Número 26. Mayo de 2009

Entrevista a Rodrigo García
“Señalar la violencia es más importante que ocultarla”


Foto de Rodrigo García del espectáculo Accidens.

Roberto Corte

Rodrigo García acaba de ser galardonado con uno de los Premios Europa de Nuevas Realidades Teatrales. Es el reconocimiento a una obra que ha sido representada en los escenarios internacionales a partir del año 2000. Pero su trayectoria comienza mucho antes —como Carlos Marquerie y Antonio Fernández Lera nos recuerdan en los artículos que vienen a continuación—, en un contexto teatral español que favorecía muy poco este tipo de expresión.

Pregunta. Alguno de tus espectáculos con La Carnicería Teatro se han visto en el Teatro Jovellanos, las programaciones de Cajastur y Laboral Escena. ¿Cuál es tu relación con Asturias?

Respuesta. Vivo en Espinareu desde hace ocho años. Profesionalmente mi relación ha sido casi nula y ahora cambia, con la Laboral. Una vez actuamos en el Jovellanos, pero no me han vuelto a llamar. Ahora con la Laboral, la situación es distinta, fueron socios en la producción de mi última obra, Versus. La ensayamos allí.

P. Acabo de ver Accidens: Matar para comer en la Sala Gotycka de Wrocław (Polonia). Es una performance que muestra, entre otras cosas, una acción cotidiana que se nos esconde: el sacrificio de animales para resolver un problema alimenticio de subsistencia. Aunque la representación va mas allá de la mera subsistencia al tratarse de un bogavante que será digerido en compañía de un buen vino blanco. Se trata, pues, de un acto de placer gastronómico. Y si se quiere de un acto social, ya que pocas son las personas que se comen un bogavante en soledad. En el coloquio una espectadora te preguntó si no habías pensado en añadirle otras acciones a la performance para desplazarla de la contundente asepsia en que se presenta y derivarla hacia otros significados que se relacionen con nuestro comportamiento en sociedad. ¿Qué dices al respecto?

R. La obra es así. Intenté crear un ambiente sugerente donde el hecho de cocinar y comer el bogavante funcione como un disparador… que de esa acción se puedan interpretar muchas otras cosas. Creo que es una reflexión sobre la tortura —aunque estamos lejos de torturar al animal, sólo es una ilusión— y también sobre la agonía… pero sobre todo es un universo con sus propias leyes, un universo hecho de sonido (el corazón amplificado del bogavante), de densidades (el humo del cigarro de Juan), de tensión (el tiempo que transcurre), de olores (de la cocina)…

P. La comida, los alimentos, el acto de meter y sacar cosas del cuerpo es una constante que aparece en varias de tus obras (pienso en Notas de cocina o Compré una pala en Ikea para cavar mi tumba). El propio nombre de tu anterior compañía, La Carnicería, lo corrobora. Carlos Marquerie, en la presentación que hizo de tu obra al concedérsete el Premio de Nuevas Realidades Teatrales, utiliza las “morcillas” como metáfora para referirse a tu trabajo. De entrada puede parecer un término sin trascendencia, pero no lo es. En un poema de Ángel González se dice aquello de “Nada es lo mismo, nada permanece. Menos la Historia y la morcilla de mi tierra: se hacen las dos con sangre, se repiten”. Al margen de lo apropiado o no que resulte este ejemplo: ¿crees que la sangre, la violencia, y todo lo que de representación tiene como alimento simbólico, sería un ideograma apropiado para referirse a tu teatro?

R. Mi obra suele tacharse de violenta, pero no estoy tan de acuerdo. La violencia está en la calle, en la política, en países enteros que la sufren… yo sólo me expreso usando mis herramientas, a veces son duras, pero nunca tanto como la vida. Señalar la violencia —que es distinto de ser violento— es más importante que ocultarla. Señalando la violencia podemos hacer algo, replantearnos cosas. Ocultándola no le damos el valor que tiene, ocultar la violencia es pesimista, señalarla es, creo, algo positivo. Yo intento que en mi obra también haya un sitio para el amor y la esperanza. Ahora leo un pequeño libro de un filósofo francés, se llama André Compte-Sponville. Dice que la desesperación e incluso muchos suicidios llegan porque uno se hace una idea falsa de la vida, porque uno tiene demasiadas buenas expectativas… y como la vida es dura, llega esa realidad como algo brutal y decepcionante. Dice que lo mejor es ser conscientes de lo trágico y doloroso que tiene la vida y que de esa manera la decepción no será tan grande y la vida entonces nos resultará más soportable y le daremos más valor a lo bueno, a las alegrías, al amor. Al mostrar lo crudo de la realidad, creo que contribuyo a pensar que la vida puede ser más agradable, si somos conscientes de que no todo es color de rosa.

P. En el coloquio que mantuviste en el Teatr Lalek de Wrocław también se hizo alusión a la “moralidad” que tienen algunas de tus obras, una moralidad de combate que se presenta como lastre, que te persigue, y de la que no puedes desprenderte, porque la consideras parte sustancial de tu discurso. A mí me gusta la contundencia que tienen algunos de tus textos. Nos son muy necesarios. Sin embargo también soy de los que consideran que algunas frases que utilizas en los últimos espectáculos —y no estoy pensando en Matar para comer— entran en las acciones como ráfagas desestabilizadoras que, por maniqueas e ingenuas, le restan fuerza y claridad a la coherencia que ha de tener la expresión. No sé si estarás de acuerdo.

R. Cada individuo es diferente. Por genética y por cultura. Lo que unos consideran obvio, resulta que para otros es necesario. Yo tengo una tendencia… a evitar lo elitista y lo oscuro… tal vez quite fuerza poética a mi obra, pero es lo que hay. Cada artista expone en su obra sus limitaciones. Con ellas trazo mi peculiar caligrafía. Creo que es una caligrafía reconocible y ya es algo.

P. En tu intervención has agradecido el apoyo que has recibido de todo tu equipo de trabajo y de las personas que, de una y otra manera, te han ayudado. El camino hasta aquí ha sido difícil. Esperemos que este galardón sirva, al menos,  para que a partir de ahora tus espectáculos se representen en España con más asiduidad. Durante el verano estrenarás en Gijón, en Laboral Escena, tu próximo trabajo. Avánzanos un poco los contenidos.

R. Dije, efectivamente, que el teatro es un trabajo en equipo. Es fácil encontrar un equipo para hacer Shakespeare o una obra que aspire a “triunfar”, pero es muy difícil encontrar un equipo que participe en poéticas como la mía, donde el éxito no existe, por más premios que me den. Porque siempre mi obra genera controversia, nunca tengo consenso, y eso me gusta, me hace sentir vivo, que hago un teatro vivo, un teatro que hace preguntas a veces incómodas, a veces, como apuntas, superfluas y lo lamento de veras. Versus la pieza que vamos a presentar en la Laboral, sigue en esta línea y creo que es una obra excesiva, con muchas zonas que invitan a la controversia. Coexisten muchos temas en la obra, y no puedo resumirlos ni apuntarlos.

 

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