Fernando Cid Lucas
asociación española de orientalistas
universidad autónoma de madrid
Para Irene
introducción
Cuando
comencé, hace ya casi diez años, a interesarme por la rica
cultura teatral nipona tuve, en esencia, dos dificultades
mayores: la primera fue que casi toda la bibliografía
referente al Nō, al Kabuki o al resto de las
formas escénicas japonesas estaba redactada en inglés o, en
menor medida, en francés1, italiano2 o
alemán3. Fue esto algo que, a la larga, agradecí,
ya que fue el revulsivo que necesitaba para dar un empujón a
mis conocimientos de lengua inglesa; la segunda fue que
prácticamente nadie supo orientar mis investigaciones en
universidad española alguna, aunque el puro azar hizo que
contactase con quien por esos años acababa de publicar un
libro fundamental, Jaime Fernández S. J., quien en 2000
editó su traducción al español de la pieza para Bunraku
titulada Los amantes suicidas de Amijima, y quien —he
de confesar aquí— se portó de manera extraordinaria con un
joven, sin carta de presentación alguna, que solicitaba de
él fuese su guía y mentor.
Desde
entonces las cosas han cambiado un tanto, ya que el
investigador de nuestros días tiene a su disposición algunos
títulos más y también mayor facilidad a la hora de adquirir
esos libros escritos en lenguas diferentes a la nuestra,
puesto que internet y la venta o subasta virtual de dichos
artículos se ve como algo más cercano y cotidiano que hace
una década.
pequeña cronología
Rastreando
nuestros catálogos y fondos bibliográficos podremos
constatar que algunos (muy pocos aún) han sido los títulos
que se han publicado en castellano sobre las artes escénicas
japonesas. Huelga decir que no todos son fáciles de
encontrar, y que algunos se han convertido en una obsesión
casi para el investigador dedicado a estos menesteres; pongo
por caso el libro publicado en La Habana en 1984, Diez
obras de teatro No, al cuidado de Gabriel Calaforra, en
el que se recoge una decena de traducciones (acaso las más
representativas4) de piezas Nō (libro que,
en mi caso, he tardado casi siete años en localizar y por
fin comprar un ejemplar en una librería de New York).
Aunque,
siendo estrictos, y desde el punto de vista cronológico,
algunas alusiones al teatro japonés podríamos encontrar ya
en varias crónicas escritas por religiosos ibéricos
destacados allí en los siglos XV y XVI, tal es el caso de
Francisco Javier o del portugués Luis Frois, que, aun de
pasada, hicieron referencia a la música y a la danza de los
japoneses, empleando un tono algo peyorativo, eso sí, pero
por puro desconocimiento o falta de inmersión en la materia.
Con el
cierre casi total de las fronteras japonesas en 1641,
tendríamos que esperar a la restauración Meiji (1866) para
que el contacto entre Japón y el resto de las naciones se
restableciese. Sin embargo, si durante el denominado
Siglo Ibérico Japonés se habían obtenido notables logros
en cuanto se refiere a la traducción de obras al japonés,
difusión allí de nuestra cultura, etc., en este segundo
encuentro España pasará a un lugar secundario en lo tocante
a las relaciones entre el gobierno nipón y nuestro país.
Tras esta
nueva llegada de occidentales hasta esas tierras, el teatro
japonés va a arribar a Occidente por dos vías principales:
con las giras de las compañías que se lanzaron a la
conquista del público occidental y por las crónicas
recogidas en los periódicos y revistas de la época, que no
hicieron sino acrecentar el gusto por lo exótico en nuestro
continente, ayudando a alumbrar el movimiento artístico
conocido como japonismo. Pero, vayamos por partes.
el teatro japonés en la prensa española de finales del siglo
xix
El
primer reportaje redactado sobre este tema apareció en 1894
en La Ilustración Española y Americana, más en
concreto en el número del 8 de septiembre, en el que el
reportero G. Reparaz firmaba un artículo titulado: China
y Japón. El teatro en el Japón, en el que se leen frases
tan interesantes como “No hay en Japón5
población sin teatro, y en Yedo, capital del Imperio, pasan
de treinta los abiertos al público”. Un segundo artículo
aparecerá en 1899 en La Ilustración Artística, en el
que se hablaba de uno de los actores japoneses más famosos
de todos los tiempos: Ichikawa Danjūrō IX. Como anécdota, el
periodista recoge los honorarios que este actor cobraba
mensualmente, unas 125.000 pesetas de entonces, mucho más
que cualquier actor español.
