
Fernando Cid Lucas
asociación española de orientalistas
universidad autónoma de madrid
Para Irene, una vez más
introducción
Japón, como la mayoría de sus vecinos de Extremo Oriente, es
un país que cuenta con una larga y variada tradición
teatral. Numerosos han sido los géneros teatrales que han
visto la luz en el Imperio del Sol Naciente y que,
progresivamente, han rebasado sus fronteras para interesar
cada vez más a los occidentales. Sin embargo, aún existen
grandes desconocidos en nuestros parámetros, tal es el caso
del espectáculo que voy a tratar ahora en el presente
artículo, sobre el que apenas si existe bibliografía en
nuestro idioma (a diferencia de lo que sucede con sus
“hermanos mayores” como el Nō o el Kabuki), me
estoy refiriendo al teatro cómico o Kyōgen1.
un poco de historia
En lo que están de acuerdo los estudiosos japoneses de su
teatro tradicional es que el origen del Kyōgen es
oscuro y confuso. Existe para él un origen mitológico,
perdido en la bruma del tiempo; aquí se cuenta que la diosa
del sol, Amaterasu, importunada repetidas veces por su
hermano, Susanō, el dios del mar y las tormentas, decidió
ocultarse en una cueva que selló con una gran roca, privando
a los hombres de la luz del sol. Entonces, cientos de dioses
se reunieron en el exterior de la cueva para hacerla salir,
sin éxito alguno hasta que la diosa de la risa y la danza,
Ama no Uzume, consiguió, con sus alocados movimientos y
gestos, divertir a las deidades allí reunidas y, al final,
sacar a Amaterasu de la cueva. El Kyōgen había nacido
de las manos (y las piernas) de los dioses, como otras
tantas cosas en Japón. Curiosamente, la diosa Ama no Uzume
es una de las máscaras y uno de los personajes frecuentes en
el Kyōgen, que representa a una doncella afable, de
buen humor y siempre dispuesta a la danza y al canto.
Alejándonos de los tiempos mitológicos, encontraremos
alusiones históricas a él casi siempre ligadas al Nō,
que hasta bien entrado el siglo XX ha sido su inseparable
compañero escénico, ya que las breves piezas del Kyōgen
se representaban entre las del Nō, de corte más
elevado y moralizante. Así, el primero de los documentos
relativos al Kyōgen data del siglo XI, inserto en el
libro Shin Sarugaku Si (Nuevas notas sobre el
Sarugaku), obra del funcionario de la corte Akihira
Fujiwara, en donde su autor habla de los elementos cómicos
necesarios para dicho espectáculo teatral, en el que se
mezclaban lo trágico y lo cómico. Unos tres siglos después,
con el florecimiento del Nō, llegaría la división de
las obras de teatro según su argumento: las de carácter
serio o elevado serán feudo del Nō-Sarugaku (luego
pasaría a denominarse Nō a secas), mientras que las
burlescas serán del Kyōgen. Quizá un poco a rebufo
del Nō, el Kyogen vivirá por estas fechas su
momento de mayor esplendor, perfeccionando su idiosincrasia,
recogiéndose por escrito las obras que se venían
representando desde hacía siglos preservadas por la
tradición oral, a la vez que se escribían los primeros
textos teóricos y reflexiones. Algunas de ellas se deben al
creador del Nō, Zeami Motokiyo (1363-1443), quien en
sus escritos sobre este arte intercala pensamientos alusivos
al Kyōgen como el que sigue: “Ni en el discurso ni en
el gesto habrá nada bajo; los chistes y bromas serán
apropiados a los oídos de los nobles y de los refinados.
