Número 26. Mayo de 2009

Un puñado de recuerdos


Dibujo del proceso de trabajo de Versus.


Antonio Fernández Lera

Este texto fue leído por el autor en el encuentro con Rodrigo García en Wrocław, Polonia, con motivo de su Premio Europa de Nuevas Realidades, el pasado 2 de abril

retrato de rodrigo garcía, director de escena en madrid, años noventa

Voy a ser un poco desordenado y, sobre todo, voy a ser breve.

Rodrigo García trabaja con la palabra y con el cuerpo. Trabaja, sobre todo, con sus actores y actrices. Trabaja, también sobre todo, consigo mismo. Con la materia poética y con la basura, que transforma en materia poética. La suciedad y la sangre que nos rodean se mezclan con el éxtasis. Todo sirve, todo se transforma. Todo pasa por el filtro del escenario. Trabaja con los puñetazos en el aire. Con los garrotazos de Goya en el aire.

Un actor montado sobre unos zapatos de tacón muy alto, como los de un travesti, su cuerpo envuelto en cables con luces de Navidad, se nos acerca y llora con un llanto patético y ridículo. Nos provoca risa y malestar.

Un actor, con un micrófono pegado a los labios, devora patatas fritas y recita despacio, con la boca llena: Vanitas vanitatis. Todo es vanidad. Etcétera.

Al fondo de una galería de arte, llena de gente, tres hombres con las cabezas tapadas con pasamontañas, al estilo de los terroristas de cualquier país. Una tertulia de terroristas con música de Freddie Mercury: somebody to love. A la izquierda, a una prudente distancia de los espectadores y de los terroristas disfrazados de actores, o de los actores disfrazados de terroristas, vemos a un robusto Rottweiler atado a una larga cadena: sentimos el sudor frío del peligro, una ficción performativa en estado puro, los brutales tirones de la cadena del animal, su aliento tembloroso, sus ladridos de amenaza, que retumban en la gruta de la galería y nos estremecen. Al menos un poco.

El teatro es un espacio y un tiempo para el estremecimiento. El marketing es otra cosa.

y ahora, recuerdos todavía más personales de propuestas para espacios escénicos. propuestas que, cuando rodrigo anda cerca, siempre se realizan

El espacio se llena de estructuras metálicas, colchones desnudos, vaciados. Únicamente sus estructuras metálicas. El espacio se llena de hileras de luces. En el suelo. Debajo y encima de los colchones. Las hileras de luces, muy pequeñas, ascienden hacia el vacío de los telares del teatro.

Una mesa redonda gira y gira. La musiquita de la caja de música sale distorsionada. Ésa es la verdad.

Una pared de mesillas de noche invertidas, con sus lámparas encendidas. Como un escaparate vuelto del revés. Esa misma pared, en el aire, con las mesillas y las lámparas colgadas de cables de acero.

Un perro/muñeco balancea la cabeza, rodeado por el fuego.

Leni Riefenstahl se va de pesca. La vida sigue.

Otra pared cubierta de velas que los actores van encendiendo poco a poco. Una vela por las personas desaparecidas en la dictadura de los militares argentinos, que se sentían protegidos por Dios.

Y ahora, para terminar, me gustaría mostraros los dibujos del proceso de trabajo de la obra Versus, que se incluyeron en los pequeños libros que publicamos con ocasión del estreno de esa obra en Madrid. Dejadme que os diga: son dibujos hermosos. Tienen todo el sentido: no sé si solos o acompañados, pero tienen todo el sentido. El acompañamiento es un valor añadido. Forman parte del tremendo esfuerzo poético que supone la creación de un espectáculo.

Rodrigo sugiere, motiva, promueve, acompaña, revuelve, molesta, emociona, juega con el agotamiento hasta la última gota, no se resigna, no se esconde.

Aleluya.

 

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