En 1900
llega a Barcelona la compañía de la famosa geisha Sada Yacco,
lo que suscitará nuevos reportajes en los periódicos de la
época y quien despertará el interés por Japón y por su
teatro en personalidades de la talla de Pablo Ruiz Picasso6
o Eugenio D´Ors. Ese mismo año firmaba Leopoldo Alas
“Clarín” (1852-1901) en la revista Miscelánea varios
artículos sobre literatura japonesa. Uno de ellos estaba
dedicado a su teatro clásico, en el que, además, criticaba
otra columna anterior, El teatro de la raza amarilla,
escrita por el sociólogo catalán Pompeyo Gener (1848-1919),
en la que menospreciaba las artes escénicas de los
orientales7.
el siglo xx y el teatro japonés en castellano
Del 10 de
febrero de 1909 data un pequeño artículo titulado El gran
actor-actriz del Japón, aparecido en la gaceta
Alrededor del mundo, en el que se anunciaba la gira
europea del gran onnagata Onoe Baiko (del que
aparecen dos fotografías, una vestido de etiqueta y otra
caracterizado como cortesana), y en el que se hacía eco de
la ausencia de mujeres en el teatro Kabuki.
En cuestión
de libros —y hasta donde yo sé— la primera monografía
redactada en nuestro idioma se debe al Ministro
Plenipotenciario chileno Francisco Rivas Vicuña (1880-1943),
destacado en Japón desde 1915 a 1919, quien en la temprana
fecha de 1919 publicaba en la editorial Fuku Den Kwai de
Tokyo El drama lirico japonés. Las danzas No. Una
verdadera rareza de sólo 165 páginas en donde, tras una
pequeña introducción, se recogen las traducciones íntegras
de cinco piezas del repertorio Nō: La túnica de
plumas, El río Sumida, Kanekiyo,
Nakamitsu y La tumba de la doncella8.
Tendríamos
que dar un salto en el tiempo y en la geografía para
encontrar el siguiente título relacionado con las artes
escénicas niponas: Teatro y danza en el Japón, obra
de la profesora aragonesa Jenara Vicenta Arnal Yarza
(1902-1960); mujer singular para su tiempo, catedrática de
Instituto de Física y Química, autora de diversos artículos
dedicados a su especialidad científica y a la educación. En
1947 recibió una pensión del CSIC para viajar a Japón y a
otros países del Extremo Oriente en calidad de delegada de
la sección de Intercambios Internacionales. Fruto de este
viaje será su libro ya aludido (publicado en 1953), en donde
realiza de manera asequible, pero muy rigurosa, una
cronología bastante completa de los géneros teatrales
japoneses, acompañando los textos con varias fotografías en
blanco y negro y con una bibliografía en la que no incluye
ni un solo trabajo redactado en castellano (aunque recoge
los valiosos títulos de Aston, Beck o Fenollosa).
Como
podemos comprobar, no ha existido en España una traducción
constante o un interés mantenido hacia el teatro nipón, sino
que estos títulos aislados constituyen verdaderas “rarezas”
o excentricidades dentro del campo de la traducción y la
crítica teatral japonesa hecha en español. Trabajos
dispersos que no suman más de una decena de libros y una
misma cantidad de artículos hasta bien entrado el siglo XXI
(aunque, bien es cierto que es frecuente encontrar alguna
alusión al teatro clásico japonés en monografías dedicadas a
su cultura9, tan de moda en nuestro país en los
últimos años).
Sí han
llegado hasta nosotros, sin embargo, los trabajos del pintor
argentino de origen japonés Kazuya Sakai (1927-2001), hombre
polifacético e infatigable, dotado de una gran sensibilidad
artística. Después de estudiar literatura y filosofía en la
prestigiosa Universidad de Waseda regresa a Buenos Aires,
donde emprende su labor como difusor de la cultura
tradicional japonesa. Traduce a escritores como Akutagawa o
Dazai, funda una editora dedicada a estos temas, organiza
exposiciones, etc.