Deberán ser divertidos, pero sin caer en la vulgaridad”. En
parte, este cuidado puesto por los actores y dramaturgos del
Nō se hacía para no desmerecer a las representaciones
de las piezas que iban antes y después del interludio cómico
y ofrecer un espectáculo acorde con el refinamiento de los
espectadores.
textos, máscaras, utilería…
Como apuntaba en el párrafo anterior, los textos de las
piezas Kyōgen se fijaron por escrito relativamente
tarde si los comparamos con los del Nō, que apenas si
pasaron oralmente de maestro a discípulo, como acostumbraban
a hacer las compañías de Kyōgen. Así, el primer
volumen conservado hasta nosotros, que reúne más de
cincuenta obras, está fechado en 1660, titulado Kyōgen-Ki
(Libro de Kyōgen), y que aún se sigue empleando en
nuestros días como referente. Como sucede con el Nō,
los textos de esta variedad escénica suelen ser catalogados
en varios grupos, según quienes sean sus protagonistas (shite):
las Daimyō-mono, en las que se burla al señor feudal;
las Mukō-mono en donde el protagonista es un joven de
clase humilde casado con una burguesa, con las situaciones
cómicas que esto plantea. Parecidas a éstas son las Onna-mono,
donde la mujer gobierna a su marido; mientras, las Oni-mono
tienen como protagonistas a ogros o a duendes mostrando
en muchas ocasiones su faceta más sensible; las Shukke-mono
tienen como protagonistas a los monjes budistas que se dejan
arrastrar por las pasiones humanas; en las Waki-Kyōgen
(donde la danza tiene una gran importancia) se desean buenos
augurios y bonanzas. Influencia en géneros teatrales
posteriores y en el cine nipón ejercieron las Zato-mono,
cuyo personaje principal es un samurái ciego2;
las Yamabushi-mono son piezas donde eremitas y
santones fingen tener poderes sobrenaturales, y un último
grupo de obras sería las protagonizadas por el pícaro Taro-kaja,
de las que hablaremos luego con mayor detenimiento.
En cuanto a su puesta en escena, los actores van ataviados
con kimonos más sobrios y ligeros que los de sus compañeros
del Nō, que están confeccionados con las mejores
sedas y adornados con motivos bordados usando finos hilos de
oro y plata. Por su parte, los del Kyōgen suelen
presentar motivos geométricos (franjas paralelas o que se
cruzan) en colores apagados (naranjas, marrones y ocres son
muy comunes) o pequeños motivos florales. Los tabi, o
calcetines típicos japoneses con espacio separado para el
dedo gordo, tampoco son blancos, como los de los actores
Nō, sino que acostumbran a ser de color amarillo o
marrones. Por lo que respecta a las máscaras (que son parte
indispensable para el Nō, que cuenta con más de cien
tipos diferentes), el Kyōgen posee una pequeña nómina
de ellas, cuyos caracteres suelen ser animales (zorros,
monos o mapaches), tan presentes en las leyendas niponas3,
y las de algunos seres deformes o con gestos exagerados (Oji
y Osobuki serían algunos), que acentúan la comicidad de los
actores que los encarnan.
Como sucede con el Nō, también aquí existen compañías
dedicadas desde hace siglos al oficio de actor. Las
principales son la Ōkura, fundada a mediados del siglo XVI
por Shirōjirō Komparu (¿1500?-¿-?), hijo del gran actor y
dramaturgo Nō Zenchiku Ujinobu (1414-1499), troupe
que ha dado grandes nombres, como su tercer maestro, Torāki
Yaemon Ōkura (¿-?- ¿1662?), quien, además, fue un excelso
teórico de su arte, con tratados como Warambe-gusa,
donde recoge recomendaciones para los actores a la vez que
dignificaba su oficio, alegando que aunque el cometido del
Kyōgen es hacer reír, esto se conseguía sin caer
nunca en lo chabacano, buscando un cuidado estilo
interpretativo. La otra compañía importante es la Izumi,
creada por Gensuke Yamakawi (¿-?-1569), que sirvió a la
dinastía de los Tokugawa. Otro de sus maestros, Mototada
Yamakawi (1747-1816), se encargó de revisar y actualizar las
obras que su compañía escenificaba (unas doscientas),
añadiendo algunas glosas en su Kumogata-bon (Libro
de las nubes4).
