la
paz perpetua
Juan Mayorga
KRK ediciones
Colección A escena
Oviedo, 2009. 93 páginas
Marcelino J. Suárez Ardura
Esta reseña, en virtud de
los presupuestos filosóficos que profesa con relación a la
esencia del teatro, ha de ser necesariamente paradójica.
Porque, entendiendo la esencia del teatro como la misma
puesta en escena, a la que sin duda contribuyen los actores
y los espectadores, el director y el texto teatral, el
lugar, la decoración, los tiempos, etc., difícilmente se
podría considerar a un escrito teatral como si fuera una
obra de teatro. El núcleo esencial del teatro será, pues, el
“estar-en-escena”, y en torno a él entendemos que se
alinearán las demás partes dando forma al conjunto de la
pieza. Dicho de otra manera, aun cuando cabría atribuir al
director o al texto teatral la función de partes integrantes
y hasta constituyentes, sólo la puesta en escena podría ser
considerada como parte determinante del teatro.
La paz perpetua
de Juan Mayorga es,
en este sentido, una obra de teatro por sinécdoque. Y, al
referirnos a ella como obra de teatro, habremos de estar
ejerciendo constantemente la sinécdoque, porque el “texto
teatral” –para emplear la expresión del editor– no puede ser
confundido con la obra teatral, así como tampoco una
partitura debe confundirse con la pieza musical cuando está
siendo interpretada.
Con todo, lo que acabamos
de decir no impide atribuir cierto interés al texto que
tenemos entre las manos, porque, en un sentido u otro, La
paz perpetua recorre una temática que bien podríamos
interpretar, por su contenido, de filosófica y, por sus
tesis, como de orientación universalista. Un interés, por
cierto, que acaso ya no pueda ser coordinado con el interés
del espectador, inserto —desde nuestra perspectiva anterior—
en el torbellino objetivo generado alrededor de la puesta en
escena. Aquello por lo que vemos interesante esta obra de
Mayorga —su vocación filosófica y su sesgo universalista—
pide que nos mantengamos, no obstante, a una distancia de
grado tal que permita entender las ideas que envuelven a la
obra —sin perjuicio de que el grado de esta distancia pueda
o deba ser, a su vez, reinterpretado— como una suerte de
sistema ideológico. Ahora bien, de alguna manera, esta
perspectiva deberá poder coordinarse con la del autor que, a
cierta escala —acaso la escala de los “finis operis”— hubo
de estar planteando la urdimbre de la pieza con mimbres
dados en ese mismo plano filosófico y de universalidad.
Por esa razón, no importa
que La paz perpetua adolezca de la trampa que supone
una especie de negación de la negación ejercida en ella.
Porque, aun cuando los actores que encajen la máscara de los
personajes Odín, Enmanuel, John-John o Casius, jamás puedan
ser vistos, desde una perspectiva fisicalista, por parte del
espectador, como perros, tampoco, desde una perspectiva
esencial, cabría atribuirles la “caneidad”. Esto se debe a
que en tanto que cánidos —en el papel— ya eran una máscara
que portaba un humano universal. Consiguientemente, al
encajar ahora los actores —en el escenario— la careta de
caninos lo que en realidad están haciendo es desvelar la
figura humana oculta primeramente bajo los personajes
perros; y, así, si en la primera operación —la que supone la
escritura del texto teatral— el autor negaba a los humanos
disfrazándolos de perros, en la segunda operación —el
“estar-en-escena”— se niega a los perros desvelándose con
tal negación el humanismo universalista que mueve su pluma.
Tales comentarios, que
quizás parezcan ridículos a quienes objeten que poco
importan aquellas cuestiones puramente materiales o de
atrezo, comienzan a ser formales y de esencia en la medida
en que las veamos desde la perspectiva temática en virtud de
la cual —suponemos— se rige el texto. Claramente, la apuesta
de Juan Mayorga se inclina hacia la defensa de la idea de
humanidad en un sentido genérico. Y, paradójicamente, aunque
haga decir a Odín –un can mestizo, cruce de perros
callejeros, un homeless en términos sociológicos– que “los
perros no tenemos lado, ni patria, ni casa” (págs. 57-58),
afirmando con ello un principio de genericidad universal,
sin atributos morales (casa) ni políticos (lado, patria), el
espectador, en pleno drama habrá de estar viendo —en el
“progressus”— hombres-soldado, hablando un lenguaje
particular, porque si no ve hombres-soldado no podría
entender un diálogo de ladridos universales, etológicos. Y
ello porque los atributos por los que se definen los canes
son atributos negativos —ni lado, ni casa, ni patria— que
necesitan una corrección positiva por parte del espectador
si no quiere moverse en la indefinición política a la que le
llevan esos canes sin atributos.
Pero al dramaturgo le
viene bien para sus fines operar desde un plano etológico,
porque desde aquí articula su perspectiva eticista genérica
y mantiene, a la vez, el condimento necesario de
relativismo. De ahí que los personajes principales hayan de
ser tres perros compitiendo entre sí en una lucha a muerte
por conseguir el título especial de perro antiterrorista.