En cuanto a
su relación con el teatro clásico japonés, Sakai nos ha
legado obras fundamentales que todo investigador debe tener
en cuenta: monografías, artículos y traducciones.
Comenzaremos por presentar uno de esos títulos difíciles de
encontrar a los que antes me refería: Introducción al
Noh: teatro clásico japonés, publicado por el Instituto
Nacional de Bellas Artes de México en 1968. En este libro se
unen las traducciones hechas desde el original japonés de
varias piezas de Nō a una formidable introducción al
lector, en donde Sakai se refiere a diferentes aspectos de
este espectáculo (escenario, vestuario, formación actoral,
etc.). Ese mismo año verá la luz otra obra suya: Japón:
hacia una nueva literatura, editada por el Colegio de
México, en la que dedica un capítulo al citado género
teatral.
Como
traductor, muy alabadas han sido sus versiones de las piezas
Kantan10 y Yuya11, lo
mismo que varios ensayos suyos12 escritos a
propósito de las poéticas ideadas por Zeami Motokiyo
(1363-1443), padre del Nō, que fueron trabajos
pioneros en lo que se refiere a la teoría del teatro japonés
hecha en nuestro idioma13.
Volviendo
otra vez a España, referente como japonólogo ha sido para la
última generación de estudiantes de lengua y literatura
japonesa el onubense Antonio Cabezas García (1931-2008),
quien se acercó al mundo del teatro japonés en su
fundamental libro La literatura japonesa14,
donde dedica un amplio capítulo al Nō y otro al
Kabuki y al Bunraku de manera conjunta,
utilizando la figura del dramaturgo Monzaemon Chikamatsu
(1653-1725) como nexo entre uno y otro espectáculo.
Asimismo, Cabezas es autor de artículos seminales y de
traducciones de algunas piezas de Nō, como Itsuzu,
que apareció en la revista de la Sociedad Hispano-Japonesa
Hispanófilos, o Takasago, que publicó en la
madrileña revista Teatra en 2002. Precisamente, en
ese mismo número se recogía un pequeño artículo sobre Nō
firmado por Juan Antonio Vizcaíno.
En 1999 y
en 2000 estuvimos en España de enhorabuena, ya que salían a
la venta dos libros que los que nos dedicamos al estudio del
teatro clásico japonés hemos abarrotado con notas, señales y
hemos ajado sus hojas por el uso. Me estoy refiriendo a la
traducción de Fūshikaden y de cuatro dramas Nō,
obra de los profesores Javier Rubiera e Hidehito
Higashitani, y al ya aludido en la introducción Los
amantes suicidas de Amijima, debido al catedrático de la
universidad de Sophia Jaime Fernández S.J. Ambos aparecieron
en la editorial Trotta, que en su colección Pliegos de
Oriente ha presentado al lector de castellano algunas de las
más excelsas creaciones literarias de Extremo Oriente.
Permítanme
detenerme siquiera un momento para comentar la bibliografía
referente al teatro clásico de títeres japonés (Bunraku
o Jōruri) que nos ha legado el profesor Fernández.
Amén del libro citado, no debemos olvidar que, asimismo, es
autor de una valiosísima tesis doctoral (inexplicablemente
aún inédita15) en la que realiza un pormenorizado
estudio comparativo entre el tema del honor en dos autores
clave en sus respectivas literaturas: Lope de Vega en la
española y Monzaemon Chikamatsu en la japonesa. Otros
artículos suyos son: Bunraku, el teatro de muñecos de
Japón, publicado en el Boletín de la AEO en 1976; o
Concepción dramática de Monzaemon Chikamatsu: recuerdos de
Naniwa, hasta el momento la única traducción al
castellano de una poética teatral japonesa, publicado en el
Colegio de México en 1984; y, finalmente, el capítulo
Enajenación frente a honor-virtud: “Los amantes suicidas de
Amijima”, incluido en el libro ¿Qué es Japón?
Introducción a las cultura japonesa16, que
tuve el placer de editar en 2009, en donde gentilmente
colaboró con un ensayo en el que, como en su tesis doctoral,
analizaba el tema del honor y la honra en esta pieza maestra
de Chikamatsu.
