Javier Villanueva es el grande de Asturias. Y no porque sea el más veterano hombre de teatro en activo. ¿Es el más importante? Tal vez su importancia es que ha estado en todo y su pundonor también desde hace más de 40 años. Y ahora hace un teatro, un centro de ensayos. ¿A quién se le ocurre hacer ahora un teatro en estos tiempos sino a él? El hombre de Lieres. El profesor de los Dominicos de Oviedo. El introductor del teatro a tantas generaciones de niños y de niñas. Ha formado parte de momentos gloriosos del teatro en Asturias desde los primeros 60 y tal vez antes. En el Ateneo de la capital, en lo que quedaba del SEU, luego plenamente con la formación de grupos en la Universidad. Allí estaba Javier. Villanueva con su voz tonante. Con su seriedad. No hay seriedad tan divertida como la suya. No hay personaje más divertido recontando anécdotas trágicas de su biografía. Sea cuando un comisario le pega un puñetazo tras una redada, o cuando describe algún melodrama (teatral). Pero es un gran charlista y escritor, un continuador de Lorca en la prolongación de sus dramas. O de Brecht o de Alejandro Casona. O del teatro greco-latino. Hay momentos de gran poesía en su escritura, salpimentados con otros sórdidos ¡Pero qué metáforas es capaz de crear! Y su teatro Pausa habla de su integración en el tiempo. La persistencia. Tesón, fijeza, porfía: las de un grande del teatro en Asturias.