Roberto
Corte
La gala de
entrega de la XXXIV edición de los Premi Born comenzó el
viernes 20 de noviembre, en el salón de actos del Cercle
Artístic, en Ciutadella de Menorca, con la presentación de
las ediciones en euskera, en gallego, en castellano y en
catalán del texto de Carles Batlle Oblidar Barcelona,
ganador de la edición anterior. Una obra que para su
traductor al gallego, Alfonso Becerra de Becerreá, que es
amigo y fue alumno del autor, “cobra especial interés por su
propuesta de estilo —más allá del contenido de relaciones
interpersonales que propone, que también es de rabiosa
actualidad—, ya que se trata de un trabajo excepcional por
la forma en que está estructurada”. Posteriormente bajo el
lema El Premi Born, estímul i mirall del nostre teatre
la profesora emérita de la Universidad de Barcelona, María
José Ragué Arias, tras reivindicar la recuperación del
teatro Born, que permanece cerrado y en permanente deterioro
desde hace años, repasó la historia del galardón y resaltó
la importante carrera que han realizado muchos de los
galardonados que hoy son autores de referencia del teatro
contemporáneo español y europeo. Al cerrar su intervención
dedicó unas palabras de recordatorio a Jaume Melendres.
A las 12
del mediodía del sábado 21 tuvo lugar la lectura —de cara a
la prensa— del acta del jurado del Born. En esta ocasión un
jurado compuesto por Jordi Boixaderas, Yolanda Pallín,
Isabel María Díaz, Joan Arrom y Esteve Miralles, que
seleccionaron cuatro piezas finalistas, L´habitació,
La mina de sal, Quan digui tres y La dona
que perdia tots els avions, resultando ganadora esta
última y siendo su autor el joven Josep Maria Miró. La obra
de Miró es un texto “de excepcional calidad poética que
genera una atmósfera onírica y amenazante, misteriosa e
hipnótica. Todo a través de escasos elementos, un lugar
exótico y remoto, objetos simbólicos, personajes
inquietantes, y con el texto obligando al espectador a
colaborar en la reconstrucción de una realidad habitada por
fantasmas del deseo reprimido. Llama la atención su radical
teatralidad, pues está pensada para la representación. Tiene
un conflicto dramático absorbente, una importante dosis de
poesía en su narratividad dramática y unos diálogos
cómplices con la literatura contemporánea. Se trata de un
autor que está muy bien informado acerca de lo que es el
teatro en esta primera década del siglo XXI”. En una
apreciación más personal, Esteve Miralles dice que “es una
obra muy bien construida que aguanta todas las preguntas.
Nos habla de la imposibilidad de entender el mundo, de su
complejidad, y de la inseguridad que generan nuestras
propias percepciones. Es como si descubriéramos que nuestra
percepción de la vida, a veces, no nos vale, porque no es
muy fiable. La pieza también nos habla del dolor que produce
la pérdida de una persona amada. Sin ser la ambigüedad una
estrategia del autor la obra tiene muchas cosas avocadas a
la indefinición”. La obra trata de una mujer del Norte que
se encuentra en una isla del Sur donde los habitantes viven
oprimidos y vigilados. Esta mujer, Sara, que conserva en una
maleta los objetos del marido que ha perdido, espera sentada
a las afueras de una casa colonial a que llegue la hora de
coger su avión. La presencia de otros personajes lugareños
crea unas relaciones misteriosas. Para el propio Josep Maria
Miró, “es una obra con muchos interrogantes, preguntas y
reflexiones. Sugeridas por las perversas relaciones que se
establecen entre el mundo occidental y los otros. En unas
líneas fronterizas que siempre son muy frágiles, pues hacen
confluir dos mundos igualmente explosivos, el emocional y el
vital”.
Josep Maria
Miró tiene 32 años, es licenciado en Dirección y Dramaturgia
en el Institut del Teatre de Barcelona, doctorado en
Literatura Catalana en la Universidad Autónoma de Barcelona
y licenciado en Periodismo en la misma Universidad.
Actualmente es autor residente del Teatre Nacional de
Catalunya en el proyecto T6, lo que le permitirá
estrenar uno de sus textos en 2011. También, desde 2008
forma parte de la compañía La Reina de la Nit de Xavier
Albertí y Lluïsa Cunillé.
Tras la
lectura del acta del jurado y presentación del autor, y con
un sol radiante propio de un día de mayo, la alcaldesa de
Ciutadella de Menorca, Pilar Carbonero Sánchez, recibió en
el Ayuntamiento a la organización y a los participantes, a
los que invitó a un pequeño ágape en la terraza posterior
del inmueble, un lugar privilegiado con vistas desde donde
se contempla el muelle y parte de la ciudad.
En la tarde
del mismo día, ya en el Teatre Principal de Maó, tras la
representación de La curva de la felicidad, de
Eduardo Galán y Pedro Gómez, tuvo lugar la entrega del
Premio por parte de Esteve Miralles, en representación del
jurado, y de Paulí Amorós, presidente del Cercle Artístic,
que resaltó la importancia del galardón y tuvo unas palabras
de agradecimiento al apoyo recibido de los colaboradores.