Número 28. Enero de 2010

Una aproximación a las fuentes bibliográficas
El estudio del teatro clásico japonés en castellano

Fernando Cid Lucas
asociación española de orientalistas
universidad autónoma de madrid


Para Irene

introducción

Cuando comencé, hace ya casi diez años, a interesarme por la rica cultura teatral nipona tuve, en esencia, dos dificultades mayores: la primera fue que casi toda la bibliografía referente al , al Kabuki o al resto de las formas escénicas japonesas estaba redactada en inglés o, en menor medida, en francés1, italiano2 o alemán3. Fue esto algo que, a la larga, agradecí, ya que fue el revulsivo que necesitaba para dar un empujón a mis conocimientos de lengua inglesa; la segunda fue que prácticamente nadie supo orientar mis investigaciones en universidad española alguna, aunque el puro azar hizo que contactase con quien por esos años acababa de publicar un libro fundamental, Jaime Fernández S. J., quien en 2000 editó su traducción al español de la pieza para Bunraku titulada Los amantes suicidas de Amijima, y quien —he de confesar aquí— se portó de manera extraordinaria con un joven, sin carta de presentación alguna, que solicitaba de él fuese su guía y mentor.

Desde entonces las cosas han cambiado un tanto, ya que el investigador de nuestros días tiene a su disposición algunos títulos más y también mayor facilidad a la hora de adquirir esos libros escritos en lenguas diferentes a la nuestra, puesto que internet y la venta o subasta virtual de dichos artículos se ve como algo más cercano y cotidiano que hace una década.

 

pequeña cronología

Rastreando nuestros catálogos y fondos bibliográficos podremos constatar que algunos (muy pocos aún) han sido los títulos que se han publicado en castellano sobre las artes escénicas japonesas. Huelga decir que no todos son fáciles de encontrar, y que algunos se han convertido en una obsesión casi para el investigador dedicado a estos menesteres; pongo por caso el libro publicado en La Habana en 1984, Diez obras de teatro No, al cuidado de Gabriel Calaforra, en el que se recoge una decena de traducciones (acaso las más representativas4) de piezas (libro que, en mi caso, he tardado casi siete años en localizar y por fin comprar un ejemplar en una librería de New York).

Aunque, siendo estrictos, y desde el punto de vista cronológico, algunas alusiones al teatro japonés podríamos encontrar ya en varias crónicas escritas por religiosos ibéricos destacados allí en los siglos XV y XVI, tal es el caso de Francisco Javier o del portugués Luis Frois, que, aun de pasada, hicieron referencia a la música y a la danza de los japoneses, empleando un tono algo peyorativo, eso sí, pero por puro desconocimiento o falta de inmersión en la materia.

Con el cierre casi total de las fronteras japonesas en 1641, tendríamos que esperar a la restauración Meiji (1866) para que el contacto entre Japón y el resto de las naciones se restableciese. Sin embargo, si durante el denominado Siglo Ibérico Japonés se habían obtenido notables logros en cuanto se refiere a la traducción de obras al japonés, difusión allí de nuestra cultura, etc., en este segundo encuentro España pasará a un lugar secundario en lo tocante a las relaciones entre el gobierno nipón y nuestro país.

Tras esta nueva llegada de occidentales hasta esas tierras, el teatro japonés va a arribar a Occidente por dos vías principales: con las giras de las compañías que se lanzaron a la conquista del público occidental y por las crónicas recogidas en los periódicos y revistas de la época, que no hicieron sino acrecentar el gusto por lo exótico en nuestro continente, ayudando a alumbrar el movimiento artístico conocido como japonismo. Pero, vayamos por partes.

