Número 26. Mayo de 2009

El teatro Kyōgen de Japón
Taro-kaja, el Arlecchino japonés

Fernando Cid Lucas
asociación española de orientalistas
universidad autónoma de madrid
 

Para Irene, una vez más

introducción

Japón, como la mayoría de sus vecinos de Extremo Oriente, es un país que cuenta con una larga y variada tradición teatral. Numerosos han sido los géneros teatrales que han visto la luz en el Imperio del Sol Naciente y que, progresivamente, han rebasado sus fronteras para interesar cada vez más a los occidentales. Sin embargo, aún existen grandes desconocidos en nuestros parámetros, tal es el caso del espectáculo que voy a tratar ahora en el presente artículo, sobre el que apenas si existe bibliografía en nuestro idioma (a diferencia de lo que sucede con sus “hermanos mayores” como el o el Kabuki), me estoy refiriendo al teatro cómico o Kyōgen1.

un poco de historia

En lo que están de acuerdo los estudiosos japoneses de su teatro tradicional es que el origen del Kyōgen es oscuro y confuso. Existe para él un origen mitológico, perdido en la bruma del tiempo; aquí se cuenta que la diosa del sol, Amaterasu, importunada repetidas veces por su hermano, Susanō, el dios del mar y las tormentas, decidió ocultarse en una cueva que selló con una gran roca, privando a los hombres de la luz del sol. Entonces, cientos de dioses se reunieron en el exterior de la cueva para hacerla salir, sin éxito alguno hasta que la diosa de la risa y la danza, Ama no Uzume, consiguió, con sus alocados movimientos y gestos, divertir a las deidades allí reunidas y, al final, sacar a Amaterasu de la cueva. El Kyōgen había nacido de las manos (y las piernas) de los dioses, como otras tantas cosas en Japón. Curiosamente, la diosa Ama no Uzume es una de las máscaras y uno de los personajes frecuentes en el Kyōgen, que representa a una doncella afable, de buen humor y siempre dispuesta a la danza y al canto.

Alejándonos de los tiempos mitológicos, encontraremos alusiones históricas a él casi siempre ligadas al , que hasta bien entrado el siglo XX ha sido su inseparable compañero escénico, ya que las breves piezas del Kyōgen se representaban entre las del , de corte más elevado y moralizante. Así, el primero de los documentos relativos al Kyōgen data del siglo XI, inserto en el libro Shin Sarugaku Si (Nuevas notas sobre el Sarugaku), obra del funcionario de la corte Akihira Fujiwara, en donde su autor habla de los elementos cómicos necesarios para dicho espectáculo teatral, en el que se mezclaban lo trágico y lo cómico. Unos tres siglos después, con el florecimiento del , llegaría la división de las obras de teatro según su argumento: las de carácter serio o elevado serán feudo del Nō-Sarugaku (luego pasaría a denominarse a secas), mientras que las burlescas serán del Kyōgen. Quizá un poco a rebufo del , el Kyogen vivirá por estas fechas su momento de mayor esplendor, perfeccionando su idiosincrasia, recogiéndose por escrito las obras que se venían representando desde hacía siglos preservadas por la tradición oral, a la vez que se escribían los primeros textos teóricos y reflexiones. Algunas de ellas se deben al creador del , Zeami Motokiyo (1363-1443), quien en sus escritos sobre este arte intercala pensamientos alusivos al Kyōgen como el que sigue: “Ni en el discurso ni en el gesto habrá nada bajo; los chistes y bromas serán apropiados a los oídos de los nobles y de los refinados. Deberán ser divertidos, pero sin caer en la vulgaridad”. En parte, este cuidado puesto por los actores y dramaturgos del se hacía para no desmerecer a las representaciones de las piezas que iban antes y después del interludio cómico y ofrecer un espectáculo acorde con el refinamiento de los espectadores.

textos, máscaras, utilería…

Como apuntaba en el párrafo anterior, los textos de las piezas Kyōgen se fijaron por escrito relativamente tarde si los comparamos con los del , que apenas si pasaron oralmente de maestro a discípulo, como acostumbraban a hacer las compañías de Kyōgen. Así, el primer volumen conservado hasta nosotros, que reúne más de cincuenta obras, está fechado en 1660, titulado Kyōgen-Ki (Libro de Kyōgen), y que aún se sigue empleando en nuestros días como referente. Como sucede con el , los textos de esta variedad escénica suelen ser catalogados en varios grupos, según quienes sean sus protagonistas (shite): las Daimyō-mono, en las que se burla al señor feudal; las Mukō-mono en donde el protagonista es un joven de clase humilde casado con una burguesa, con las situaciones cómicas que esto plantea. Parecidas a éstas son las Onna-mono, donde la mujer gobierna a su marido; mientras, las Oni-mono tienen como protagonistas a ogros o a duendes mostrando en muchas ocasiones su faceta más sensible; las Shukke-mono tienen como protagonistas a los monjes budistas que se dejan arrastrar por las pasiones humanas; en las Waki-Kyōgen (donde la danza tiene una gran importancia) se desean buenos augurios y bonanzas. Influencia en géneros teatrales posteriores y en el cine nipón ejercieron las Zato-mono, cuyo personaje principal es un samurái ciego2; las Yamabushi-mono son piezas donde eremitas y santones fingen tener poderes sobrenaturales, y un último grupo de obras sería las protagonizadas por el pícaro Taro-kaja, de las que hablaremos luego con mayor detenimiento.

