Número 28. Enero de 2010

Gracias, ‘güelita’

y güelita cruzó el universo

Textos y Dirección: Borja Roces

Factoría Norte

Actrices: Olga Cuervo y Ana Morán

Iluminación: Carlos Fernández

Vestuario: Azucena Rico

Espacio escénico: Manuel Badás

Fotografía: Miguel Camacho

Imagen y Diseño gráfico: Juan Hernaz

Dirección de producción: Carmen Gallo

Estrenado el 9 de noviembre de 2009

Borja Roces

El pasado día nueve de noviembre en el Centro Cultural Los Canapés de Avilés, Güelita cruzó el Universo. Y lo escribo así, Güelita, en mayúsculas, porque ellas, esas mujeres de las que habla el espectáculo, vivieron casi toda su vida, en minúscula.

Y Güelita cruzó el Universo no es un espectáculo infantil, aunque algunos de los que se acercaron a verlo así lo creían. Imagino que el título, un tanto naíf, puede llevar a confusión. Y aunque hay momentos divertidos tampoco podemos decir que es una comedia. Los personajes, dos mujeres de avanzada edad, nacidas poco antes de la Guerra Civil, en un pueblo cualquiera de Asturias, nos cuentan y se cuentan a ellas mismas sus vidas.

El espectáculo nace como una forma de homenaje a esas mujeres, que supieron capear el temporal de la mejor manera posible, mujeres con pocos estudios, sometidas a la dictadura machista de la época, obligadas a cumplir con un papel que ya estaba escrito. Que supieron hacerlo con la mejor de sus sonrisas, y con una generosidad incondicional. A todas ellas se lo dedicamos.

El proceso de ensayos y de creación, se estructuró en todo momento alrededor de las dos actrices que dan vida a los personajes: Olga Cuervo y Ana Morán. Para ello, trabajamos primero la esencia misma de lo que yo quería que fueran esas dos mujeres: por un lado la ternura y por otro la vulnerabilidad. Creo, que a nivel de trabajo actoral, no hay nada mejor para acercarse a esos dos conceptos, que el clown. Obviamente, en el espectáculo no hay clowns, ni tampoco ellas son clowns. Son actrices, y es muy diferente. El clown, trabaja desde su humanidad, su ternura, su vulnerabilidad, al clown le gusta fracasar. A los actores no. Era necesario que las actrices se despojaran de vicios o recursos adquiridos, y el trabajo que desarrollamos, jugando y haciendo improvisaciones para intentar conseguir sacar su, digámoslo así, “espíritu clown”, fue muy provechoso.

La segunda parte del trabajo giró en torno a la creación de los personajes y los textos.

Me interesaba mucho no caer en la representación tópica de dos señoras mayores. No quería tics, ni voces extrañas. Y he de decir que es una suerte contar con dos actrices superlativas, capaces de entender lo que yo quería y de hacerlo suyo de modo magistral. Los textos fueron naciendo de improvisaciones y de ideas que yo iba lanzando, aunque la línea estaba muy delimitada: estábamos contando la historia de dos mujeres mayores, que saben que la vida se acaba. Una de las dos “güelitas” cruzaría el Universo.

A todo esto hay que sumarle las anécdotas de mi abuela, de la de Olga, de las tías-abuelas de Ana, fotos familiares de todos. Los consejos de Carmen y sobre todo las resolutivas ideas de Manuel Badás para el espacio escénico. Un espacio que yo quería muy pequeño, casi como las casas de la barriada minera en la que me crié. También por el hecho de estar muy cerca del público.

Gracias a Ana y a Olga por el inmenso cariño con el que han hecho este espectáculo. A Manu por estar siempre ahí. A Carmen por dejarme hacerlo, y a Juan por su maravilloso cartel. Y por supuesto a mi güelita, por el inmenso cariño que me dejó en herencia.

 

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