ESCENA 1
La escena se va iluminando poco a poco. Se escuchan
susurros diciendo “tic-tac”, que se entremezclan con la
música. Una vez iluminada la escena vemos a dos
personas, “Él” y “Ella” que acompañan el “tic-tac” con
un suave balanceo corporal. Tanto el sonido como el
balanceo van frenándose y ambos se ponen en pie.
Él:
Tic.
Ella:
Tac.
Él:
Horas.
Ella:
Minutos.
Él:
Segundos.
Ella:
Décimas…
Él:
…de segundo. Milésimas…
Ella:
…de segundo.
Se miran.
Él:
Pero ésta no es la historia de un minuto.
Ella:
Ni de un segundo.
Él:
Ni de una hora.
Ella:
No.
Él:
No.
El fondo de la escena se ilumina y vemos el viejo taller
abandonado de un relojero.
Ella:
Un taller.
Él:
Un viejo taller.
Ella:
De relojes.
Él:
Sin relojero.
Ella:
Hubo un relojero.
Él:
Sí. Hubo un relojero.
Ella:
Hace mucho tiempo.
Él:
En su taller.
Ella:
Pero ésta no es la historia de un taller.
Él:
No, ni de un relojero.
Ambos:
No.
Él:
Una torre.
Ella:
Una gran torre.
Él:
Muy alta.
Ella:
Y un reloj.
Él:
Un enorme reloj.
Ella:
En lo alto de la torre.
Él:
Pero ésta tampoco es la historia de una torre.
Ella:
Ni del reloj… de la torre.
Él:
No.
Ella:
No.
Él:
Engranajes…
Ella:
Cuerdas…
Él:
Manecillas…
Ella:
Tuercas…
Él:
Pequeñas piezas que componen…
Ella:
El reloj.
Él:
De la torre.
Ella:
En la que se encuentra el taller.
Él:
El viejo taller.
Ella:
Abandonado.
Él:
Sin relojero.
Ella:
Pero ésta no es una historia de engranajes.
Él:
Ni de tuercas.
Ambos:
(Mirándose.) ¿O sí?
ESCENA 2
Se acercan a primer término del escenario donde se sitúa
un gran reloj de péndulo. Posiblemente esté cubierto de
alguna manera o se empieza a componer y se descubre ahí.
Él:
(Señalando la aguja grande del reloj.) Ésta es la
historia del señor Tic.
Ella:
Sí, aunque ésta no es sólo la historia del señor Tic.
Él:
El señor Tic siempre tenía prisa.
Ella:
Mucha prisa.
Él:
Iba corriendo a todas partes.
Ella:
Por eso no era capaz de engordar ni un gramo.
Él:
No. El señor Tic era larguirucho y delgado.
Ella:
Muy delgado.
Él: Era inquieto, no podía estar demasiado tiempo en un
mismo sitio. Se aburría.
Ella:
Era nervioso.
Él:
Muy nervioso. No solía establecer relación alguna con
nadie, porque cuando lo intentaba… siempre tenía que
marcharse en lo mejor de la conversación.
El señor Tic cobra vida, de alguna manera se coloca en
el tres del reloj y habla.
Sr. Tic:
…y ya le digo señor Tres, al dueño de la casa no se le
ocurre otra cosa que colocar a mi primo el señor
Rapidillo, segundero de profesión, en el reloj del
comedor. Imagínese qué cuadro. Total que… ¡Adiós, tengo
que marcharme!
Ella:
(Girando la aguja hasta volver a colocarla en el
número tres.) Y cuando tras un tiempo volvía a
encontrarse con el señor Tres…
Él:
No se acordaba de aquella conversación, porque además el
señor Tic, era despistado.
Ella:
Muy despistado.
Sr. Tic:
¡Caramba, señor Tres! …como le estaba contando la última
vez que nos vimos, mi abuelo la aguja del reloj de la
torre con los años había perdido sus reflejos y se
retrasaba considerablemente, así que lo mandaron a
arreglar a… ¡Adiós, tengo que marcharme!
Ella:
Así transcurría la vida del señor Tic.
Él:
Al señor Tres le contaba el final de la historia que
había empezado a contarle en otro momento al señor
Nueve.
Ella:
Al señor Cinco le contaba la mitad de la aventura que
había compartido con el señor Dos…
Él: Al señor Siete no le hablaba ¡porque le confundía
con el señor Cuatro! con el que había tenido una
discusión terrible por llamarle despistado.
Ella:
Y al señor Nueve empezaba a contarle una historia que no
le sonaba de nada.
Él:
Sí. Al señor Tic, le encantaba contar historias.
Ella:
Conocía cientos de ellas. Era la manecilla de reloj más
antigua de todas las que había en el taller.
Él:
Había pasado por distintos relojes a lo largo de su
existencia.
Ella:
Adoraba recrear todas la experiencias que había vivido y
recordaba a todos y cada uno de los relojes a los que
había pertenecido.
Él:
De alguna manera el señor Tic intentaba mantenerlos
vivos a través de sus historias. Pero como os decíamos
antes, ésta no es sólo la historia del señor Tic.
Ella:
No, no, no. Además ésta es la historia de la señora Tac.
Coloca la otra manecilla del reloj.
Él:
La señora Tac era muy, muy tranquila.
Ella:
Sí. Tal vez demasiado. Al contrario del señor Tic, nunca
parecía tener prisa por hacer nada, ni por ir a ninguna
parte.
Él:
Así que se pasaba largo rato en un mismo lugar sin
realizar ninguna actividad.
Ella:
Por esa razón estaba gordita. La falta de ejercicio
había hecho de ella una manecilla pequeña y regordeta.
Él:
Así es, pero aparte de eso, la señora Tac era
encantadora…
Ella:
Adorable…
Él:
Simpática...
Ella:
Entrañable. A la señora Tac, le encantaba escuchar
historias.
Él:
Como nunca tenía prisa…
Ella:
…se ponía lo más cómoda posible y les pedía a sus amigos
los números que le contaran historias.
Él:
A poder ser… de relojes.
Ella:
Eran sus preferidas.
Él:
Sólo había un problema.
Ella:
Un pequeño problema.
