Número 28. Enero de 2010

Editorial
Una vía de difusión y promoción

La veintena de espectáculos programados en la Muestra de Artes Escénicas del Principado de Asturias celebrada en la Laboral del 10 al 12 de diciembre fue un buen momento para tomarle el pulso a la cartelera y comprobar la diversidad de estilos y calidades de nuestros profesionales. La conclusión general que podemos sacar pone de manifiesto que nuestros logros artísticos, y también algunas de las deficiencias, no desdicen mucho —en proporción a los recursos, y al margen de las ciudades con más de medio millón de habitantes— al del resto de las comunidades autónomas modestas, pero aventajadas. La Consejería de Cultura, a través de la sociedad Recrea encargada de la realización, no ha escamoteado esfuerzos para que los tres días de duración y el apretado programa de representaciones se llevase a cabo de la mejor manera. El reto no era fácil, pues se trataba de jornadas con seis y siete representaciones que iban desde las 9,30 de la mañana a las 22,30. Pero la muy eficiente organización y la buena respuesta del público, sobre todo si tenemos en cuenta que la exhibición se dirigía principalmente a programadores y profesionales, confirmó también un balance positivo en la media de asistencia.

La realización de una muestra del teatro asturiano de estas características, de participación libre y abierta, y de cara a la profesión y a los programadores de dentro y fuera de nuestra comunidad, era una vieja aspiración de varios grupos —bastantes, aunque desgraciadamente no todos— conscientes de que la única forma sensata de garantizar la calidad del teatro, de combatir los posicionamientos numantinos y los filtros endogámicos de programación —y el mal uso y abuso que se hace del vídeo como herramienta a la hora de emitir un juicio de valor—, era a través de una muestra directa que hiciese hincapié en la representaciones. Cualidad que ha sido cumplida convenientemente y que ahora pasa la responsabilidad a los programadores asistentes, ya que serán ellos quienes decidan, en función de sus criterios, sus necesidades, y los públicos que representan, qué grupos pasarán el anhelado Rubicón que los relacione con nuevos espectadores. Esto, dicho sea de paso y con las mejores intenciones, contando siempre con que la omnipresente crisis (y sus prodigiosas cualidades exculpatorias) que ya empieza a hacer estragos en el apartado cultural —la Consejería de Cultura del Principado anunció el recorte presupuestario de, al menos, un veinte por ciento— pase de puntillas sobre el teatro, y con la expectativa puesta en la idea favorable de que los programadores copartícipes hayan sido los más adecuados y tengan poder decisorio para contratar los espectáculos que hayan sido de su agrado. Ya que serán éstos los parámetros de rentabilidad que habrá que tener en cuenta para justificar los costes.

La Muestra de Artes Escénicas del Principado es una novedad en la política de la Consejería de Cultura que viene a confirmar la, hasta ahora, apenas inexistente promoción de nuestro teatro profesional. Si a esto sumamos que durante el 2009 también ha aumentado, respecto a otros años, la partida dedicada a las subvenciones en gira —esto en detrimento de las subvenciones a la producción porque todo va en el mismo paquete— podemos concluir que habrá desplazamientos presupuestarios y pequeñas variaciones, o replanteamientos, en el organigrama general.

Sería un error pensar que la Muestra de Artes Escénicas se celebró con la única intención de acallar las voces discrepantes que denuncian el desamparo en que se encuentra nuestro teatro. Para desmentirlo la Consejería de Cultura tendrá ahora que demostrar que, pese a la crisis, tras realizar el pertinente balance, obrará en consecuencia a esta nueva vía de actuación. La hipotética Muestra de Artes Escénicas del Noroeste, de la que ya se empieza a hablar, será igualmente un elemento decisivo.

 

Arriba