Número 29. Mayo de 2010

El otro Beckett


Fin de partida, en el Teatro de La Abadía. (Foto de Ros Ribas.)

fin de partida

De Samuel Beckett

Escenografía, iluminación y dirección: Krystian Lupa

Intérpretes: José Luis Gómez, Susi Sánchez, Ramón Pons y Lola Cordón

Traducción: Ana María Moix

Teatro de La Abadía

Madrid, 16 de abril de 2010

Roberto Corte

Aquellos que sean partidarios de la vía ortodoxa para representar a Beckett pueden abstenerse de ver esta función, quizá se sientan defraudados. El propio Beckett, redivivo, tendría que hacer lo mismo, pues de sobra es conocido el celo que ponía para que no le cambiaran el sexo y la edad a los personajes, o le tocaran una coma y el sentido a las acotaciones, exhaustivas a más no poder. Ahora bien, aquellos que creen que Fin de partida —como cualquier otro texto— es susceptible de múltiples lecturas, pueden acudir con gusto a disfrutar de la función.

Quien haya visto los últimos trabajos de Krystian Lupa sabe a qué atenerse. Para situar el espacio ha reproducido un búnker abandonado de hace unos sesenta años, de hormigón desconchado y suciedad, con perspectiva en cuña, para afianzar aún más el efecto de mazmorra. La luz del exterior entra por unas ventanas diminutas y la iluminación cambia, apenas perceptible, a medida que avanza el día o se nos cuela un rayo de sol. La atmósfera es sugestiva a más no poder. Y un poco cuadro. Hay una línea roja que enmarca la embocadura y nos lo sugiere. El mismísimo tiempo suspendido al servicio de unos personajes atrapados por el dolor que les produce su maldad y sus inerciales relaciones del pasado. Como dice Lupa en el programa de mano su versión trata del mal, de un microcosmo familiar que es el estigma de toda la humanidad. Intentar, pues, abordar con otros criterios su elaborada versión sería como meter un elefante en una cacharrería.

Son muchos los cambios efectuados en el texto, siendo los más notables el sexo de Clov —que aquí interpreta Susi Sánchez— y el aborto sistemático de cualquier atisbo de ironía. El cambio de sexo es, afortunadamente, inapreciable porque se lo come la radicalidad de un naturalismo sotto voce, muy sentido, que preside toda la actuación a modo de una introspección existencial (en una clave farsesca, con una correlación de poder y géneros, nos iríamos a un discurso trivial). Como se trata de una propuesta de “interiores” con algunos desplazamientos oníricos, la cadencia y el tratamiento del tempo son las virtudes y el sello de calidad que le impone el director. El universo Krystian Lupa. Una obra muy personal que centra su objetivo en el peso de la vida, la soledad, y el sentido/sinsentido que tiene para nosotros y para los demás.

Pero la negación del humor en este Fin de partida es lo que más desconcierta a los beckettianos de pro. No hay concesiones a la farsa y a los juegos circenses, y lo poco que aparece se muestra rebajado. Muy reducido, casi inexistente. Sólo los despojos de Nagg y Nell, que permanecen en unos contenedores incrustados en la pared que se meten y sacan como se hace en los depósitos de cadáveres, arrancan alguna sonrisa a los espectadores. Principalmente Ramón Pons, que nos sorprende por su escualidez de judío de Auschwitz, apoyado por una compungida Lola Cordón haciendo de anciana venerable. El trabajo de José Luis Gómez y Susi Sánchez, que son quienes llevan el peso de la representación, no tiene pérdida en el fiel cumplimiento de las premisas impuestas desde la dirección para que todo alcance la dimensión metafísica antes aludida. Aunque algunas salidas de tono que, incomprensiblemente, no se han cortado —al igual que se hizo con otros pasajes para que todo fluya en la misma dirección— despunten por su impostura.

Por lo demás, estemos o no de acuerdo con esta versión, lo que se hace indiscutible es la fuerza que alcanza la poética de Lupa en la obra de Beckett. Una simbiosis que tampoco desdice con la radiación de fondo que se reconoce en el texto original, y que ya habían señalado algunos estudiosos en sus comentarios acerca del desgarro que produce el vacío existencial de su escritura. O lo que es lo mismo, el dolor, la maldad y la soledad que nos invade. El lastre con el que todo ser vivo está condenado a bregar, y el “pecado” que, como buen polaco, nos presenta este artista internacional.

Presiento que estamos ante uno de los espectáculos más discutidos de la temporada y ante uno de los Fin de partida que, por su originalidad de tratamiento, está avocado a convertirse en referencia.

 

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