EL MERCADER DE VENECIA
de William Shakespeare
Compañía de Fernando Conde
Versión de Rafael Pérez Sierra
Dirección: Denis Rafter
Intérpretes: Juan Gea, Natalia Millán, Luis
Rallo, Jorge Lucas, Camilo Rodríguez, Luz Nicolás, Carlos
Moreno, Dritan Biba, Ángel García Suárez, Ruth Salas, Carlos
Ibarra, David Fernández, José Hervás
Teatro Jovellanos
23 de enero de 2009
Néstor Villazón
Cuando aún tenemos en cartel el espléndido trabajo de Blanca
Portillo en Hamlet —al igual que hizo en su momento
Nuria Espert con no poca trascendencia— nos llega este
Mercader de Venecia puro, fiel a su época, sin
demasiados cambios, algo que en los tiempos que corren pueda
llegar a ser la gran innovación sobre las tablas. Sin
embargo, su realismo es al mismo tiempo su mayor acierto y
un posible mal menor. Su ritmo excesivamente pausado
llegaba, en ocasiones, a sacar al espectador de la acción,
siendo quizá necesaria la supresión de algunas escenas sin
demasiada trascendencia. Aún así, este es el peligro de
mostrarnos el original al completo, con sus grandezas y
fisuras, porque todo, al fin y al cabo, se ve vulnerado con
el paso del tiempo, hasta el propio Shakespeare.
El mercader de Venecia
se basa en dos grandes conflictos para provocar la emoción
en el espectador: la lucha del judío Shylock por sus
derechos ante la sociedad que lo aísla y maltrata, y la
relación algo confusa que mantienen Antonio y Bassanio.
Realmente no sabemos si Antonio llora la juventud perdida,
la falta de amor en su vejez o es que realmente ama a
Bassanio, como en algún montaje se ha sugerido. Por él daría
su vida en el juicio y permite que le sea extraída una libra
de carne humana (tal era el pacto que había hecho con
Shylock si no devolvía su dinero en el tiempo previsto), por
él empeña su fortuna y reniega de la felicidad desde el
primer instante de la obra hasta el momento final de su
tragedia, en que ha de presenciar la unión con Portia. En la
representación esta cuestión no se resuelve, se mantiene la
duda de si todo está realizado por un acto de amistad o
existe alguna otra razón, conservando de este modo la
fidelidad al texto original. Por otra parte, escenas como la
de las tres criadas (una de ellas representada por un actor)
retorciéndose alrededor de los tres cofres de forma un tanto
dantesca y pobre parecían no tener mucho sentido, anulando
la concepción realista de la obra que en un primer momento
parecía tener su director.
Sin embargo, nos encontramos ante una propuesta amable y
bien ejecutada. En ella los actores estuvieron correctos,
destacando especialmente las figuras de Fernando Conde en el
papel de Shylock y de Juan Gea en el de Antonio, que guiaron
en todo momento la tónica general de la obra y sus momentos
más dramáticos. Ellos y la gran producción que la Compañía
de Fernando Conde trajo al Jovellanos conllevaron una noche
agradable, una vuelta al encomiable universo de Shakespeare,
un resurgimiento de la innovación, en ocasiones, más
necesaria: los errores y fisuras de la pureza original.