Número 29. Mayo de 2010

FETEN 2010

Pedro Lanza

Comenzó la decimonovena edición de FETEN con buen tiempo, en un Gijón abierto al mar y al viento. Y lo hizo, como en anteriores ediciones, con una presencia masiva de programadores y profesionales de toda España y con una amplísima programación teatral para disfrute de los niños y escrutinio de los distribuidores, que aprovecharon esta Feria para cubrir, en gran medida, sus respectivas programaciones de teatro infantil para todo el año.

Dentro de la variada oferta, vamos a comentar algunas de las propuestas que se pudieron ver en Gijón en la última semana de febrero.

Teatro Plus, grupo afincado en Asturias, representó un espectáculo de pequeño formato destinado a niños de tres años en adelante. El tiempo perdido, que así se titula, nos cuenta, con la presencia de una narradora-manipuladora y un actor, la historia de Pepe, un diminuto títere de gomaespuma, y su Papá, un hombre cualquiera (¿por qué entonces va vestido de payaso?), un escritor que de golpe se convierte en padre (¡le llega un paquete con el niño-títere!). La moraleja de la historia es la falta de atención hacia los hijos por los padres muy ocupados en sus serios trabajos y cómo los hijos repiten el esquema cuando crecen. Los actores hacen un buen trabajo, en clave mimo-clown el Papá, y el espectáculo se sigue con interés, aunque en los diez minutos finales hay un bajón en el ritmo que impiden redondear la función.

Los catalanes de Nats Nus Danza, asiduos a FETEN, no mostraron ningún espectáculo. ¿Bailas? es un taller donde participan niños y mayores, bajo la socorrida premisa del juego dramático o juego danza, tan abundante en libros de pedagogía teatral y escolar.

La Companyia del Príncep Totilau, también catalana, nos presentó un Shakespeare. Poner al alcance de niños de seis años La tempestad es una apuesta atrevida. Tres actores-manipuladores dan vida a los personajes que se reencuentran en la isla. Con unos títeres grandes, de hermosa factura y vestuario y un espacio escénico polivalente, formando un círculo-isla con los libros del desterrado, desarrollan en algo menos de una hora la historia de la venganza y el perdón de Próspero. El esfuerzo de los tres actores (un hombre y dos mujeres) es intenso durante toda la representación, pues están casi permanentemente en escena interpretando, bailando o manipulando. Lástima que no haya un trabajo de voces e interpretación a la altura de la producción.

Otro grupo habitual en la Feria es Aracaladanza. Sus espectáculos siempre tienen un marchamo de calidad y factura impecable. Aunque a decir verdad, la danza va perdiendo protagonismo en sus espectáculos en favor de composiciones esteticistas llenas de hermosos objetos, donde las bailarinas son además virtuosas manipuladoras. Tal es el caso de Nubes, preciosista trabajo que conjuga tramoya, proyecciones, objetos y bailarinas para recrear una cierta estética surrealista en la línea icónica de Magritte. Pero tanta perfección estética conduce a la pérdida de pasión y a una cierta frialdad, que hacen que admires el espectáculo, pero que no te enamores de él.

Con la técnica del teatro negro, los zaragozanos de Caleidoscopio Teatro pusieron sobre las tablas del Teatro Jovellanos su espectáculo Ondina Glups. Usando el “original” método de una niña que tiene un sueño, colocan a la protagonista buceando por los procelosos mares del mundo. La luz negra da para mucho: peces y más peces que van y vienen de manera incansable. Demasiado deambule natatorio. Son bellas las marionetas fosforescentes, sobre todo dos medusas tridimensionales de gran tamaño que pasean durante un buen rato por el patio de butacas. Cuando creíamos que el viejo vicio de “asaltar” la platea ya había sido erradicado de los teatros españoles, nos encontramos aquí con un doble retorno: tras las medusas bajan un enorme balón para que los infantes se deleiten durante un buen rato dando manotazos. Pero al final todo se aclara: es una obra de tesis. ¿Cuál? Pues que los humanos contaminamos los mares y exterminamos incluso a los peces abisales. Y nos lo cuentan en el tono didáctico-panfletario (¡con un monstruo de la contaminación incluido!) que usan muchos grupos de teatro infantil, que creen que el fin justifica los medios. Más teatro y menos moralina, por favor.

