y güelita cruzó el universo
Textos y Dirección: Borja Roces
Factoría Norte
Actrices: Olga Cuervo y Ana Morán
Iluminación: Carlos Fernández
Vestuario: Azucena Rico
Espacio escénico: Manuel Badás
Fotografía: Miguel Camacho
Imagen y Diseño gráfico: Juan Hernaz
Dirección de producción: Carmen Gallo
Estrenado el 9 de noviembre de 2009
Borja Roces
El pasado
día nueve de noviembre en el Centro Cultural Los Canapés de
Avilés, Güelita cruzó el Universo. Y lo escribo así, Güelita,
en mayúsculas, porque ellas, esas mujeres de las que habla
el espectáculo, vivieron casi toda su vida, en minúscula.
Y
Güelita cruzó el Universo
no es un espectáculo infantil, aunque algunos de los que se
acercaron a verlo así lo creían. Imagino que el título, un
tanto naíf, puede llevar a confusión. Y aunque hay momentos
divertidos tampoco podemos decir que es una comedia. Los
personajes, dos mujeres de avanzada edad, nacidas poco antes
de la Guerra Civil, en un pueblo cualquiera de Asturias, nos
cuentan y se cuentan a ellas mismas sus vidas.
El
espectáculo nace como una forma de homenaje a esas mujeres,
que supieron capear el temporal de la mejor manera posible,
mujeres con pocos estudios, sometidas a la dictadura
machista de la época, obligadas a cumplir con un papel que
ya estaba escrito. Que supieron hacerlo con la mejor de sus
sonrisas, y con una generosidad incondicional. A todas ellas
se lo dedicamos.
El proceso
de ensayos y de creación, se estructuró en todo momento
alrededor de las dos actrices que dan vida a los personajes:
Olga Cuervo y Ana Morán. Para ello, trabajamos primero la
esencia misma de lo que yo quería que fueran esas dos
mujeres: por un lado la ternura y por otro la
vulnerabilidad. Creo, que a nivel de trabajo actoral, no hay
nada mejor para acercarse a esos dos conceptos, que el
clown. Obviamente, en el espectáculo no hay clowns, ni
tampoco ellas son clowns. Son actrices, y es muy diferente.
El clown, trabaja desde su humanidad, su ternura, su
vulnerabilidad, al clown le gusta fracasar. A los actores
no. Era necesario que las actrices se despojaran de vicios o
recursos adquiridos, y el trabajo que desarrollamos, jugando
y haciendo improvisaciones para intentar conseguir sacar su,
digámoslo así, “espíritu clown”, fue muy provechoso.
La segunda
parte del trabajo giró en torno a la creación de los
personajes y los textos.
Me
interesaba mucho no caer en la representación tópica de dos
señoras mayores. No quería tics, ni voces extrañas. Y he de
decir que es una suerte contar con dos actrices
superlativas, capaces de entender lo que yo quería y de
hacerlo suyo de modo magistral. Los textos fueron naciendo
de improvisaciones y de ideas que yo iba lanzando, aunque la
línea estaba muy delimitada: estábamos contando la historia
de dos mujeres mayores, que saben que la vida se acaba. Una
de las dos “güelitas” cruzaría el Universo.
A todo esto
hay que sumarle las anécdotas de mi abuela, de la de Olga,
de las tías-abuelas de Ana, fotos familiares de todos. Los
consejos de Carmen y sobre todo las resolutivas ideas de
Manuel Badás para el espacio escénico. Un espacio que yo
quería muy pequeño, casi como las casas de la barriada
minera en la que me crié. También por el hecho de estar muy
cerca del público.
Gracias a Ana y a Olga por el inmenso cariño con el que han
hecho este espectáculo. A Manu por estar siempre ahí. A
Carmen por dejarme hacerlo, y a Juan por su maravilloso
cartel. Y por supuesto a mi güelita, por el inmenso cariño
que me dejó en herencia.