
Jorge Moreno y Cristina Cillero en Asturiestein, de
Konjuro Teatro. (Foto de Mara Villamuza.)
asturiestein
Konjuro Teatro
Dirección y texto: Jorge Moreno
Intérpretes: Cristina Cillero, Borja Roces,
David Acera, Sonia Vázquez y Jorge Moreno
Vestuario: Anabel González
Iluminación y sonido: Fernando Prieto
Espacio sonoro: Fernando Vega
Coreografía: Luchy Colunga
Teatro Palacio Valdés
16 de enero de 2009
Néstor Villazón
Cuenta
en sus Diarios Jules Renard cómo fue el estreno de
Ubú rey en el París de 1896: en uno de los momentos más
célebres de la obra uno de los personajes exclama “¡Mierdra!”,
a lo que alguien responde “¡Comre!”, entre los
pataleos de los conservadores y los vítores de los
vanguardistas. Y finaliza: “Si mañana Jarry no escribe que
nos ha gastado un bromazo, estará acabado.” Pero Ubú rey
ha llegado a ser un clásico del teatro, adaptado más
tarde por Albert Boadella en su reconocido —y maltratado—
Ubú President. La obra, al igual que ocurrió con la de
Alfred Jarry, tuvo un estreno sonado y la prohibición y
vetos que se le impusieron a su autor aún continúan en
nuestros días, teniendo que renegar de su Barcelona natal y
trasladarse a Madrid. ¿Qué ocurre entonces cuando sobre el
escenario avilesino vemos a un Tini Areces —al menos así lo
parece— bailando desenfrenadamente junto a un grupo de
micrófonos que lleva sobre el pecho, sudando y comiendo
generosamente, deteniéndose a cada instante ante la feroz
llamada de los fotógrafos, respetando hasta la más grotesca
fórmula de educación, como el instante en que habla de
“potenciar la seguridad de sus asegurados/as súbditos/as en
esta Asturias/os”? El público comienza a reírse con
increíble naturalidad, sin percatarse de todo el daño —y el
engaño— que esconde su risa. Quizá sea ésta la mejor forma
de definir el montaje: una comedia que desnuda los mitos de
Asturias ante una carcajada inocente.
De
este modo, asistimos a una serie de cuadros esperpénticos
que reflejan, no obstante, la propia realidad: una pareja de
adictos a la sidra dialogan sobre la taza de un water; un
hombre baila con un muñeca hinchable porque no ha conseguido
a aquella chica ”con cara de Santina”, mientras viste
orgulloso su camiseta de Fórmula 1; un guardia civil cuenta
a su superior una pequeña anécdota: el inocente maltrato a
su mujer; una pareja protesta por la falta de ayuda del
gobierno hasta que les avisan del reparto de
prejubilaciones... todo ello guiado bajo la terrorífica
trama principal, en la que el nuevo doctor Frankestein ha de
crear un nuevo monstruo: el asturiano del futuro.
El uso
muy frecuente de elementos sonoros y de iluminación
conseguían crear una escena terrible y cómica al mismo
tiempo, al igual que en anteriores montajes de la compañía
como Alizia 21 o Happy Birthday Miss Monroe.
Sus intérpretes estuvieron al nivel que exigía la obra,
conformando un agradable grupo de estereotipos asturianos,
pasando tan pronto del pálido dramatismo a la más ferviente
comicidad.
Con Asturiestein Konjuro Teatro cumple diez años
sobre las tablas, cosechando éxitos y un merecido
reconocimiento. Con todo, esperemos que este necesario
montaje no corra la misma suerte —al menos en su comienzo—
que los de Jarry y Boadella. Esperemos que éste sea el punto
de partida para la tan exigida autocrítica, que con ella
surja una nueva realidad, el verdadero asturiano del futuro.