 

el teatro japonés en la prensa española de finales del siglo xix

El primer reportaje redactado sobre este tema apareció en 1894 en La Ilustración Española y Americana, más en concreto en el número del 8 de septiembre, en el que el reportero G. Reparaz firmaba un artículo titulado: China y Japón. El teatro en el Japón, en el que se leen frases tan interesantes como “No hay en Japón5 población sin teatro, y en Yedo, capital del Imperio, pasan de treinta los abiertos al público”. Un segundo artículo aparecerá en 1899 en La Ilustración Artística, en el que se hablaba de uno de los actores japoneses más famosos de todos los tiempos: Ichikawa Danjūrō IX. Como anécdota, el periodista recoge los honorarios que este actor cobraba mensualmente, unas 125.000 pesetas de entonces, mucho más que cualquier actor español.

En 1900 llega a Barcelona la compañía de la famosa geisha Sada Yacco, lo que suscitará nuevos reportajes en los periódicos de la época y quien despertará el interés por Japón y por su teatro en personalidades de la talla de Pablo Ruiz Picasso6 o Eugenio D´Ors. Ese mismo año firmaba Leopoldo Alas “Clarín” (1852-1901) en la revista Miscelánea varios artículos sobre literatura japonesa. Uno de ellos estaba dedicado a su teatro clásico, en el que, además, criticaba otra columna anterior, El teatro de la raza amarilla, escrita por el sociólogo catalán Pompeyo Gener (1848-1919), en la que menospreciaba las artes escénicas de los orientales7.

 

el siglo xx y el teatro japonés en castellano

Del 10 de febrero de 1909 data un pequeño artículo titulado El gran actor-actriz del Japón, aparecido en la gaceta Alrededor del mundo, en el que se anunciaba la gira europea del gran onnagata Onoe Baiko (del que aparecen dos fotografías, una vestido de etiqueta y otra caracterizado como cortesana), y en el que se hacía eco de la ausencia de mujeres en el teatro Kabuki.

En cuestión de libros —y hasta donde yo sé— la primera monografía redactada en nuestro idioma se debe al Ministro Plenipotenciario chileno Francisco Rivas Vicuña (1880-1943), destacado en Japón desde 1915 a 1919, quien en la temprana fecha de 1919 publicaba en la editorial Fuku Den Kwai de Tokyo El drama lirico japonés. Las danzas No. Una verdadera rareza de sólo 165 páginas en donde, tras una pequeña introducción, se recogen las traducciones íntegras de cinco piezas del repertorio : La túnica de plumas, El río Sumida, Kanekiyo, Nakamitsu y La tumba de la doncella8.

Tendríamos que dar un salto en el tiempo y en la geografía para encontrar el siguiente título relacionado con las artes escénicas niponas: Teatro y danza en el Japón, obra de la profesora aragonesa Jenara Vicenta Arnal Yarza (1902-1960); mujer singular para su tiempo, catedrática de Instituto de Física y Química, autora de diversos artículos dedicados a su especialidad científica y a la educación. En 1947 recibió una pensión del CSIC para viajar a Japón y a otros países del Extremo Oriente en calidad de delegada de la sección de Intercambios Internacionales. Fruto de este viaje será su libro ya aludido (publicado en 1953), en donde realiza de manera asequible, pero muy rigurosa, una cronología bastante completa de los géneros teatrales japoneses, acompañando los textos con varias fotografías en blanco y negro y con una bibliografía en la que no incluye ni un solo trabajo redactado en castellano (aunque recoge los valiosos títulos de Aston, Beck o Fenollosa).

Como podemos comprobar, no ha existido en España una traducción constante o un interés mantenido hacia el teatro nipón, sino que estos títulos aislados constituyen verdaderas “rarezas” o excentricidades dentro del campo de la traducción y la crítica teatral japonesa hecha en español. Trabajos dispersos que no suman más de una decena de libros y una misma cantidad de artículos hasta bien entrado el siglo XXI (aunque, bien es cierto que es frecuente encontrar alguna alusión al teatro clásico japonés en monografías dedicadas a su cultura9, tan de moda en nuestro país en los últimos años).

Sí han llegado hasta nosotros, sin embargo, los trabajos del pintor argentino de origen japonés Kazuya Sakai (1927-2001), hombre polifacético e infatigable, dotado de una gran sensibilidad artística. Después de estudiar literatura y filosofía en la prestigiosa Universidad de Waseda regresa a Buenos Aires, donde emprende su labor como difusor de la cultura tradicional japonesa. Traduce a escritores como Akutagawa o Dazai, funda una editora dedicada a estos temas, organiza exposiciones, etc.