Él:
Sus amigos los números no se sabían ni una sola historia
al completo.
Sra. Tac:
Pero mi buen amigo Cinco, ¿por qué razón, me habla usted
del charco en el que se cayó el cronómetro de aquel
hombre?... lo que yo quiero saber realmente es lo que le
ocurrió al cuco cuando se escapó de su hogar en el
confortable reloj suizo y se fue en busca de
aventuras…dígame qué ocurrió y, no se apresure… tengo
que estar aquí un buen rato…
Él:
Pero la señora Tac, terminaba escuchando el final de una
historia que nada tenía que ver con la que ella quería
oír. Finalmente la señora Tac se rindió ante la
evidencia. Era imposible que le contaran una historia
entera. No le quedaba más remedio que enfadarse con sus
amigos los números o bien escuchar. Así que con su
habitual paciencia la señora Tac, escuchaba… y
escuchaba… pensando que tal vez con el próximo número
tendría más suerte.
Sra. Tac:
(Somnolienta.) ¿De veras?... ¡Qué interesante!
Realmente inquietante… ¿Sabe?, éste sería un final
perfecto para una historia que el señor Dos me contó
hace algún tiempo… ¡Qué curioso! ¿Verdad que sí?
Él:
¡Pobre señora Tac! Con lo que le gustaban las historias
y no conseguía escuchar ninguna entera. Una mañana, la
señora Tac se despertó más activa de lo habitual y a
punto de encontrarse con el señor Nueve, decidió que se
habían terminado las historias a medias.
Sra. Tac:
Ya no puedo soportar por más tiempo esos finales sin
principio y esos principios sin final.
Él:
(Susurrándole para ayudarle.) Y esas mitades.
Sra. Tac:
¿Eh?
Él:
Esas mitades…
Sra. Tac:
Ah, sí, sí, sí. Y esas mitades que no sé de dónde vienen
ni a dónde van. He decidido… (Creando suspense.)
¡Crear mis propios finales y mis propios principios!
Él:
(Asombrado.) ¿Cómo?
Sra. Tac:
Querido, si hay algo que me sobra es… tiempo.
Él:
La señora Tac decidió poner su plan en práctica esa
misma mañana.
Sra. Tac:
Buenos días, señor Nueve, qué lindo día hace hoy,
¿verdad que sí? Estoy segura de que lucirá un
maravilloso sol.
Sr. Nueve
¿Sol? ¿Sol? ¿Qué me recuerda esa palabra?
Sra. Tac:
(Ansiosa.) ¿Una historia tal vez?
Sr. Nueve:
Bueno, en realidad, creo que el comienzo de una… Siempre
he querido saber cómo terminaba.
Sra. Tac:
¿Por qué no me la cuenta?, sería una bonita forma de
empezar este soleado día.
ESCENA 3
Sr. Nueve:
Esta historia ocurrió hace mucho, mucho tiempo, en un
lugar de la tierra muy alejado llamado… Egipto.
Toda esta historia se narra mediante un teatrillo de
sombras.
Sr. Nueve:
Allí trabajaba duramente un joven llamado “Khalid”.
Khalid transportaba enormes bloques de piedra destinados
a hacer construcciones encargadas por el Faraón que era
algo así como el rey de aquellas tierras. (Se
transforma en el Faraón.)
Figura del Faraón.
Faraón:
Súbditos, tengo que hablaros. He soñado de nuevo con una
gran edificación en forma de pirámide. Veamos ¿Cómo
podría llamarla esta vez? Creo que la llamaré Keops. No,
no, no, mejor Micerinos. La llamaré Micerinos. Ejem,
Ejem… Quiero que Micerinos esté en pie la semana que
viene. Reconoceréis que es un plazo más que razonable,
así que… no admito excusas. ¡A trabajar!
Sr. Nueve:
Dicho esto el faraón se iba a descansar al tiempo que
sus súbditos se armaban de valor para comenzar con el
trabajo.
Egipcios arrastrando piedras.
Ambos:
¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!
Se van quedando sin fuerzas.
Ambos:
Vamos... Vamos... Vamos...
Sr. Nueve:
Tanto Khalid como sus compañeros acababan exhaustos la
jornada.
Khalid:
Nunca conseguiremos construir la pirámide en tan poco
tiempo. Los bloques de piedra son demasiado pesados,
nosotros perdemos fuerza día tras día y el sol… si al
menos no hiciera tanto calor…
Egipcios arrastrando piedras cada vez más cansados.
Ambos:
Vamosss, vamosss, vamosss.
Sr. Nueve:
Esa noche cuando intentaba descansar sin conseguirlo,
Khalid pensó en posibles soluciones al problema.
Khalid:
Veamos… no podemos pedirle al faraón que nos dé más
tiempo, porque se enfadará. No podemos trabajar más
horas, porque no lo resistiríamos… ¡ya sé!, hablaré con
el sol y le pediré que no nos abrase tan fuerte.
Sr. Nueve:
Dicho esto, Khalid consiguió dormir. Aunque sólo un
ratito porque muy, muy temprano se fue a buscar al sol.
Caminó largo rato hacia las montañas y una vez allí
eligió la más alta de todas.
Montañas.
Khalid:
¡Hmmmmmm!
Sr. Nueve:
Y subió sin descanso hasta llegar a la cima.
Khalid en la cima de la montaña.
Khalid:
¡Uff! No puedo creer que lo haya conseguido… no puedo
más.
Khalid desmayado en lo alto de la montaña.
Sr. Nueve:
En ese momento… un enorme sol comenzó a salir de un
lateral de la montaña.
Ella se transforma en Sol.
Sol:
¡Vaya, vaya! ¿Se puede saber de dónde has salido tú? ¿Es
que quieres que te derrita como a un helado en agosto?
Khalid:
No, no, no. No es eso, señor Sol, verá yo… he venido…
porque… necesito pedirle un gran favor, si usted pudiera
escucharme tan sólo un momento… no le robaré mucho
tiempo, se lo prometo…
Sol pensando.
Sr. Nueve:
El sol no pudo por menos que admirar la valentía del
muchacho, así que decidió escucharle.
Sol:
Adelante, pero date prisa chico, llego tarde a trabajar.
