Número 29. Mayo de 2010

El Teatro Nacional de Japón
Mucho más que un edificio

Fachada del Teatro Nacional de Japón (Tokyo).tif
Fachada del Teatro Nacional de Japón (Tokyo).

Fernando Cid Lucas
asociación española de orientalistas
universidad autónoma de madrid

A mi hermano

introducción

Existe en Japón una entidad que conjuga en sí misma —y como pocas— la tradición con la modernidad: la tradición de las formas antiguas del teatro japonés (Noh, Kabuki, Bunraku, etc.) y la modernidad del teatro más actual (nipón o extranjero) junto a la vanguardista arquitectura que alberga tanto a unos espectáculos como a otros; me estoy refiriendo, claro está, al colosal Teatro Nacional de Japón, o, expresado en japonés, Kokuritsu Gekijō.

Japón ha sido, ya desde tiempos antiguos, tierra de grandes y prestigiosos teatros. A mi cabeza vienen ahora nombres con tanta solera como el del encantador Kanamaru-za de Kotohira; o el del Takemoto-za de Osaka, donde se estrenaron algunas de las piezas más notables del gran dramaturgo Monzaemon Chikamatsu (1653-1725), el denominado Shakespeare nipón. Gracias a un buen número de grabados (ukiyo-e) de la época sabemos cómo era la vida en el interior de esos populosos edificios, algunos de los cuales se perdieron para siempre en desgraciados incendios, mientras que otros fueron modificados en sucesivas fases de modernización, perdiendo, en consecuencia, gran parte de su encanto original.

El teatro fue durante el boyante periodo Edo (1603-1868) el centro cultural por excelencia de la clase media; un lugar de encuentro para la emergente casta de los chōnin1, sobre la que se sustentaba la economía del país en dicho periodo histórico de Japón. En el teatro se cerraban los tratos y se llevaban a cabo las transacciones comerciales, pero también era el sitio donde las damas exhibían sus últimos modelitos y, sobre todo, donde se podía “desconectar” de los problemas de la vida diaria, al sumergirse en las heroicas y galantes historias del pasado, vivificadas por los mejores actores del momento.

Quizá sea necesario precisar que, durante el periodo Edo, ir al teatro significaba mucho más que asistir a la representación; significaba participar de la conversación en remolinos de colores a la puerta del teatro, en donde los ciudadanos se ponían al día de la vida en la ciudad, y también donde los jóvenes enamorados se encontraban y podían intercambiar tímidas miradas y alguna que otra palabra. En definitiva, el teatro fue un elemento socializador e identificativo de la citada clase media nipona, para la que trabajó y de la que también formó parte.

 

el teatro nacional de japón

Fue el 1 de julio de 1966 cuando se inauguró el imponente edificio del Teatro Nacional de Japón. Establecido en el distrito de Chiyoda2, uno de los denominados 23 barrios especiales (tokubetsu-ku) de Tokyo, el Teatro Nacional comparte ubicación con el Palacio Imperial (cuya área ocupa un 12% del suelo total de Chiyoda), con la Estación Ferroviaria de Tokyo3 o el santuario Yasukini4. Huelga decir que la zona es un hervidero de actividad, y que una breve contemplación del lugar nos puede dejar en la retina estampas tan modernas como la del vanguardista hotel Akasaka o tan añejas como la de la puerta de acceso al señorial castillo de Edo.

Antes de que finalizase ese mismo año —el 1 de noviembre, para ser más exactos— se inauguraban también el Gran Teatro y el Pequeño Teatro, integrados ambos en el complejo arquitectónico del Teatro Nacional, aunque dedicados cada uno (como luego veremos con mayor detenimiento) a diferentes formas escénicas. Desde esa fecha, los edificios destinados a albergar las funciones teatrales no han hecho más que proliferar por todo el país, protegidos y auspiciados por el Gobierno Japonés. Unas cuantas fechas que nos darán una idea de la importante labor de salvaguardia y difusión de las artes performativas en el Imperio del Sol Naciente serían las siguientes:

-Septiembre de 1983, inauguración del Teatro Nacional (sede de Noh) en Sendagaya, Shibuya-ku (Tokyo).

-Marzo de 1984, inauguración del Teatro Nacional (sede de Bunraku) en Nihonbashi, Chuo-ku (Osaka).

-Octubre de 1997, inauguración del Nuevo Teatro Nacional5 en Honmachi, en el emblemático barrio de Shibuya (Tokyo).

