J.
Bottaro
Nueva York
Amor sin barreras
es el título en español de la reposición de West Side
Story, después de más de cuarenta años de su producción
original en Broadway en 1957. La obra revive en las manos
expertas de su libretista original Arthur Laurents; pero con
un giro sorprendente y audaz para muchos de sus
espectadores: el musical tiene partes cantadas en español
que no tuvo su primera versión. Entre estas canciones
destaca “I Feel Pretty” (“Me siento hermosa”). La traducción
al español fue hecha por Lin Manuel Miranda (escritor,
productor y actor principal de In the Heights un
musical de tema hispano que obtuvo el premio
tony como
mejor musical).
Miranda, como muchos de los adolescentes latinos con
inclinaciones actorales, estaba familiarizado con el musical
pues ya en las producciones de esta obra en su escuela
secundaria interpretaba el papel de Bernardo (el jefe de una
pandilla latina: “Los tiburones”) y le sorprendía que un
personaje latino tuviera un rol tan determinante en algo que
tuviera que ver con Broadway. Sin embargo, esta presencia
“privilegiada” del personaje latino en una obra de gran
magnitud como Amor sin barreras fue un “éxito” que no
dejó de tener obvios aspectos paradójicos en sí mismos. Por
una parte, la existencia de este tipo de personajes le abrió
el camino a muchos actores de origen hispano y en especial a
miembros de la comunidad artística puertorriqueña: como
Chita Rivera (interpretando a Anita, novia de Bernardo que
es el hermano de María, la protagonista del musical). Por
otra parte, la imagen que proyectaba el personaje latino en
la obra era la de un pandillero que deambula por las calles
del Oeste de Manhattan empuñando una navaja y dispuesto a
usarla en cualquier momento. No obstante, los actores y
actrices latinos preferían estos clichés prejuiciados que la
ausencia total del escenario y del posible trabajo
remunerado.
La
producción de 1957 fue articulada por una especie de grupo
“ideal” de creadores: Leonard Bernstein (música), Stephen
Soundheim (letra) y Jerome Robbins (coreografía). El
musical, inspirado por Romeo y Julieta de
Shakespeare, explora la rivalidad entre pandillas juveniles
de procedencias culturales y étnicas distintas a mediados de
los años cincuenta en los barrios del Oeste de Manhattan,
específicamente en lo que hoy es el Lincoln Center. Fue el
primer musical de gran éxito en explotar el tema de la
violencia, la muerte, los prejuicios raciales, el choque
cultural y el mundo de pandillas de sectores sociales
excluidos.
Una de las escenas más cuestionadas, por su verosimilitud
cultural dudosa, transcurre a la mitad del primer acto:
Tony, miembro de los Jets (la pandilla “americana”), canta
el tema “María” rodeado de edificios en un barrio
enteramente latino, y sin sorpresas, sólo se ilumina una
ventana, que claro está, es la de su María, pues docenas de
otras Marías ignoran la serenata de luna llena de Tony.
Luego, en otra escena se repite el llamado a gritos de María
y de nuevo sólo la suya abre la ventana. Sin embargo, a
pesar del absurdo escénico, el tema "María" es aún hoy el de
mayor éxito internacional y uno de los más populares desde
su estreno.
No
es difícil identificar las ocasiones en que el cine
americano y algunas obras teatrales han ofrecido cierta
latitud a la presencia estereotipada y simplista de
personajes hispanos o latinos a lo largo de cien años. Ya en
1910 el cine mudo ofreció a Mary Pickford interpretando
“Ramona” una heroína hispana. A partir de los años cuarenta
son variadas las apariciones hispanas, entre otras: Lupe
Vélez (Mexican Spitfire, 1940) y Elsa Cárdenas (Giant,
1956) además de la presencia destacada de Ricardo Montalbán
y Carmen Miranda en la década de los cincuenta.
No
es sino con el musical Celia (2007), basado en la
vida de Celia Cruz, que el español, como lengua, logra su
máximo alcance en el circuito teatral de Broadway. Celia
tuvo una larga temporada en cartelera y en gira por los
Estados Unidos y México. La obra se hacía en español con
gran éxito de público y crítica de martes a viernes y los
fines de semana con dos funciones en inglés.
Como conclusión cabría preguntarse si la presencia del
español en la obra de mayor respeto en el mundo musical de
Broadway, más que atestiguar una deliberada toma de
conciencia por parte de los creadores, no sea más bien la
toma de conciencia del incremento del poder de compra del
hispano en el país y de ahí tal vez su inclusión calculada.
En definitiva, cualquiera sean las causas, la obra está allí
y se produce de la manera como quizá debió acontecer en
1957.