Número 28. Enero de 2010

Do you want sex? Call me: 555335000

velocidad máxima

Concepción y dirección: John Romão

Dramaturgia: Mickael de Oliveira

Interpretación: John Romão y tres “garotos de programa” brasileños residentes en Lisboa

Pianista: Cláudia Teixeira

Espacio escénico: Diego Beyró y John Romão

Colaboración coreográfica: Elena Córdoba

Diseño de luz: Daniel Worm D’Assumpção

Vídeo: Carlos Conceição

Diseño de proyecciones: Bruno Moreira Dias

Construcción de máscaras: Cecília Sousa

Co-producción: Festival Citemor, La Laboral, Murmuriu, Negócio/ZDB, Penetrarte

5 de diciembre de 2009

Teatro de la Laboral (Gijón)

Venancio J. Mayo Pérez

Recorren miles de kilómetros desde sus países de origen, son los nuevos navegantes en busca de nuevas tierras, de mejores vidas. La tierra prometida, la vieja y desarrollada Europa les espera. Escapar de la esclavitud, de la pobreza intrínseca y extendida de las calles de su ciudad natal.

El viaje es largo, tortuoso, no exento de peligros, pero la motivación por llegar al lugar de recompensa es aún más fuerte que el desánimo, a fin de cuentas se trata de ganar una nueva oportunidad de vida, ¿no es motivo suficiente? Cruzar todo un océano para alcanzar las doradas tierras, para alcanzar los dorados sueños. Pero las grandes puertas no están hechas para que pasen por ellas “los nadie”, los que nada tienen, los que nada valen, los que no pueden pagárselo. Entrar por los resquicios del muro, una vez dentro sólo queda espacio en los sótanos del sistema, aunque habitar esos oscuros lugares no es gratuito, vivir cuesta y no sabes cuánto…

Sobre el escenario cuatro personajes, tres de ellos son auténticos “garotos de programa” (prostitutos brasileños). Cuerpos de alquiler, objetos de consumo para satisfacer los deseos de quienes tienen el poder en sus manos en forma de dinero. Cuerpos como objeto de transacción económica, relaciones sin sentimientos, para qué, ¿acaso el dinero los tiene? Tres historias en una sola, tres personas con necesidad de abandonar su condición de cosa, con necesidad de personificarse, de mostrarse, de contar, de compartir lo que sienten dentro de una vida de artificio, de apariencia, de voraz crueldad que los consume.

La hipocresía de una sociedad que penaliza tu condición, mientras su sistema de consumo te condena a practicar el sexo mercenario para pagar el día a día de tu vida, y a la vez, te ofrece las herramientas, a precio de oferta, para que ejerzas mejor tu trabajo: terminal telefónico, página web, anuncios de contactos en prensa, bronceado, gimnasio, hormonas, ropa cara. Competir para colocar mejor tu producto. Intentar que el haber sea mayor que el debe. Invertir en tu propia condición de esclavo sexual y de paso, si puedes, poder vivir como los demás, aunque sea sólo un poquito.

Si tuviese que definir Velocidad Máxima, la definiría como una obra de gran sensibilidad. Es una obra para corazones sensibles, pero de estómago fuerte, no tanto por lo que se pueda ver sobre el espacio escénico, como por lo que allí se siente. John Romão, proyecta el foco sobre una realidad de la que preferimos retirar la mirada, y que es la de la prostitución como medio de vida, en este caso, la de los prostitutos brasileños en Lisboa, que bien podríamos situar en cualquier otro lugar del espacio europeo o del mundo globalizado. Una mirada radical, directa, desnuda, sobre unas vidas segadas por el desamparo de un continente líder en derechos y tentaciones, siempre que éstas sean rentables y puedas pagar su precio. Una obra de denuncia, clara, con fuerza, que no se esconde, una dentellada a la injusticia, todo un recordatorio para los que pensamos que la vida puede y debe ser otra cosa. Una obra de bajo presupuesto pero de alto octanaje.

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