El grupo gijonés Higiénico Papel presentó en FETEN un espectáculo dirigido a niños de 3 a 8 años, Una casa. Como su título indica, la protagonista de la historia es una maravillosa y enorme casa de muñecas, a la que se muda un niño con su familia cuando les toca la lotería. Con sombras chinescas al principio y títeres planos que representan a la familia que habita la casa, el narrador-niño nos va mostrando todas las habitaciones de la casa, bellamente amuebladas, a la vez que nos desvela sus anhelos y sus miedos. Oculto tras la casa, un manipulador pone voces al resto de la familia. Es de destacar la modulación pausada y relajada del niño y de sus mayores en todos los parlamentos, sin una sola salida de tono. Una especie de familia zen, vamos, que exhala serenidad del mismo modo que sale humo por la chimenea de la impresionante casa.

Desde Valencia a las tablas del Teatro Jovellanos llegan Escalante Centre Teatral y Anem Anant Teatre con la producción Cuentos de los Grimm. No hay dudas sobre la mercancía que nos ofrecen: “Hansel y Gretel”, “El sastrecillo valiente” y “Cenicienta” llenan casi una hora de espectáculo. Y se nota: estirar estos tres conocidos cuentos adaptándolos a la escena sin demasiadas sorpresas ni en el tratamiento ni en el argumento no pasará a la historia de los hallazgos teatrales. En un único escenario y con diez actores siempre en escena (a destacar el diseño del vestuario y los objetos que usan: la producción está muy cuidada) vemos cómo los hermanos Grimm llegan a un pueblo y, junto a ocho lugareños, juegan a representar los citados cuentos con la excusa de terminar su libro recopilatorio de cuentos populares. Los actores ofrecen en general un trabajo solvente, pero la función no es capaz de entusiasmar en ningún momento.

La Companyia de Comediants La Baldufa trajo a FETEN un soplo de teatro vivo. Sin pretenciosos esteticismos, didactismo apolillado, o lenguaje políticamente correcto, con dos actores sobresalientes y una idea muy clara de lo que es un espectáculo vivo y con ritmo, se metieron al público en el bolsillo. Cirque déjà vu nos cuenta la historia de dos viejos comediantes, Anselmo y Fausto, dos amigos que en el pasado recorrieron los pueblos con su circo. Anselmo tiene alzheimer y sus recuerdos se desvanecen. Pero su amigo Fausto lo visita para darle afecto y hacerle recordar. Así van rescatando del tiempo y la memoria, en sucesivos flashbacks, sus divertidísimos números de juventud. La escena final resume de forma simple y magistral, sin necesidad de discursos grandilocuentes, la peripecia vital de los cómicos: unas sencillas marionetas de madera autómatas que representan a todos los personajes del circo se deslizan por un plano inclinado hacia una caja donde son depositados con cuidado por Fausto. El títere de Anselmo se precipita en el cajón con un golpe sordo mientras se hace el oscuro.

La Compagnia TPO vino desde Italia para ofrecer un espectáculo “interactivo” según definición de la propia compañía. En un espacio escénico creado por una gradería para el público montada en los cuatro lados de un cuadrado de seis por seis metros con su superficie cubierta con un tapiz de baile, dos bailarinas “inter-actúan” con las proyecciones de un videoproyector cenital. La filmación es obra de dos ingenieros informáticos, que ponen movimiento a los colores y formas del pintor kurdo Rebwar Sabed. Son bellas las imágenes que se nos ofrecen. Lo que pasa es que al cuarto de hora, pasada la sorpresa inicial, el juego se hace repetitivo, al igual que la música minimalista que conduce el espectáculo. Las bailarinas invitan con delicadeza al público a incorporarse al tapiz para que se sume a la “interacción”. Todo muy sereno, muy estético, muy armónico, muy cromático, muy aburrido. Si los ingenieros informáticos hacen teatro, ¿cuándo comenzarán los teatreros a programar software?

