Número 28. Enero de 2010

IX Encuentro con Mujeres en Escena

Etelvino Vázquez

Teatro del Norte cumple casi diez años celebrando los Encuentros con Mujeres en Escena. Este año tuvieron lugar los IX Encuentros con Mujeres en Escena del 31 de octubre al 2 de noviembre, que se desarrollaron una vez más en la Casa de Cultura de Lugones, bajo el lema “Personajes masculinos y femeninos: coincidencias y diferencias”. Los Encuentros constaron de tres partes:

En primer lugar se realizó el seminario dirigido a actores y actrices que fue impartido por la actriz, directora y pedagoga Cristina Samaniego: “Tras Las huellas del león sobre la nieve: Un viaje a través de las energías masculina y femenina en el trabajo del actor”. A lo largo de estos días también tuvieron lugar las siguientes representaciones: el día 29 de octubre, a las 12 de la mañana, VANIA, la realidad y el deseo a cargo de Teatro del Norte. El día 31, a las 7´30 de la tarde, Una luna entre dos casas, a cargo de Producciones Quiquilimón. El día 1, a las 7´30 de la tarde, Las Voces de la Voz, a cargo de Teatro del Norte. Y el día 2, a las 7 de la tarde, Cristina Samaniego presentó su espectáculo El lugar de donde no se vuelve.

Para finalizar, el día 2 de noviembre, se celebró un coloquio moderado por Etelvino Vázquez, y que contó con la participación de: Luisa Aguilar, actriz y dramaturga del grupo de teatro infantil Kamante Teatro de Pola de Siero, Estrella García, bailarina, coreógrafa y pedagoga, Roberto Corte, director de Barataria Teatro, autor y director de la editorial Oris y de la revista La Ratonera, y la propia Cristina Samaniego, directora del Espacio Espiral, Centro de formación de actores de Santander. Tras una introducción de Etelvino Vázquez, que centró las líneas del debate, comenzó Cristina Samaniego, como actriz invitada a estos Encuentros, contándonos su historia y trayectoria. Sus comienzos en el Aula de Teatro de la Universidad de Cantabria. Su paso por la RESAD de Madrid, su trabajo con La Machina de Santander, su ingreso en Atalaya de Sevilla, que le permitió trabajar con el Odin Teatret de Dinamarca, con Tascabile de Bérgamo, etc. Su salida de Atalaya, su trabajo en la Compañía de Teatro Clásico, con Alsuroeste Teatro de Badajoz, con La Machina nuevamente, con El Teatro Español de Madrid..., su trabajo con José Carlos Plaza, hasta, finalmente, volver a Santander y crear su propia escuela, su centro de estudio e investigación: Espiral Teatro. Su búsqueda entre dos realidades, el cuerpo onírico y el texto, su investigación actual, su pasado y su presente.

Tras la exposición de Cristina Samaniego se entró directamente en el coloquio sobre el tema: “Personajes masculinos y personajes femeninos, coincidencias y diferencias”.

Roberto Corte.- Para Roberto el personaje dramático es el sujeto que mueve la acción, al menos en el teatro europeo, y su origen, ya sea personaje masculino como femenino está en Grecia. Los roles sexuales se componen y recomponen en función de cada realidad. Los personajes, tanto masculinos como femeninos, muestran la realidad y el momento en que se desenvuelven. Estos roles de masculino/femenino se descomponen a finales del siglo XX, apareciendo personajes asexuados que no sabemos si son hombres o mujeres.

