Número 29. Mayo de 2010

En recuerdo de Margarita Rodríguez
Todo un ejemplo

margarita_rodriguez.tifEtelvino Vázquez

El pasado 19 de diciembre, y casi de forma inesperada, nos dejaba Margarita Rodríguez, actriz, directora y agitadora teatral a lo largo de los últimos treinta años. Y nos dejó como había vivido, sin hacer ruido, con discreción, humildad y seriedad, como si ese último acto formase parte de su vocación teatral, de su entrega total al teatro durante estos últimos treinta años.

Conocí a Margarita en los años setenta, en aquellos años en que todos éramos aún aficionados y estábamos comenzando nuestra andadura teatral. Ella formaba parte del TEG y los espectáculos y su actuación nos impresionaban ya por la seriedad y el rigor. Cómo olvidar a Margarita en, por ejemplo, Telarañas, del autor argentino Pavlovsky.

En los años ochenta nos encontramos en el escenario actuando juntos en Margen. Cómo no recordarla en De vita beata con aquel niño desmembrado envuelto en la bandera de Asturias, o en la Daifa de Las galas del difunto de Valle-Inclán enamorando al desaparecido Ceferino Cancio, o corriendo como Xana en La crónica y ficción del mucho mogollón. Unos años fascinantes y deslumbrantes, y sin duda de los más brillantes del teatro asturiano.

Luego nuestras vidas se separaron durante varios años. Yo creé el Teatro del Norte y ella fue dejando la actuación y centrándose en la dirección.

Dirigió numerosos espectáculos en Asturias a Quiquilimón, a Yheppa, etc. e impartió numerosos cursos por toda Asturias.

Al comienzo de los años noventa volvimos a encontrarnos, pero ahora en el Instituto del Teatro, el ITAE, donde Margarita entra como profesora. Nuevamente vivimos juntos unos años fascinantes y fructíferos a nivel de la enseñanza teatral en Asturias, con una serie de alumnos que hoy en día están en la cartelera madrileña y en las pantallas de las televisiones. Con Margarita, en el primer año, tenían el primer contacto con las escenas teatrales, con la responsabilidad y el trabajo.

En esos mismos años, Margarita comienza a dar clase en la Escuela de Teatro de León y sigue dirigiendo e impartiendo cursos por Asturias.

Finalmente, en el año 96, con el gobierno de Marqués, y de la mano de su Directora de Cultura Trinidad Rodríguez, se nos puso a todos en la calle de muy malas maneras y prácticamente ahí se certifica la muerte del ITAE.

A partir de entonces Margarita traslada su vida a León y se centra en la Escuela de Teatro de esa localidad y nuestras vidas vuelven a separase. Pero en ningún momento perdió su contacto con Asturias, donde siguió dirigiendo espectáculos e impartiendo cursos.

Margarita, desde entonces, fue el alma y el impulso fundamental de la Escuela de Teatro de León. Escuela que ya en los primeros años del siglo pasa por dificultades, sobre todo cuando se crea una Escuela Superior de Arte Dramático en Valladolid, pero Margarita consigue que la Escuela no se cierre y que amplíe su campo a la Universidad de León o a actividades teatrales para mayores. Y, además, sin mucho tiempo, pero con gran tesón, estudia la carrera de Psicología.

A lo largo de estos últimos veinte años Margarita Rodríguez sembró la semilla teatral del rigor y la seriedad no sólo en sus alumnos de las escuelas de Asturias y León, y de los numerosos cursos que impartió, sino también en grupos de teatro aficionado, como Xana de Candás o el grupo de Sahagún de Campos. Un trabajo anónimo y callado tan importante en la creación del teatro de base, en la creación de nuevos públicos, incluso de futuros actores.

En el año 2006 volvimos a encontrarnos. Desde esa fecha Margarita Rodríguez formó parte del equipo pedagógico de los Encuentros en el Norte que desde hace once años organiza en Infiesto el Teatro del Norte. Así mismo, y desde ese 2006, también participó en el Encuentro con Mujeres en Escena que todos los otoños organiza el Teatro del Norte en la Casa de Cultura de Lugones.

Aunque nuestra relación fue un tanto intermitente a lo largo de estos 30 años, nunca hemos perdido el contacto y siempre he tenido la impresión de tener a Margarita constantemente a mi lado, de poder contar con ella para todo lo que fuese necesario, lo que habla de su calidad humana, de su altura moral, tanto a nivel personal como en calidad de directora de teatro.

En junio de 2008 moría en Madrid Julio Rodríguez Blanco, un fundador del teatro asturiano, el 14 de diciembre pasado, también en Madrid, moría Miguel Ángel Granda, uno de los fundadores de Margen. Y ahora Margarita Rodríguez.

¿Realmente en Asturias, y en su teatro, podemos desechar o no contar con personas tan valiosas como Margarita Rodríguez? ¿Es que son mejores los profesores que vienen de Murcia, por ejemplo, que una mujer de la experiencia de Margarita Rodríguez? ¿Es que tiene sentido tener una Escuela Superior de Teatro sin contar, por ejemplo, con personas de la talla de Margarita Rodríguez? ¿Hacia dónde miran los responsables del teatro tanto en instituciones municipales como regionales? ¿Hasta cuándo podemos seguir perdiendo o malgastando a gente tan válida como Margarita Rodríguez? ¿Hasta cuándo seguiremos inmersos en esta tragedia del arte?

Este año, en la primera noche de los Encuentros en el Norte, Margarita leyó a los alumnos un poema de Brecht, y ese recuerdo, la cadencia de su voz, su ironía tras las gafas, seguirán siempre en mi memoria junto con una gratitud infinita por todo lo que me enseñó y dio sin yo pedírselo, acompañándome y cuidándome siempre como una hermana, como una madre.

No os dejéis seducir:

no hay retorno alguno.

El día está a las puertas,

hay ya viento nocturno:

no vendrá otra mañana.

No os dejéis engañar

con que la vida es poco.

Bebedla a grandes tragos

porque no os bastará

cuando hayáis de perderla.

No os dejéis consolar.

Vuestro tiempo no es mucho.

El lodo, a los podridos.

La vida es lo más grande:

perderla es perder todo.

     Bertolt Brecht

 

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