
senso
Sobre el relato homónimo de Camillo Boito
El Callejón del Gato
Adaptación y dramaturgia: Ana Eva Guerra y
Moisés González
Intérpretes: Ana Eva Guerra, Javier Expósito
y Ana Morán
Espacio sonoro: Ramón Prada
Dirección: Moisés González
Escenografía: Marino Villa y Salvador
Martínez
Vestuario: Ana Eva Guerra
Iluminación: Alberto Ortiz
Eva Vallines
El último trabajo de El
Callejón del Gato destaca por su pulcritud y
precisión, sello habitual de las producciones de
este grupo, que se convierte ya en marca de la
casa. Tras La cabeza del dragón, emprenden un
proyecto más intimista y arriesgado, enmarcado
en un sugerente trabajo de investigación en el
que la música de Ramón Prada juega un papel
fundamental. Senso es una adaptación del relato
de Camillo Boito, escritor italiano
representante de la Scapigliatura, movimiento
literario que emula la bohemia parisina y el
malditismo de los románticos franceses.
Ambientado en la Venecia ocupada por los
austríacos, nos ofrece la cara más oscura del
amor a través de las confesiones-recuerdos de la
condesa Livia, que relata en su diario la
turbulenta pasión con un teniente austríaco y su
trágico desenlace. El tema del amor traicionado,
del amante despechado y humillado, es uno de los
topoi literarios más fructíferos de la
literatura universal (el servitium amoris y el
exclusus amator). En el personaje de la condesa
respiran una Medea y una Fedra burladas y
rechazadas, que sólo encontrarán redención a
través de un crimen pasional. La versión de
Moisés González se centra en la contención de
las emociones para dar protagonismo a la música,
creada en directo por el propio Ramón Prada,
presente en escena junto a los actores. Una
hermosa y sobria escenografía de inspiración
oriental, compuesta por un canapé-góndola, una
mesita baja, unas redes y un ciclorama que pasa
de los azules a los ocres, componen el marco en
el que los actores ejecutan una partitura que en
ocasiones aflora demasiado, otorgándoles un
hieratismo poco conveniente a un texto tan
pasional. Ana Eva Guerra, en el papel de Livia,
irá transmutándose en las distintas edades del
personaje a través de un asombroso dominio de la
voz, Javier Expósito compone un seductor
teniente, al mismo tiempo vil y cobarde, que
hace evolucionar la acción con sus apoyos
coreográficos. Ana Morán encarna con eficacia a
la condesa joven, al cochero y a la criada e
interpreta una hermosa aria compuesta por el
propio Ramón Prada, que ofrece en cada
representación un recital de creatividad,
experimentando con el sonido, las voces y el
tratamiento electrónico, convertidos en un
elemento dramático más. En suma, una meritoria y
arriesgada propuesta, que aunque muy contenida,
levanta el vuelo en el desenlace final,
especialmente en la escena de la ejecución del
teniente.