Los perros no necesitan decir “uníos hermanos caninos”
porque ya lo están en el universal etológico que no conoce
lado, casa, ni patria. Y de ahí mismo que la única vez que
interviene un ser humano sea al final de la obra como para
poner el contrapunto necesario frente al cual se proyecta el
drama de la tríada canina. No es de extrañar tampoco la
absoluta ausencia de referencias políticas definidas o que,
cuando éstas aparezcan, como en la pregunta novena de la
segunda prueba, sea para tratar el terrorismo desde una
perspectiva relativista. El perro como medida de todas las
cosas.
La paz perpetua
investiga —si se puede decir así— las brechas abiertas,
oscuras fronteras e intersticios supurantes entre conceptos
opuestos como los de terrorismo y antiterrorismo. Tres
perros —Odín, Enmanuel y John-John— encerrados en un centro
de evaluación aspiran a un trabajo de perro antiterrorista
de elite, K7, supervisados por otro perro experto, Casius, y
bajo la mirada atenta de un Humano. La perspectiva etológica
ya ha sido utilizada a lo largo de la historia de la
literatura (Aristófanes, Cervantes, Jonathan Swift, Orwell)
con resultados de sobra conocidos. Juan Mayorga se inserta
en esta tradición articulando la pieza en trece pasos, donde
la utilización de una doble tríada (por un lado los
aspirantes a K7: Odín, Enmanuel y John-John; por otro, los
aspirantes a K7, Casius y el Humano) permite un juego de
combinaciones dialógicas de cuyo resultado se benefician los
espectadores. El mecanismo de la simploké va desplazando la
acción dramática desde el juego de la tríada simple inicial,
compuesta por Odín, Enmanuel y John-John (Primer paso) hasta
la tríada compleja final, cuando intervienen todos los
personajes a la vez sobre el escenario (decimotercer paso).
El autor urde la acción
dramática a través de un diálogo fluido pero manteniendo la
tensión, dibujando en este proceso el basamento ideológico
que la sustenta. Las palabras del Humano con relación a la
defensa de la democracia y del mundo de los valores [habría
que remitirse a los valores de Occidente] suenan como huecas
justificaciones proferidas desde el poder, argucias de la
Razón de Estado para dominar al otro: “¿Derechos?
¿Democracia? ¿Qué derechos habría sin nosotros?, ¿qué
democracia? Somos el corazón de la democracia. El parlamento
no conoce nuestro presupuesto, ni nuestra plantilla, ni
nuestra agenda, pero cada día salvamos la democracia.” (Pág.
89). Si las proyectamos sobre la pantalla de la concepción
humanista de Enmanuel, se entiende todo el sentido que
quiere darle el autor: “Si ese hombre no tiene derechos
—había dicho Enmanuel—, también los suyos están en peligro.
Los de todos los hombres, la democracia. Luchamos por
valores.” (Pág. 89). Pero esta defensa de la democracia, que
es una defensa de todos los seres humanos, se construye
desde un aparato ideológico que supone una concepción
fundamentalista de la misma democracia, despojada de toda
determinación histórica y política. La universalidad de
estos principios ideológicos es la universalidad de una
clase social educada y cosmopolita característica de las
democracias de mercado pletórico que se define ciudadana del
mundo. En este contexto, el terrorismo (y el antiterrorismo)
queda dibujado como un término inespecífico y relativista,
lo que facilitará la adhesión de un público de cualquier
lado y de cualquier casa. Precisamente, a partir de estas
líneas, se va poniendo de relieve la función ideológica de
la perspectiva ética genérica que va dejando en la sombra de
las bambalinas a los planos moral y político. Ya no hay
griegos ni persas, romanos ni cartagineses sino hombres.
Pero los hombres saben —según esta misma perspectiva
ideológica— que aunque su idea de humanidad no sea efectiva
siempre podrá ser buscada, porque de alguna manera se tiene
la seguridad de que es un bien supremo. Dirá Enmanuel, casi
al modo kantiano: “Dios es la idea de algo deseado pero
inalcanzable” (pág. 59), ¿acaso a modo de guía para la
acción?
