Número 29. Mayo de 2010

José Rico

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"Habría que quemar todos los teatros", oiremos tronar a Rico en cualquier conversación de teatreros. Con esta tarjeta de presentación, el incombustible teórico del biofuncionalismo, lo que nos está diciendo es que ya hace muchos años que el teatro debía ser de otra forma, que está muerto, o por lo menos agonizando en esos espacios a la "italiana", coquetos y burgueses.

Puso en práctica sus afirmaciones y lo vimos colgado de una grúa, golpeado con un bate de béisbol, enjaulado para escribir una novela, practicar el pressing catch... pero también encarnar a Segismundo o a Ricardo III, al simio del Informe para una academia de Kafka, o a un personaje borracho de Fiódor Dostoyevski.

Su paso por el culturismo de competición le dejó ese cuerpo serrano que impresiona a los que no le conocen bien y por tanto no saben de su bonhomía, su generosidad y sentido del humor.

 

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