En cuanto a su relación con el teatro clásico japonés, Sakai nos ha legado obras fundamentales que todo investigador debe tener en cuenta: monografías, artículos y traducciones. Comenzaremos por presentar uno de esos títulos difíciles de encontrar a los que antes me refería: Introducción al Noh: teatro clásico japonés, publicado por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México en 1968. En este libro se unen las traducciones hechas desde el original japonés de varias piezas de a una formidable introducción al lector, en donde Sakai se refiere a diferentes aspectos de este espectáculo (escenario, vestuario, formación actoral, etc.). Ese mismo año verá la luz otra obra suya: Japón: hacia una nueva literatura, editada por el Colegio de México, en la que dedica un capítulo al citado género teatral.

Como traductor, muy alabadas han sido sus versiones de las piezas Kantan10 y Yuya11, lo mismo que varios ensayos suyos12 escritos a propósito de las poéticas ideadas por Zeami Motokiyo (1363-1443), padre del , que fueron trabajos pioneros en lo que se refiere a la teoría del teatro japonés hecha en nuestro idioma13.

Volviendo otra vez a España, referente como japonólogo ha sido para la última generación de estudiantes de lengua y literatura japonesa el onubense Antonio Cabezas García (1931-2008), quien se acercó al mundo del teatro japonés en su fundamental libro La literatura japonesa14, donde dedica un amplio capítulo al y otro al Kabuki y al Bunraku de manera conjunta, utilizando la figura del dramaturgo Monzaemon Chikamatsu (1653-1725) como nexo entre uno y otro espectáculo. Asimismo, Cabezas es autor de artículos seminales y de traducciones de algunas piezas de , como Itsuzu, que apareció en la revista de la Sociedad Hispano-Japonesa Hispanófilos, o Takasago, que publicó en la madrileña revista Teatra en 2002. Precisamente, en ese mismo número se recogía un pequeño artículo sobre firmado por Juan Antonio Vizcaíno.

En 1999 y en 2000 estuvimos en España de enhorabuena, ya que salían a la venta dos libros que los que nos dedicamos al estudio del teatro clásico japonés hemos abarrotado con notas, señales y hemos ajado sus hojas por el uso. Me estoy refiriendo a la traducción de Fūshikaden y de cuatro dramas , obra de los profesores Javier Rubiera e Hidehito Higashitani, y al ya aludido en la introducción Los amantes suicidas de Amijima, debido al catedrático de la universidad de Sophia Jaime Fernández S.J. Ambos aparecieron en la editorial Trotta, que en su colección Pliegos de Oriente ha presentado al lector de castellano algunas de las más excelsas creaciones literarias de Extremo Oriente.

Permítanme detenerme siquiera un momento para comentar la bibliografía referente al teatro clásico de títeres japonés (Bunraku o Jōruri) que nos ha legado el profesor Fernández. Amén del libro citado, no debemos olvidar que, asimismo, es autor de una valiosísima tesis doctoral (inexplicablemente aún inédita15) en la que realiza un pormenorizado estudio comparativo entre el tema del honor en dos autores clave en sus respectivas literaturas: Lope de Vega en la española y Monzaemon Chikamatsu en la japonesa. Otros artículos suyos son: Bunraku, el teatro de muñecos de Japón, publicado en el Boletín de la AEO en 1976; o Concepción dramática de Monzaemon Chikamatsu: recuerdos de Naniwa, hasta el momento la única traducción al castellano de una poética teatral japonesa, publicado en el Colegio de México en 1984; y, finalmente, el capítulo Enajenación frente a honor-virtud: “Los amantes suicidas de Amijima”, incluido en el libro ¿Qué es Japón? Introducción a las cultura japonesa16, que tuve el placer de editar en 2009, en donde gentilmente colaboró con un ensayo en el que, como en su tesis doctoral, analizaba el tema del honor y la honra en esta pieza maestra de Chikamatsu.

