
Fin de partida,
en el Teatro de La Abadía. (Foto de Ros Ribas.)
fin de partida
De Samuel Beckett
Escenografía, iluminación y dirección: Krystian
Lupa
Intérpretes: José Luis Gómez, Susi Sánchez,
Ramón Pons y Lola Cordón
Traducción: Ana María Moix
Teatro de La Abadía
Madrid, 16 de abril de 2010
Roberto Corte
Aquellos que sean partidarios de la vía ortodoxa
para representar a Beckett pueden abstenerse de
ver esta función, quizá se sientan defraudados.
El propio Beckett, redivivo, tendría que hacer
lo mismo, pues de sobra es conocido el celo que
ponía para que no le cambiaran el sexo y la edad
a los personajes, o le tocaran una coma y el
sentido a las acotaciones, exhaustivas a más no
poder. Ahora bien, aquellos que creen que Fin
de partida —como cualquier otro texto— es
susceptible de múltiples lecturas, pueden acudir
con gusto a disfrutar de la función.
Quien haya visto los últimos trabajos de
Krystian Lupa sabe a qué atenerse. Para situar
el espacio ha reproducido un búnker abandonado
de hace unos sesenta años, de hormigón
desconchado y suciedad, con perspectiva en cuña,
para afianzar aún más el efecto de mazmorra. La
luz del exterior entra por unas ventanas
diminutas y la iluminación cambia, apenas
perceptible, a medida que avanza el día o se nos
cuela un rayo de sol. La atmósfera es sugestiva
a más no poder. Y un poco cuadro. Hay una línea
roja que enmarca la embocadura y nos lo sugiere.
El mismísimo tiempo suspendido al servicio de
unos personajes atrapados por el dolor que les
produce su maldad y sus inerciales relaciones
del pasado. Como dice Lupa en el programa de
mano su versión trata del mal, de un microcosmo
familiar que es el estigma de toda la humanidad.
Intentar, pues, abordar con otros criterios su
elaborada versión sería como meter un elefante
en una cacharrería.
Son muchos los cambios efectuados en el texto,
siendo los más notables el sexo de Clov —que
aquí interpreta Susi Sánchez— y el aborto
sistemático de cualquier atisbo de ironía. El
cambio de sexo es, afortunadamente, inapreciable
porque se lo come la radicalidad de un
naturalismo sotto voce, muy sentido, que
preside toda la actuación a modo de una
introspección existencial (en una clave farsesca,
con una correlación de poder y géneros, nos
iríamos a un discurso trivial). Como se trata de
una propuesta de “interiores” con algunos
desplazamientos oníricos, la cadencia y el
tratamiento del tempo son las virtudes y el
sello de calidad que le impone el director. El
universo Krystian Lupa. Una obra muy personal
que centra su objetivo en el peso de la vida, la
soledad, y el sentido/sinsentido que tiene para
nosotros y para los demás.
Pero la negación del humor en este Fin de
partida es lo que más desconcierta a los
beckettianos de pro. No hay concesiones a la
farsa y a los juegos circenses, y lo poco que
aparece se muestra rebajado. Muy reducido, casi
inexistente. Sólo los despojos de Nagg y Nell,
que permanecen en unos contenedores incrustados
en la pared que se meten y sacan como se hace en
los depósitos de cadáveres, arrancan alguna
sonrisa a los espectadores. Principalmente Ramón
Pons, que nos sorprende por su escualidez de
judío de Auschwitz, apoyado por una compungida
Lola Cordón haciendo de anciana venerable. El
trabajo de José Luis Gómez y Susi Sánchez, que
son quienes llevan el peso de la representación,
no tiene pérdida en el fiel cumplimiento de las
premisas impuestas desde la dirección para que
todo alcance la dimensión metafísica antes
aludida. Aunque algunas salidas de tono que,
incomprensiblemente, no se han cortado —al igual
que se hizo con otros pasajes para que todo
fluya en la misma dirección— despunten por su
impostura.
Por lo demás, estemos o no de acuerdo con esta
versión, lo que se hace indiscutible es la
fuerza que alcanza la poética de Lupa en la obra
de Beckett. Una simbiosis que tampoco desdice
con la radiación de fondo que se reconoce en el
texto original, y que ya habían señalado algunos
estudiosos en sus comentarios acerca del
desgarro que produce el vacío existencial de su
escritura. O lo que es lo mismo, el dolor, la
maldad y la soledad que nos invade. El lastre
con el que todo ser vivo está condenado a
bregar, y el “pecado” que, como buen polaco, nos
presenta este artista internacional.
Presiento que estamos ante uno de los
espectáculos más discutidos de la temporada y
ante uno de los Fin de partida que, por
su originalidad de tratamiento, está avocado a
convertirse en referencia.