Estrella García.- Nos cuenta que la danza, que nace en el barroco, en sus inicios era patrimonio de los hombres. Luego se pasa a un ballet solamente de mujeres. La bailarina era todo un personaje. Con el romanticismo se equilibran los hombres con las mujeres: Las sílfides, El lago de los cisnes. Pero el coreógrafo sigue siendo un hombre, tanto en Rusia como en Francia que es donde se desarrolla el ballet clásico. Las mujeres aparecen como coreógrafas en el siglo XX y en la danza americana. Estas nuevas mujeres que surgen en la danza ya no hablan de hombres y mujeres, hablan de otras cosas. Por ejemplo en Marta Graham, que casi todos sus personajes son femeninos, Pina Bausch, etc. A partir de este cambio y de esta presencia de la mujer comienzan a trabajar igual los hombres y las mujeres. Si hasta entonces la mujer giraba y el hombre saltaba, a partir del siglo XX eso desaparece y hombres y mujeres realizan el mismo trabajo técnico.

Luisa Aguilar.- Cuenta que en el teatro infantil y en el teatro con objetos, muchas veces no se sabe si el personaje es masculino o femenino, si el manipulador es hombre o mujer. En el momento que se huye de los tópicos infantiles no es necesario mantener la diferencia de género. Cuando ella representa el espectáculo ¡Que viene el lobo! los niños piensan que es un hombre el que hace de lobo pero al final cuando ven que es una mujer dicen: ¡pero si es una chica! Dado que en teatro de títeres los personajes son arquetipos, se tiende cada vez más en el teatro infantil a una cierta ambigüedad en la definición del género de los personajes, a la supresión de La Bruja, por ejemplo, a favor de personajes mucho más ambiguos. Dado el nivel de marginalidad del teatro infantil, esto le ha permitido evolucionar mucho más que el teatro de adultos a nivel de géneros y formatos. De ahí, por ejemplo, la aparición de la danza para niños, donde ya hay solamente bailarines y no hombres y mujeres.

Cristina Samaniego.- El contacto con el Odin le ha permitido trabajar con la energía, lo que significa que la técnica es igual tanto para hombres como para mujeres, son los mismos ejercicios. Ya no se trabaja sobre el género del personaje, sino sobre la energía. Trabajar la modulación de la energía: peso / energía / tiempo. Este trabajo se hace tanto con el cuerpo como con el texto y en ningún momento se plantea si el personaje es masculino o femenino. Trabajar desde la energía y no desde el estereotipo social y cultural.

Luisa Aguilar.- Cuenta cómo cuando hace de Lobo en su función ¡Que viene el lobo! utiliza energía diferente según el público esté formado por niños muy pequeños o un poco mayores. Con los pequeños interpreta un Lobo con una energía más suave, con los mayores interpreta un Lobo con una energía más fuerte o masculina. Pero esta diferencia no tiene, para ella, nada que ver con personajes masculinos y femeninos.

Etelvino Vázquez.- Plantea la pregunta de por qué Bernarda Alba, por ejemplo, es una mujer y no un hombre. ¿No podría ser un padre en vez de una madre?

Roberto Corte.- Comenta que en Grecia, donde las mujeres no tenían ningún derecho, casi todos los protagonistas de sus tragedias son mujeres. Concluye que sólo se trata de una estrategia dramatúrgica y no de personajes masculinos frente a femeninos.

Conclusión.- A modo de conclusión se establece, y en el terreno de la expresión, que no hay diferencia entre personajes masculinos y femeninos. Cada uno de ellos corresponde a diferentes estrategias dramatúrgicas y gestuales, pero sí que en el siglo XX se ha producido un cambio sustancial en la preparación para la construcción de los personajes femeninos, terreno preexpresivo, primero con la danza contemporánea americana y en la segunda mitad del siglo XX con el entrenamiento creado por Grotowski y Barba. Por primera vez los hombres y las mujeres realizan el mismo entrenamiento preparatorio. Y, por primera vez también, en formas más marginales del espectro teatral, como el teatro infantil, la danza contemporánea y algunas formas de teatro contemporáneo, los personajes comienzan a perder su carácter de masculino/femenino, para instalarse en el lugar de la ambigüedad, de la indefinición, consiguiendo así, finalmente, que hombres y mujeres sean iguales.

 

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