Salvador Collado presentó en Gijón Los diablillos de la ópera. ¿Qué decir de este autodenominado “mágico musical” sin faltar a la verdad? Quizá una enumeración de elementos nos ayude: un libreto sin sentido y aburrido a la par que petulante, firmado por Alfonso Zurro; unos trucos de magia comprados en un baratillo y más viejos que la pana (además de chapuceramente presentados y resueltos); unos actores que dan más pena que miedo y deambulan sin ton ni son por la escena; una “orquesta” compuesta por dos teclados afónicos y percusión, eso sí con director; una escolanía de veintitantas niñas y un niño (al que los diablillos torturaran durante todo el espectáculo sin que sepamos muy bien por qué: le tiran del pelo, de la oreja, le hacen desaparecer, le guillotinan, le clavan un cuchillo en el brazo, le atraviesan la cabeza con sables…), que cantan como lo que son, un coro de escuela, en pijama, con coletitas y un peluche cada una; unas proyecciones de relleno que son un monumento al tópico; una soprano, un tenor y un barítono que hacen el papelón de su vida y que se supone dan razón de ser a este tinglado; una escenografía con rampas, fea y desaprovechada; y por fin, ochenta minutos de espectáculo para cantar diez piezas que no duran ni treinta minutos. No sabemos si esto es una jugada comercial o es una gran producción, pero seguro que es un monumento a la mediocridad y al tedio.

Ara Malikian, violinista inconmensurable, puso música a Cuentos del mundo –Armenia­–. Con la sencilla propuesta de contar un cuento, los números musicales se imbrican perfectamente en la narración, con una vitalidad y un virtuosismo musical que contagian optimismo, ganas de vivir. Una muestra de enorme talento de unos intérpretes que con un violín, una viola, una guitarra y un contrabajo encandilan al público.

En La Isla hay tres palmeras, una roca y un náufrago, que lleva dos años sobrellevando con meditación budista e imaginación su soledad. Es un cocinero al que los tripulantes de un barco mercante ruso arrojaron al mar por hacerles una comida demasiado creativa. Un día llega a la isla otro náufrago, un contable sin imaginación. Pronto surgen los conflictos entre ellos, hasta que una terrible tormenta, que pone en peligro sus vidas, hace que se reconcilien y surja una sincera amistad. Laví e Bel Teatro ofrece un trabajo solvente, con dos buenos actores en la bonita escenografía de la isla. Los primeros y últimos quince minutos del espectáculo son magníficos. Lástima que un bache central de ritmo, donde decae el texto y el interés, lastren el resultado final de una producción que tiene todos los mimbres para fabricar un espectáculo redondo.

Sonrisas y magia fue el espectáculo que clausuró FETEN. Indudablemente un broche de oro. Porque Mag Lari es un ilusionista, no porque haga números de magia, sino porque embruja al público con un espectáculo divertidísimo, en el que durante hora y media derrocha un enorme talento de actor-showman. Este joven artista traspasa las candilejas con sólo aparecer en escena con su elegante traje. Los trucos de prestidigitador son casi secundarios, por típicos, con sus cajas de aparecer y desaparecer, sus sables, sus cartas, sus “ganchos” entre el público... Lo que importa es la puesta en escena y el perfecto engranaje verbal, con los que el mago catalán seduce a pequeños y grandes.

Y el año que viene FETEN cumple sus veinte años de existencia. Lo celebraremos todos, público y profesionales, como un hito importante del teatro español.

Un recorrido por la feria

Roberto Corte

No hay que resaltar la importancia que para España tiene Fetén como feria de teatro para niños y adolescentes. De todos es sabido. Su buen hacer y sus muchos años de ejercicio ininterrumpido le han dado un reconocimiento merecido. Por aquí ha pasado, y también se ha estrenado, mucho del mejor teatro de los últimos veinte años. Y los gijoneses han sido, junto al resto de aficionados de Asturias o de otras comunidades, los privilegiados que han tenido la suerte de disfrutarlo.

