Número 28. Enero de 2010

Ni amo, ni dios

 

ariadna

Atalaya y Centro Andaluz de Teatro

Texto de Carlos Iniesta basado en fragmentos de Marina Tsvietáieva, F. Nietzsche, Ovidio, H. von Hofmannstahl, Catulo y David Pujante

Dirección: Ricardo Iniesta

Intérpretes: Joaquín Galán, Jerónimo Arenal, Silvia Garzón, Aurora Casado, Raúl Vera, Alba Mata, Lidia Mauduit y María Sanz

Escenografía: Juan Ruesga Navarro

Música: Luis Navarro

Dirección coral: Esperanza Abad

Teatro Palacio Valdés

Avilés, 15 de agosto 2009

Eva Vallines

El pasado 15 de agosto, Ariadna volvió a deshacer su ovillo en el Palacio Valdés, y consiguió que cayéramos en sus redes. Hermosa escenificación del mito de una heroína desdeñada por los trágicos griegos, que sólo en la ópera logró alzarse como protagonista y que en esta dramaturgia de Carlos Iniesta recupera el puesto que la tragedia griega le había negado. A pesar de que el mito de Ariadna es ampliamente conocido, son tantas las variantes y las incógnitas que en torno a ella se ciernen, que posibilita todas las interpretaciones. Ninguna mujer ni diosa tuvo tantas muertes ni finales como Ariadna. Como Medea, traiciona a su padre por amor al héroe que viene de lejos y con el que se fuga. Como Medea, es abandonada, en este caso en Naxos, y sin que los mitógrafos se pongan de acuerdo sobre la causa. A partir de aquí comienzan las variantes, la más extendida es que es rescatada por Dionisos que se casa con ella y la convierte en diosa. Iniesta, en cambio, opta por el suicidio de Ariadna, no por despecho a Teseo, sino porque rechaza la inmortalidad que le ofrece Dionisos, se convierte así en el “anti-Fausto” que no quiere vender su alma al mejor postor, elige morir en libertad y se erige en heroína de la integridad, que rechaza amos y dioses y una vida vana y opresiva. “Ni amo, ni dios”, “vivir, no sobrevivir” son las consignas que escuchamos de la boca de Ariadna.

Atalaya nos ofreció una puesta en escena bella y sugerente, con una brillante escenografía, obra de Juan Ruesga, que llevó el Premio ADE 2008. Una vela de navío sujeta por cuatro mástiles, formando un plano inclinado que va transformándose a lo largo de la representación, creando distintos niveles y configurando los diferentes espacios en que se desarrolla el mito, y que genera imágenes potentes como la del principio, el violento escorzo de Minos sujeto por unas cuerdas mientras recita su monólogo. La obra comienza con un coro cantando los antecedentes del mito, la muerte de Androgeo, hijo de Minos, por culpa de Egeo, rey de Atenas. El crimen tiene como consecuencia un sangriento tributo, jóvenes atenienses entregados cada año como alimento del monstruoso hijo de Minos. Sólo Teseo pondrá fin al maleficio. A lo largo de la obra, el coro se va transformando de atenienses víctimas del sacrificio en vestales o bacantes y hasta en el propio Minotauro. Un coro muy bien ejecutado, con coreografías bien resueltas y un buen empaste de voces consigue crear una atmósfera llena de colorido. Todo ello unido a la música de Luis Navarro y los cánticos balcánicos conforma un espectáculo de gran belleza, con un ritmo ágil, que no permite que el espectador se aburra. Lástima que en esta dramatización del mito de Ariadna pese demasiado el carácter narrativo. Se echa de menos un texto más dramático, con un verdadero conflicto, aunque por su componente didáctico es perfecto como ilustración del mito. Alguno de los momentos más conseguidos son la recreación del laberinto del Minotauro, con un coro semejando a sombras del Hades que acechan a Teseo, la seducción de Teseo a Ariadna, y por último, Ariadna ya en Naxos envuelta en una tela de araña. Estamos ante una obra profundamente estética, a la que sólo se le puede achacar la interpretación distanciada, que desgraciadamente suele ir asociada a los clásicos griegos. Una línea más realista, desde la “verdad escénica”, enriquecería el montaje o al menos lo llenaría de sentido. No obstante, el público salió satisfecho de haber compartido por un breve tiempo toda la magia y la sensualidad del mediterráneo, por el buen hacer de los actores y por una puesta en escena impactante con un ritmo ligero y una factura impecable.

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