El pasado 19 de diciembre, y casi de forma inesperada,
nos dejaba Margarita Rodríguez, actriz, directora y
agitadora teatral a lo largo de los últimos treinta
años. Y nos dejó como había vivido, sin hacer ruido, con
discreción, humildad y seriedad, como si ese último acto
formase parte de su vocación teatral, de su entrega
total al teatro durante estos últimos treinta años.
Conocí a Margarita en los años setenta, en aquellos años en
que todos éramos aún aficionados y estábamos comenzando
nuestra andadura teatral. Ella formaba parte del TEG y los
espectáculos y su actuación nos impresionaban ya por la
seriedad y el rigor. Cómo olvidar a Margarita en, por
ejemplo, Telarañas, del autor argentino Pavlovsky.
En
los años ochenta nos encontramos en el escenario actuando
juntos en Margen. Cómo no recordarla en De vita beata
con aquel niño desmembrado envuelto en la bandera de
Asturias, o en la Daifa de Las galas del difunto de
Valle-Inclán enamorando al desaparecido Ceferino Cancio, o
corriendo como Xana en La crónica y ficción del mucho
mogollón. Unos años fascinantes y deslumbrantes, y sin
duda de los más brillantes del teatro asturiano.
Luego nuestras vidas se separaron durante varios años. Yo
creé el Teatro del Norte y ella fue dejando la actuación y
centrándose en la dirección.
Dirigió numerosos espectáculos en Asturias a Quiquilimón, a
Yheppa, etc. e impartió numerosos cursos por toda Asturias.
Al
comienzo de los años noventa volvimos a encontrarnos, pero
ahora en el Instituto del Teatro, el ITAE, donde Margarita
entra como profesora. Nuevamente vivimos juntos unos años
fascinantes y fructíferos a nivel de la enseñanza teatral en
Asturias, con una serie de alumnos que hoy en día están en
la cartelera madrileña y en las pantallas de las
televisiones. Con Margarita, en el primer año, tenían el
primer contacto con las escenas teatrales, con la
responsabilidad y el trabajo.
En
esos mismos años, Margarita comienza a dar clase en la
Escuela de Teatro de León y sigue dirigiendo e impartiendo
cursos por Asturias.
Finalmente, en el año 96, con el gobierno de Marqués, y de
la mano de su Directora de Cultura Trinidad Rodríguez, se
nos puso a todos en la calle de muy malas maneras y
prácticamente ahí se certifica la muerte del ITAE.
A
partir de entonces Margarita traslada su vida a León y se
centra en la Escuela de Teatro de esa localidad y nuestras
vidas vuelven a separase. Pero en ningún momento perdió su
contacto con Asturias, donde siguió dirigiendo espectáculos
e impartiendo cursos.
Margarita, desde entonces, fue el alma y el impulso
fundamental de la Escuela de Teatro de León. Escuela que ya
en los primeros años del siglo pasa por dificultades, sobre
todo cuando se crea una Escuela Superior de Arte Dramático
en Valladolid, pero Margarita consigue que la Escuela no se
cierre y que amplíe su campo a la Universidad de León o a
actividades teatrales para mayores. Y, además, sin mucho
tiempo, pero con gran tesón, estudia la carrera de
Psicología.
A lo
largo de estos últimos veinte años Margarita Rodríguez
sembró la semilla teatral del rigor y la seriedad no sólo en
sus alumnos de las escuelas de Asturias y León, y de los
numerosos cursos que impartió, sino también en grupos de
teatro aficionado, como Xana de Candás o el grupo de Sahagún
de Campos. Un trabajo anónimo y callado tan importante en la
creación del teatro de base, en la creación de nuevos
públicos, incluso de futuros actores.
En
el año 2006 volvimos a encontrarnos. Desde esa fecha
Margarita Rodríguez formó parte del equipo pedagógico de los
Encuentros en el Norte que desde hace once años organiza en
Infiesto el Teatro del Norte. Así mismo, y desde ese 2006,
también participó en el Encuentro con Mujeres en Escena que
todos los otoños organiza el Teatro del Norte en la Casa de
Cultura de Lugones.
Aunque nuestra relación fue un tanto intermitente a lo largo
de estos 30 años, nunca hemos perdido el contacto y siempre
he tenido la impresión de tener a Margarita constantemente a
mi lado, de poder contar con ella para todo lo que fuese
necesario, lo que habla de su calidad humana, de su altura
moral, tanto a nivel personal como en calidad de directora
de teatro.
En
junio de 2008 moría en Madrid Julio Rodríguez Blanco, un
fundador del teatro asturiano, el 14 de diciembre pasado,
también en Madrid, moría Miguel Ángel Granda, uno de los
fundadores de Margen. Y ahora Margarita Rodríguez.
¿Realmente en Asturias, y en su teatro, podemos desechar o
no contar con personas tan valiosas como Margarita
Rodríguez? ¿Es que son mejores los profesores que vienen de
Murcia, por ejemplo, que una mujer de la experiencia de
Margarita Rodríguez? ¿Es que tiene sentido tener una Escuela
Superior de Teatro sin contar, por ejemplo, con personas de
la talla de Margarita Rodríguez? ¿Hacia dónde miran los
responsables del teatro tanto en instituciones municipales
como regionales? ¿Hasta cuándo podemos seguir perdiendo o
malgastando a gente tan válida como Margarita Rodríguez?
¿Hasta cuándo seguiremos inmersos en esta tragedia del arte?
Este
año, en la primera noche de los Encuentros en el Norte,
Margarita leyó a los alumnos un poema de Brecht, y ese
recuerdo, la cadencia de su voz, su ironía tras las gafas,
seguirán siempre en mi memoria junto con una gratitud
infinita por todo lo que me enseñó y dio sin yo pedírselo,
acompañándome y cuidándome siempre como una hermana, como
una madre.
No os dejéis seducir:
no hay retorno alguno.
El día está a las
puertas,
hay ya viento
nocturno:
no vendrá otra mañana.
No os dejéis engañar
con que la vida es
poco.
Bebedla a grandes
tragos
porque no os bastará
cuando hayáis de
perderla.
No os dejéis consolar.
Vuestro tiempo no es
mucho.
El lodo, a los
podridos.
La vida es lo más
grande:
perderla es perder
todo.
Bertolt Brecht