Teatro del Norte cumple casi diez años celebrando los
Encuentros con Mujeres en Escena. Este año tuvieron lugar
los IX Encuentros con Mujeres en Escena del 31 de octubre al
2 de noviembre, que se desarrollaron una vez más en la Casa
de Cultura de Lugones, bajo el lema “Personajes masculinos y
femeninos: coincidencias y diferencias”. Los Encuentros
constaron de tres partes:
En
primer lugar se realizó el seminario dirigido a actores y
actrices que fue impartido por la actriz, directora y
pedagoga Cristina Samaniego: “Tras Las huellas del león
sobre la nieve: Un viaje a través de las energías masculina
y femenina en el trabajo del actor”. A lo largo de estos
días también tuvieron lugar las siguientes representaciones:
el día 29 de octubre, a las 12 de la mañana, VANIA, la
realidad y el deseo a cargo de Teatro del Norte. El día
31, a las 7´30 de la tarde, Una luna entre dos
casas, a cargo de Producciones Quiquilimón.
El día 1, a las 7´30 de la tarde, Las Voces de
la Voz, a cargo de Teatro del Norte. Y el día 2, a las 7
de la tarde, Cristina Samaniego presentó su espectáculo
El lugar de donde no se vuelve.
Para finalizar, el día 2
de noviembre, se celebró un coloquio moderado por Etelvino
Vázquez, y que contó con la participación de: Luisa Aguilar,
actriz y dramaturga del grupo de teatro infantil Kamante
Teatro de Pola de Siero, Estrella García, bailarina,
coreógrafa y pedagoga, Roberto Corte, director de Barataria
Teatro, autor y director de la editorial Oris y de la
revista La Ratonera, y la propia Cristina Samaniego,
directora del Espacio Espiral, Centro de formación de
actores de Santander. Tras una introducción de Etelvino
Vázquez, que centró las líneas del debate, comenzó Cristina
Samaniego, como actriz invitada a estos Encuentros,
contándonos su historia y trayectoria. Sus comienzos en el
Aula de Teatro de la Universidad de Cantabria. Su paso por
la RESAD de Madrid, su trabajo con La Machina de Santander,
su ingreso en Atalaya de Sevilla, que le permitió trabajar
con el Odin Teatret de Dinamarca, con Tascabile de Bérgamo,
etc. Su salida de Atalaya, su trabajo en la Compañía de
Teatro Clásico, con Alsuroeste Teatro de Badajoz, con La
Machina nuevamente, con El Teatro Español de Madrid..., su
trabajo con José Carlos Plaza, hasta, finalmente, volver a
Santander y crear su propia escuela, su centro de estudio e
investigación: Espiral Teatro. Su búsqueda entre dos
realidades, el cuerpo onírico y el texto, su
investigación actual, su pasado y su presente.
Tras la exposición de
Cristina Samaniego se entró directamente en el coloquio
sobre el tema: “Personajes masculinos y personajes
femeninos, coincidencias y diferencias”.
Roberto Corte.- Para
Roberto el personaje dramático es el sujeto que mueve la
acción, al menos en el teatro europeo, y su origen, ya sea
personaje masculino como femenino está en Grecia. Los roles
sexuales se componen y recomponen en función de cada
realidad. Los personajes, tanto masculinos como femeninos,
muestran la realidad y el momento en que se desenvuelven.
Estos roles de masculino/femenino se descomponen a finales
del siglo XX, apareciendo personajes asexuados que no
sabemos si son hombres o mujeres.
Estrella García.- Nos
cuenta que la danza, que nace en el barroco, en sus inicios
era patrimonio de los hombres. Luego se pasa a un ballet
solamente de mujeres. La bailarina era todo un personaje.
Con el romanticismo se equilibran los hombres con las
mujeres: Las sílfides, El lago de los cisnes. Pero el
coreógrafo sigue siendo un hombre, tanto en Rusia como en
Francia que es donde se desarrolla el ballet clásico. Las
mujeres aparecen como coreógrafas en el siglo XX y en la
danza americana. Estas nuevas mujeres que surgen en la danza
ya no hablan de hombres y mujeres, hablan de otras cosas.