Con estos mimbres
—insistimos— se teje La paz perpetua. Y son
precisamente ellos, con toda probabilidad, la clave del
éxito de la obra de Juan Mayorga como reconoce en el prólogo
del libro Manuel Barrera Benítez: “con obras como La paz
perpetua, con las que de nuevo el público sale
ilusionado y emocionado de las salas y en las que es
evidente el compromiso cada vez más profundo del autor con
el arte dramático.” (Pág. 22). “Ilusión” y “emoción” del
público que expresarían no otra cosa que la “sintonía
ideológica” con los presupuestos mismos del autor. Se podría
decir, entonces, que, al final de la obra, cuando, tras el
trágico desenlace, el público aplaude la interpretación que
habrá supuesto la puesta en escena, estos aplausos resonarán
en la bóveda que les recubre conjuntamente, porque ambos
estarán envueltos por el mismo trenzado ideológico según el
cual la muerte de Enmanuel no sería sino la resurrección de
Kant.
eloídes
Jerónimo López Mozo
KRK ediciones
Colección A escena
Oviedo, 2009
Néstor
Villazón
Eloídes
es una obra coral en la que la extensa nómina de personajes
que aparecen alrededor de nuestro protagonista marcan la
degradación social de un país, pero que también son
instrumentos eficaces para mostrar su propia degradación
personal, al igual que un Max Estrella extraído de todo
esperpento o un nuevo Lázaro dotado de mayor ingenuidad. Se
impone en ella el realismo, porque el esperpento es una
realidad que el lector logra extraer fácilmente de la cadena
de acontecimientos, un realismo del que su autor había
renegado en su época del Teatro Nuevo, pero que en sus
últimas obras ha decidido recrear. Eloídes —así se llama el
nexo de todas las escenas y nuestro natural antihéroe de
posguerra— camina por un Madrid en ruinas que se encuentra
dominado por el miedo y la desconfianza, buscando en primer
lugar una salida noble para poder establecerse —llama a
distintos trabajos, se niega a mendigar mientras escapa del
incidente que voluntariamente, aunque no enteramente injusto
—germen de todo héroe trágico en lucha contra su destino—,
ha cometido contra su patrón y por el que se ve obligado a
dejar a toda su familia, escapando de la justicia. Hay en la
obra dos sentimientos que acechan al protagonista en todo
momento, y que no vienen dados por él, sino por el resto de
personajes que sobre él actúan: la desconfianza —ya la
nombramos— de personas mejor o peor establecidas que no
quieren perder el poco status que mantienen en una
sociedad en ruinas, y el engaño —caso del amigo que le paga
un billete para que escape de la policía y del cual nos
quedan dudas sobre sus intenciones con la mujer de Eloídes,
o la nómina de pillos que frecuentan la nueva ciudad y que
le atacan, consiguiendo finalmente que se una a ellos como
método de supervivencia—.
Hay en ella claros paralelismos con Ahlán —aun siendo
ésta posterior en el tiempo—, obra que le sirvió al propio
López Mozo para terminar de encumbrarse entre la dramaturgia
nacional —no obstante consiguió con ella el Premio Tirso de
Molina y el Nacional de Literatura Dramática— y cuyo tema
también es el de un inmigrante que busca su puesto entre una
ciudad hostil. Véase que, como bien se hace notar en la
introducción al texto, el propio nombre de Ahlán significa
“bienvenido”, mientras que el de Eloídes “el elegido”, no
sin cierta ironía. Asimismo, en una pequeña escena vemos
cómo un marroquí rebusca en la basura algo que llevarse a la
boca o vender más tarde; cuando acaba, es el propio Eloídes
quien rastrea entre los despojos. ¿Es este marroquí el
trasunto de Ahlán, tras el cual hay otros en su misma
situación, y siendo éstos parte integrante de los que
algunos llaman exclusivamente “nuestro país”? ¿Es toda esta
obra, en este justo momento, un recordatorio a lo que fuimos
y que ahora olvidamos, en un momento en el que la
inmigración es más noticia que nunca en nuestro país?
En
Eloídes se produce un descenso gradual del
protagonista, primero tratando de sobrevivir con honestidad,
para luego darse cuenta de que sólo hay dos maneras de
sobrevivir: desesperanzado, aunque envuelto en una
ingenuidad que le aísla de la sociedad —caso del violinista
Luis de Gálvez, perdido en una estación tocando para nadie—
o igualmente desesperanzado pero consecuente y despierto,
como bien hacen el Renco, el Cejas y todo el grupo de golfos
que circundan a Eloídes. Todo el mundo termina por
demostrarle el fin de su sueño, incluso el cura, que tras
haber cumplido con el sermón a la beata termina por
excomulgarle. Ni siquiera el cielo se encuentra de su parte.
Es
claro que para un hombre, noble e ignorante, la sociedad
termina por dominarlo, pero él conserva aún intactos sus
ideales a pesar de sus fallos. Y llega el dramático final,
con esa última frase que resume toda su existencia perdida y
solitaria: “¡¿No lo entiendes?! ¡Me da miedo la calle!”
la
fiera corrupia
Jesús
Campos García
Asociación Txirlora
Títere de sueños n.º 5
Centro de documentación
de títeres de Bilbao
Bilbao, 2009. 104 páginas
Chechu
García
La asociación vasca
Txirlora, presenta en este volumen La fiera corrupia
de Jesús Campos García. Pieza para adolescentes que cuenta
con una manipulación mixta de actores y muñecos, utilizando
para su puesta en escena muñecos con distintas técnicas,
fantoches, maniquís y también actores.