Respecto al
Bunraku, en 2006 el Museo de Cáceres editó un librito
mío de carácter introductorio, en el que, de manera
divulgativa, introducía al lector en los diferentes
ingredientes de este bello arte teatral. Creo que, hasta el
momento, muy pocos títulos más en castellano podríamos
añadir sobre este espectáculo17.
Volviendo
otra vez al Nō, cuatro años antes se había publicado
en Argentina uno de los que, en mi opinión, es uno de los
mejores manuales hechos hasta el momento sobre este tema.
Obra de varios profesores en torno a la Universidad de
Buenos Aires, El teatro Noh de Japón18
incluye la traducción de cinco obras19 (todas con
su previa introducción y anotadas) y un extenso estudio
acompañado de ilustraciones explicativas que va desde los
orígenes del teatro japonés hasta la influencia de éste en
dramaturgos y coreógrafos argentinos.
Y de rareza
catalogaríamos el estudio que el jesuita Diego Pacheco
publicaba en el n.º 20 de Temas de Estética y Arte
(2006); se trata del curioso artículo: Nagasaki: teatro
“Noh” en la Catedral, en donde su autor nos narra cómo
esta forma escénica estuvo presente en las celebraciones
litúrgicas de la ciudad nipona, adaptándose dos pasajes
tomados de la tradición católica en versión Nō. Sin
duda todo un ejemplo de buena convivencia y original
ejercicio de respeto e interculturalidad.
El profesor
del CES Felipe II Carlos Rubio de la Llave publicó en 2007
Claves y textos de la Literatura Japonesa20,
un interesante manual de literatura nipona en el que, además
de teoría literaria, traduce fragmentos de los textos más
representativos de diferentes periodos históricos de Japón.
En lo tocante al teatro clásico, Rubio incluye las
traducciones de dos obras de Nō: Atsumori y
Hanjo, y, en cuanto a Bunraku, el Acto III de la
pieza Los suicidas de la víspera de Kōshin, de
Monzaemon Chikamatsu.
Ya de 2008
data el libro 9 piezas de teatro Nô21,
edición y traducción de la profesora de la Universidad
Autónoma de Madrid Kayoko Takagi y de la poetisa Clara
Janés, que cuenta, entre otros atractivos, con incluir el
libreto (utai-bon) original en japonés de la pieza
Nō Hagaromo.
Y, aunque
no sea el teatro su especialidad, he de destacar un
meritorio ensayo (que aún espera ver la luz) debido al
profesor de la Universidad de Salamanca Alfonso J. Falero,
titulado El yo teatral en el pensamiento japonés
contemporáneo. Una pequeña joya en donde la filosofía de
Sakabe Megumi y el teatro Nō se dan la mano.
Si
realizamos una lectura detenida de este artículo
comprobaremos que, sustancialmente, en castellano se ha
trabajado primero con el Nō y luego con el Bunraku.
En lo tocante al teatro Kabuki aún tenemos ciertas
carencias bibliográficas. En 2006 publiqué La espléndida
flor de mil colores: el teatro Kabuki, donde daba una
visión panorámica sobre esta manifestación escénica. Dos
años después, la editorial asturiana Satori publicaba de
forma muy cuidada la traducción al español del completo
manual de Ronald Cavaye (1951- ) Kabuki: teatro
tradicional japonés, y en marzo de 2009 apareció en la
prestigiosa Revista de Occidente el artículo La
venganza en el teatro japonés y los leales vasallos de Akō,
rubricado por el ya aludido Hidehito Higashitani, en donde
se analizaba la versión hecha para Kabuki de la pieza
escrita originalmente para Bunraku titulada
Kanadehon Chūshingura (de 1748).