En cuanto a su puesta en escena, los actores van ataviados con kimonos más sobrios y ligeros que los de sus compañeros del , que están confeccionados con las mejores sedas y adornados con motivos bordados usando finos hilos de oro y plata. Por su parte, los del Kyōgen suelen presentar motivos geométricos (franjas paralelas o que se cruzan) en colores apagados (naranjas, marrones y ocres son muy comunes) o pequeños motivos florales. Los tabi, o calcetines típicos japoneses con espacio separado para el dedo gordo, tampoco son blancos, como los de los actores , sino que acostumbran a ser de color amarillo o marrones. Por lo que respecta a las máscaras (que son parte indispensable para el , que cuenta con más de cien tipos diferentes), el Kyōgen posee una pequeña nómina de ellas, cuyos caracteres suelen ser animales (zorros, monos o mapaches), tan presentes en las leyendas niponas3, y las de algunos seres deformes o con gestos exagerados (Oji y Osobuki serían algunos), que  acentúan la comicidad de los actores que los encarnan.

Como sucede con el , también aquí existen compañías dedicadas desde hace siglos al oficio de actor. Las principales son la Ōkura, fundada a mediados del siglo XVI por Shirōjirō Komparu (¿1500?-¿-?), hijo del gran actor y dramaturgo Zenchiku Ujinobu (1414-1499), troupe que ha dado grandes nombres, como su tercer maestro, Torāki Yaemon Ōkura (¿-?- ¿1662?), quien, además, fue un excelso teórico de su arte, con tratados como Warambe-gusa, donde recoge recomendaciones para los actores a la vez que dignificaba su oficio, alegando que aunque el cometido del Kyōgen es hacer reír, esto se conseguía sin caer nunca en lo chabacano, buscando un cuidado estilo interpretativo. La otra compañía importante es la Izumi, creada por Gensuke Yamakawi (¿-?-1569), que sirvió a la dinastía de los Tokugawa. Otro de sus maestros, Mototada Yamakawi (1747-1816), se encargó de revisar y actualizar las obras que su compañía escenificaba (unas doscientas), añadiendo algunas glosas en su Kumogata-bon (Libro de las nubes4). En nuestros días, el oficio de actor Kyōgen está más que asegurado en una joven generación de amantes de este arte, de la que forman parte los hermanos Shigeyama e Ippei Motohiko, que han creado en el año 2000 la compañía ¡Toppa!. Además de representar en teatros, han hecho apariciones en series televisivas y películas, consiguiendo nuevos adeptos entre los más jóvenes.

taro-kaja, el pícaro nipón

De entre los muchos personajes típicos del Kyōgen uno de los más apreciados y entrañable es el de Taro-kaja, un sirviente vago que en todo momento busca burlar a su señor. En ocasiones suele estar acompañado de un compañero, Jiro-kaja, que le sigue en todas sus tropelías. La importancia de Taro-kaja es tal en el Kyōgen que, incluso, ha dado lugar a un grupo de obras bastante abultado, las Taro-mono, de entre las que merecen ser destacadas Buaku o Bo Shibari, en donde nuestro amigo se encuentra atado a un palo por su señor para evitar que se beba su apreciado sake.

Taro-kaja es un personaje que aparece en escena sin máscara y vistiendo un kimono especialmente ligero, suele ser gris o azul oscuro con anchas franjas marrones y azul claro. Su lenguaje es el de un campesino del siglo XV, algo tosco en ocasiones, muy dado a los chascarrillos y a los juegos de palabras, de humor sencillo, en definitiva. Cada vez que puede escapa de trabajar, prefiriendo dormir, comer o beber sake en compañía de Jiro, su compañero de fatigas. Como decía, Taro-kaja (o, simplemente, Taro) es el protagonista de las obras más conocidas del Kyōgen y las más frecuentes del repertorio, por lo que no es raro encontrar al divertido personaje en los programas de mano de las compañías que se han aventurado fuera de los límites del Imperio del Sol Naciente.

Para terminar, me gustaría añadir que, poco a poco, las formas “menores” del teatro nipón están saliendo del ostracismo y han conseguido interesar tanto a los críticos como a los actores occidentales que han decidido estudiar su poética in situ, como es el caso de Samuel Nfor Ngwa, natural de Camerún, que, a día de hoy, representa Kyōgen de forma profesional después de largos años de entrenamiento con el respetado maestro Nomura Mannojo. Sin duda, todo un logro y un orgullo para un gaijin.

Notas

1. Vocablo que literalmente significa en japonés  “palabras locas” o “palabras salvajes”.

2. Recuerden si no la reciente y exitosa película dirigida por Takeshi Kitano Zatoichi en 2003 y las veintiséis películas anteriores de diversos directores de las que es protagonista.

3. Véase el libro de CAEIRO IZQUIERDO, Luís, Cuentos y tradiciones japoneses II. El mundo animal, Madrid: Hiperión, 1994.

4. Por las nubes que ilustraban la cubierta del manuscrito.

 

Bibliografía

Brandon, James R., Nō and Kyōgen in the Contemporary World, Honolulu: University of Hawai’i Press, 1997.

Cid Lucas, Fernando, El teatro de las voces del viento: notas sobre el Nō, Mérida: Junta de Extremadura, 2008.

Kenny, Don (ed.), The Kyogen book: an anthology of Japanese classical comedies, Tokyo: Japan Times, 1989.

Richie, Donald, Three modern Kyogen, Rutland, Vermont: Tuttle Publishing, 1972.

Sakanishi, Shiho, Kyôgen; comic interludes of Japan, Boston: Marshall Jones Company, 1938.

Sakanishi, Shiho, Japanese Folk-Plays. The Ink-Smeared Lady and Other Kyogen, Tokyo: Charles E. Tuttle, 1960.

Takeda, Sharon Sadako, Miracles & mischief: Noh and Kyōgen theater in Japan, Los Angeles: Agency for Cultural Affairs, Government of Japan, 2002.

 

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