Khalid:
Sí, yo también, precisamente de eso quería hablarle… del
trabajo.
La escena se detiene.
Sra. Tac:
Siga, siga, señor Nueve, por lo que más quiera, no me
tenga en ascuas, ¿qué le respondió el sol a Khalid?
¿Llegaron a un acuerdo? ¿O se negó a ayudarle? ¡Pobre
Khalid! Pero vamos hombre, no se detenga, que está en lo
mejor de la historia…
Él:
A la señora Tac, se le había olvidado que los números no
se sabían ninguna historia completa.
Sra. Tac:
¡Venga!, siga contando. No se detenga.
Él:
¡Señora Tac! ¡Señora Tac!
Sra. Tac:
¿Qué?
Él:
(Haciéndola entrar en razón.) El señor Nueve no
sabe más de la historia.
Sra. Tac:
¡Oh! ¿Y qué haré ahora?
Él:
Pensé que había decidido crear sus propios finales.
Sra. Tac:
Es cierto… ¿Usted cree que yo?...
Él:
Inténtelo.
Sra. Tac:
(Más calmada.) Bien… lo intentaré.
Vuelve la escena de Egipto.
Sra. Tac:
El sol escuchó atentamente la historia de Khalid y,
sintiendo lástima de él, consintió en ayudarle en la
medida de sus posibilidades.
Sol:
No te preocupes muchacho, te garantizo que el sol no
será un problema... ni para ti, ni para tus compañeros.
Khalid:
Gracias, señor Sol, muchísimas gracias… Adiós, debo ir a
trabajar.
Sol:
Un momento muchacho… ¿Es que piensas que te dejaré ir
sin pedirte algo a cambio?
Khalid:
¿Qué quiere a cambio?
Sol:
Compañía.
Khalid:
¿Compañía?
Sol:
Sí. Me aburro tanto aquí en la montaña… Lo único que
hago es salir y esconderme, salir y esconderme, salir y
esconderme. Nunca tengo a nadie con quien hablar y me
siento terriblemente solo.
Khalid:
Pero… tenemos que terminar la pirámide del faraón. Si
Micerinos no está construida en cinco días se enfadará
mucho con nosotros y entonces no habrá servido de nada
el que yo haya subido hasta la cima de esta montaña, ni
que me haya atrevido a hablar con usted, ni que usted
haya accedido a ayudarme, ni…
Sol:
Vale, vale, vale. Tranquilo, chico ¿dices que sólo os
quedan cinco días?
Khalid:
Sí. El Faraón nos dio siete pero ya hemos gastado dos.
Sol:
O sea que vuestro mayor problema no es el calor sino…
(Enfatizando.) ¡EL TIEMPO!
Khalid:
Así es. Si pudiéramos hacer algo para alargar el plazo…
Sol:
Tal vez yo pueda ayudarte con eso…
Khalid:
¿Cómo?
Sol:
(Entusiasta.) ¡Mediremos el tiempo!
Khalid:
¿El tiempo?
Sol:
Construiremos un gran reloj.
Khalid:
¿Un reloj?
Sol:
De sol.
Khalid:
¿De sol?
Sol:
¿Vas a repetir todo lo que diga, chico?
Khalid:
Disculpe, lo siento, es que no sé cómo…
Sol:
¿Acaso no me crees capaz de hacerlo?
Khalid:
Oh sí, sí, sí, pero ¿qué conseguiremos construyendo un
reloj de sol?
Sol:
¡Engañar al Faraón!
Khalid:
¿Engañar al F…? (Se da cuenta de que está nuevamente
repitiendo lo que el sol dice y se frena.) Lo
siento.
Sol:
¿Aún no lo ves claro?, en “este” reloj de “sol”, “yo”
seré el “Sol”. Podré alargar los días y las noches tanto
como quiera… podréis terminar la pirámide y construirle
al Faraón una esfinge de propina.
Khalid:
(Entusiasmado.) ¿Cómo funciona un reloj de sol?
Sol:
Muy fácil, a través de la sombra que proyecta.
Dependiendo de dónde esté la sombra es una hora u otra.
El Faraón podrá saber qué hora es y yo podré hacer que
un minuto dure días…
Ambos:
¡Adelante! Construyamos ese reloj. (Se ríen.)
Vuelven las sombras.
Él:
Así fue como Khalid, ayudado por el sol, consiguió
engañar al mismísimo Faraón de Egipto y tomándose su
tiempo construyeron la pirámide Micerinos. ¡Ah! Y por
cierto de propina…
Se ve la esfinge.
ESCENA 4
Él:
La señora Tac, había conseguido su primera historia de
relojes completa.
Ella:
Eso la animó mucho, porque pensó que si había sido capaz
de crear un final, también podría crear un principio.
Él:
Coleccionaría historias…
Ella:
…de relojes.
Él:
Historias que después compartía con los números.
Ella:
A veces ella las empezaba…
Él:
…otras adornaba con suspense la mitad…
Ella:
…y otras asombraba a los números con sus finales.
Él:
Siempre imaginando historias.
Ella:
Siempre…
Él:
No. Siempre no.
Ella:
¿No?
Él:
No. No siempre.
Ella:
Es verdad, no siempre.
Él:
Algunas veces la señora Tac coincidía con el señor Tic
en un mismo número.
Ella:
No era un encuentro agradable.
Él:
No, no lo era.
Señor Tic y señora Tac espalda con espalda.
Sr. Tic:
¡Ay!
Sra. Tac:
¡Uy!
Sr. Tic:
¡Ay!
¡Ay!
Sra. Tac:
¡Uy, uy, uy!
Sr. Tic:
¡PFFFFFFF!
Sra. Tac:
La, la, la…
Sr. Tic:
Bueno, bueno, bueno…
Sra. Tac:
Vaya, vaya, vaya…
Sr. Tic:
(Alzando la voz.) Bueno, bueno, bueno…
Sra. Tac:
(Perdiendo un poco la paciencia pero recuperando la
sonrisa enseguida.) ¡Vaya, vaya, vaya!
Vuelven a ser Él
y Ella.
Él:
Ésta era toda la conversación que el señor Tic y la
señora Tac mantenían en sus encuentros.
