Número 28. Enero de 2010

Manual perfecto para críticas imposibles

 

performance

de Jorge Moreno

Factoría Norte

Reparto: Jorge Moreno, Ana Blanco

Luz y sonido: Fernando Prieto

Coreografía: Luchy Colunga

Cartel: Cristina Cillero

Dirección: Alberto Iglesias

2 de octubre de 2009

Centro Municipal Integrado Ateneo de La Calzada

Néstor Villazón

La propuesta parece, a priori, muy sencilla: una pareja discute en una habitación desnuda, con los únicos ingredientes de una cama y una botella de vino. Pero ya en el prolongado silencio que abre la obra advertimos la complejidad de su sencillez, porque esta pareja, sus idas y venidas, la violencia terrible que se desarrolla a lo largo de toda la representación, la pasión anhelante y jamás encontrada en ella, el egoísmo y la aniquilación en él, todo el drama interno y la ceguera que desde fuera apreciamos en el devenir de ambos, nos envuelve y nos aísla en su abismo, un abismo por el que cualquiera de nosotros ha pasado, pero un abismo —he ahí su complejidad— distinto para cada espectador: un verdadero abismo animal.

Y es porque las grandes obras se forman a base de pequeños detalles, vemos que la utilización de los objetos, la sincronización de bailes y melodías, el pausado in crescendo de esa violenta y más que cotidiana realidad de los amantes —de esos amantes que se interponen entre ellos mismos y el amor— termina por cautivarnos. Pero cuando hablamos de esa conjunción armónica entre la pareja protagonista no sólo lo hacemos de su magnífica dirección, sino también del uso coreográfico, tan certero, tan bien empastado, tan eficaz; lo hacemos de esa música evocadora, que envuelve las palabras adueñándose de ellas, aglutinándolas, armonizando con ellas mismas; lo hacemos de su iluminación, que aunque más que correcta, uno llega a preguntarse si no hubiera sido el éxito de los actores y la atmósfera creada a su alrededor elementos más que suficientes para contextualizar la acción, encontrarnos ante ese teatro desnudo, ese diálogo directo y puro entre actor y espectador en la comunión más sincera; y hablamos, por último, de su vestuario, el cual ensalzaba aún más determinados aspectos, como pudieran ser la actitud de los personajes o incluso el espacio delimitado por los mismos, recordando, sólo con ese vestuario, la sensación de encontrarnos en la habitación de un viejo hotel, en la última noche en que los amantes se hablan por fin a la cara y ya se despide el amor.

Performance, obra de Jorge Moreno galardonada con el Premio Asturias Joven de Textos Teatrales en el 2004, aparece en una primera lectura como un simple toma y daca entre los intérpretes, como un continuo juego de palabras. Es en su transposición a la escena donde advertimos las tremendas posibilidades del texto, guiado de la mano de su director Alberto Iglesias, que hace explotar ante los ojos del espectador una obra de cabeza, corazón y estómago.

Llega el turno de los actores —el propio Jorge Moreno y su oponente en la ficción Ana Blanco—, sobresalientes en todo momento, sin hacer decaer el perfecto marco escenográfico que los circunda, pero tampoco ensombreciéndolo: la armonía perfecta. Tan certeramente ajustados a su papel, tan profundamente evocadores y crueles, tan dignos de admiración, que resultaron justamente merecedores del fervor que su público les dispensó, desde aquel enamorado que, envenenado por los frutos del pasado y la agonía del presente asiste a la obra con ira, hasta el soñador pacífico que aún ha de reconocer su verdadera naturaleza ante ellos.

Qué se puede decir del verdadero arte cuando sobran las palabras. Porque, en este caso, aquí, no resultan productivas. No se puede explicar aquello con lo que soñamos y sufrimos día tras día, y aquello que hemos padecido por nuestros propios sueños una vez representados. ¿Qué se puede decir entonces con estas simples, inútiles palabras? Véanla. Entenderán de qué hablamos.

 

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