Número 29. Mayo de 2010

Laboral: cuatro propuestas para la reflexión

Venancio J. Mayo Pérez

Dentro del segundo bloque de espectáculos programados por Laboral Teatro en la presente temporada, los cuatro primeros que hasta hoy se han puesto en escena, nos acercan a una tipología de espectáculos, que como otros en sus programaciones anteriores, giran alrededor del teatro-danza, si bien en numerosas ocasiones traspasan este planteamiento para adentrarse más allá, hacia lo que algunos denominan nuevas propuestas escénicas, nuevos lenguajes, que recogen dentro de sí toda una reflexión en torno a uno o varios temas o conceptos que ocupan o preocupan al creador. La reflexión que germina en el creador y que éste nos ofrece para que los espectadores nos apropiemos de ella, y para que la interpretemos o reinterpretemos con total libertad. La reflexión como alimento del alma, como medio de enriquecimiento interior y conocimiento exterior de otras realidades, de otras formas de pensar, de otras formas de sentir…

 

Sobre la condición del hombre

32 rue Vandenbranden

Peeping Tom

Dirección y concepto: Gabriela Carrizo, Franck Chartier

Danza y creación: Jos Baker, Eurudike De Beul, Marie, Gyselbrecht, Hun-Mok Jung, Seoljin Kim, Sabine Molenaar

Dramaturgia: Hildegard de Vuyst, Nico Leunen

Escenografía: Peeping Tom, Nele Dirckx, Yves Leirs, Frederik Liekens

Sonido: Juan Carlos Tolosa, Glenn Vervliet

Diseño de luces: Filip Timmerman, Yves Leirs

Vestuario: Diane Fourdrignier, Hyo Jung Jang

13 de febrero de 2010. Teatro de la Laboral. 20:30 horas

En la cima del mundo, un espacio abierto, una comunidad cerrada física y emocionalmente sobre sí misma. Una comunidad que decide, que establece, que integra, que aparta, que desea y que desprecia; con sus propias normas, que respira y que asfixia, que premia y castiga, en los mismos términos que lo haría el propio individuo, pero no siempre al mismo ritmo, en los mismos tiempos y con los mismos fines con que lo haría éste.

La compañía Peeping Tom nos convierte en “mirones” de los rasgos propios de una comunidad aislada, sometida a todo tipo de tensiones vitales, al igual que cada uno de los individuos que la componen. Lo colectivo frente a lo individual, las necesidades de una, frente a los intereses de cada uno de los otros y viceversa. Cada actuación o comportamiento de grupo tiene su equivalente o consecuencia en la vida del individuo.

Sociedades cerradas como fortalezas que no se convierten sino en ¿“cárceles” o espacios de libertad para nuestro propio yo? ¿Somos capaces de tomar dentro de ellas nuestras propias decisiones, nuestro propio camino? ¿Pesan más nuestros deseos personales o las necesidades colectivas?

Peeping Tom, a través de su obra 32 rue Vandenbranden, plantea un reflexión sobre la vida de la comunidad, sus condicionantes, sus necesidades, sus normas, sus recompensas, sus castigos, y de cómo el individuo es capaz de encajar en todas sus dimensiones dentro de ésta. Un espectáculo de gran belleza visual, con una sólida puesta en escena y un nivel interpretativo muy satisfactorio. Una visión sobre los lazos invisibles que atan la convivencia y la capacidad del propio hombre para tomar sus propias decisiones.

 

Sobre el amor y la comunicación

Talk Show

Rui Horta

Coreografía, espacio escénico, diseño de luz y multimedia: Rui Horta

Intérpretes: Adriana Queiroz, Miguel Moreira, Joao Martins y Beatriz Pereira

Textos: Rui Horta y Tiago Rodrigues

Música original: Tiago Cerqueira

19 y 20 de febrero de 2010. Teatro de la Laboral. 20:30 horas

Traspaso del corazón, de uno a otro, el comienzo de algo nuevo. Corazón que es la representación universal del amor, de todo un amor que se lleva dentro, que intenta comunicarse, que busca la integración del uno con el otro. Del ímpetu de la juventud a la relación madura, relaciones de amor que la comunicación construye o en ocasiones destruye dependiendo de la capacidad de amar más al otro que a uno mismo. Transición hacia la última estación, el amor crepuscular, las emociones atemperadas, la comunicación de los cuerpos en silencio, el recorrido de las caricias a través del mapa del cuerpo y sus accidentes geográficos, un viaje por la piel de quien nos corresponde. En el amor no existe la incomunicación, siempre comunica, para bien y para mal, aunque sea en silencio.

Tras la brillante Scope, Rui Horta retoma en Talk Show sus temas fetiche sobre el amor, la comunicación y su contrario. Juega aquí con una puesta en escena algo más aséptica, más oscura, más compartimentada y con un mayor peso del texto respecto de su anterior obra. Tres capítulos sobre un mismo tema, el amor joven, el amor maduro, el amor crepuscular, y sus distintos ritmos e intensidades de comunicación. Una obra intensa, con un arranque muy vital, que camina por la madurez de los sentimientos hasta desembocar en un tramo final de los más tiernos y poéticos que he visto nunca.

