
Dibujo del proceso de trabajo de Versus.
Antonio
Fernández Lera
Este
texto fue leído por el autor en el encuentro con Rodrigo
García en Wrocław, Polonia, con motivo de su Premio Europa
de Nuevas Realidades, el pasado 2 de abril
retrato de rodrigo garcía, director de escena en madrid,
años noventa
Voy a
ser un poco desordenado y, sobre todo, voy a ser breve.
Rodrigo García trabaja con la palabra y con el cuerpo.
Trabaja, sobre todo, con sus actores y actrices. Trabaja,
también sobre todo, consigo mismo. Con la materia poética y
con la basura, que transforma en materia poética. La
suciedad y la sangre que nos rodean se mezclan con el
éxtasis. Todo sirve, todo se transforma. Todo pasa por el
filtro del escenario. Trabaja con los puñetazos en el aire.
Con los garrotazos de Goya en el aire.
Un
actor montado sobre unos zapatos de tacón muy alto, como los
de un travesti, su cuerpo envuelto en cables con luces de
Navidad, se nos acerca y llora con un llanto patético y
ridículo. Nos provoca risa y malestar.
Un
actor, con un micrófono pegado a los labios, devora patatas
fritas y recita despacio, con la boca llena: Vanitas
vanitatis. Todo es vanidad. Etcétera.
Al fondo de una galería de arte, llena de gente, tres
hombres con las cabezas tapadas con pasamontañas, al estilo
de los terroristas de cualquier país. Una tertulia de
terroristas con música de Freddie Mercury: somebody to
love. A la izquierda, a una prudente distancia de los
espectadores y de los terroristas disfrazados de actores, o
de los actores disfrazados de terroristas, vemos a un
robusto Rottweiler atado a una larga cadena: sentimos el
sudor frío del peligro, una ficción performativa en estado
puro, los brutales tirones de la cadena del animal, su
aliento tembloroso, sus ladridos de amenaza, que retumban en
la gruta de la galería y nos estremecen. Al menos un poco.
El
teatro es un espacio y un tiempo para el estremecimiento. El
marketing es otra cosa.
y ahora, recuerdos todavía más personales de propuestas para
espacios escénicos. propuestas que, cuando rodrigo anda
cerca, siempre se realizan
El
espacio se llena de estructuras metálicas, colchones
desnudos, vaciados. Únicamente sus estructuras metálicas. El
espacio se llena de hileras de luces. En el suelo. Debajo y
encima de los colchones. Las hileras de luces, muy pequeñas,
ascienden hacia el vacío de los telares del teatro.
Una
mesa redonda gira y gira. La musiquita de la caja de música
sale distorsionada. Ésa es la verdad.
Una
pared de mesillas de noche invertidas, con sus lámparas
encendidas. Como un escaparate vuelto del revés. Esa misma
pared, en el aire, con las mesillas y las lámparas colgadas
de cables de acero.
Un
perro/muñeco balancea la cabeza, rodeado por el fuego.
Leni
Riefenstahl se va de pesca. La vida sigue.
Otra
pared cubierta de velas que los actores van encendiendo poco
a poco. Una vela por las personas desaparecidas en la
dictadura de los militares argentinos, que se sentían
protegidos por Dios.
Y
ahora, para terminar, me gustaría mostraros los dibujos del
proceso de trabajo de la obra Versus, que se
incluyeron en los pequeños libros que publicamos con ocasión
del estreno de esa obra en Madrid. Dejadme que os diga: son
dibujos hermosos. Tienen todo el sentido: no sé si solos o
acompañados, pero tienen todo el sentido. El acompañamiento
es un valor añadido. Forman parte del tremendo esfuerzo
poético que supone la creación de un espectáculo.
Rodrigo sugiere, motiva, promueve, acompaña, revuelve,
molesta, emociona, juega con el agotamiento hasta la última
gota, no se resigna, no se esconde.
Aleluya.