Jesús Campos conoce todos
los secretos del género y los maneja con habilidad para
crear un fuerte contraste realidad-ficción desde la primera
página. Nos muestra un inicio de cuento infantil,
escatológico y cómico, con unos personajes prototípicos que
nos arrastran a la risa fácil, aunque pronto irá mostrando
sus cartas y desenmarañando las claves del discurso. El
mundo de la droga funcionará como verdadero motor dramático,
en algunas ocasiones de forma quizás demasiado explícita,
para realizar un interesante mimetismo entre los
estupefacientes y un dragón, la fuente de todos los males.
A medida que avanzamos en
la lectura, un grupo de chavales se inician en el consumo de
pastillas, entre tanto el dragón que amenaza al reino se
hace más poderoso y el rey y su consejero envían una
petición de ayuda a San Jorge, misión harto difícil, pues el
mensajero real debe viajar a través del tiempo y entregar la
misiva para que el santo acuda al rescate.
Este doble mundo de
títeres y actores, de comedia bufonesca y realidad,
enmascara una terrible verdad. Verdad que se mostrará de la
forma más inesperada y cruda en los últimos momentos con un
final de cuento antagonista al esperado, de una dureza y
dramatismo que elevan el conjunto de la obra y la dotan de
un sobrecogedor valor.
A modo de prefacio, el
libro presenta un interesante estudio que muestra el valor
didáctico de los títeres en la educación; de una forma
sencilla se explican las diferentes tipologías de los
títeres y unas pautas para el desarrollo de la creatividad
en los alumnos de primaria y secundaria.
En un aporte final
“Cuaderno de bitácora” Jesús Campos narra los orígenes del
texto y sus dificultades para ser llevado a las tablas, toda
una jugosa declaración de intenciones acerca de los resortes
de nuestro politizado sistema de programadores teatrales que
sorprenden por la claridad meridiana con que las manifiesta
y que se agradecen enormemente.
La edición bilingüe
euskera/castellano, muy cuidada, con fotos de la
representación y de los diferentes tipos de títeres
utilizados. La portada, es sin duda, lo más flojo de la
edición, con un dibujo y una tipografía del título nada
límpidos que no auguran al lector, en ningún caso, la gran
calidad del producto que tiene entre las manos.
La fiera corrupia
es el quinto número de la colección Títeres de sueño,
colección enmarcada en el brillante proyecto de acercar el
teatro de títeres a educadores y pedagogos de una forma
sencilla y también de suplir la carencia de este tipo de
textos en euskera. Maravillosa iniciativa de la que
deberíamos tomar ejemplo.
teatro
guirigai en europa
Cuatro textos dramáticos
de Agustín Iglesias
Red de Teatros Europeos
Magic Net
N. V.
Abrir un libro al azar es
muchas veces un ejercicio sin fe. Confiamos en que esa
página perdida nos seduzca y arrastre hacia el comienzo de
su historia, allane en nosotros el lamento y estimule la
ilusión. Si se diera el caso con este volumen, quizá
acabaríamos —como así me ocurrió— en el segundo de los
cuatro textos teatrales de Agustín Iglesias: Eolo en las
Azores. Allí nos encontramos con las figuras de Aznar,
Blair o Bush, que tambaleándose e irascible, sólo puede
dejar de repetir: “¡Whisky, necesito más whisky!” Pero tras
la sorpresa inicial nos detenemos en su lenguaje, elevado y
poético, y acudimos a la nota previa para entender qué es lo
que tenemos entre manos. Se nos explica que el punto de
partida ha sido un encuentro en Tesalónica de catorce
dramaturgos en torno al texto de La Odisea, el cual
ha sido aquí versionado por Iglesias. La sorpresa inicial,
por tanto, no es hueca: existe algo más que la originalidad
formal.
Intrigados, acudimos al
comienzo del volumen, donde se menciona brevemente el
recorrido y objetivos de la Red de Teatros Europeos Magic
Net. Y ya continuamos con el primer texto en busca de qué
más puede ofrecernos El poeta hambriento para
alimentar nuestra curiosidad. En él encontramos un evidente
cambio respecto al anterior, y partiendo de diversos cuentos
popularmente conocidos y renovados, se presentan una serie
de improvisaciones para el grupo de actores basadas
especialmente en el movimiento.
Como además los textos
que se han recopilado no son demasiado extensos, decidimos
acudir rápidamente al tercero de ellos, Las asaduras del
muerto, del cual se nos dice que fue interpretado en la
séptima planta de la Biblioteca Nacional de Estonia, y que
comienza con la imagen de una mujer arrancando el hígado a
un difunto para luego devorarlo. Decidimos finalizar con el
cuarto y último espectáculo, construido sobre la realidad
social del siglo XVI en España, Portugal y Turquía en boca
de tres personajes. Él mismo responde y resalta el objetivo
de este libro, como bien expresa el Ángel Azul en su última
intervención: “¡Estas son las Puertas de Europa! Estos son
nuestros principios.”
les
siete novies del rei
Xulio
Arbesú
Suburbia Ediciones
Coleición pallabres al
vientu
Xixón, 2009. 88 páxines
Ch. G.