Respecto al Bunraku, en 2006 el Museo de Cáceres editó un librito mío de carácter introductorio, en el que, de manera divulgativa, introducía al lector en los diferentes ingredientes de este bello arte teatral. Creo que, hasta el momento, muy pocos títulos más en castellano podríamos añadir sobre este espectáculo17.

Volviendo otra vez al , cuatro años antes se había publicado en Argentina uno de los que, en mi opinión, es uno de los mejores manuales hechos hasta el momento sobre este tema. Obra de varios profesores en torno a la Universidad de Buenos Aires, El teatro Noh de Japón18 incluye la traducción de cinco obras19 (todas con su previa introducción y anotadas) y un extenso estudio acompañado de ilustraciones explicativas que va desde los orígenes del teatro japonés hasta la influencia de éste en dramaturgos y coreógrafos argentinos.

Y de rareza catalogaríamos el estudio que el jesuita Diego Pacheco publicaba en el n.º 20 de Temas de Estética y Arte (2006); se trata del curioso artículo: Nagasaki: teatro “Noh” en la Catedral, en donde su autor nos narra cómo esta forma escénica estuvo presente en las celebraciones litúrgicas de la ciudad nipona, adaptándose dos pasajes tomados de la tradición católica en versión . Sin duda todo un ejemplo de buena convivencia y original ejercicio de respeto e interculturalidad.

El profesor del CES Felipe II Carlos Rubio de la Llave publicó en 2007 Claves y textos de la Literatura Japonesa20, un interesante manual de literatura nipona en el que, además de teoría literaria, traduce fragmentos de los textos más representativos de diferentes periodos históricos de Japón. En lo tocante al teatro clásico, Rubio incluye las traducciones de dos obras de : Atsumori y Hanjo, y, en cuanto a Bunraku, el Acto III de la pieza Los suicidas de la víspera de Kōshin, de Monzaemon Chikamatsu.

Ya de 2008 data el libro 9 piezas de teatro Nô21, edición y traducción de la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid Kayoko Takagi y de la poetisa Clara Janés, que cuenta, entre otros atractivos, con incluir el libreto (utai-bon) original en japonés de la pieza Nō Hagaromo.

Y, aunque no sea el teatro su especialidad, he de destacar un meritorio ensayo (que aún espera ver la luz) debido al profesor de la Universidad de Salamanca Alfonso J. Falero, titulado El yo teatral en el pensamiento japonés contemporáneo. Una pequeña joya en donde la filosofía de Sakabe Megumi y el teatro se dan la mano.

Si realizamos una lectura detenida de este artículo comprobaremos que, sustancialmente, en castellano se ha trabajado primero con el y luego con el Bunraku. En lo tocante al teatro Kabuki aún tenemos ciertas carencias bibliográficas. En 2006 publiqué La espléndida flor de mil colores: el teatro Kabuki, donde daba una visión panorámica sobre esta manifestación escénica. Dos años después, la editorial asturiana Satori publicaba de forma muy cuidada la traducción al español del completo manual de Ronald Cavaye (1951- ) Kabuki: teatro tradicional japonés, y en marzo de 2009 apareció en la prestigiosa Revista de Occidente el artículo La venganza en el teatro japonés y los leales vasallos de Akō, rubricado por el ya aludido Hidehito Higashitani, en donde se analizaba la versión hecha para Kabuki de la pieza escrita originalmente para Bunraku titulada Kanadehon Chūshingura (de 1748).

Para concluir este pequeño listado añadiré que dentro del infinito mundo de internet, desechando una inmensidad de páginas sin apenas contenidos, trasnochadas o plagadas de imprecisiones, merece ser destacada www.japonartesescenicas.org, al cuidado de Mauricio Martínez, en donde diferentes especialistas de todo el mundo han participado con artículos de índole muy diversa. Es de destacar que todos han sido traducidos al castellano con bastante buen tino e incluyen al final diversos enlaces a otras páginas (éstas ya en diferentes idiomas).

