Número 29. Mayo de 2010

Sindicalistas en el pozo

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l’encierru

de José Ramón López Menéndez

Traducción al asturiano: Eloy Antuña Zamarro

Producción: Teatro Kumen

Reparto: Cos Cueva Álvarez, Ernesto González Argüelles, Chus Prieto Pedregal, Laura Suárez Martínez

Diseño iluminación: Ángel Díaz Iris

Diseño y realización de vestuario: Azucena Rico

Diseño y realización de escenografía: Teatro Kumen, Nuria Trabanco Franco

Dirección: José Ramón López Menéndez

Boni Ortiz

Oscuro total en el escenario. Oímos unos ruidos, después un golpe y de manera inmediata, una buena retahíla de cagatos, blasfemias y juramentos. Dentro de la “boca de lobo” que es el escenario, hablan varios hombres. Se hace la luz y vemos a tres varones que están en el interior de una mina asturiana. La estupenda escenografía reproduce una galería que, por los elementos en hierro de cierre y contención del muro de la mina, situamos cerca del embarque y de la caña del pozo, así como por el telefonillo de manivela para conectar con el exterior y que, dicho sea de paso, junto a las petacas y lámparas que en determinado momento les bajarán, son del mismo modelo de las que conocí en La Camocha en los años setenta. Ellos son tres sindicalistas que inician un encierro para presionar a la empresa ante las negociaciones de un convenio que está generando dificultades y conflictos. Matías (Cos Cueva), es un liberado al que le costará acostumbrase al medio, ya que a pesar de ser responsable sindical de ámbito nacional, y llevar unos años en el aparato sindical de la minería, jamás había bajado a una de ellas. Es “el que sabe” como diría Agustín García Calvo, el “enterao”, el que manda, el que da indicaciones al los del exterior, elabora propuestas, incluso negocia por el telefonillo, además de arengar a los otros dos: a Luisín (Ernesto González) que es un poco “vivalavirgen”, apasionado, obcecado, bastante honrado y el más luchador; y Pedro (Chus Prieto) que es el probín, al que le vacilan por cornudo, incluso en el muro hay una pintada a tiza que se refiere a él y a su condición consentida de enastado... Asunto este de gran preocupación minera y que ha llevado a más de uno, vacilado y toreado por sus compañeros, a salir de la mina fingiendo enfermedad por coger infraganti a la supuesta adúltera y consorte. ¿No se lo creen? Pues estos ojitos que dios me ha dado, lo tienen visto y, además tengo testigos: otros cuatro picadores, un guaje y dos camineros, comiendo el bocadillo después de poner la madera en el nivel, al lado del basculador de la rampla 5.ª del Este, de 6.ª a 7.ª planta; el que salió era un caminero con nombre y apellidos que no daré. Nada diré de aquellos cuya mujer se levantaba para ponerles el desayuno debajo de la barba y hacerles el bocadillo. Aunque lo gordo, lo realmente gordo era lo de aquellos que, al no gozar de esas “atenciones” y para que la paisana se levantase, encendían todas las luces o abrían los grifos de la casa. Las mismas que cuando se cobraba en dinero “cash” en las ventanillas del edificio de oficinas, en las que previamente se cogía el libramiento, aparecían por los alrededores o por los chigres cercanos para evitar que el hombre se encaminase a Gijón para, a lo mejor, no venir en dos o tres días de juerga y dispendio y con los bolsillos vacíos. También puedo dar nombres, incluso de intervenciones del Comité de Empresa a favor de la “readmisión” de alguno con más de tres días de murga y ausencia laboral.

Pues bien, de esa mina y de sus monstruos, va esta función. Es decir de los comportamientos mafiosos de los sindicatos; de las relaciones de poder en su seno; de la ausencia de valores solidarios; de su reduccionismo economicista y, lógicamente, del machismo superlativo que lo invade de punta a cabo. Lo que sucede es que por su ridiculez, la simple exhibición de toda esa estulticia, produce la risa. Esta obra en lengua asturiana, se estrenó a finales del 2009 en La Felguera y fue la propuesta de Teatro Kumen para el IV Festival “Ciudad de Oviedo” de Teatro Amateur.

José Ramón López, autor y director de la obra, conoce bien el medio y se nota por el rigor de la historia, de las situaciones, por lo característico de los personajes, sus valores y relaciones. La interpretación es buena y cada uno de los tres actores y de la actriz Laura Suárez —que interpreta a María la embarcadora y que es el contacto con el exterior—, además de dar el tipo, construyen unos personajes totalmente creíbles, especialmente Chus que tiene momentos memorables. Afortunadamente, la coña final a lo Full Monty, nos da un buen respiro y nos manda para casa con un buen sabor de boca.

 

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