ariadna
Atalaya y Centro Andaluz de Teatro
Texto de Carlos Iniesta basado en fragmentos de Marina
Tsvietáieva, F. Nietzsche, Ovidio, H. von Hofmannstahl,
Catulo y David Pujante
Dirección: Ricardo Iniesta
Intérpretes: Joaquín Galán, Jerónimo Arenal, Silvia Garzón,
Aurora Casado, Raúl Vera, Alba Mata, Lidia Mauduit y María
Sanz
Escenografía: Juan Ruesga Navarro
Música: Luis Navarro
Dirección coral: Esperanza Abad
Teatro Palacio Valdés
Avilés, 15 de agosto 2009
Eva Vallines
El pasado
15 de agosto, Ariadna volvió a deshacer su ovillo en el
Palacio Valdés, y consiguió que cayéramos en sus redes.
Hermosa escenificación del mito de una heroína desdeñada por
los trágicos griegos, que sólo en la ópera logró alzarse
como protagonista y que en esta dramaturgia de Carlos
Iniesta recupera el puesto que la tragedia griega le había
negado. A pesar de que el mito de Ariadna es ampliamente
conocido, son tantas las variantes y las incógnitas que en
torno a ella se ciernen, que posibilita todas las
interpretaciones. Ninguna mujer ni diosa tuvo tantas muertes
ni finales como Ariadna. Como Medea, traiciona a su padre
por amor al héroe que viene de lejos y con el que se fuga.
Como Medea, es abandonada, en este caso en Naxos, y sin que
los mitógrafos se pongan de acuerdo sobre la causa. A partir
de aquí comienzan las variantes, la más extendida es que es
rescatada por Dionisos que se casa con ella y la convierte
en diosa. Iniesta, en cambio, opta por el suicidio de
Ariadna, no por despecho a Teseo, sino porque rechaza la
inmortalidad que le ofrece Dionisos, se convierte así en el
“anti-Fausto” que no quiere vender su alma al mejor postor,
elige morir en libertad y se erige en heroína de la
integridad, que rechaza amos y dioses y una vida vana y
opresiva. “Ni amo, ni dios”, “vivir, no sobrevivir” son las
consignas que escuchamos de la boca de Ariadna.
Atalaya nos
ofreció una puesta en escena bella y sugerente, con una
brillante escenografía, obra de Juan Ruesga, que llevó el
Premio ADE 2008. Una vela de navío sujeta por cuatro
mástiles, formando un plano inclinado que va transformándose
a lo largo de la representación, creando distintos niveles y
configurando los diferentes espacios en que se desarrolla el
mito, y que genera imágenes potentes como la del principio,
el violento escorzo de Minos sujeto por unas cuerdas
mientras recita su monólogo. La obra comienza con un coro
cantando los antecedentes del mito, la muerte de Androgeo,
hijo de Minos, por culpa de Egeo, rey de Atenas. El crimen
tiene como consecuencia un sangriento tributo, jóvenes
atenienses entregados cada año como alimento del monstruoso
hijo de Minos. Sólo Teseo pondrá fin al maleficio. A lo
largo de la obra, el coro se va transformando de atenienses
víctimas del sacrificio en vestales o bacantes y hasta en el
propio Minotauro. Un coro muy bien ejecutado, con
coreografías bien resueltas y un buen empaste de voces
consigue crear una atmósfera llena de colorido. Todo ello
unido a la música de Luis Navarro y los cánticos balcánicos
conforma un espectáculo de gran belleza, con un ritmo ágil,
que no permite que el espectador se aburra. Lástima que en
esta dramatización del mito de Ariadna pese demasiado el
carácter narrativo. Se echa de menos un texto más dramático,
con un verdadero conflicto, aunque por su componente
didáctico es perfecto como ilustración del mito. Alguno de
los momentos más conseguidos son la recreación del laberinto
del Minotauro, con un coro semejando a sombras del Hades que
acechan a Teseo, la seducción de Teseo a Ariadna, y por
último, Ariadna ya en Naxos envuelta en una tela de araña.
Estamos ante una obra profundamente estética, a la que sólo
se le puede achacar la interpretación distanciada, que
desgraciadamente suele ir asociada a los clásicos griegos.
Una línea más realista, desde la “verdad escénica”,
enriquecería el montaje o al menos lo llenaría de sentido.
No obstante, el público salió satisfecho de haber compartido
por un breve tiempo toda la magia y la sensualidad del
mediterráneo, por el buen hacer de los actores y por una
puesta en escena impactante con un ritmo ligero y una
factura impecable.