 

coda

A todo lo anteriormente expuesto debo añadir algunos trabajos que se encuentran ahora mismo en estado de gestación: varios artículos, algún que otro libro y, al menos, una tesis doctoral en progreso22; material que, sin duda, servirá para dar al lector de castellano una visión más completa y fidedigna de ese bello universo constituido por las formas del teatro clásico nipón. Ojalá otros muchos investigadores más se interesen por estos temas y, asimismo, sean objeto de congresos y jornadas en nuestro país o —me atrevo a soñar— lleguen a ser títulos de alguna colección editorial. Éste sería un gran paso para su correcta, completa y necesaria asimilación.

 

Notas

1 Véase BANU, Georges, L´acteur qui ne revient pas (journées de théâtre au Japon), París, Aubier, 1986.

2 Véase MAROTTI, Ferruccio, Il volto dell´invisibile. Studi e ricerche sui teatri orientali, Roma, Bulzoni, 1984.

3 Véase BENL, Oscar, Die geheime Überlieferung des Nō, Frankfurt, Insel 1961.

4 Éstas son: Matsukaze, Kayoi Komachi, Sekidera Komachi, Hanjō, Nanomiya, Kanawa, Yokihi, Dōjōji, Seiobo y Torioi-bune.

5 La cursiva es mía.

6 Quien realizase varias acuarelas de la bailarina japonesa.

7 Este dato, como otros de este epígrafe, ha sido tomado de ALMAZÁN, David, “Descubrimiento, difusión y valoración del teatro japonés en España durante el primer tercio del siglo XX”, Artigrama, n.º 13, 2008, pp. 331-346.

8 Todas ellas complementadas con una ilustración. Lo mismo sucederá con otros libros editados en otros idiomas, como en las piezas traducidas por el japonólogo francés Noel Peri (1925).

9 Pongo por caso LANZACO SALAFRANCA, Federico, Valores estéticos en la cultura clásica japonesa, Madrid, Verbum, 2003; o GARCÍA, Héctor, Un geek en Japón, Barcelona, Norma, 2008.

10 Aparecida en el n.º 2 de la revista Bunka, Buenos Aires, 1957.

11 Aparecida en Estudios Orientales, vol. I, México D.F., 1966.

12 Véase SAKAI, Kazuya, “Shikadosho, Zeami”, Estudios Orientales, Vol. III, N.º 2, 1968; o SAKAI, Kazuya, “‘Kakyō, Zeami’ ”, Estudios Orientales, Vol. IV, N.º 2, México D.F, 1969.

13 Además de su labor como difusor de las formas tradicionales del teatro japonés, también fue el traductor de las actualizaciones que hizo Yukio Mishima de algunas obras de en La mujer del abanico. Seis piezas de teatro Noh moderno, Buenos Aires, La Mandrágora, 1959.

14 Madrid, Hiperión, 1990.

15 FERNÁNDEZ, S. J., Jaime, Filosofía del honor en el pueblo según los teatros de Lope de Vega y de Monzaemon Chikamatsu, (tesis doctoral inédita), Madrid, Facultad de Filosofía y Ciencias de la Información, 1984.

16 Cáceres, Servicio de Publicaciones de la UEx, 2009.

17 Sobre el tallado y el uso de la cabeza del títere japonés publiqué: “Sobre las cabezas del teatro Bunraku: un esbozo de su inventario”, Jóvenes Investigadores (Colección Cuadernos de I.N.I.C.E.), Salamanca, I.N.I.C.E, 2007, pp. 83-92.

18 Buenos Aires, Tsé=Tsé, 2002.

19 Takasago, Tomonaga, Sekidera Komachi, Kayoi Komachi y Adachiga Hara.

20 Madrid, Cátedra.

21 El libro incluye las traducciones de: Takasago, Atsumori, Kakitsubata, Hagaromo, Sumidawa, Kantan, Kayoi Komachi, Aoi no Ue y Funabenkei.

22 Dirigida por la Doctora Elena Barlés Baguena, de la Universidad de Zaragoza.

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