Roberto Corte, Nacho Ortega, Néstor Villazón y
Antonio González Tolón
durante la presentación de Democracia. (Foto de Javi
Bouzas.)
Nacho Ortega
El pasado jueves 8 de abril, se presentó en la Casa del
Libro de Gijón, el Premio de Literatura Dramática “Lázaro
Carreter" 2009. La obra titulada
Democracia, de nuestro colaborador Néstor Villazón, fue
presentada por Antonio González Tolón, Director del Centro
Dramático de Aragón, institución que convoca el Premio y se
encarga junto con la ADE de su publicación. Le acompañaron
en el acto Nacho Ortega y Roberto Corte, que además de un
análisis de la obra de Villazón, realizaron una lectura
dramatizada del comienzo de la pieza. A continuación
reproducimos la intervención de Nacho Ortega.
Ricardo Piglia dice que la literatura es más interesante que
la vida y sin embargo escribir avergüenza.
La gente escribe. ¿Para qué? No se sabe, supongo que habrá
tantas razones como personas. Un 99% de los manuscritos son
devueltos a sus autores y sin embargo… se sigue escribiendo.
Mucha gente y muchos libros para acabar siendo una sociedad
de libros sin dueño y dueños sin libro. Yo tengo por “buenos
libros” aquellos que en un momento dado me han servido como
remedio paliativo para las enfermedades del alma. Por eso no
puedo creer en las listas de ventas. Me cuesta confiar en un
remedio único para tantas enfermedades distintas. Habría que
preguntarse entonces por qué es más fácil vender 100.000
libros iguales que 100.000 libros distintos.
Néstor Villazón es una persona con una extraña querencia por
lo excepcional. Una maldición sin duda, pues atormenta a
personas que saben, con certeza, de la existencia de un
tesoro escondido pero que no tienen barco, ni brújula, ni
mapa y han de construirlo ellos mismos confiando en que las
líneas que trazan sobre un papel sean el camino correcto
para llegar. Y tiene su merito dedicarse a la literatura
sobre todo ahora que la idiotez nos acorrala y la cultura se
ha convertido en un asunto siniestro de cifras, fiestas y
ferias.
No debemos olvidar que los “poetas” han sido los que a lo
largo de los siglos han expugnado el muro del aislamiento de
lenguas babélico y han sido los poetas quienes a fuerza de
intentarlo consiguieron descifrar las palabras y los versos
de sus hermanos extranjeros.
Esto es lo que me hace estar hoy aquí reflexionando sobre un
poeta y participar de lo que él hace. De esa responsabilidad
que tiene el escritor de “tener que volver a decir” para que
yo pueda seguir leyendo por la única razón de “tener que
volver a escuchar”.
Es éste un autor preocupado por la cotidianidad, por lo
rutinario, pero yo defiendo que el cambiar el entorno
natural a un hecho cotidiano ya lo convierte en excepcional
y eso es lo que él hace. Desubicar lo cotidiano. Ocurre con
sus textos y sus poemas lo mismo que cuando aprendes a tocar
el piano. Siempre tienes la sensación de que se va a cerrar
la tapa, pillándote los dedos. Y es que en la literatura,
las desgracias ajenas siempre nos resultan reconfortantes,
tal vez porque apuntalan las propias o quizá lo
reconfortante es la buena literatura con o sin desgracias.
Ahora bien, yo no sé si este autor es recomendable para los
lectores “burbuja”. Se trata de un tipo de lector que puede
pasar a través de los textos de casquería sin una sola
mancha. Este tipo de “lectura impoluta” puede ser practicada
en la cama con total tranquilidad, ya que no hay temor a
manchar las sábanas. Y si en una primera lectura de los
textos de Néstor Villazón no noto la salpicadura, es que
tendré que volver a releerlo y esta vez… sin escafandra.
El compartir este momento de “estreno absoluto” de un autor
y su texto dramático es como todos imaginaréis un honor y un
placer, pero como en las obras de Chéjov... el drama va por
debajo. ¿Qué dices de un autor que está vivo y además a tu
lado? Pero no acaba ahí el conflicto dramático. Se suma a
esto el que es alguien a quien considero amigo y lo somos no
tanto por nuestras palabras como por nuestros silencios, así
que debo cuidar con exquisita delicadeza este “breve tiempo
de palabras” para que no se acabe convirtiendo en “abrupto
silencio” que se prolongue en nuestras vidas. Confío en que
no, porque a las montañas no les importa si uno prefiere la
playa.