Número 28. Enero de 2010

Edward Gordon Craig
‘El espacio como espectáculo’

Adolfo Simón

Hay que agradecer a La Casa Encendida de Madrid, que esté programando exposiciones de figuras esenciales del teatro durante el siglo XX. En los tiempos que vivimos en la actualidad, donde todo es superficial y efímero, reencontrarse con personalidades que dedicaron su vida a la investigación y la búsqueda de nuevos códigos y lenguajes, nos permite pensar que el arte puede ser algo más que una provocación superflua. Sin duda, Gordon Craig fue un personaje de este tipo, alguien que, para suerte nuestra, elaboró con mucha antelación, un discurso ético y estético del teatro.

Edward Henry Gordon Craig nació el dieciséis de enero de mil ochocientos setenta y dos, muriendo el veintinueve de julio de mil novecientos sesenta y seis. Conocido también como Gordon Craig, fue actor, productor, director de escena y escenógrafo. Hijo ilegítimo del arquitecto Edward Godwin y de la actriz Ellen Terry. En mil ochocientos noventa y tres se casó con May Gibson con quien tuvo cuatro hijos, con su amante Elena Mee tuvo dos hijos y de su relación con Isadora Duncan nació Deydre.

Trabajó como actor en la compañía de Sir Henry Irving, aunque se inclinó por el arte objetual, llegando a aprender a trabajar la madera de la mano de James Pryde y William Nicholson. Su carrera como actor terminó en mil ochocientos noventa y siete dando paso así a su faceta de escenógrafo.

Sus primeras producciones fueron la ópera Acis y Galatea de George F. Handel y Los vikingos de Henrik Ibsen, ambas estrenadas en Londres. Ninguna de las dos recibió el respaldo del público aunque ya se intuía la idea revolucionaria de Craig con diseños minimalistas, focalizando la atención sobre los actores y la iluminación. Además introdujo la idea de unidad conceptual que acompañó toda su producción.

En mil novecientos cuatro, al no hallar apoyo económico en Inglaterra, se traslada a Alemania, allí escribió su famoso ensayo Del arte del teatro. También en Alemania conoció a Konstantin Stanislavski con quién trabajaría en la producción de Hamlet realizada en el Teatro de arte de Moscú en mil novecientos doce. Más tarde se traslada a Italia donde crea la escuela de escenografía con el apoyo de Lord Howard de Walden.

Sus ideas han dejado un legado importantísimo para la práctica teatral contemporánea. Entre ellas destaca el uso de los elementos escénicos en el montaje… escenografía, vestuario, iluminación, etc., de forma que trascienda la realidad, en vez de tan sólo representarla como ocurre en el realismo escénico. Estos elementos pueden crear símbolos con los que se puede comunicar un sentido más profundo. Relacionado con esta idea está el concepto que le haría famoso, la concepción del actor como super marioneta. Craig consideraba que el actor era como un elemento plástico más con capacidad de movimiento.

La Casa Encendida de Obra Social Caja Madrid presentó, por primera vez en España, una retrospectiva de la obra y vida de Edward Gordon Craig, uno de los pioneros en el análisis de la escena teatral del siglo XX y figura fundamental para el desarrollo del teatro contemporáneo.

La exposición, titulada “Edward Gordon Craig: El espacio como espectáculo”, nos adentró en el “escenario espacial”, término que el autor definió en contraposición a la tradicional puesta en escena en la que prevalecía el texto dramatúrgico. Al igual que una sola persona es capaz de generar un fenómeno teatral… teatro hablado o gestual... el espacio puede funcionar por sí mismo como fenómeno, siendo las distancias, direcciones y límites protagonistas. La propuesta de Craig surge de la combinación entre ambos fenómenos: el texto y el espacio.

La muestra nació con varios objetivos. El primero fue acercar al espectador la desconocida figura del actor, escenógrafo y director teatral Edward Gordon Craig. En segundo lugar, desentrañar las variadas y abundantes influencias de las que se nutrió y contaminó. Y por último, analizar la escena teatral desde la visión espacial.

El recorrido expositivo, de más de doscientas obras, revisa la escena teatral y para ello se agrupa en seis bloques temáticos de especial relevancia para su comprensión: el universo nativo y electivo de Edward Gordon Craig, La escalera-Estados de ánimo I, II, III y IV: un laboratorio espacial, la ventana y la retícula, el espacio y la luz, el movimiento y Hamlet.

Edward Gordon Craig entendía el teatro como un acontecimiento de pensamiento que reúne ideas de diferentes campos… arquitecturas, voces, lugares, pinturas, cuerpos, etc., que debían formar un todo dirigido a formalizar el arte del teatro.

Craig admiró el teatro de Irving… sus bosques pintados, sus truenos hechos de chapa golpeada, su melodrama “naif” y al mismo tiempo soñó con otro teatro, en el que todos los elementos resulten armónicos y cuyo arte sea una religión. Hoy, un buen artista es por lo general un personaje próspero y exitoso, en medida tal que se hace difícil recordar que, hasta hace no mucho tiempo, los artistas todavía eran considerados seres especiales y que su arte era visto como algo bien separado de la vida.

Creo que no hay mejor manera de terminar esta crónica que con una de sus frases celebres… “Es infernal el teatro… Pero, de todos modos, es mejor que la iglesia”.

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