Ella:
Encuentros que se producían con una cierta regularidad.
Él:
La señora Tac siempre había querido entablar
conversación, pero… justo cuando estaba a punto de
atreverse…
Ella:
…el señor Tic se iba.
Él:
Así que nunca hablaban.
Ella:
Hasta que un día…
Espalda con espalda.
Sr. Tic:
¡Atchísss!
Sra. Tac:
¡Salud!
Sr. Tic:
Gracias.
La señora Tac le da un pañuelo.
Sr. Tic:
Gracias… otra vez.
Sra. Tac:
¿Constipado?
Sr. Tic:
Un poco…
Sra. Tac:
Bueno, bueno, bueno…
Sr. Tic:
Vaya, vaya, vaya.
Sra. Tac:
(Armándose de valor.) Soy la señora Tac. Creo que
hemos coincidido alguna vez.
Sr. Tic:
Es posible… soy el señor Tic.
Se vuelven y quedan uno frente al otro.
Ambos:
Encantado/a.
Se miran un segundo y vuelven espalda contra espalda.
Sra. Tac:
Vaya… es usted muy alto señor Tic…
Sr. Tic:
Bueno… es usted muy baja.
Sra. Tac:
(Contrariada.) ¡Oh!
Sr. Tic:
Quiero decir… es usted muy maja, señora Tac.
Sra. Tac:
(Coqueta.) ¡Ah!
Sr. Tic:
(Sin saber qué decir.) ¿Estudia o trabaja?
Sra. Tac:
¿Eh? ¿Yo?
Sr. Tic:
¿Sí?
Sra. Tac:
Yo… yo… yo… escucho.
Sr. Tic:
¿Escucha?
Sra. Tac:
Historias.
Sr. Tic:
¿De qué?
Sra. Tac:
¡De relojes!
Sr. Tic:
(Emocionado.) ¡RELOJES!
Sra. Tac:
Sí. A veces…, a veces también las cuento…, bueno sólo la
parte que falta, no se vaya a pensar. ¿Y usted?
Sr. Tic:
¿Yo?
Sra. Tac:
Sí, usted. ¿Estudia o trabaja?
Sr. Tic:
Yo cuento.
Sra. Tac:
¿Cuenta?
Sr. Tic:
Historias.
Sra. Tac:
¿De qué?
Sr. Tic:
De relojes.
Sra. Tac:
¡Relojes!
Sr. Tic:
¿Quiere que le cuente una?
Sra. Tac:
Sí, por favor. ¿Se sabe alguna entera?
Sr. Tic:
Por supuesto. ¿Qué se cree? Está usted hablando con un
experto en relojes. He conocido cientos de ellos.
Durante un tiempo trabajé de guía en el “Museo del
reloj”.
Sra. Tac:
¿Qué está usted diciendo? Eso es maravilloso. Adelante,
cuénteme.
Sr. Tic:
Si insiste… Era yo una joven aguja cuando me ofrecieron
el trabajo. Siempre había querido conocer a mis
antepasados así que… ¡ADIÓS, TENGO QUE MARCHARME!
Vuelven a ser Él
y Ella.
Él:
La señora Tac se quedó compuesta y sin historia.
Ella:
Aquella noche la señora Tac se durmió pensando en el
señor Tic.
Él:
Y soñó.
Ella:
Sí. Soñó con un apuesto guía de museo.
ESCENA 5
Todo ocurre en el sueño de la sra. Tac y en luz negra.
Sr. Tic:
Adelante, vayan pasando, vayan pasando… acérquense a mí
todo lo que puedan… bien… veo que son un grupo numeroso…
por favor intenten mantenerse en silencio para que no
tenga que alzar demasiado la voz, soy propenso a la
afonía. ¿Y bien? ¿Ya están todos? Perfecto, podemos
empezar. Mi nombre es Tic. Señor Tic. Seré su guía en
este “museo del reloj”. Intentaré explicarlo todo con
claridad. Si tienen alguna pregunta es posible que no
obtengan respuesta porque andamos justos de tiempo… hay
muchos relojes y pocos minutos. ¿Preparados? ¡COMIENZA
LA VISITA!
Todos los relojes que van a aparecer lo hacen enmarcados
como cuadros.
Sr. Tic:
Este recorrido a través del tiempo empieza… muy, muy
atrás. Desde siempre el hombre ha sentido la necesitad
de controlarlo, cuantificarlo, manipularlo… Las antiguas
civilizaciones lo hicieron guiándose por los ciclos de
luz-Oscuridad y por las fases lunares.
Aparece una luna que después gira y se transforma en
sol.
Ella:
(Haciendo de luna.) ¡Ptchsss! Sol, sol, sal que
te toca, ya es de día.
Sr. Tic:
Continuamos. Sin empujar señora, sin empujar, no se me
arremolinen. 3000 años antes de Cristo los chinos
utilizaban… relojes de sol. A través de la sombra
proyectada en la tierra podían saber casi con exactitud
qué hora del día era.
Aparece un reloj de sol.
Ella:
(Cantando.) Sombla aquí y sombla allá, sombla
aquí y sombla allá.
Sr. Tic:
¡Ah! Y llegamos al Imperio romano. Los romanos con su
habitual creatividad idearon un curioso método para
medir el tiempo. Se trataba de unas velas que marcaban
como si fueran una regla y controlaban la hora
dependiendo de lo que se consumía la vela. Estos
romanos…
Aparece una regla vela.
Ella:
¡Ay, ay! Que me consumo.
Sr. Tic:
Por aquí, por favor, síganme. Ahora nos vamos a la
antigua Babilonia. Allí utilizaban para la medición
horaria unos relojes llamados “clepsidras”. Estos
primitivos artilugios funcionaban ni más ni menos que
con agua.
Aparece un reloj clepsidra.
Ella:
Bueno ¡Hip!, no hace falta ¡Hip!, que sea agua ¡Hip!
Sr. Tic:
Las clepsidras fueron los antepasados más directos de
otros conocidos relojes… los de arena. El sistema era el
mismo, simplemente en lugar de agua u otro líquido
utilizaban arena…
Aparece un reloj de arena.
Ella:
Media vuelta, ¡hop!
