l’encierru
de José Ramón López Menéndez
Traducción al asturiano: Eloy Antuña Zamarro
Producción: Teatro Kumen
Reparto: Cos Cueva Álvarez, Ernesto González Argüelles,
Chus Prieto Pedregal, Laura Suárez Martínez
Diseño iluminación: Ángel Díaz Iris
Diseño y realización de vestuario: Azucena Rico
Diseño y realización de escenografía: Teatro Kumen,
Nuria Trabanco Franco
Dirección: José Ramón López Menéndez
Boni Ortiz
Oscuro total en el escenario. Oímos unos ruidos, después
un golpe y de manera inmediata, una buena retahíla de
cagatos, blasfemias y juramentos. Dentro de la “boca de
lobo” que es el escenario, hablan varios hombres. Se
hace la luz y vemos a tres varones que están en el
interior de una mina asturiana. La estupenda
escenografía reproduce una galería que, por los
elementos en hierro de cierre y contención del muro de
la mina, situamos cerca del embarque y de la caña del
pozo, así como por el telefonillo de manivela para
conectar con el exterior y que, dicho sea de paso, junto
a las petacas y lámparas que en determinado momento les
bajarán, son del mismo modelo de las que conocí en La
Camocha en los años setenta. Ellos son tres
sindicalistas que inician un encierro para presionar a
la empresa ante las negociaciones de un convenio que
está generando dificultades y conflictos. Matías (Cos
Cueva), es un liberado al que le costará acostumbrase al
medio, ya que a pesar de ser responsable sindical de
ámbito nacional, y llevar unos años en el aparato
sindical de la minería, jamás había bajado a una de
ellas. Es “el que sabe” como diría Agustín García Calvo,
el “enterao”, el que manda, el que da indicaciones al
los del exterior, elabora propuestas, incluso negocia
por el telefonillo, además de arengar a los otros dos: a
Luisín (Ernesto González) que es un poco “vivalavirgen”,
apasionado, obcecado, bastante honrado y el más
luchador; y Pedro (Chus Prieto) que es el probín, al que
le vacilan por cornudo, incluso en el muro hay una
pintada a tiza que se refiere a él y a su condición
consentida de enastado... Asunto este de gran
preocupación minera y que ha llevado a más de uno,
vacilado y toreado por sus compañeros, a salir de la
mina fingiendo enfermedad por coger infraganti a la
supuesta adúltera y consorte. ¿No se lo creen? Pues
estos ojitos que dios me ha dado, lo tienen visto y,
además tengo testigos: otros cuatro picadores, un guaje
y dos camineros, comiendo el bocadillo después de poner
la madera en el nivel, al lado del basculador de la
rampla 5.ª del Este, de 6.ª a 7.ª planta; el que salió
era un caminero con nombre y apellidos que no daré. Nada
diré de aquellos cuya mujer se levantaba para ponerles
el desayuno debajo de la barba y hacerles el bocadillo.
Aunque lo gordo, lo realmente gordo era lo de aquellos
que, al no gozar de esas “atenciones” y para que la
paisana se levantase, encendían todas las luces o abrían
los grifos de la casa. Las mismas que cuando se cobraba
en dinero “cash” en las ventanillas del edificio de
oficinas, en las que previamente se cogía el
libramiento, aparecían por los alrededores o por los
chigres cercanos para evitar que el hombre se encaminase
a Gijón para, a lo mejor, no venir en dos o tres días de
juerga y dispendio y con los bolsillos vacíos. También
puedo dar nombres, incluso de intervenciones del Comité
de Empresa a favor de la “readmisión” de alguno con más
de tres días de murga y ausencia laboral.
Pues bien, de esa mina y de sus monstruos, va esta
función. Es decir de los comportamientos mafiosos de los
sindicatos; de las relaciones de poder en su seno; de la
ausencia de valores solidarios; de su reduccionismo
economicista y, lógicamente, del machismo superlativo
que lo invade de punta a cabo. Lo que sucede es que por
su ridiculez, la simple exhibición de toda esa
estulticia, produce la risa. Esta obra en lengua
asturiana, se estrenó a finales del 2009 en La Felguera
y fue la propuesta de Teatro Kumen para el IV Festival
“Ciudad de Oviedo” de Teatro Amateur.
José Ramón López, autor y director de la obra, conoce
bien el medio y se nota por el rigor de la historia, de
las situaciones, por lo característico de los
personajes, sus valores y relaciones. La interpretación
es buena y cada uno de los tres actores y de la actriz
Laura Suárez —que interpreta a María la embarcadora y
que es el contacto con el exterior—, además de dar el
tipo, construyen unos personajes totalmente creíbles,
especialmente Chus que tiene momentos memorables.
Afortunadamente, la coña final a lo Full Monty,
nos da un buen respiro y nos manda para casa con un buen
sabor de boca.