-Enero de 2004, inauguración de la sede del Teatro Nacional en Okinawa, región en la que existe una rica tradición de danzas folclóricas con un carácter propio muy marcado.

Dentro del complejo arquitectónico formado por los edificios anexos al Teatro Nacional propiamente dicho, está también ubicado el Teatro Nacional Engei, dedicado a la forma de monólogo japonés tan característico, el Rakugo. Por su parte, el Gran Teatro, con capacidad para 1610 espectadores, está reservado para las funciones de Kabuki, en donde es frecuente ver representaciones de dicho espectáculo durante los meses de marzo, junio o julio. Mientras, en el coqueto Pequeño Teatro, con 590 localidades, es usual ver programadas funciones de Bunraku, música tradicional japonesa, montajes de obras occidentales o, incluso, piezas de autores japoneses contemporáneos.

 

programación anual

Llama la atención del aficionado al teatro en general la variedad y la cantidad de obras programadas a lo largo del año en el Teatro Nacional de Japón. El amante de cualquiera de las variedades del teatro clásico nipón puede encontrar un amplio catálogo de producciones, todas ellas interesantes y de gran calidad. Así, es frecuente encontrar en el mismo mes programadas funciones de Noh, Kabuki o Bunraku, gracias a los múltiples edificios independientes que conforman el complejo del Teatro Nacional.

Toda compañía que se precie ha de pasar por alguno de los escenarios del Teatro Nacional; allí han actuado troupes tan importantes como la añeja casa Kanze (que fundasen Kannami y Zeami allá por el siglo XV), o personalidades de la escena nipona, tales como el onnagata Tamasaburō Bandō V (1950- ).

Al margen de la oferta puramente performativa, una de las fechas importantes en la programación anual del Teatro Nacional es la entrega en sus instalaciones del prestigioso Premio Japón (日本国際賞), otorgado a personalidades de todo el mundo que hayan obtenido logros destacados en los campos de la Ciencia y la Tecnología, facilitando con ellos el avance del conocimiento o por haber “servido a la causa de la paz y la prosperidad para la humanidad6”.

Además de todo lo ya expuesto, cabe mencionar que el Teatro Nacional de Japón merece ser destacado también como un formidable centro de exposiciones, en el que se han exhibido ya colecciones de antiguas máscaras de Noh o hermosos kimonos empleados en funciones de Kabuki, grabados, estampas, carteles, etc. Asimismo, cuenta con una nutrida biblioteca, especializada en las formas del teatro clásico japonés, a cuyos fondos el investigador puede acceder previa solicitud en su dirección.

A la vista de lo dicho a lo largo del presente artículo, el lector no encontrará exagerado, pues, que concluyamos afirmando que el Teatro Nacional de Japón bien podría ser un ejemplo a seguir para el resto de sus homólogos, ya que su cometido va más allá de ser el lugar de acogida de las representaciones teatrales. Aceptado por todas las instituciones niponas es que éste ocupa un lugar importante en la sociedad japonesa de nuestros días, como claro referente cultural y como protector de sus artes escénicas tradicionales. Ojalá siga así por muchos años, sabríamos entonces que el teatro, y todo lo que lo rodea y lo conforma, estaría asegurado y en buenas manos en aquellas lejanas tierras de Japón.

bibliografía

Eiko, I. (2005), Bonds of Civility: Aesthetic Networks and the Political Origins of Japanese Culture, Cambridge University Press, New York.

Hall, J. W. (1968), “Castle Town and Modern Urbanization”, Studies in the Institutional History of Early Modern Japan, Princeton University Press, New York. pp. 169-188.

Yonemoto, M. (1999). “Nihonbashi: Edo’s Contested Center”, East Asian History, vol. 6, pp. 49-70.

http://www.kabuki21.com

http://www.ntj.jac.go.jp

notas

  1. Literalmente “habitantes de la ciudad”. Fueron comerciantes y cambistas enriquecidos durante el periodo Edo, quienes ofrecieron mecenazgo a las gentes del Kabuki, a los artistas del ukiyo-e, etc. Éstos ejercieron como auténticos benefactores para innumerables artistas, llegando a pagar salarios, vestuarios o materiales a muchos actores y grabadores.

  2. Literalmente Campo de mil generaciones.

  3. Inaugurada en 1914.

  4. Templo shintoísta erigido en honor de los militares nipones fallecidos en el campo de batalla.

  5. Edificado por los arquitectos de la prestigiosa TAK Associates.

  6. http://www.japanprize.jp/English.htm.

 

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