Sr. Tic:
Acompáñenme por aquí. Numerosos científicos buscaron
durante años la forma de controlar el tiempo mediante un
movimiento rotatorio, regular, y así nació el famosísimo
reloj mecánico.
Aparece un reloj con una llave inglesa.
Ella:
El mecánico. Sí señor, ése soy yo.
Sr. Tic:
Un gran salto sin duda. Y llegan los motores al mundo
del reloj. El primer motor de reloj era de pesas y se
hizo habitual verlos en iglesias y catedrales.
Aparece un reloj haciendo pesas.
Ella:
Uno - dos, uno - dos.
Sr. Tic:
No menos sorprendente es la invención del oscilante
reloj de “péndulo”.
Reloj de péndulo.
Ella:
¡Yheeeeeeeeeee…pa!, ¡Yheeeeeeeeeee…pa!
Sr. Tic:
Y ya en nuestros días querido grupo, tenemos la era
digital. Tengo que decir que a mí me parece una enorme
falta de respeto eso de prescindir de las agujas, pero
en fin… tiene que haber de todo.
Reloj digital.
Ella:
¡Qué pasa! Soy el más modernillo.
Sr. Tic:
Bien, ésta ha sido la visita guiada por el museo del
reloj. Espero que haya sido de su agrado y ahora, si me
disculpan, me espera el siguiente grupo… ¡adiós, tengo
que marcharme!
ESCENA 6
Ella:
La señora Tac se despertó con una sospechosa sonrisa en
los labios…
Él:
…y con un nerviosismo que no había sentido hasta ese
momento.
Ella:
Se moría de ganas de volver a ver al señor Tic.
Él:
Esperó pacientemente. Sabía que tarde o temprano
coincidirían en el mismo número.
Ella:
El señor Tic por su parte recordaba la historia que no
había terminado de contarle a la señora Tac y estaba
deseando encontrarse con ella para finalizarla.
Se transforman en agujas.
Sr. Tic:
Ya queda menos.
Sra. Tac:
Debe de estar a punto de llegar.
Ambos:
(Juntando las agujas en un punto.) ¡AY!
Sr. Tic:
¿Señora Tac?
Sra. Tac:
¿Sí? ¿Señor Tic?
Sr. Tic:
No, nada, nada… pasaba por aquí y… me preguntaba si…
querría escuchar el final de la historia que empecé a
contarle el otro día.
Sra. Tac:
¿Se refiere a la del museo?
Sr. Tic:
Veo que no la ha olvidado.
Sra. Tac:
No, señor Tic. Sobre esa historia creo que he sacado mis
propias conclusiones, ¿sabe?
Sr. Tic:
Vaya, para una vez que recuerdo de qué historia se
trataba…
Sra. Tac:
¿Qué tal si charlamos?
Sr. Tic:
Eh… bueno… no sé… ¿de qué?
Sra. Tac:
Hábleme de usted.
Sr. Tic:
¿De mí?
Sra. Tac:
Sí.
Sr. Tic:
En fin, no sé qué decirle sobre mí. No acostumbro a
contarle mi vida a la primera aguja que me sonríe.
Sra. Tac:
(De nuevo decepcionada.) ¡Oh!
Sr. Tic:
Eso ha sonado mal. ¿Verdad?
Sra. Tac:
¡Mucho! Siento si le he parecido indiscreta…
(Llora.)
Sr. TIC. - ¡Oh, oh!
Sra. Tac:
(Llorando.) Siempre hago lo mismo. Me gusta tanto
escuchar que termino preguntando cosas que no son asunto
mío… lo siento…
Sr. Tic:
No por favor, deje de llorar, ha sido culpa mía. He sido
muy brusco.
Sra. Tac:
No. Usted es un caballero. Pero yo soy una cotilla.
(Llora.)
Sr. Tic:
No siga llorando, se lo suplico. ¿Qué quiere saber de
mí? Soy nieto de la aguja del reloj de una torre enorme.
Nací en una relojería suiza. Mi madre era aguja de un
reloj de péndulo, muy indeciso, por cierto. Mi primo
Rapidillo es segundero en un reloj despertador y nunca
se retrasa… ni media décima… y yo… he aprendido de todos
ellos la profesión de minutero y la desempeño de la
mejor forma posible, mi vida se reduce a ir parando de
número en número y contar las historias de los relojes
que he conocido… nunca me había planteado nada más hasta
que…
Sra. Tac:
Hasta que…
Sr. Tic:
Hasta que la conocí a usted.
Sra. Tac:
¡Oh!
Sr. Tic:
¡Oh no! Adiós, tengo que marcharme.
Sra. Tac:
No, espere…
Sr. Tic:
No puedo…
Sra. Tac:
Hábleme de su abuelo, la aguja del reloj de la torre.
Sr. Tic:
¡Tenía vértigoooooo!
Sra. Tac:
¡Oh! ¿Vertigo? Qué faena. ¿Y era muy alta la torre?
¡Vaya! Se ha ido.
ESCENA 7
La escena va mezclando canciones con diálogos como si de
una opereta se tratase.
Abuelo:
Ya comienza. Hoy es mi día
y aunque empiece desde abajo
soy feliz y todo está bien
porque es mi primer día de trabajo.
He dormido como un tronco
y después de desayunar
voy corriendo a la calle, luciendo talle
y es que hoy empiezo a trabajar.
Siempre quise saber qué hacer,
cómo ganarme la vida
y hoy tendré mi oportunidad
y lo que tengo es que llegar puntual para demostrar
que soy eficaz
hoy empiezo a trabajar.
Coro:
Ya comienza. Hoy es su día
y aunque empiece desde abajo,
es feliz y todo está bien
porque es su primer día de trabajo.
Ha dormido como un tronco
y después de desayunar
va corriendo a la calle, luciendo talle
y es que hoy empieza a trabajar.
Abuelo:
¿Dónde me tocará? ¿En un cronómetro?
¿En un reloj de pulsera?
Es fantástico sentirse así
que todos se fijen en mí.
¿Y de reloj en la estación?
Dar la hora es mi pasión.
Me llena de emoción
decir: “señor, corra. Las ocho acaban de dar”
y el señor agradecido me sonríe
y yo le sonrío a él también
y como llegará muy pronto a casa
se irán a comer pastel.
