Número 27. Septiembre de 2009

Entrevista a Lucy Cuthbertson, directora de Romeo y Julieta
"Quería una obra ubicada en un barrio de Londres"

Patricia Rodríguez
Londres

Puede que Lucy Cuthbertson aún no se codee con la flor y nata de los directores teatrales londinenses, al menos de momento. Ni falta que le hace. De momento puede presumir de varios premios, de haberse introducido en la programación del Teatro Nacional y de ser muy querida por la prensa. Todo esto sin salir de su escuela —la Kidbrooke— en la que ejerce de Jefa de su Departamento de Teatro.

Lucy Cuthbertson es la directora de ese “espectáculo-milagro” —Romeo y Julieta— al que dediqué mi personal declaración de amor en el pasado número de La Ratonera. Esta entrevista era algo obligado desde entonces, especialmente tras descubrir que Kidbrooke School es “la escuela pobre del barrio pobre”. Un calificativo que adquiere dimensiones especiales en una ciudad de casi ocho millones de habitantes, donde el crimen juvenil es ya tan habitual que ni siquiera es portada de los periódicos.

Localizar a Lucy fue sencillo, hablar con ella no tanto y, conseguir una cita, un logro obtenido a base de interminables cruces de llamadas y ajustes de calendario durante más de tres meses. Quedamos a las cinco de la tarde en la terraza de un pub de Greenwich y sobre la mesa está todo listo: el café con leche, el cenicero, el tabaco, el mechero, el último ejemplar de La Ratonera, la grabadora encendida, las preguntas y el lápiz afilado. Llega con un minuto y medio de retraso y se pide una cerveza alemana. Hoy es el primer día de sus vacaciones.

Pregunta. Lo primero que me gustaría saber es cuándo se despierta tu interés por el teatro y, concretamente, por la dirección.

Respuesta. Con 18 años me fui a impartir clases de inglés a Sudán, algo que tuvo una gran influencia en mi desarrollo personal. En cuanto a la primera vez que me subí al escenario, ocurrió en el Club de Drama de la Universidad, mientras estudiaba Geografía. Más tarde estudié interpretación en The Poor School (La Escuela Pobre), un lugar que hacía honor al nombre en cuanto a sus instalaciones, pero que contaba con profesores extraordinarios. Más tarde co-fundé una compañía teatral llamada Ridiculusmus, que hoy tiene una gran proyección nacional. Además de crear, actuar y co-dirigir, también conducía la furgoneta y me encargaba de la administración. Poco a poco empecé a desarrollar mi idea de lo que es dirigir y de lo que busco en mis espectáculos y llegué a la conclusión de que siempre hay que empezar con una pregunta muy sencilla: ¿para qué?

La mayor parte de los espectáculos que vemos, especialmente los que se programan en circuitos independientes y en teatros pequeños, se basan más en la promoción personal que en cualquier otra cosa. Yo necesito que el teatro sea útil. Éste es uno de los primeros planteamientos que me surgieron cuando empecé a dirigir y a involucrarme en proyectos de diversa índole. Me parece muy importante preguntarse cuál es el objeto de la representación, especialmente cuando hay poco dinero ya que, al menos, en el teatro comercial se cobra… Una producción puede ser puro entretenimiento, pero tiene que ser terriblemente brillante y siempre, y por encima de todo, tiene que ser útil para la gente que está involucrada en el proyecto.

Tras dos años en Ridiculusmus, inicié mi carrera en solitario como directora y en 1999 conseguí mi primer trabajo “formal” en Kidbrooke School.

P. Háblame de esta escuela.

R. Kidbrooke School es un centro de secundaria donde acuden chavales entre 11 y 19 años. Pertenece al barrio de Greenwich que, actualmente, ostenta el último lugar en la media educativa nacional compitiendo, de vez en cuando, con Bristol. El programa educativo es similar a otras escuelas. El teatro es obligatorio hasta los catorce años y después se convierte en una asignatura optativa durante dos años y si a los 16 el alumno decide continuar, se puede especializar plenamente en Estudios Teatrales. Es importante señalar que desde las autoridades estatales, el teatro no forma parte del programa a la manera de las Escuelas de Arte Dramático sino que se entiende como una manera de intensificar la enseñanza del inglés. Hay muchos institutos que no tienen teatro en su programa educativo, es una opción que barajan los centros de manera independiente bajo la supervisión del departamento educativo nacional.

P. ¿Cómo describirías tu experiencia personal en este centro?

R. Ahora creo que es una escuela mejor, pero cuando llegué me encontré con muchísimos problemas, sobre todo de conducta, y fue terriblemente duro. Hasta ese momento no se habían realizado muchas producciones y empecé con una versión femenina de El Señor de las Moscas que, por cierto, funcionó muy bien. Continué con otros espectáculos, que se llevaron diferentes premios y que se llegaron a representar en el West End, algo impensable para un instituto de secundaria.

P. ¿Cómo funciona el departamento teatral en la escuela?

R. Existen otros tres profesores y un técnico. Además de las clases y su coordinación me encargo de la parte de puesta en escena de las producciones que, dicho sea de paso, supone un elemento extra. Muchas escuelas que tienen teatro en su programa no realizan espectáculos porque, obviamente, supone un gran esfuerzo por parte del departamento. Sin embargo, yo considero que es un elemento importantísimo en el desarrollo de los niños. Es algo que recordarán y una herramienta que los hace más competentes a la hora de enfrentarse a sus exámenes.

