Número 29. Mayo de 2010

De Barcelona a Nueva York vía Buenos Aires
‘Fuerzabruta’ de La Fura dels Baus

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Jesús Bottaro

La estética de La Fura dels Baus ha tenido una influencia determinante en la escenificación teatral del continente americano; sin embargo, esta estética (o tal vez debería expresarse mejor como influjo de ideas artísticas) no ha sido tan notable, acentuada, ni con tanto éxito de público como en la ciudad de Nueva York a través de un grupo argentino que centra sus actividades en un viejo edificio bancario del siglo XIX convertido en el ­Daryl Roth Theatre de Union Square en la calle quince de Manhattan con un espectáculo llamado Fuerzabruta y anteriormente a éste, con otro montaje inaugural, de inmenso éxito igualmente, llamado De La Guarda en cartelera por más de diez años. Aun cuando no existe un claro reconocimiento crediticio a la influencia de La Fura es imposible dejar de notar y constatar los múltiples aspectos de Fuerzabruta que derivan de los modos escénicos de la agrupación catalana, sobre todo a partir de las representaciones que internacionalizaron a La Fura en giras por Latinoamérica a mediados de los años ochenta. No es de extrañar incluso cierta similitud en los nombres de ambos.

Las fuentes artísticas de La Fura, como la mayoría del teatro de vanguardia de las últimas cuatro décadas del siglo XX, se pueden localizar en la estética adelantada por los postulados del Futurismo, el Dadá y el Surrealismo. Sin embargo, en La Fura podemos notar las huellas, aunque sintetizadas de una manera audaz, del trabajo y las propuestas de creadores y agrupaciones consolidadas alrededor de los años 60 bajo el rótulo de “posmodernismo”, entendido en la actualidad como un movimiento artístico ecléctico y autoreflexivo que llama la atención sobre sí mismo y la forma de ejecutarse para meditar sobre ciertas ideas de rebeldía, protesta y violencia, entre otras. Son diversas las bases sobre las que se funda el teatro posmodernista, por una parte están: el eclecticismo escénico del teatro italiano internacionalizado en los años 70 con Dario Fo, Luca Ronconi, Strelher y otros grupos con el uso de muñecos gigantes, medios electrónicos de todo tipo, diversos estilos de montaje, la representación en fábricas, campos deportivos y el uso simultáneo de múltiples escenas; así como también  las innovaciones del teatro circense, acrobático y carnavalesco, con espectáculos épicos de hasta ocho horas con el solo pretexto de celebrar, de Jean-Louis Barrault y Jérôme Savary en Francia.

Por otra parte está lo que se considera una de las columnas de todo el movimiento de vanguardia teatral con el acuño en 1959 del concepto estético representativo del “happening” por Allan Kaprow de donde se derivan, entre otros aspectos, la incorporación del nudismo erótico (Hair,1968), los títeres ciclópeos del Bread and Puppet Theatre (1961), la radicalidad interpretativa del Living Theatre (1968) y otros grupos como el Open Theatre, en la búsqueda de sobrepasar cualquier limitación o barrera imaginable, hasta llegar a la síntesis múltiple teatral, artística, operática y plástica del macroespectáculo de alta tecnología y costos millonarios de Robert Wilson, al final de los años 70, en los que cada espectador podía construir su propio espacio dramático interior, donde la focalización de la obra no era única sino flexible y donde cada parte de la producción tenía su propio lenguaje y un mensaje diferente.  Si Wilson imaginaba algo, y lo podía pagar, era incluido en los guiones de sus piezas; más que entender sus obras, el espectador tenía que vivirlas sensorialmente, argumentaba Wilson.

No es de extrañar que la mayor ascendencia de La Fura sobre Fuerzabruta se nota en tres aspectos que la crítica incluye en lo que se ha dado en llamar “el lenguaje furero”, como es: 1) el desarrollar el evento en un espacio no convencional donde se borren las fronteras entre el público y los actuantes buscando al mismo tiempo su participación o desplazamiento forzoso sobre la idea clásica de un teatro circular;  2) la combinación de una amplísima gama de estilos escénicos donde el movimiento acrobático aéreo, la danza, la presencia del agua y las acciones de cierta “intimidación” física visceral, aparentemente anárquica, son frecuentes; y 3) por último, la profusión desbordada del uso de la tecnología en todas sus dimensiones y formas como elemento esencial de la trama; lo que algunos llaman teatro digital por la importancia y dependencia del uso de videos, música y toda clase de efectos especiales a partir de equipos electrónicos sofisticados y una maquinaria de tramoya compleja. Existen otros aspectos “externos” de semejanza como lo es la producción y venta de un material musical original con cada espectáculo; y sobre todo, y mucho más importante, la atracción de un público no tradicional que quizás de otro modo no asistiría a una función teatral.

La influencia furera es tal que no sorprende del todo la presencia de uno de los aspectos más distintivos de su lenguaje escénico durante la entrega de los premios de música Grammy 2010 (el segundo espectáculo televisivo más visto en USA), cuando la vocalista de música popular Pink, “virtualmente desnuda”, cantó colgada de amarras girando en el aire entre gazas, junto a otras tres acróbatas, mientras esparcía agua que emanaba de su cuerpo sobre el público debajo, con gran despliegue de luces y la imagen de Pink reflejándose simultáneamente en varias pantallas gigantes en alta definición.

Éste no es un teatro intimista de “cuatro tablas y un actor” sino de dinero en abundancia y extensos procesos de trabajo poco factible, de forma rutinaria, en una sociedad no acaudalada. Sin embargo, es obviamente una forma teatral legítima no habitual, heredada de a poco, con el objetivo de buscar que los espectadores disfruten en plenitud una experiencia sensorial de alta energía, extravagancia visual y auditiva sin paralelo que usualmente reflejan imágenes de obstáculo y liberación haciendo tal vez realidad el sueño de Giorgio Strehler de encantar con la ilusión para ir más allá. Creo también que ésta es la búsqueda de Fuerzabruta a través del legado masticado y digerido magistralmente por La Fura del Baus.

 

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