Y el mundo siempre va mejor
teniendo cerca un buen despertador.
Te ayuda a madrugar, sin prisas caminar,
llegas pronto… y no te tienen que esperar.
¡Oh, no! ¡Llego tarde!
Entra el jefe en escena.
Jefe:
Qué bonito es el trabajo
si se hace con desparpajo.
Si trabajan como mulos
yo les doy regalos chulos.
Qué rentable es el trabajo
si los tienes a destajo.
Me trabajan como mulos
y les pago cuatro duros.
Mis obreros siempre antes tienen que venir
pues si llegan tarde los hago despedir
“la puntualidad es fundamental”.
Dinerito para mí.
“Y éste empieza a retrasarse”.
Minuto no trabajado
es un euro no ganado.
Abuelo:
Buenos días.
Jefe:
¿Qué tienen de buenos?
Abuelo:
Pues… muchas cosas, hace una mañana espléndida, he
dormido muy bien, estoy lleno de energía y sobre todo:
¡hoy empiezo a trabajar!
Jefe:
¿Estás seguro?, no acostumbro a dar empleo a quien se
retrasa tan escandalosamente en su primer día.
Abuelo:
No comprendo… pero si he llegado cinco minutos antes.
Jefe:
Tú lo has dicho, has tenido la osadía de llegar cinco
minutos antes. “Sólo cinco minutos antes”.
Abuelo:
Pero…
Jefe:
¡No hay pero que valga!, mis obreros han de llegar al
menos con una hora de antelación. En este trabajo ¡el
tiempo es oro!
Abuelo:
Lo siento mucho señor, estaba tan emocionado que supongo
que perdí la noción del oro, digo del tiempo.
(Entristecido.). Bien, será mejor que me vaya,
gracias por la oportunidad.
Jefe:
¿A dónde crees que vas?
Abuelo:
¿No va a despedirme?
Jefe:
¡Hmmmm! Lo dejaremos pasar por esta vez.
Abuelo:
Entonces, ¿el trabajo es mío?
Jefe:
Tuyo es.
Abuelo:
Gracias señor, le juro que no se arrepentirá.
Jefe:
Eso espero por tu bien y ahora… escucha. He de darte
algunos consejos.
Jefe:
Qué bonito es el trabajo
si se hace con desparpajo.
Abuelo:
Soy feliz y todo está bien
porque es mi primer día de trabajo.
Jefe:
Si trabajas…
Abuelo:
Diga usted que sí.
Jefe:
…como un mulo…
Abuelo:
Claro que lo haré.
Jefe:
…te daré…
Abuelo:
Algo me dará.
Jefe:
…regalos muy chulos.
Abuelo:
Muy bueno seré.
Fui corriendo a la calle, luciendo talle
y es que hoy empiezo a trabajar.
Jefe:
¡Aquí el trabajo es a destajo!
Abuelo:
Mi primer día. No me lo puedo creer.
Jefe:
Veo que eres un poco duro de oído.
Jefe:
Minuto no trabajado…
Abuelo:
¡Qué fuerte! ha cambiado mi suerte.
Jefe:
…es un euro no ganado.
Abuelo:
Qué suerte.
No me haga esperar
¿en dónde voy a trabajar?
Jefe:
Creo que ha quedado claro.
Abuelo:
Qué suerte.
No me haga esperar
¿en dónde voy a trabajar?
Jefe:
Minuto no trabajado…
Abuelo:
No me haga esperar
¿en dónde voy a trabajar?
Jefe:
…es un euro no ganado.
Abuelo:
No me haga esperar.
Jefe:
¡Anda, calla un poco
que me vuelves loco!
¡EN ESA TORRE!
Abuelo:
“Pero yo no puedo trabajar ahí arriba. Sufro vértigo
desde pequeño. Me marea la altura y si me caigo… me voy
a dar contra el suelo…”
Jefe:
¿No quieres el trabajo?
Abuelo:
Claro que lo quiero, pero…
Jefe:
Sube. Sube…
Abuelo:
¿Y no hay un puesto para mí…
Jefe:
Sube. Sube…
Abuelo:
…donde no tenga que subir?
Jefe:
No es un problema
tú quédate abajo.
Hay mucha gente
esperando el trabajo.
Abuelo:
Qué miedo me da…
Jefe:
Sube.
Abuelo:
Ya comienza. Es el día
en que caigo para abajo.
Jefe:
Sube ahora mismo, ¿o es que quieres que te despida?
Abuelo:
Ya comienza. Hoy es mi día
y aunque empiece desde abajo,
soy feliz y todo está bien
porque es mi primer día de trabajo.
He dormido como un tronco
y después de desayunar
fui corriendo a la calle, luciendo talle
y es que hoy empiezo a trabajar.
Siempre quise saber qué hacer,
cómo ganarme la vida.
Y hoy tendré mi oportunidad
y lo que tengo es que intentar llegar para demostrar
que no sé volar
y no me quiero estrellar.
Coro:
Ya comienza. Hoy es su día
y aunque empiece desde abajo,
es feliz y todo está bien
porque es su primer día de trabajo.
Ha dormido como un tronco
y después de desayunar
va corriendo a la calle, luciendo talle
y es que hoy empieza a trabajar.
Abuelo:
Ya he subido y ahora no puedo bajar
“mamaaaaaaá”.
ESCENA 8
Ella:
La señora Tac ya no se molestaba en disimular las ganas
que tenía de ver al señor Tic.
Él:
La paciente señora Tac, era ahora una aguja nerviosa e
impaciente.
Ella:
El señor Tic, ya no contaba historias a los números.
Él:
Era incapaz de concentrarse en algo que no fuera… la
señora Tac.
Ella:
Guardaba para ella las mejores historias de relojes.
Él:
Sabían cuándo estaba a punto de producirse el encuentro.
Ella:
Sí. Y no necesitaban un reloj para eso.
Él:
El señor Tic y la señora Tac aprendieron a medir el
tiempo por los latidos del corazón.
Ella:
Cuando el señor Tic se iba acercando… a la señora Tac le
latía muy fuerte el corazón.
Él:
Lo mismo le sucedía al señor Tic.