Por ejemplo en Marta Graham, que casi todos sus personajes
son femeninos, Pina Bausch, etc. A partir de este cambio y
de esta presencia de la mujer comienzan a trabajar igual los
hombres y las mujeres. Si hasta entonces la mujer giraba y
el hombre saltaba, a partir del siglo XX eso desaparece y
hombres y mujeres realizan el mismo trabajo técnico.
Luisa Aguilar.- Cuenta
que en el teatro infantil y en el teatro con objetos, muchas
veces no se sabe si el personaje es masculino o femenino, si
el manipulador es hombre o mujer. En el momento que se huye
de los tópicos infantiles no es necesario mantener la
diferencia de género. Cuando ella representa el espectáculo
¡Que viene el lobo! los niños piensan que es un
hombre el que hace de lobo pero al final cuando ven que es
una mujer dicen: ¡pero si es una chica! Dado que en teatro
de títeres los personajes son arquetipos, se tiende cada vez
más en el teatro infantil a una cierta ambigüedad en la
definición del género de los personajes, a la supresión de
La Bruja, por ejemplo, a favor de personajes mucho más
ambiguos. Dado el nivel de marginalidad del teatro infantil,
esto le ha permitido evolucionar mucho más que el teatro de
adultos a nivel de géneros y formatos. De ahí, por ejemplo,
la aparición de la danza para niños, donde ya hay solamente
bailarines y no hombres y mujeres.
Cristina Samaniego.- El
contacto con el Odin le ha permitido trabajar con la
energía, lo que significa que la técnica es igual tanto para
hombres como para mujeres, son los mismos ejercicios. Ya no
se trabaja sobre el género del personaje, sino sobre la
energía. Trabajar la modulación de la energía: peso /
energía / tiempo. Este trabajo se hace tanto con el cuerpo
como con el texto y en ningún momento se plantea si el
personaje es masculino o femenino. Trabajar desde la energía
y no desde el estereotipo social y cultural.
Luisa Aguilar.- Cuenta
cómo cuando hace de Lobo en su función ¡Que viene el
lobo! utiliza energía diferente según el público
esté formado por niños muy pequeños o un poco mayores. Con
los pequeños interpreta un Lobo con una energía más suave,
con los mayores interpreta un Lobo con una energía más
fuerte o masculina. Pero esta diferencia no tiene, para
ella, nada que ver con personajes masculinos y femeninos.
Etelvino Vázquez.-
Plantea la pregunta de por qué Bernarda Alba, por ejemplo,
es una mujer y no un hombre. ¿No podría ser un padre en vez
de una madre?
Roberto Corte.- Comenta
que en Grecia, donde las mujeres no tenían ningún derecho,
casi todos los protagonistas de sus tragedias son mujeres.
Concluye que sólo se trata de una estrategia dramatúrgica y
no de personajes masculinos frente a femeninos.
Conclusión.- A modo de conclusión se establece, y en el
terreno de la expresión, que no hay diferencia entre
personajes masculinos y femeninos. Cada uno de ellos
corresponde a diferentes estrategias dramatúrgicas y
gestuales, pero sí que en el siglo XX se ha producido un
cambio sustancial en la preparación para la construcción de
los personajes femeninos, terreno preexpresivo, primero con
la danza contemporánea americana y en la segunda mitad del
siglo XX con el entrenamiento creado por Grotowski y Barba.
Por primera vez los hombres y las mujeres realizan el mismo
entrenamiento preparatorio. Y, por primera vez también, en
formas más marginales del espectro teatral, como el teatro
infantil, la danza contemporánea y algunas formas de teatro
contemporáneo, los personajes comienzan a perder su carácter
de masculino/femenino, para instalarse en el lugar de la
ambigüedad, de la indefinición, consiguiendo así,
finalmente, que hombres y mujeres sean iguales.