 

Sobre la idiotez

Idiotas

Toméo Vergès

Dirección artística: Toméo Vergès

Interpretación: Julien Fouché, Marc Lacourt, Sandrine Maisonneuve, Álvaro Morell, Toméo Vergès

Escenografía: Olivier Mendili, Toméo Vergès, Thomas Walgrave

Iluminación: Léandre García Lamolla

Sonido: Thomas Fernier

Vestuario: Sophie Hampe

6 de marzo de 2010. Teatro de la Laboral. 20:30 horas

El vagar de la aparente sinrazón, sin rumbo fijo, sin un destino. Ausencia de la realidad que nos rodea, personajes que viven dentro de su propia concha, ausentes de la propia vida, inmersos en otras realidades incompresibles para la mayoría. Causan gracia, risa, estupor, vergüenza ajena. Conductas extrañas causantes de burla, ¿reales o fingidas? Una llamada al pequeño payaso que llevamos dentro. ¿Quién no se ha comportado como un idiota alguna vez en su vida? Pero la idiotez también tiene su reverso oscuro, la idiotez malintencionada de aquellos que se presentan ante los demás como la única cordura posible, de aquellos de quienes emanan decisiones que se convierten en armas de destrucción masiva. ¿Recuerdan?

Para los antiguos griegos, el idiota era aquél que se desentendía de los asuntos públicos. ¿Hacemos algo por mejorar la vida a nuestro alrededor, el medio ambiente, evitar las guerras, el hambre, la pobreza o nos estamos desentendiendo de nuestros propios asuntos públicos, dejando que sean otros los que decidan por nosotros?

Con Idiotas, Toméo Vergès, nos ofrece una reflexión, sobre la idiotez y sus consecuencias, mucho más profunda que la divertida superficie que sobre el escenario nos presenta. Una metáfora del mundo actual y de la actitud con la que nos enfrentamos a él. Sociedades “idiotizadas” incapaces de reaccionar ante los grandes problemas actuales y ante las fuerzas oscuras de la ambición desmesurada, del gran atraco al mundo, las fuerzas oscuras que contaminan la tierra y el alma. Un estado de idiotez sobre el cual el propio autor nos avisa. Podemos sumergirnos, muy de vez en cuando, en la idiotez, pero no perdamos la consciencia, la dirección, ni cedamos nuestra capacidad de decidir sobre los asuntos que nos importan.

 

Sobre el significado de unos zapatos

Walking next to our shoes… intoxicated by strawberries and cream, we enter continents without knocking…

Robyn Orlin

Dirección: Robyn Orlin

Interpretación: Ann Masina, Vusumuzi Kunene, Nhlanhla Mahlangu, Thulani Zwane, “Phuphuma Love Minus”, Amos Bhengu, Busani Majozi, Jabulani Mcunu, Mbongeleni Ngidi, Mbuyiseleni Myeza, Mlungiseleni Majozi, Mqapheleni Ngidi, Saziso Mvelase, Siyabonga Manyoni y S’yabonga Majozi.

Vestuario: Birgit Neppl

Iluminación: Robyn Orlin / Denis Hutchinson

Video: Philippe Laine

Asesor sonido: Boris Vukafovic

12 y 13 de marzo de 2010. Teatro de la Laboral. 20:30 horas

Robyn Orlin nos acerca a la realidad de Sudáfrica, y para hacernos reflexionar sobre ella utiliza como hilo inductor unos zapatos. Puede resultarnos extraño pero en Sudáfrica, y otras zonas del continente africano, la tenencia o no de unos zapatos, de unos buenos zapatos, puede marcar la diferencia, puede excluir a los adultos de conseguir un trabajo o dejar a los niños sin ir a la escuela. No son un producto fácil de conseguir para todos, incluso para algunos es un artículo de auténtico lujo, un símbolo de cierto estatus. A través de esos zapatos Robyn Orlin nos hace caminar por la realidad de un país que aún lucha contra sus pasadas herencias, pero que intenta a la vez subirse a la espalda de un nuevo futuro.

El sida, la violencia, los niños que caminan descalzos para ir a la escuela con sus zapatos en la cabeza, la aparición de nuevas elites sociales de jóvenes negros, admirados por su ostentación llamados “Black Diamond”, la homosexualidad… Robyn Orlin nos invita a calzar los zapatos de otros, de otras identidades lejanas, de otras problemáticas de distinto color pero de igual raíz que las nuestras.

Una puesta en escena muy austera, a la que, como contraste, sus intérpretes visten con todo un lujo de color, de cercanía, de alegría desde la penalidad, de energía contagiosa a través de sus cantos y danzas tribales. Toda una explosión de vida sobre un escenario, una lección para aprender a valorar algo más las oportunidades del primer mundo, con las que en otros lugares no podrán soñar, de momento, jamás.

 

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