La editorial Suburbia
presenta la primer obra dramática de Xulio Arbesu, Les
siete novies del
rei,
pieza que sigue les pautes de l’astracanada
histórica, un xéneru que tuvo’l so cumal nes primeres
décades del sieglu XX con títulos como La venganza de Don
Mendo o El verdugo de Sevilla de Pedro Muñoz Seca
o El tenorio asturiano de Xuan de la Llosa, escritu
n’asturianu en 1944.
El rei Aurelio promete
casamientu a siete moces que van tener que pasar una
retafila de pruebes (ca una más chanciona y pexiguera que
l’anterior) pa decidir quién d’elles va a acabar siendo la
reina. Con estes blimes va texer Xulio Arbesú una comedia
alrodiu d’un de los temes más recurrentes del teatru
popular, la cortexaera y el casoriu. Les falcatrúes y los
malentendíos ente les siete muyeres van a dar momentos de
risión mui brillantes, con enfrentamientos dialécticos
onde’l pragmatismu de los discursos femeninos siempre va a
chocar cola imposibilidá de qu’una plebeya case col rei.
Los continuos anacronismos que chisquen la obra, apúrren-y
un elementu de sorpresa mui agradecíu, un elementu qu’Arbesú
ye quien a filar con maestría. Anuncios medievales d’espades
o axencies de viaxe faen por caltriar nel subliminal de los
espectadores, continues referencies a l’actualidá o la
presencia d’una rexidora qu’entra y sal a escena pidiendo un
voluntariu ente’l públicu pa que faiga de caballu. L’autor
llogra dellos cuadros perfechos, asitiando ún penriba los
demás, una difícil escena con pallabres esdrúxules que ye
una ayalga.
Les siete novies del rei
tien
d’enmarcase nel camín de les dramaturxes históriques y de
calter costumista que se vienen estrenando nes fiestes de la
Llaguna de L’Entregu dende l’añu 2006. Pieces que valen de
marcu pa la coronación del rei Aurelio, nuna ceremonia
medieval onde’l rei (encarnáu por un vecín señaláu del
conceyu) ye l’encargáu de dar el pregón.
Esta interesante
iniciativa cultural tien dao unos frutos mui bultables, como
Ente querelles y doncelles (2006) y Texedora
d’orbayu (2007) dambes de Pablo Rodriguez Medina o
L’Apocalipsis (2009) de Xosé Ramón Ardines; toes elles
llevaes a les tables pol grupu amateur El refaxu de Blimea.
La edición, de bolsu,
presenta un prestosu prólogu onde l’autor en clave de
monólogu chanción desenduviella los oríxenes de la obra,
dando tres de les claves coles que vamos dir topando na
llectura: ye una comedia, tá escrita en versu y tien una
escena afitada en pallabres esdrúxules.
Ye esta Les siete
novies del rei de Xulio Arbesú, un prestosu viaxe a la
edá media que bebe de les fontes de l’astracanada y del
teatru popular asturianu, un esperimentu que furrula y
qu’amuesa nuevos caminos pelos que triar nel futuru.
la
pasión del general franco
Armand Gatti
Traducción Miguel Ángel
López y Ángeles González Fuentes
KRK ediciones
Colección A escena
Oviedo, 2009
Francisco Díaz-Faes
Una de las maneras que,
al parecer del traductor de La pasión del general Franco
(1967), tiene España para saldar la deuda con su autor,
Armand Gatti (Mónaco, 1924), es la publicación de esta obra
épica sobre la huelga de los mineros de Asturias en el año
1962, que como sabemos implicó
a más de 60.000 trabajadores. En efecto, ese germen estaría
en lo que en 1965 formalizaría en el asalto a la comisaría
de policía de Mieres por los mineros, caso insólito que
llevaría a la ulterior nacionalización de la minería
asturiana con la creación de la empresa HUNOSA por el
dictador. Grandes fueron las vicisitudes corridas para
llevar a buen puerto, no la escritura, encargo por entonces
de los emigrados españoles en París al Gatti dramaturgo,
sino su puesta en escena.
Pues en efecto, si en
1968 le proponen la posibilidad de representarla a su propio
autor, en el Teatro Nacional Popular de Chaillot, la crisis
diplomática que originó en el Gobierno franquista
desencadenó su prohibición, tras una conversación con el
mismísimo André Malraux, después de las presiones al
ministro de Exteriores galo y al presidente De Gaulle. Y
sería aquel protoministro de Asuntos Culturales, y gran
escritor, el que sin estar de acuerdo con su jefe daría la
mala noticia a Gatti.
