Número 28. Enero de 2010

Bocados de realidad

 

 

tercer cuerpo (la historia de un intento absurdo)

Claudio Tolcachir

Teatro Timbre 4

Reparto: Hernán Grinstein, Magdalena Grondona, Melisa Hermida, José María Marcos, Daniela Pal

Escenografía: Gonzalo Córdoba Estevez

Iluminación: Omar Possemato

Diseño de espacio: Claudio Tolcachir

Dirección: Claudio Tolcachir

4 de diciembre de 2009

Teatro Palacio Valdés (Avilés)

Venancio J. Mayo Pérez

Cuando uno toma asiento ante un escenario, suele aparecer una cierta sensación de expectación, cuando no de inquietud, ante lo que está por acontecer. Al menos a mí me pasa. En esta ocasión la expectación se vio acrecentada ante los ecos que sobre la anterior y primera obra La omisión de la familia Coleman, de este autor y director, habían llegado hasta mí.

El telón ya está arriba, los actores salen a escena con toda naturalidad y se colocan en sus posiciones, la obra ya ha comenzado antes de que suenen los timbres de aviso. Algunos de los actores se han sentado por detrás de la escenografía, al fondo del escenario, a la espera de su turno de actuación. El espacio escenográfico creado es reducido, apenas unos muebles y algunas sillas, una escenografía sencilla, austera. La iluminación es única, uniforme, continua, sin cambios. En cuanto al vestuario, se observa que no ha sido especialmente confeccionado para la obra, se trata de ropajes ya vividos. En definitiva, el despliegue físico de la obra es de total austeridad, de una austeridad obligada en origen por los espacios alternativos y de economía de medios del que surge este tipo de teatro, del teatro que yo llamo “Teatro de trinchera”, teatro que nace y sobrevive pegado al terreno, a la necesidad, a los espacios reducidos, a la incomprensión de los grandes productores, y los grandes públicos, pero que, a la vez, hace virtud de esta necesidad, recogiendo de ella su fuerza, originalidad, su instinto de supervivencia, y sobre todo su sinceridad.

Sobre esta base Claudio Tolcachir nos regala una obra cosida a la perfección con el hilo de las emociones. Una obra densa, sólida, equilibrada, por momentos desgarradora, y en ocasiones amargamente divertida. Tolcachir cruza y superpone historias personales, grupales, de amor, de desamor, de engaños y desengaños, de vacíos, de deseos inalcanzables, en un mismo espacio escénico, que a la vez se convierte en varios. Personajes vulnerables que recorren caminos de soledad, de frustración, de confrontación con su propia realidad y con la de quienes les rodean. Personajes físicamente juntos, en ocasiones enfrentados, emocionalmente solos.

A medida que avanza la obra, la historia va cobrando cuerpo en la medida en que el director nos ofrece, poco a poco, las piezas que nos ayudan a encajar el puzzle de vida de los personajes, hasta llegar a un desenlace final en el que se culmina la imagen completa. Y lo que vemos no es más que la propia vida, la vida que en algún momento es la de la mayoría de nosotros. Tercer Cuerpo muestra en distintas capas, vidas imperfectas, vidas sufridas, sueños incumplidos, deseos fallidos, elecciones equivocadas, emociones reprimidas, soledad en compañía, comunicación vacía, amores equivocados, ocasiones perdidas, todo ello aderezado con algunos pequeños momentos de alegría con un trasfondo triste.

Tercer Cuerpo es teatro sincero, seco, en ocasiones amargo como la vida misma, que te atrapa sin dejarte mirar a otra parte, sólo te permite, a través de él, mirarte a ti mismo.

 

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