Número 29. Mayo de 2010

La Máscara y Chano Castañón hace cincuenta años
La pantomima y 'Payasos'

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Boni Ortiz

En mayo de 1959, La Máscara estrenaba en el teatrín del Ateneo Jovellanos de Gijón Dos niños solos, un cuento de Paco Ignacio Taibo acompañado en el programa por Petición de Mano, de Chéjov. El cuento de Taibo, adaptado a la pantomima por Andrés Mori, fue subtitulado por el grupo gijonés como Sesión experimental de mimo y pantomima. La obrita de corta duración y dividida en cuatro cuadros, se apoyaba en carteles rotulados que indicaban los lugares y facilitaban la comprensión de la sencilla historia.

El primer cuadro muestra a dos hermanos, uno bueno y otro malo, que viven en una casita de pueblo. El malo es un soñador y malgasta su dinero, incluso el patrimonio de sus padres, en golosinas. En el segundo cuadro vemos el paso del tiempo y al Niño Malo marcharse por el mundo a vivir su sueño. En el cuadro siguiente el Niño Malo, en un lejano y extraño país, encuentra la muerte. Finalmente el Niño Bueno que se quedó en su lugar, triunfa y llega a ser presidente del Banco de la Ciudad.

Este camino emprendido por La Máscara estaba en perfecta sintonía con lo que estaba desarrollándose en el resto del Estado, incluso adelantándose. La Agrupación Dramática de Barcelona, de fecunda existencia entre 1955 y 1963, montó una sección experimental de mimo y pantomima en 1962, fundada por Carlota Soldevilla, Antón Font y Albert Boadella, bautizada como Joglars que supuso la mejor, y durante muchos años, la única experiencia de teatro de pantomima en todo el Estado español. Antonio Malonda con su grupo Bululú, también a mediados de los años sesenta, comienza a trabajar el mimo y el teatro gestual.

Aquella Sesión experimental de mimo y pantomima había sido espléndidamente acogida por público y crítica. La Máscara decidió profundizar en aquel camino del que Andrés Mori era el más entusiasta. Chano Castañón, amigo y colaborador del grupo, daba los últimos retoques al manuscrito de Payasos. El 9 de junio de 1959, ambos concluyen el mecanografiado en aquel patético papel carbón que permitía la realización simultánea de siete u ocho copias; tres de ellas eran para la censura. Febril y entusiasta actividad, reparto de papeles y libretos: para Pili Ibaseta, para Mori y para Benso, que hasta tuvo que aprender a tocar algunas cosas al saxo. Se cursan permisos y comienzan los ensayos para ir adelantando.

Payasos cuenta la relación triangular entre Daniel, Pablo y Paulina. Cuarenta minutos de las vidas entrelazadas de tres payasos; historia de amor en el circo que se abre a un cuarto personaje ausente-presente: Mari, la que fuera compañera sentimental de Daniel y a la que él mismo ahoga en la playa para despejar el camino que el deseo hacia Paulina le marcaba. Daniel, escribiendo o releyendo sus diarios (ocultos en una maleta bajo llave y a los que sólo él y Paulina tienen acceso), va desvelándonos su culpa, su acción desmedida producto de un capricho obsesivo y que nunca se nos presenta como una terrible crueldad, sino con cierto candor. Este tratamiento inocente y tierno de la crueldad lo encontramos en el Arrabal de Fando y Lis o de Oración, ambas editadas por primera vez por Julliard en París (1958) y de las que Chano, con toda seguridad, no tenía conocimiento ya que estaban produciéndose en paralelo. En Payasos hay una reflexión en torno a la perversión del ser humano y, también, sobre la condición y la esencia del payaso-actor-teatro.

Chano Castañón huye del realismo imperante, no sólo en el tratamiento del asesinato de Mari, también con diversas incursiones a lo largo de la obra en el terreno del non sense, posibilitadas por el ámbito circense. Recurre al simbolismo con dos objetos que sitúa en primerísimo plano y que contienen la obra toda: a la derecha del escenario el saxo de Daniel, nexo de unión del triángulo: su música les acerca y produce la nostalgia de Mari. Y a la izquierda la maleta con los diarios de Daniel, en los que están, además de la narración del asesinato de Mari —ejecutado por él, pero casi presenciado por Paulina y Pablo que en determinado momento le dirá: “no sólo en la acción está la culpa”—, sus deseos y sus sentimientos hacia una Paulina situada en un doble juego de traición a Pablo y falsas esperanzas a Daniel, por las que éste llega a asesinar.

Hay otros muchos elementos modernos en Payasos que permiten caracterizarla de avanzada para su tiempo: la huida consciente de la dictadura del autor, permitiendo con amplitud la dirección escénica o los recursos interpretativos de los actores, en muchos momentos “absurdos” en los números de circo, en la búsqueda entre el público del cajero de un banco al que creen haber visto…

…Desgraciadamente el Censor prohibió la obra en su totalidad, segando ilusiones y esfuerzo regalado. Y todavía, cincuenta años después, continúa padeciendo esta condición de inédita que alguien debería remediar.

No todo el trabajo fue en vano. La aproximación al teatro gestual y al mundo del circo, les permitió afrontar con mayor capacidad ¿Quiere vd. jugar con mí?, de Marcel Achard, dirigida por el escenógrafo y pintor Pablo Gago en su segunda colaboración con La Máscara. De esta historia de amor en el circo, Francisco Carantoña diría: “(…) La Máscara ha logrado un nuevo y legítimo éxito (...) quizá haya sido éste el intento más atrevido de la agrupación teatral del Ateneo. Porque ¿Quiere vd. jugar con mí? es una obra compleja y difícil de representar, precisamente porque obliga a los actores a utilizar de manera casi exhaustiva los recursos del arte dramático (...) viene a ser como una especie de Esperando a Godot a la francesa donde se ha introducido un elemento que en Beckett no jugaba —el sexo— y donde se ha preferido dar un superficial aire de comicidad a la procesión dramática y algo amarga que va por dentro de los personajes (...)”.

 

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