También resulta inútil repetir que el teatro dirigido a los niños tiene sus propias reglas, y que éstas, a veces, para la crítica, son tan discutibles como en el teatro para adultos. Al fin y al cabo los elementos materiales implicados en el montaje y los pertinentes códigos que se establecen para su emisión y recepción son los mismos que se usan para el común de los géneros, si exceptuamos las peculiaridades que le impone la edad de los destinatarios. Si por casualidad algún crítico despistado aún no está familiarizado con este medio siempre puede dejarse orientar por las explícitas e inequívocas respuestas de la concurrencia, ya que a edades tan tempranas la sinceridad todavía es una virtud orgánica. Aunque al hacerlo pongamos también de manifiesto, eso sí, que uno de los retos más importantes que se le plantea a la organización es el de acertar a la hora de asignar los públicos escolares a los espectáculos programados. Pues, evidentemente, las piezas que se exhiben no van dirigidas por igual a niños de todas las edades.

Como son muchos los espectáculos programados en Fetén y la asistencia a toda la programación es imposible, al espectador ocasional (como es mi caso) no le queda otro remedio más que dejarse llevar por su disponibilidad de horarios, por las señales que le lance su instinto, o por la suerte que le confiera una elección al azar. Resulta imposible reseñar convenientemente cada pieza por razones de espacio, así que nos conformaremos con hacer un repaso a modo de barrido calificativo sobre lo visto. Adelantando que, como ocurre en otras ocasiones, no siempre tiene por qué haber correspondencia entre los medios de producción con que cuenta una compañía y la calidad de los resultados. Algo que, por otra parte, evidencia una de las anomalías típicas de la expresión artística, y nos pone sobre aviso de que no siempre los que disponen de mayores subvenciones son los mejores.

La programación oficial iba del 21 al 26 de febrero, pero el sábado 20 comenzaron las exhibiciones denominadas pre-Fetén, donde los asturianos de Teatro Plus presentaron El tiempo perdido. Un trabajo realizado con ternura y humor que sostuvo durante cuarenta y cinco minutos la atención de los más pequeños (a partir de tres años) con las peripecias de Pepe, el títere protagonista empeñado en acabar con la paciencia de su padre, que interpreta Aleksandar, su manipulador, en una ambientación realizada con sencillez y en gomaespuma.

En lunes 22, en el Centro Municipal de Gijón-Sur, El Callejón del Gato, bajo la dirección de Ana Eva Guerra, presentó La cabeza del dragón, de Valle-Inclán. Una pieza que pese a su excelente interpretación y buena factura en el conjunto del montaje —los tres actores y dos actrices ni pierden tipo ni bajan la guardia rítmica un instante en esos vertiginosos cambios a que les obliga el doblaje de los personajes— no acabó de convencer del todo, quizá porque la edad del público no era la adecuada y, quizá también, porque estamos ante un teatro más para jóvenes y adultos que para niños; o, sencillamente, porque estamos ante un texto sobrevalorado por los valleinclanistas (en realidad no se sabe muy bien a quién va dirigido, pese a que nos engañe la fábula). Ese mismo día, por la tarde y ya en el Antiguo Instituto, los Títeres de la Tía Elena representaron Cajal, el rey de los nervios, una obra didáctica con marionetas de diversos tamaños que fue seguida con provecho por la cuidada construcción de los muñecos, por la buena ejecución al contar la historia, y por las entretenidas anécdotas que se muestran de la vida de este Premio Nobel de Aragón, sacadas de sus memorias. A la noche, y en uno de esos apartados del festival dedicado al relax, le tocó el turno al malabarista Lee Hayes manejando botellas de güisqui, al Caleidoscopio de Feeding the Fish, con un bello espectáculo de fantasía a base de coreografías con tubos de luces, y al excelente Marco Carolei con números cómicos y de cabaret incluidos en El vendedor de periódicos.

El martes 23 por la mañana, en los bajos del Teatro Jovellanos, el grupo Maduixa representó uno de los mejores espectáculos de la feria, Ras!, un cuadrilátero con gradas donde dos jóvenes intérpretes juegan y dibujan en el suelo lo que la imaginación les dicta. La buena utilización y sincronización de los colores, y las líneas trazadas por un programa de luces de un proyector cenital, mostró de manera ejemplar el buen uso que se hacía de la tecnología, al convertirla en el elemento medular de las composiciones, incluidas las coreográficas, y no en un mero decorado insustancial como viene siendo habitual en la mayoría de las representaciones. A las 12:30 en Gijón-Sur Teatro Paraíso representó El flautista mágico, con música en directo, y unos objetos y muñecos que lograron que los niños siguieran la historia con atención.