Para
concluir este pequeño listado añadiré que dentro del
infinito mundo de internet, desechando una inmensidad de
páginas sin apenas contenidos, trasnochadas o plagadas de
imprecisiones, merece ser destacada
www.japonartesescenicas.org, al cuidado de Mauricio
Martínez, en donde diferentes especialistas de todo el mundo
han participado con artículos de índole muy diversa. Es de
destacar que todos han sido traducidos al castellano con
bastante buen tino e incluyen al final diversos enlaces a
otras páginas (éstas ya en diferentes idiomas).
coda
A todo lo
anteriormente expuesto debo añadir algunos trabajos que se
encuentran ahora mismo en estado de gestación: varios
artículos, algún que otro libro y, al menos, una tesis
doctoral en progreso22; material que, sin duda,
servirá para dar al lector de castellano una visión más
completa y fidedigna de ese bello universo constituido por
las formas del teatro clásico nipón. Ojalá otros muchos
investigadores más se interesen por estos temas y, asimismo,
sean objeto de congresos y jornadas en nuestro país o —me
atrevo a soñar— lleguen a ser títulos de alguna colección
editorial. Éste sería un gran paso para su correcta,
completa y necesaria asimilación.
Notas
1 Véase BANU, Georges, L´acteur qui ne
revient pas (journées de théâtre au Japon), París,
Aubier, 1986.
2 Véase MAROTTI, Ferruccio, Il volto
dell´invisibile.
Studi e ricerche sui teatri orientali,
Roma, Bulzoni, 1984.
3 Véase BENL, Oscar, Die
geheime
Überlieferung des Nō,
Frankfurt, Insel 1961.
4 Éstas son: Matsukaze, Kayoi
Komachi, Sekidera Komachi, Hanjō,
Nanomiya, Kanawa, Yokihi, Dōjōji,
Seiobo y Torioi-bune.
5 La cursiva es mía.
6 Quien realizase varias acuarelas de la
bailarina japonesa.
7 Este dato, como otros de este epígrafe, ha
sido tomado de ALMAZÁN, David, “Descubrimiento, difusión y
valoración del teatro japonés en España durante el primer
tercio del siglo XX”, Artigrama, n.º 13, 2008, pp.
331-346.
8 Todas ellas complementadas con una
ilustración. Lo mismo sucederá con otros libros editados en
otros idiomas, como en las piezas traducidas por el
japonólogo francés Noel Peri (1925).
9 Pongo por caso LANZACO SALAFRANCA,
Federico, Valores estéticos en la cultura clásica
japonesa, Madrid, Verbum, 2003; o GARCÍA, Héctor, Un
geek en Japón, Barcelona, Norma, 2008.
10 Aparecida en el n.º 2 de la revista
Bunka, Buenos Aires, 1957.
11 Aparecida en Estudios Orientales,
vol. I, México D.F., 1966.
12 Véase SAKAI, Kazuya, “Shikadosho, Zeami”,
Estudios Orientales, Vol. III, N.º 2, 1968; o SAKAI,
Kazuya, “‘Kakyō, Zeami’ ”, Estudios Orientales, Vol.
IV, N.º 2, México D.F, 1969.
13 Además de su labor como difusor de las
formas tradicionales del teatro japonés, también fue el
traductor de las actualizaciones que hizo Yukio Mishima de
algunas obras de Nō en La mujer del abanico. Seis
piezas de teatro Noh moderno, Buenos Aires, La
Mandrágora, 1959.
14 Madrid, Hiperión, 1990.
15 FERNÁNDEZ, S. J., Jaime, Filosofía del
honor en el pueblo según los teatros de Lope de Vega y de
Monzaemon Chikamatsu, (tesis doctoral inédita), Madrid,
Facultad de Filosofía y Ciencias de la Información, 1984.
16 Cáceres, Servicio de Publicaciones de la
UEx, 2009.
17 Sobre el tallado y el uso de la cabeza del
títere japonés publiqué: “Sobre las cabezas del teatro
Bunraku: un esbozo de su inventario”, Jóvenes
Investigadores (Colección Cuadernos de I.N.I.C.E.),
Salamanca, I.N.I.C.E, 2007, pp. 83-92.
18 Buenos Aires, Tsé=Tsé, 2002.
19 Takasago, Tomonaga, Sekidera Komachi,
Kayoi Komachi y Adachiga Hara.
20 Madrid, Cátedra.
21 El libro incluye las traducciones de:
Takasago, Atsumori, Kakitsubata,
Hagaromo, Sumidawa, Kantan, Kayoi
Komachi, Aoi no Ue y Funabenkei.
22 Dirigida por la Doctora Elena Barlés
Baguena, de la Universidad de Zaragoza.