Número 29. Mayo de 2010

Publicada la obra de Néstor Villazón, premiada con el 'Lázaro Carreter'
Presentación de 'Democracia'

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Roberto Corte, Nacho Ortega, Néstor Villazón y Antonio González Tolón
durante la presentación de Democracia. (Foto de Javi Bouzas.)

Nacho Ortega

El pasado jueves 8 de abril, se presentó en la Casa del Libro de Gijón, el Premio de Literatura Dramática “Lázaro Carreter" 2009. La obra titulada Democracia, de nuestro colaborador Néstor Villazón, fue presentada por Antonio González Tolón, Director del Centro Dramático de Aragón, institución que convoca el Premio y se encarga junto con la ADE de su publicación. Le acompañaron en el acto Nacho Ortega y Roberto Corte,  que además de un análisis de la obra de Villazón, realizaron una lectura dramatizada del comienzo de la pieza. A continuación reproducimos la intervención de Nacho Ortega.

Ricardo Piglia dice que la literatura es más interesante que la vida y sin embargo escribir avergüenza.

La gente escribe. ¿Para qué? No se sabe, supongo que habrá tantas razones como personas. Un 99% de los manuscritos son devueltos a sus autores y sin embargo… se sigue escribiendo. Mucha gente y muchos libros para acabar siendo una sociedad de libros sin dueño y dueños sin libro. Yo tengo por “buenos libros” aquellos que en un momento dado me han servido como remedio paliativo para las enfermedades del alma. Por eso no puedo creer en las listas de ventas. Me cuesta confiar en un remedio único para tantas enfermedades distintas. Habría que preguntarse entonces por qué es más fácil vender 100.000 libros iguales que 100.000 libros distintos.

Néstor Villazón es una persona con una extraña querencia por lo excepcional. Una maldición sin duda, pues atormenta a personas que saben, con certeza, de la existencia de un tesoro escondido pero que no tienen barco, ni brújula, ni mapa y han de construirlo ellos mismos confiando en que las líneas que trazan sobre un papel sean el camino correcto para llegar. Y tiene su merito dedicarse a la literatura sobre todo ahora que la idiotez nos acorrala y la cultura se ha convertido en un asunto siniestro de cifras, fiestas y ferias.

No debemos olvidar que los “poetas” han sido los que a lo largo de los siglos han expugnado el muro del aislamiento de lenguas babélico y han sido los poetas quienes a fuerza de intentarlo consiguieron descifrar las palabras y los versos de sus hermanos extranjeros.

Esto es lo que me hace estar hoy aquí reflexionando sobre un poeta y participar de lo que él hace. De esa responsabilidad que tiene el escritor de “tener que volver a decir” para que yo pueda seguir leyendo por la única razón de “tener que volver a escuchar”.

Es éste un autor preocupado por la cotidianidad, por lo rutinario, pero yo defiendo que el cambiar el entorno natural a un hecho cotidiano ya lo convierte en excepcional y eso es lo que él hace. Desubicar lo cotidiano. Ocurre con sus textos y sus poemas lo mismo que cuando aprendes a tocar el piano. Siempre tienes la sensación de que se va a cerrar la tapa, pillándote los dedos. Y es que en la literatura, las desgracias ajenas siempre nos resultan reconfortantes, tal vez porque apuntalan las propias o quizá lo reconfortante es la buena literatura con o sin desgracias.

Ahora bien, yo no sé si este autor es recomendable para los lectores “burbuja”. Se trata de un tipo de lector que puede pasar a través de los textos de casquería sin una sola mancha. Este tipo de “lectura impoluta” puede ser practicada en la cama con total tranquilidad, ya que no hay temor a manchar las sábanas. Y si en una primera lectura de los textos de Néstor Villazón no noto la salpicadura, es que tendré que volver a releerlo y esta vez… sin escafandra.

El compartir este momento de “estreno absoluto” de un autor y su texto dramático es como todos imaginaréis un honor y un placer, pero como en las obras de Chéjov... el drama va por debajo. ¿Qué dices de un autor que está vivo y además a tu lado? Pero no acaba ahí el conflicto dramático. Se suma a esto el que es alguien a quien considero amigo y lo somos no tanto por nuestras palabras como por nuestros silencios, así que debo cuidar con exquisita delicadeza este “breve tiempo de palabras” para que no se acabe convirtiendo en “abrupto silencio” que se prolongue en nuestras vidas. Confío en que no, porque a las montañas no les importa si uno prefiere la playa.

 

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