En nuestros días, el oficio de actor Kyōgen está más
que asegurado en una joven generación de amantes de este
arte, de la que forman parte los hermanos Shigeyama e Ippei
Motohiko, que han creado en el año 2000 la compañía ¡Toppa!.
Además de representar en teatros, han hecho apariciones en
series televisivas y películas, consiguiendo nuevos adeptos
entre los más jóvenes.
taro-kaja, el pícaro nipón
De entre los muchos personajes típicos del Kyōgen uno
de los más apreciados y entrañable es el de Taro-kaja, un
sirviente vago que en todo momento busca burlar a su señor.
En ocasiones suele estar acompañado de un compañero, Jiro-kaja,
que le sigue en todas sus tropelías. La importancia de Taro-kaja
es tal en el Kyōgen que, incluso, ha dado lugar a un
grupo de obras bastante abultado, las Taro-mono, de
entre las que merecen ser destacadas Buaku o Bo
Shibari, en donde nuestro amigo se encuentra atado a un
palo por su señor para evitar que se beba su apreciado
sake.
Taro-kaja es un personaje que aparece en escena sin máscara
y vistiendo un kimono especialmente ligero, suele ser gris o
azul oscuro con anchas franjas marrones y azul claro. Su
lenguaje es el de un campesino del siglo XV, algo tosco en
ocasiones, muy dado a los chascarrillos y a los juegos de
palabras, de humor sencillo, en definitiva. Cada vez que
puede escapa de trabajar, prefiriendo dormir, comer o beber
sake en compañía de Jiro, su compañero de fatigas.
Como decía, Taro-kaja (o, simplemente, Taro) es el
protagonista de las obras más conocidas del Kyōgen y
las más frecuentes del repertorio, por lo que no es raro
encontrar al divertido personaje en los programas de mano de
las compañías que se han aventurado fuera de los límites del
Imperio del Sol Naciente.
Para terminar, me gustaría añadir que, poco a poco, las
formas “menores” del teatro nipón están saliendo del
ostracismo y han conseguido interesar tanto a los críticos
como a los actores occidentales que han decidido estudiar su
poética in situ, como es el caso de Samuel Nfor Ngwa,
natural de Camerún, que, a día de hoy, representa Kyōgen
de forma profesional después de largos años de entrenamiento
con el respetado maestro Nomura Mannojo. Sin duda, todo un
logro y un orgullo para un gaijin.
Notas
1. Vocablo que literalmente significa en japonés “palabras
locas” o “palabras salvajes”.
2. Recuerden si no la reciente y exitosa película dirigida
por Takeshi Kitano Zatoichi en 2003 y las veintiséis
películas anteriores de diversos directores de las que es
protagonista.
3. Véase el libro de CAEIRO IZQUIERDO, Luís, Cuentos y
tradiciones japoneses II. El mundo animal, Madrid:
Hiperión, 1994.
4. Por las nubes que ilustraban la cubierta del manuscrito.
Bibliografía
Brandon, James R., Nō and Kyōgen in the Contemporary
World, Honolulu: University of Hawai’i Press, 1997.
Cid Lucas, Fernando, El teatro de las voces del viento:
notas sobre el Nō, Mérida: Junta de Extremadura, 2008.
Kenny, Don (ed.), The Kyogen book: an anthology of
Japanese classical comedies,
Tokyo:
Japan Times, 1989.
Richie, Donald,
Three modern Kyogen, Rutland, Vermont: Tuttle
Publishing, 1972.
Sakanishi, Shiho, Kyôgen; comic interludes of Japan,
Boston: Marshall Jones Company, 1938.
Sakanishi, Shiho, Japanese Folk-Plays. The Ink-Smeared
Lady and Other Kyogen, Tokyo: Charles E. Tuttle, 1960.
Takeda, Sharon Sadako, Miracles & mischief: Noh and
Kyōgen theater in Japan,
Los Angeles:
Agency for Cultural Affairs, Government of Japan, 2002.