Encuentro señor Tic y señora Tac.
Sr. Tic:
Por fin.
Sra. Tac:
No veía la hora.
Sr. Tic:
Se me ha hecho eterno esta vez.
Sra. Tac:
¿Cuánto tiempo…?
Sr. Tic:
Poco ya lo sabe…
Sra. Tac:
No quiero saberlo
Sr. Tic:
Señora Tac, yo, yo quería decirle… que… (Cambiando de
conversación avergonzado.) se me ha aflojado una
tuerca y estoy un poco inestable. ¿Sabe?
Sra. Tac:
¡Oh! ¿Es grave?
Sr. Tic:
No lo creo. En realidad, señora Tac… no era eso lo que
quería decirle.
Sra. Tac:
¿Ah, no?
Sr. Tic:
No, (Valiente.) señora Tac…
Sra. Tac:
¿Sí, señor Tic?
Sr. Tic:
La amo.
Sra. Tac:
Y yo a usted.
Sr. Tic:
¡Ah! ¿Sí?
Sra. Tac:
Sí. Mi vida en este reloj ya no tendría sentido si no
fuera por nuestros encuentros. No vuelva a marcharse por
favor.
Sr. Tic:
Pero… tengo que hacerlo… soy una aguja de reloj… mi
trabajo consiste en moverme cada minuto que pasa.
Sra. Tac:
¡Dimita!
Sr. Tic:
Señora Tac.
Sra. Tac:
Señor Tic.
El señor Tic y la señora Tac bailan.
Sra. Tac:
Cuénteme una historia antes de irse…
Sr. Tic:
De acuerdo, escuche atentamente. Después de irme del
museo encontré trabajo en un relojería suiza y allí
conocí a… un reloj de cuco simpatiquísimo… ¡Adiós, tengo
que marcharme!
Sra. Tac:
¡Oh!
ESCENA 9
Aparece en escena un reloj de cuco.
Ella:
En la mismísima Suiza había una antigua relojería, y en
la mismísima relojería un antiguo reloj de cuco. Como
sabrán, la peculiaridad de estos relojes reside en su
forma de dar la hora.
Suena un cuco auténtico.
Ella:
Eso es. Cada hora en punto el cuco abre la puerta de su
casa y sale para emitir este singular sonido.
Suena otra vez un cuco.
Ella:
El reloj de cuco que había en la mismísima relojería que
existía en la mismísima Suiza era… más peculiar que el
resto. También cantaba, por supuesto, pero no de la
misma manera. Digamos que sus cantos eran… eran… Es
difícil de explicar; creo que será mejor que ustedes
mismos lo vean… casi son las doce en punto.
El reloj marca las doce, el cuco sale de la casita y
canta, pero lo que comienza como un cuco, termina por
convertirse en una canción tirolesa.
Ella:
Ya lo han escuchado, sobran las palabras. A la dueña del
reloj le encantaba que fuera tan diferente.
Dueña:
Este reloj es único en el mundo. Una auténtica rareza.
Ella:
Estaba orgullosa de poseer un cuco tan especial y no se
cansaba de escucharlo. Siempre que estaba en casa y veía
que iba a dar una hora en punto, se plantaba delante del
reloj para escuchar su canto.
Vuelve a sonar la canción tirolesa.
Ella:
Así lo hizo durante años… de forma que la dueña del
reloj acabó considerando al cuco como parte de su
familia. Tanto es así, que llegó un momento en que quiso
conocer al habitante de la casa un poquito mejor.
Llamando a la puerta de la casita.
Dueña:
¿Hola? ¿Señor Cuco? ¿Está usted ahí? ¿Hola…?
No obtiene respuesta.
Dueña:
Disculpe. Ya sé que no le toca salir todavía pero me
preguntaba si… en fin, le parecerá una tontería pero, es
que llevamos años viviendo juntos y nunca hemos hablado
una palabra. Si usted quisiera…
No obtiene respuesta.
Ella:
La dueña del reloj se desanimó un poco al no obtener
respuesta, pero al día siguiente volvió a intentarlo.
Llamando de nuevo a la puerta.
Dueña:
¿Señor Cuco?, soy otra vez yo, ¿podríamos hablar un
momento? No le robaré mucho tiempo. (A punto de tirar
la toalla.) Bueno, tal vez me he tomado demasiada
confianza, en fin sólo quería decirle que tiene usted la
voz más dulce y armoniosa que jamás haya salido de un
reloj… y que…
En ese momento el cuco abre la puerta y sale.
Cuco:
(Con una horrorosa voz ronca.) ¿Qué pasa?
Dueña:
(Asustada.) Pero…
Cuco:
¿Es que no puede uno disfrutar de su tiempo libre?
Dueña:
(Desconcertada.) Por supuesto, señor Cuco. Siento
mucho haberle molestado.
Cuco:
Lo siento, lo siento… aún me quedaban veinte minutos de
descanso antes de volver a cantar. (Burlándose.)
Lo siento, lo siento…
Dueña:
A cantar…
Cuco:
Sí, a cantar, a cantar. ¿Qué parte es la que no ha
entendido?
Dueña:
Pero… ¿usted es el cuco que ha cantado todos estos años?
Cuco:
(Ralentizando la respuesta.) Sssssssssssssí.
Dueña:
¿Ssssssssssí? ¿Ssssssssseguro?
Cuco:
¿Por qué lo pregunta?
Dueña:
Bueno…
Cuco:
¿Quién se lo ha dicho?
Dueña:
¿Decirme qué?
Cuco:
Ha sido ese maldito reloj de péndulo envidioso. ¿Verdad?
Dueña:
¿Decirme qué?
Cuco:
Siempre me ha tenido ganas, cuando lo agarre… si puedo,
porque con lo que se mueve…
Dueña:
¿DECIRME QUÉ?
Cuco:
¿Qué va a ser? ¡Que hago play-back!
Dueña:
¿Qué?
Cuco:
¡Oh, oh!
Dueña:
Sí. ¡Oh, oh!
Cuco:
(Escondiéndose y casi susurrando.) No era de eso
de lo que quería hablar.
Dueña:
(Seria.) Ahora mismo me va a contar toda la
verdad.
