Número 27. Septiembre de 2009

Visiones y revisiones

almaelectra

Factoría Norte

Dramaturgia y dirección: Borja Roces

Reparto: Ana Morán, Chili Montes, Sonia Vázquez, Cris Puertas, Pepe Mieres, Juan Blanco, Paula Alonso

Escenografía, Vestuario y Diseño Gráfico: Bandua Creative Concept

Coreografía y Movimiento Escénico: Manuel Badás

Música: Mariano Lozano-P.

6 de julio de 2009

Teatro de Pola de Siero

Visualmente espléndida, actoralmente bien desarrollada, con una acertada adaptación del original y dotada de un nuevo aspecto que realza aún más su trágico contenido. Su director y adaptador, Borja Roces, opta en su mayor medida por el texto de Eurípides, otorgando de este modo una mayor presencia a la soberanía de los dioses o creando una Clitemnestra más dura, menos “humana”.

Su Electra (Ana Morán) y su Orestes (Juan Blanco) llegaron a ser notablemente interpretados, no defraudando ante el reto que a los actores les había sido impuesto. Ya Electra nos guía desde los comienzos de la obra a través de su desesperación, buscando en todo momento resarcirse de su propia madre tanto por el asesinato de su padre a manos de Egisto como por la vida que se ha visto obligada a llevar junto al humilde campesino (Pepe Mieres), que la acoge en su hogar tras ser despreciada. Llega entonces el reencuentro entre los dos hermanos, ambos perdidos y desorientados, buscando un camino noble para su ira. Orestes, expulsado de la ciudad por su familia, regresa para culminar el asesinato de Egisto y de su madre, incitado por los deseos de venganza de su hermana, presa de las dudas, perdido en esta tragedia siempre contemporánea.

Pero si algo debe ser mencionado especialmente —además de la actuación de la pareja protagonista— es la inclusión de las bufonas (Sonia Vázquez, Cristina Puertas y Chili Montes), que, a modo de coro, introducían al espectador en una atmósfera fría y desoladora, rodeada por “el fruto infecto”. Excelente su participación, acompañada en todo momento por los pesados mayos que portaban, marcando la tensión que interiormente mostraba el resto de personajes.

Todo vino acompañado por un gran juego de luces y sombras, en una escenografía conformada casi en todo momento por seis plataformas que, guiadas por el coro de las bufonas, delimitaban el espacio en cada momento. Así, aparece finalmente Clitemnestra exhibiendo todo su poder —más tarde todo su temor— para acudir a la cita con sus hijos y la justicia. Notable también el trabajo de Manuel Badás en el aspecto coreográfico, mostrando el desconcierto de los hermanos al reencontrarse o fusionando el devenir de las bufonas en un ambiente caótico y desconcertante, acompañado de la imperecedera poesía de Eurípides, recitada por un consumado elenco de actores, engrandecida con el sobresaliente marco escenográfico, reconocida por una calurosa ovación final.  

 

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