Para recordarnos, al igual que Kavafis, que lo importante es el viaje, los vascos Markeliñe representaron el miércoles La isla desconocida, pieza con pantomimas y desplazamientos en un espacio vacío, donde unos cubos y maromas colgadas de la tramoya del Jovellanos, y el buen trabajo de los intérpretes, consiguieron cuadros entretenidos. Aunque fue posteriormente en Gijón-Sur, cuando el grupo Teloncillo nos agració con Josefina, una pieza de línea clara que hizo las delicias de los espectadores. La vida de Josefina contada de una manera tan sencilla como eficiente, a través de los proverbios que aprendió de su abuelo. La buena letra y el buen ritmo que le aplicó Claudio Hochman y los intérpretes hicieron que la pieza de Teloncillo destacase entre las mejores. Sin embargo el trabajo que por la tarde se mostró en el Antiguo Instituto del grupo La Machina, Grillos y luciérnagas, pese a tener una ambientación recogida y poética, y el quimérico y delicado mundo de sensaciones que se nos presenta, fue aburrido y no logró seducirnos. Justo lo contrario que consiguió inmediatamente después La Baldufa y su Cirque déjà vu, que nos transmitió toda la carga poética que encierra el circo a través de la ternura de unos personajes desgarrados por su pasado. El esfuerzo que realizan para combatir la pérdida de memoria les lleva al recuerdo de unos números de barraca de feria, tradicionales, que son todo un homenaje a lo vivido. Cirque déjà vu fue sin duda uno de los mejores espectáculos del Fetén.

El mismo miércoles a la noche vimos en el patio del Antiguo Instituto el adelanto del espectáculo que, dos días más tarde, clausuraría el Fetén en el Jovellanos, Mag Lari y su Sonrisas y magia. Para quienes hayan visto con anterioridad los trabajos de este excelente catalán cualquier explicación es innecesaria. Se trata de un comunicador insuperable, de un excelente provocador —aunque no del agrado de todo el mundo— que domina su arte con maestría.

Y el jueves 25 le tocó el turno a Sarabela Teatro, en el Jovellanos. Pero ni el amplio despliegue escenográfico lleno de plasticidad y color, ni la belleza del vestuario, y la buena interpretación de los actores del grupo consiguió sobreponerse al necio argumento de Cósima, de Chris Baldwin, una pieza construida a base de despropósitos y moralina tontocomplaciente (“las puertas de las jaulas tienen que estar abiertas”, y cosas así) en la historia de una niña que decide abandonar a su familia para marcharse a vivir a la copa de un árbol, porque su padre la obligaba a comer caracoles.

Hasta aquí llega mi comentario a los espectáculos presentados, dejando constancia de que han sido muchísimos más —y muy interesantes, parece ser— los que no he podido ver.

Premios FETEN 2010

  • Premio al mejor vestuario y caracterización a Rafael Garrigós, de Uróc Teatro, por Cómicos.

  • Premio al mejor espacio escénico a Mauricio Berceni, de Teatro Paraíso, por El flautista mágico.

  • Premio al mejor texto a Adolfo Ayuso, de Títeres de la Tía Elena, por Cajal, el rey de los nervios.

  • Premio a la mejor interpretación masculina a Carles Pijuan y Emiliano Pardo, de La Companyia de Comediants La Baldufa, por Cirque dèjá vu.

  • Premio a la mejor interpretación femenina a Silvia Martín, de Teloncillo Teatro por Josefina y Ana i Punto, de Marie de Jongh, por Humanos.

  • Premio a la mejor dirección a Pau Pons y Joan Miquel Reig, de Al Vent Teatre / Germinal Producciones, por Yayos.

  • Premio especial del jurado a las nuevas propuestas escénicas a Maduixa Teatre por Ras! y a T. P. O. (Teatro di Piazza o d’Ocasione) por El jardín pintado.

  • Premio especial del jurado al mejor espectáculo de títeres a Guyi-Guyi, de Periferia Teatro.

  • Premio al mejor espectáculo FETEN 2010 a Nubes, de la compañía Aracaladanza.

 

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