Número 29. Mayo de 2010

Amor y muerte en Venecia

 

senso

Sobre el relato homónimo de Camillo Boito

El Callejón del Gato

Adaptación y dramaturgia: Ana Eva Guerra y Moisés González

Intérpretes: Ana Eva Guerra, Javier Expósito y Ana Morán

Espacio sonoro: Ramón Prada

Dirección: Moisés González

Escenografía: Marino Villa y Salvador Martínez

Vestuario: Ana Eva Guerra

Iluminación: Alberto Ortiz

Eva Vallines

El último trabajo de El Callejón del Gato destaca por su pulcritud y precisión, sello habitual de las producciones de este grupo, que se convierte ya en marca de la casa. Tras La cabeza del dragón, emprenden un proyecto más intimista y arriesgado, enmarcado en un sugerente trabajo de investigación en el que la música de Ramón Prada juega un papel fundamental. Senso es una adaptación del relato de Camillo Boito, escritor italiano representante de la Scapigliatura, movimiento literario que emula la bohemia parisina y el malditismo de los románticos franceses. Ambientado en la Venecia ocupada por los austríacos, nos ofrece la cara más oscura del amor a través de las confesiones-recuerdos de la condesa Livia, que relata en su diario la turbulenta pasión con un teniente austríaco y su trágico desenlace. El tema del amor traicionado, del amante despechado y humillado, es uno de los topoi literarios más fructíferos de la literatura universal (el servitium amoris y el exclusus amator). En el personaje de la condesa respiran una Medea y una Fedra burladas y rechazadas, que sólo encontrarán redención a través de un crimen pasional. La versión de Moisés González se centra en la contención de las emociones para dar protagonismo a la música, creada en directo por el propio Ramón Prada, presente en escena junto a los actores. Una hermosa y sobria escenografía de inspiración oriental, compuesta por un canapé-góndola, una mesita baja, unas redes y un ciclorama que pasa de los azules a los ocres, componen el marco en el que los actores ejecutan una partitura que en ocasiones aflora demasiado, otorgándoles un hieratismo poco conveniente a un texto tan pasional. Ana Eva Guerra, en el papel de Livia, irá transmutándose en las distintas edades del personaje a través de un asombroso dominio de la voz, Javier Expósito compone un seductor teniente, al mismo tiempo vil y cobarde, que hace evolucionar la acción con sus apoyos coreográficos. Ana Morán encarna con eficacia a la condesa joven, al cochero y a la criada e interpreta una hermosa aria compuesta por el propio Ramón Prada, que ofrece en cada representación un recital de creatividad, experimentando con el sonido, las voces y el tratamiento electrónico, convertidos en un elemento dramático más. En suma, una meritoria y arriesgada propuesta, que aunque muy contenida, levanta el vuelo en el desenlace final, especialmente en la escena de la ejecución del teniente.

 

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