Cuco:
(Remolón.) Bueno… verá.
Dueña:
¡Ahora!
Cuco:
Vale, vale, vale, no me quedaba más remedio que hacer
esto. Con esta voz nunca me cogían en las entrevistas de
trabajo. ¿Qué quiere que le diga? Necesitaba este
empleo.
Dueña:
¿Me ha engañado todos estos años?
Cuco:
Sí.
Dueña:
Pero ¿Y la voz…?
Cuco:
Un disco.
Dueña:
¿Y EL DISCO?
Cuco:
Se lo compré a un tipo que los vendía en la calle, en el
suelo…
Dueña:
¡Está bien! Es suficiente, no quiero saber nada más.
Cuco:
(Sacando maletas.) Ha sido un placer trabajar
aquí estos años…
Dueña:
(Empezando a reírse cada vez más fuerte.)
Cuco:
Mañana a primera hora me iré.
Dueña:
(A carcajada limpia.) No, por favor, ja, ja, ja,
no lo haga… ja, ja, ja. Es lo mejor que he escuchado en
la vida… (Intentando recomponerse sin conseguirlo.) …quédese,
ja, ja, ja, no quiero que se marche…
Cuco:
¿Está segura?
Dueña:
Nunca he estado más segura de algo. (Sigue riéndose.)
Pero a partir de ahora… cantará con su voz.
(Carcajada otra vez.)
Cuco:
(Cantando.) Cuco, cuco. (Riéndose a
carcajadas.)
ESCENA 10
Él:
Así fue pasando el tiempo, entre engranajes…
Ella:
…tuercas…
Él:
…minuteros…
Ella:
…segunderos…
Él:
…números…
Ella:
…pero sobre todo entre historias.
Él:
Cientos de historias…
Ella:
…de relojes.
Él:
A veces las comenzaba el señor Tic…
Ella:
…y las terminaba la señora Tac.
Él:
Y otras veces las comenzaba la señora Tac…
Ella:
…y el señor Tic ponía el broche final.
Él:
Historias como la del preciso reloj atómico.
Ella:
Sí. Ni más ni menos que el premio Nobel de los relojes.
Él:
O la de aquel cronómetro que llegaba tarde a todas
partes.
Ella:
¿Y qué me dices de ese despertador que sonaba siempre
una hora antes?
Él:
Es verdad, lo recuerdo… Y también al reloj que trabajaba
en Nochevieja y odiaba cumplir años.
Ella:
¿Recuerdas al cuco que cantaba canciones tirolesas?
Él:
¿Cómo no?
Ella:
El señor Tic y la señora Tac fueron envejeciendo juntos.
Sra. Tac:
(Viejecita.) Señor Tic, siento haberme dormido…
Sr. Tic:
No, no me ha mordido, señora Tac.
Sra. Tac:
Dormido, dormido… je, je. Cada vez está más sordo señor
Tic.
Sr. Tic:
¿Ha cazado un tordo?
Sra. Tac:
Sordo… sordo…
Sr. Tic:
¡Ah!, sordo… ¿Señora Tac?
Sra. Tac:
¿Sí, señor Tic?
Sr. Tic:
Me duele hasta el último engranaje.
Sra. Tac:
Es la edad…
Sr. Tic:
Pues claro que es verdad.
Sra. Tac:
La edad, la edad…
Sr. Tic:
¡Oh!, sí será eso.
Sra. Tac:
¿Señor Tic?
Sr. Tic:
(No la oye.)
Sra. Tac:
¿Señor Tic?
Sr. Tic:
(No la oye.)
Sra. Tac:
¡SEÑOR TIC!
Sr. Tic:
¿Eh?
Sra. Tac:
Estoy… cansada…
Sr. Tic:
Pues claro que está casada… conmigo.
Sra. Tac:
Cansada, cansada.
Sr. Tic:
¡AH!... yo también.
Sra. Tac:
¿Una historia?
Sr. Tic:
¿Que si tengo memoria? ¡Mucha, ya lo sabe!
Sra. Tac:
Historia, una historia…
Sr. Tic:
¡Ah!, está bien. Elija la que más le haya gustado de
todas las que hemos compartido estos años.
Sra. Tac:
Una de amor.
Sr. Tic:
¿De terror? ¿Está segura? Mire que después no puede
dormir…
Sra. Tac:
De amor… una de amor.
Sr. Tic:
¡Ah! Mi romántica señora Tac. De acuerdo… hace mucho
tiempo…
Sra. Tac:
Pero… señor Tac.
Sr. Tic:
¿Sí?
Sra. Tac:
Entera.
Sr. Tic:
Ya sé que me espera… como siempre.
Sra. Tac:
No, señor Tac, entera, cuénteme una historia entera.
Sr. Tic:
Sabe que no puedo.
Sra. Tac:
Inténtelo.
Sr. Tic:
Tengo que marcharme… es mi trabajo.
Sra. Tac:
¡Quédese conmigo!
Sr. Tic:
¿Quiere un abrigo? ¿Tiene frío?
Sra. Tac:
Quédese.
Sr. Tic:
Tengo que marcharme…
Sra. Tac:
¡Nooo!
Sr. Tic:
Señora Tac… agárreme fuerte… sujéteme… no me quiero ir…
Sra. Tac:
(Agarrando al señor Tic con fuerza.) Quédese
conmigo…
Sr. Tic:
Sí, señora Tac. Me quedo. Me quedo aquí.
Sra. Tac:
(Mientras ambos se duermen.) Y ahora, señor Tic,
cuénteme la historia de aquellas agujas que estuvieron
juntas para siempre.
ESCENA 11
Otra vez a telón cerrado o abajo con el público.
Ella:
Ésta no ha sido la historia de una torre.
Él:
Ni de un reloj en la torre.
Ella:
Ni del viejo taller de relojes que había en el reloj de
esa torre.
Él:
Sin relojero.
Ella:
No había relojero.
Él:
Ni siquiera ha sido la historia de un reloj que se paró…
Ella:
…por amor.
Él:
No.
Ella:
No.
Él:
Ésta ha sido simplemente la historia del señor Tic.
Ella:
Ésta ha sido la historia de la señora Tac.
Oscuro.