La veintena de espectáculos programados en la Muestra de
Artes Escénicas del Principado de Asturias celebrada en la
Laboral del 10 al 12 de diciembre fue un buen momento para
tomarle el pulso a la cartelera y comprobar la diversidad de
estilos y calidades de nuestros profesionales. La conclusión
general que podemos sacar pone de manifiesto que nuestros
logros artísticos, y también algunas de las deficiencias, no
desdicen mucho —en proporción a los recursos, y al margen de
las ciudades con más de medio millón de habitantes— al del
resto de las comunidades autónomas modestas, pero
aventajadas. La Consejería de Cultura, a través de la
sociedad Recrea encargada de la realización, no ha
escamoteado esfuerzos para que los tres días de duración y
el apretado programa de representaciones se llevase a cabo
de la mejor manera. El reto no era fácil, pues se trataba de
jornadas con seis y siete representaciones que iban desde
las 9,30 de la mañana a las 22,30. Pero la muy eficiente
organización y la buena respuesta del público, sobre todo si
tenemos en cuenta que la exhibición se dirigía
principalmente a programadores y profesionales, confirmó
también un balance positivo en la media de asistencia.
La realización de una muestra del teatro asturiano de estas
características, de participación libre y abierta, y de cara
a la profesión y a los programadores de dentro y fuera de
nuestra comunidad, era una vieja aspiración de varios grupos
—bastantes, aunque desgraciadamente no todos— conscientes de
que la única forma sensata de garantizar la calidad del
teatro, de combatir los posicionamientos numantinos y los
filtros endogámicos de programación —y el mal uso y abuso
que se hace del vídeo como herramienta a la hora de emitir
un juicio de valor—, era a través de una muestra directa que
hiciese hincapié en la representaciones. Cualidad que ha
sido cumplida convenientemente y que ahora pasa la
responsabilidad a los programadores asistentes, ya que serán
ellos quienes decidan, en función de sus criterios, sus
necesidades, y los públicos que representan, qué grupos
pasarán el anhelado Rubicón que los relacione con nuevos
espectadores. Esto, dicho sea de paso y con las mejores
intenciones, contando siempre con que la omnipresente crisis
(y sus prodigiosas cualidades exculpatorias) que ya empieza
a hacer estragos en el apartado cultural —la Consejería de
Cultura del Principado anunció el recorte presupuestario de,
al menos, un veinte por ciento— pase de puntillas sobre el
teatro, y con la expectativa puesta en la idea favorable de
que los programadores copartícipes hayan sido los más
adecuados y tengan poder decisorio para contratar los
espectáculos que hayan sido de su agrado. Ya que serán éstos
los parámetros de rentabilidad que habrá que tener en cuenta
para justificar los costes.
La Muestra de Artes Escénicas del Principado es una novedad
en la política de la Consejería de Cultura que viene a
confirmar la, hasta ahora, apenas inexistente promoción de
nuestro teatro profesional. Si a esto sumamos que durante el
2009 también ha aumentado, respecto a otros años, la partida
dedicada a las subvenciones en gira —esto en detrimento de
las subvenciones a la producción porque todo va en el mismo
paquete— podemos concluir que habrá desplazamientos
presupuestarios y pequeñas variaciones, o replanteamientos,
en el organigrama general.
Sería un error pensar que la Muestra de Artes Escénicas se
celebró con la única intención de acallar las voces
discrepantes que denuncian el desamparo en que se encuentra
nuestro teatro. Para desmentirlo la Consejería de Cultura
tendrá ahora que demostrar que, pese a la crisis, tras
realizar el pertinente balance, obrará en consecuencia a
esta nueva vía de actuación. La hipotética Muestra de Artes
Escénicas del Noroeste, de la que ya se empieza a hablar,
será igualmente un elemento decisivo.