Censuras en el contenido
y en el título (Armand Gatti escribiría otra obra intitulada
La prohibición de la pasión del general Franco),
llevarían a que fuera estrenada en Alemania (1967) y después
en Francia (Ciudad Universitaria) y apoyada por
personalidades como Louis Aragon, Sartre, Simone de
Beauvoir, Adamov, Marguerite Duras, etc.
Tendría así esta pieza el
título de dudoso honor de ser la primera obra teatral
censurada en la Francia posterior al 45. Y la de justificar
la decisión de Armand Gatti de “exiliarse” temporalmente a
Alemania estrenándola en nueva versión como La pasión del
general Franco por los propios emigrantes. Pero la misma
devoción (dramática) de nuestro poeta por España y su guerra
incivil, se extendería además con un largometraje para la
televisión de Stuttgart, El paso del Ebro (1969) y
poco después la obra teatral La Columna Durruti,
estrenada en una fábrica.
En fin, nuestro Donqui
(apócope de Don Quijote), así llamado en su vida de
resistencia con los maquis, por su afición a los libros, no
dejaría de sentir esa predilección por España, por supuesto,
al lado de figuras admiradas y distanciadas como la del Che
Guevara, Mao Zedong y Fidel Castro, a los que llegaría a
frecuentar. Un teatro político pero no a la manera de Brecht
o Piscator que, como nos indica el traductor, suscitan tal
vez una única respuesta provocada en los espectadores, sino
un teatro capaz de “suscitar preguntas, nada más que
preguntas” y así “arrastrar a los espectadores a una toma de
conciencia”. Sustituyendo así la toma de poder, por la toma
de conciencia.
Es esta pasión del
(Mesías) general Franco un auténtico Vía Crucis, a veces
carnavalesco, con sus trayectos en avión, tren y barco, un
camino de meditación hacia su propio Calvario de la misma
España en su sentido más onírico, que entrelaza el presente
y el pasado buscando en cada personaje el verdadero “afán de
redención”. Pero con sus propios apóstrofes a la revolución
cubana (de la mano de un miliciano), también, o la elección
de la “reina del carnaval para el año de la alfabetización”.
Obra pues testimonial, precursora del mayo del 68 y de lo
que se nos ha ido viniendo encima después, el triunfo del
relativismo, la eclosión del consumismo, la manipulación
absoluta de las masas, el imperio del mundo audiovisual y la
pérdida definitiva, parece, de la inocencia.

francisco nieva y el teatro posmodernista
Komla Aggor
Monografías RESAD
Fundamentos
Madrid, 2009
Tiene este ensayo sobre
la obra de Nieva una introducción que encierra muchas de las
claves que el debate sobre el concepto “posmodernidad” y sus
derivados prácticos, artísticos y sociales, no puede
olvidar. Su exposición, tal y como aquí se presenta, es una
buena entrada para que el lector amplíe conocimientos, saque
nuevas conclusiones o revise su tesis de posicionamiento. Ya
propiamente metidos en la obra, el libro aborda el teatro de
Nieva (académico de la Lengua y uno de los dramaturgos más
representativos de la vanguardia española) de manera
exhaustiva desde flancos biográficos, filosóficos y
estilísticos muy bien trazados. La edición incluye
fotografías de algunos de sus espectáculos.
julián romea
manual de declamación
Edición de Jesús Rubio
Jiménez
Ensayos y Manuales RESAD
Fundamentos
Madrid, 2009
Éste es un libro que
contiene otros dos: Manual de declamación y Los
héroes en el teatro, de Julián Romea, uno de nuestros
actores más paradigmático. Jesús Rubio Jiménez, también
especialista en Valle-Inclán, con su introducción y
comentarios nos ofrece —a nosotros, lectores profanos— un
lugar privilegiado para el disfrute con la biografía y el
contexto. Los manuales de declamación y sobre la tragedia de
Romea son textos imprescindibles para el joven estudiante
que inicia su carrera profesional, y para el curioso, que no
dejará de sorprenderse por la sabiduría, la sensibilidad y
el humor de un primer actor a quien nosotros,
equivocadamente, creíamos oír divagar acerca del teatro
desde un lugar remoto.
materia crítica
Enrique García-Tomás
(ed.)
Biblioteca Áurea
Hispánica
Ed. Iberoamericana
Madrid, 2009
El objetivo del libro no
es otro, como avanza Enrique García-Tomás en la
introducción, que el “reflexionar sobre los modos de consumo
más significativos de la España de los siglos XVI y XVII”.
