Adolfo Simón
Hay que agradecer a La Casa Encendida de Madrid, que esté
programando exposiciones de figuras esenciales del teatro
durante el siglo XX. En los tiempos que vivimos en la
actualidad, donde todo es superficial y efímero,
reencontrarse con personalidades que dedicaron su vida a la
investigación y la búsqueda de nuevos códigos y lenguajes,
nos permite pensar que el arte puede ser algo más que una
provocación superflua. Sin duda, Gordon Craig fue un
personaje de este tipo, alguien que, para suerte nuestra,
elaboró con mucha antelación, un discurso ético y estético
del teatro.
Edward Henry Gordon Craig nació el dieciséis de enero de mil
ochocientos setenta y dos, muriendo el veintinueve de julio
de mil novecientos sesenta y seis. Conocido también como
Gordon Craig, fue actor, productor, director de escena y
escenógrafo. Hijo ilegítimo del arquitecto Edward Godwin y
de la actriz Ellen Terry. En mil ochocientos noventa y tres
se casó con May Gibson con quien tuvo cuatro hijos, con su
amante Elena Mee tuvo dos hijos y de su relación con Isadora
Duncan nació Deydre.
Trabajó como actor en la compañía de Sir Henry Irving,
aunque se inclinó por el arte objetual, llegando a aprender
a trabajar la madera de la mano de James Pryde y William
Nicholson. Su carrera como actor terminó en mil ochocientos
noventa y siete dando paso así a su faceta de escenógrafo.
Sus primeras producciones fueron la ópera Acis y Galatea
de George F. Handel y Los vikingos de Henrik Ibsen,
ambas estrenadas en Londres. Ninguna de las dos recibió el
respaldo del público aunque ya se intuía la idea
revolucionaria de Craig con diseños minimalistas,
focalizando la atención sobre los actores y la iluminación.
Además introdujo la idea de unidad conceptual que acompañó
toda su producción.
En mil novecientos cuatro, al no hallar apoyo económico en
Inglaterra, se traslada a Alemania, allí escribió su famoso
ensayo Del arte del teatro. También en Alemania
conoció a Konstantin Stanislavski con quién trabajaría en la
producción de Hamlet realizada en el Teatro de arte
de Moscú en mil novecientos doce. Más tarde se traslada a
Italia donde crea la escuela de escenografía con el apoyo de
Lord Howard de Walden.
Sus ideas han dejado un legado importantísimo para la
práctica teatral contemporánea. Entre ellas destaca el uso
de los elementos escénicos en el montaje… escenografía,
vestuario, iluminación, etc., de forma que trascienda la
realidad, en vez de tan sólo representarla como ocurre en el
realismo escénico. Estos elementos pueden crear símbolos con
los que se puede comunicar un sentido más profundo.
Relacionado con esta idea está el concepto que le haría
famoso, la concepción del actor como super marioneta. Craig
consideraba que el actor era como un elemento plástico más
con capacidad de movimiento.
La Casa Encendida de Obra Social Caja Madrid presentó, por
primera vez en España, una retrospectiva de la obra y vida
de Edward Gordon Craig, uno de los pioneros en el análisis
de la escena teatral del siglo XX y figura fundamental para
el desarrollo del teatro contemporáneo.
La exposición, titulada “Edward Gordon Craig: El espacio
como espectáculo”, nos adentró en el “escenario espacial”,
término que el autor definió en contraposición a la
tradicional puesta en escena en la que prevalecía el texto
dramatúrgico. Al igual que una sola persona es capaz de
generar un fenómeno teatral… teatro hablado o gestual... el
espacio puede funcionar por sí mismo como fenómeno, siendo
las distancias, direcciones y límites protagonistas. La
propuesta de Craig surge de la combinación entre ambos
fenómenos: el texto y el espacio.
La muestra nació con varios objetivos. El primero fue
acercar al espectador la desconocida figura del actor,
escenógrafo y director teatral Edward Gordon Craig. En
segundo lugar, desentrañar las variadas y abundantes
influencias de las que se nutrió y contaminó. Y por último,
analizar la escena teatral desde la visión espacial.
El recorrido expositivo, de más de doscientas obras, revisa
la escena teatral y para ello se agrupa en seis bloques
temáticos de especial relevancia para su comprensión: el
universo nativo y electivo de Edward Gordon Craig, La
escalera-Estados de ánimo I, II, III y IV: un laboratorio
espacial, la ventana y la retícula, el espacio y la luz, el
movimiento y Hamlet.
Edward Gordon Craig entendía el teatro como un
acontecimiento de pensamiento que reúne ideas de diferentes
campos… arquitecturas, voces, lugares, pinturas, cuerpos,
etc., que debían formar un todo dirigido a formalizar el
arte del teatro.
Craig admiró el teatro de Irving… sus bosques pintados, sus
truenos hechos de chapa golpeada, su melodrama “naif” y al
mismo tiempo soñó con otro teatro, en el que todos los
elementos resulten armónicos y cuyo arte sea una religión.
Hoy, un buen artista es por lo general un personaje próspero
y exitoso, en medida tal que se hace difícil recordar que,
hasta hace no mucho tiempo, los artistas todavía eran
considerados seres especiales y que su arte era visto como
algo bien separado de la vida.
Creo que no hay mejor manera de terminar esta crónica que
con una de sus frases celebres… “Es infernal el teatro…
Pero, de todos modos, es mejor que la iglesia”.