción
conforme se iban desarrollando las distintas
representaciones y ciclos. Poco de lo prometido se
cumplió, todo adquirió un tono más superficial y falto
de compromiso artístico del previsto. Un nuevo Ciclo
Autor subió en parte el nivel de la muestra, que en este
caso se dedicó a David Hare.
David contra Goliat
Teatralia, el Festival Internacional de Artes Escénicas
para Niños y Jóvenes de la Comunidad de Madrid llegó a
su decimocuarta edición. Catorce años acercando el
teatro, la música, los títeres y la danza a un público
difícil y exigente, que no es ajeno al concepto de
calidad y que ha sabido acompañarnos con su presencia en
las miles de representaciones ya realizadas. Teatralia
ha sabido a lo largo de estos catorce años crecer y
enriquecerse con lo mejor de las artes escénicas para
niños y jóvenes que se hace en el mundo. La programación
se cerró este año con un total de treinta y tres
espectáculos, veinte de ellos venidos de más allá de
nuestras fronteras, afianzando un año más el carácter
eminentemente internacional del festival. Entre los
países participantes: Francia, Canadá, Italia, Portugal,
Rusia, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Inglaterra y Suiza.
Y de nuestro país, llegaron espectáculos desde Cataluña,
Andalucía, Galicia, Castilla y León y también de Madrid,
Comunidad que organiza el festival. Esta programación se
desarrolló en más de sesenta espacios escénicos de la
capital y en treinta y nueve municipios de la región.
Alrededor de cincuenta mil espectadores pudieron ver
alguna de las más de doscientas cincuenta funciones que
tuvieron lugar durante el festival. Para algunos de
ellos fue la primera vez que asistieron a un espectáculo
en vivo, otros muchos renovaron el encuentro con el
teatro, la música y la danza y volvieron a ser testigos
de un hecho único e irrepetible como es una
representación teatral, distinta siempre una de la otra,
y fueron partícipes así de la magia de la creación
artística. A la experiencia piloto iniciada el año
pasado de realizar funciones traducidas con el lenguaje
de signos para niños y niñas con discapacidad auditiva,
que este año se repitieron, se unió la realización de
una función en el módulo familiar de uno de los centros
penitenciarios de la Comunidad, incidiendo así en el
reto de que Teatralia llegue cada año a más personas.
Independientemente de las cifras y las voluntades por
hacer un festival de gran nivel, lo que está claro es
que resulta el marco más interesante de todas las
muestras que se organizan oficialmente desde Madrid, un
lugar en el que puede participar casi la familia al
completo, donde las propuestas son innovadoras y de gran
nivel, alentando así a los profesionales españoles a
hacer un teatro para la infancia con respeto,
facilitando también que el público de mañana forme su
criterio y gusto en muy buenas condiciones. En esta
ocasión, el que parece festival más pequeño, David-Teatralia…
derrotó a todos los demás Goliats.
El otoño de la primavera
No, no es una nueva estación en el año, es sencillamente
como se ha denominado al Festival de Otoño al
trasladarlo a la primavera. Según sus responsables, al
cierre de la edición de este número de
La Ratonera,
se mantiene el nombre por si hubiera que regresar a su
ubicación original. En esta ocasión y dado que el cambio
que se ha realizado ha provocado que haya dos festivales
en una misma temporada, este otoño primaveral será menos
intenso y extenso que sus predecesores ya que no ha
habido el tiempo suficiente para realizar una
programación de altura como venían ofreciéndonos hasta
ahora, no obstante, han conseguido que entre los nombres
de reclamo de esta edición, figuren creadores como Peter
Brook, Declan Donnellan, Philippe Decouflé, Sidi Larbi
Cherkaoui, Deborah Warner, Ute Lemper, Luc Bondy y
Rodrigo García. Habrá que esperar a ver el sabor de este
plato exótico entre dos estaciones.