Materia crítica lleva por subtítulo “Formas de ocio y
de consumo en la cultura áurea”. Los dieciséis artículos
sobre materias diversas, no todos iguales en signo e
intenciones, que aparecen antologados bajo diferentes
epígrafes, tratan, principalmente, de objetos cotidianos,
espectáculos y costumbres, que van desde el libro pío, los
bodegones, los regalos diplomáticos, o la fabricación y
consumo del vestuario, a la consideración que recibía el
tabaco, los toros o las cañas… Objetos que conllevan unos
usos y unas maneras de vivir que, a veces, no dejarán de
sorprendernos porque desconocíamos los pequeños detalles.
arquitectura
de espectáculo y puesta en escena en la antigua grecia
Juan Pedro Enrile Arrate
y Alfredo Fernández Sinde
Ensayos y Manuales RESAD
Editorial Fundamentos
Colección Arte
Madrid, 2009
Celebramos la aparición
de este manual, publicado por Fundamentos en colaboración
con la RESAD, pues son escasos los estudios que abordan el
teatro de la antigua Grecia desde una perspectiva
multidisciplinar. Como reza en la contraportada, el libro
está dirigido por un lado a estudiantes de Arquitectura,
Historia Antigua e Historia del Arte y por otro a los de
Literatura Dramática y Artes Escénicas. Esta doble vertiente
se refleja en su estructura, pues consta de dos partes bien
diferenciadas: una primera que se ocupa de la arquitectura
de espectáculo en la antigua Grecia y la segunda que
constituye una historia de la puesta en escena en la antigua
Grecia. Dentro de la primera parte se estudian los
precedentes de la arquitectura “prototeatral”, antes de que
surgieran la tragedia y la comedia. En la Edad del Bronce,
en Creta, en los palacios de Festos y Cnosos, los autores
detectan ya espacios rituales que presentan elementos
básicos “prototeatrales”: un área centralizada, germen de la
orchestra, y un graderío. También se hallan precedentes en
la Edad Oscura y Arcaica. Ya en época clásica, después de
una introducción terminológica, se hace un estudio
exhaustivo (con numerosas ilustraciones) de los Teatros de
Dionisos en Atenas y de Epidauro. Se completa esta primera
parte con un estudio de la arquitectura de espectáculo
musical centrada en los odeones de Atenas. La segunda parte
comienza analizando el concepto de lo trágico, para
continuar con un análisis diacrónico de la tragedia a lo
largo de la historia, y otro sincrónico de la tragedia en la
Grecia clásica: sus orígenes, su evolución desde Esquilo
hasta Eurípides, su estructura y su finalidad. El mismo
esquema se repite en el estudio de la comedia. Por último, y
quizá lo más interesante del manual, a modo de conclusiones,
se nos ofrece un análisis de todos los aspectos que rodeaban
a las representaciones en la Antigüedad. Curiosidades que
serán del agrado de cualquier lector y entre las que nos
llama la atención una muy actual, el laborioso procedimiento
de selección del jurado que decidía qué dramaturgo vencía en
las competiciones cada año. La susceptibilidad de las gentes
del teatro parece ser que no es nada nuevo: se elegía un
jurado del que luego por sorteo se seleccionaban diez
miembros, cuyos nombres eran custodiados en una urna y tras
la votación aún se sorteaba qué cinco votos eran los
válidos. Otros aspectos tratados son: la duración de las
representaciones (diez horas cada día), el público (que
comía, bebía y jaleaba a los actores sin pudor), los actores
(su vestuario, máscaras, coturnos), el coro, el espacio
escénico y la figura del director. Por último, una
recomendación, de sumo interés, para la puesta en escena
contemporánea de las tragedias antiguas, donde los autores
hacen propuestas muy acertadas y alguna un tanto
“peligrosa”, como la de que “el actor interprete con un
ideal de grandeza”, ya que suele ser la causante de las
interpretaciones distanciadas a las que estamos
acostumbrados en la tragedia clásica. Para finalizar se
compara la tragedia antigua con el Kudiyattam, teatro
sánscrito, que aún pervive y en el que se perciben muchas
similitudes con la tragedia clásica griega. En suma, un
manual de fácil y amena lectura que será del interés no sólo
de estudiosos de la Antigüedad y las Artes Escénicas.

el teatre a palma
(entre 1955 i 1970)
Maria-Magdalena Alomar
Edicions Documenta Balear
Mallorca, 2005
El libro de Magdalena
Alomar es un exhaustivo trabajo que recoge todo lo
concerniente al teatro en Palma de Mallorca entre el 55 y el
70 del pasado siglo. Dividido en múltiples apartados que
hacen referencia a la organización, a las infraestructuras,
a la cartelera, a las condiciones de producción y a la
exhibición artística, el estudio se cierra con un apéndice
que contiene una lista con los títulos y representaciones, y
unos gráficos que muestran la evolución de programación por
idiomas y días de función. El libro reproduce también
carteles, programas de mano y fotografías de muchas de las
piezas a que se hace alusión.
cuadernos escénicos de san francisco, n.º 1
Aretxaga, 8, bajo
48003 Bilbao
La
nueva revista de ensayo dirigida por Carlos Gil Zamora
dedica su n.º 1 al tema “Artes escénicas y migraciones”.