P. ¿Cuál es la diferencia fundamental que encuentras entre trabajar con adultos y con niños?

R. Ninguna. De hecho me he tropezado con adultos que tienen muchos más problemas de comportamiento o terquedad.

P. ¿No te encuentras a menudo con la dificultad de que los estudiantes sientan vergüenza o pudor a la hora de interpretar un personaje delante de los demás?

R. La verdad es que no, ya que les enseñamos cuando son muy jóvenes y el proceso se basa en que se sientan más seguros de sí mismos. Por otro lado, se trata de que se lo pasen bien, así que todo resulta muy natural. Cuando se convierten en adolescentes la asignatura de teatro es optativa, lo que quiere decir que ellos la han escogido y por lo tanto es su responsabilidad aprovechar el tiempo al máximo.

P. ¿Cuántos alumnos continúan estudiando Arte Dramático cuando abandonan el Instituto?

R. Es difícil de decir. No muchos y, desde luego, nosotros no les presionamos para que lo hagan, aunque se trate de alumnos con auténticas habilidades interpretativas. Consideraría inmoral orientarlos hacia la interpretación dada la alta tasa de desempleo en el sector. Muchos hablan de su interés por la enseñanza teatral.

P. ¿Será porque se quieren parecer a ti?

R. (Risas.) Quizás, quizás…

P. ¿Los estudiantes participan también de otros aspectos relacionados con la producción teatral, por ejemplo, escenografía o iluminación?

R. Por supuesto, de hecho en Romeo y Julieta el operador de luces y sonido era también un alumno de la escuela.

P. Hablemos del espectáculo —Romeo y Julieta— y del proceso de creación ¿Cómo seleccionas a los actores?

R. Volvemos a la idea del objetivo. Me parecía imposible plantearme una puesta en escena de esta obra sin ubicarla en el Sureste de Londres y vincularla a la idea de las bandas o al crimen juvenil. Por otro lado quería que el lenguaje resultase familiar, de la zona, sin perder el sentido del original ni la poesía de Shakespeare. Tras varios meses de preparación me puse a trabajar con alumnos de la escuela. Se organizaron dos semanas de casting “formales”, con una cifra inicial de 50 candidatos donde las sesiones se planearon de manera colectiva. Trabajamos de tal modo que al final del proceso cada uno sabía qué papel iba a tener en la representación. Yo no me centro exclusivamente en dos personajes, Romeo y Julieta, parto de una idea más global, de conjunto. Cuando se va dibujando dicha idea, al cabo de estas dos semanas cada uno sabe lo que va a hacer y no hay lugar para la decepción. Es todo muy natural.

P. Estamos hablando de un equipo de 18 niños y adolescentes trabajando juntos ¿Cuál es la mayor dificultad que encuentras cuando trabajas con un grupo de estas características?

R. Pues algo que quizá se produciría en un equipo de adultos. Siempre aparecen problemas de distracción y, a veces, no muy a menudo, de asistencia.

P. Uno de los detalles que más me llamó la atención en el espectáculo fue el de la habilidad física de los actores, en particular en las escenas de lucha. ¿Quién se ocupó de esta parte del montaje?

R. Yo preparé gran parte de dichas escenas a partir, claro, de improvisaciones. Una vez esbozadas, un experto en lucha nos ayudó a limpiarlas y a darles un toque más realista, algo que, dicho sea de paso, los chavales disfrutaron muchísimo.

P. Me interesaría saber qué ocurre con el espectáculo una vez que se termina. Teniendo en cuenta que no es una compañía profesional. ¿Quién se ocupa, por ejemplo, de la distribución? ¿Qué tipo de acuerdos existen con los teatros?

R. Los acuerdos que se establecen con los teatros son los mismos que para cualquier compañía profesional. Yo me encargo de coordinar todo lo que tiene que ver con la publicidad, la distribución y, a veces, también conduzco la furgoneta.

P. ¿Trabajas como directora fuera de Kidbrooke School?

R. Sí. Colaboro a menudo con una compañía que se llama Splendid Productions que, ahora mismo, prepara un Dr Faustus de C. Marlowe orientado a escuelas y que, además de la representación, ofrece talleres.

P. Y la última pregunta ¿Cuál será el próximo proyecto con Kidbrooke School?

R. Mmm… No lo sé. Espero tener un momento de inspiración. Me atrae mucho la idea de montar algo que tenga que ver con la homofobia en los colegios e institutos. Pero no me gustaría hacerlo desde un punto de vista maniqueo, de buenos contra malos, o de adolescentes que sufren abuso por su condición de homosexuales. Me gustaría hacer algo divertido, que tenga algo de Historia, no sé… también estoy dándole vueltas a la posibilidad de hacer El Crisol de Arthur Miller. Ya veremos.

El espectáculo Romeo y Julieta podrá verse del 17 al 21 de noviembre en Riverside Studios, Hammersmith, Londres.

 

Arriba