Contiene la pieza breve de Ignacio Amestoy
Exilios/Interacciones, Negra de Julio
Salvatierra, y artículos de Alfonso Sastre, Juan Margallo,
Borja Ruiz, Pepe Bablé, Arístides Vargas, Pedro Barea, Luis
Alberto de Abreu, E. Freire, José Henríquez…
ade / teatro, n.º 128
Costanilla de los
Ángeles, 13, bajo izq.
28013 Madrid
Bajo el lema “La cultura,
el teatro y la crisis” la revista ADE/Teatro analiza, con
artículos de Juan Antonio Hormigón, Alberto Fernández
Torres, Javier Dámaso, Jordi Coca y Carmen González Vázquez,
los parámetros económicos, políticos y artísticos, que nos
han llevado al momento tan difícil por el que estamos
pasando. Los artículos redactados para los editoriales, una
entrevista a Alonso de Santos y el excelente texto de
Jean-Louis Bauer, Historia de un trader (inspirada en
el mayor fraude bursátil de la historia de Francia, el caso
Kerviel), junto a un apartado monográfico dedicado a
Grotowski introducido por Jaroslaw Bielski, hacen los platos
fuertes de la publicación combinados con otros apartados
habituales.

rgt, n.º 60
Apdo. Correos 210
36940 Cangas, Pontevedra
La Revista Galega de
Teatro recoge las comunicaciones de Manuel F. Vieites, Zé
Silva Paredes, Xulio Lago y Ánxeles Cuña Bóveda del
“Encontro de directoras e directores de escena”, celebrado
en Cangas do Morrazo en el mes de julio. Los comentarios
críticos de Alfonso Becerra de Becerreá sobre Inferno,
Paraíso y Purgatorio de Romeo Castellucci, o
sobre Orgy of Tolerance del belga Jan Fabre, o sobre
el director Graham Vick en su trabajos operísticos, al lado
de una entrevista de Vanesa Sotelo a Santiago Cortegoso,
actor y dramaturgo que consiguió el último Rafael Dieste con
0,7% Molotov, y otros artículos sobre muestras y
espectáculos del teatro galego, cierran el número que
incluye, como en anteriores ocasiones, un texto dramático
diferenciado del resto de la publicación por el color de las
hojas y la paginación: Hámster, de Santiago
Cortegoso.
artez, n.º 152
Aretxaga, 8, bajo
48003 Bilbao
A la figura y obra de
José María Rodríguez Méndez y José Luis López Vázquez dedica
Javier Villán su artículo recordatorio. Jorge Dubatti trata
sobre el artista y fotógrafo Marcos López en su instalación
fotográfica Terraza, y Carlos Be prosigue con sus
reportajes por los países del Este. Hay en este número de
Artez una entrevista al artista Luciano Federico, Josu
Montero hace un comentario exhaustivo a las piezas del
francés Rémi de Vos en la edición de Teatro del Astillero, y
se reseñan convenientemente, junto a otros artículos de
opinión, una docena de estrenos con los festivales
nacionales más importantes del momento.
primer acto, n.º 330
Ricardo de la Vega, 18
28028 Madrid
Contiene el texto de
Carles Batlle Olvidar Barcelona, Premio Born 2008,
traducido del catalán por Carlos Martel; una abundante suma
de artículos dedicados a los festivales y encuentros (Aviñón,
Oporto, Almada, Edimburgo, Mérida, Madrid Sur, Cádiz,
Almagro, etc.) que hacen el grueso de este número;
colaboraciones muy oportunas sobre el teatro de las
autonomías (Asturias, Baleares, Madrid) y un artículo de
Anne Serrano sobre “Teatro y mafia” (la Camorra, claro, no
la que usted —¡malévolo lector, mi hermano!— está pensando).
José Monleón rinde, en la última página, homenaje al
teatrista brasileño Augusto Boal.
casahamlet,
n.º 11
Alfonso VII,
11, Baixo
15005 A Coruña
Este número monográfico
dedicado a Xesús Pisón incluye los textos dramáticos A
vía láctea, Os ollos y Animal / Vacío. La
revista gallega para abordar su estudio cuenta con Alfonso
Becerra de Becerreá, Carlos Coetano, Santiago Fernández, Eva
F. Ferreira, Manuel Lourenzo, Olivia Pena, X. Pualo
Rodríguez y Cilha Lourenço. Como siempre
Casahamlet
acompaña los artículos con abundantes y originales
ilustraciones, que en esta ocasión vienen firmadas por
Miguelanxo Varela.
hamlet,
n.º 0
Arola
Editors
43006
Tarragona
Aunque no es más que el número piloto, su excelente diseño y
la calidad de su edición la convierten en una revista
desenfadada de cartelera —ideal para kioscos y librerías— a
la que deseamos desde aquí un futuro halagüeño. Redactada
íntegramente en catalán, contiene entrevistas, reportajes,
críticas de los espectáculos de la Ciudad Condal y un
caleidoscopio teatral sobre Berlín, Londres, Buenos Aires y
New York… con unas fotografías a color de gran formato que
son la envidia de cualquier publicación.