LA TORTUGA DE DARWIN
de
Juan Mayorga
Dirección: Ernesto Caballero
Intérpretes: Carmen Machi, Vicente Díez, Susana Hernández y
Juan Carlos Talavera
Teatro Jovellanos
26
de diciembre de 2008
Néstor Villazón
“La Tortuga de Darwin es, sin duda, Carmen Machi.” (Paola
Ortega, Telecinco.es); “Una interpretación magistral.” (Ideal.es);
“...ejemplo de trayectoria, en el que ha sabido imponerse a
modas con la seriedad de su actuación.” (ABC); “Una
intérprete no tan buena hubiera naufragado bajo su concha.”
(Juan Valera, El País); “... desbordante de ternura y de
registros.” (Inma Fernández, El Periódico de Cataluña); “Un
texto para una actriz.” (Javier Villán, El Mundo);
“Carmen Machi es una gloria nacional.” (Babelia)... y
podríamos seguir así hasta completar esta crítica con las
múltiples referencias que sobre la actriz se han dado en los
medios. ¿Qué hacer? Hablar más sobre lo mismo sería agotar
el tiempo del lector. No hablemos de Carmen Machi. Hablemos,
por tanto, del resto de la obra.
La Tortuga de Darwin
no es el mejor texto de Mayorga. Aún así, su argumento es
original y consigue encandilar al público en sus primeros
compases: un investigador recibe la visita de la criatura
más anciana del mundo, la tortuga Harriet, que servirá como
excusa para narrarnos con trágica ironía los dos últimos
siglos de nuestra historia. Sin embargo, ya el propio autor
—uno de los más importantes de la escena actual y parece que
uno de los más honestos, pues acaba de ganar la tercera
edición del premio Valle Inclán y dice sentir que se lo ha
“robado” a la otra gran finalista, Vicky Peña, a quien ha
prometido un monólogo “como recompensa”— se refería a su
obra durante la gala de los Max como un texto “con
muchas imperfecciones, convertido en un acontecimiento
teatral por la gran Carmen Machi”... Pero no hablemos de
Carmen Machi.
La dirección, que corrió a cargo de Ernesto Caballero, fue
correcta. Y es que la conjunción entre Caballero y Mayorga
—que aquí se da por primera vez— puede que sea una de las
más importantes y fructíferas que lleguen a nuestro teatro.
Una propuesta escénica sencilla dejaba un total protagonismo
a los actores, introduciendo algunos pequeños cambios de luz
que nos trasladaban a una consulta médica. La acción
transcurría sin demasiados sobresaltos, ligeramente
previsible, dejando todo el peso dramático sobre los hombros
de la vieja tortuga Harriet que... Pero no hablemos más de
Carmen Machi.
El resto de intérpretes se mostraron correctos, sin llegar
su historia a trascender más que el valor de una simple
réplica. En ocasiones funcionaban como mera pantalla, a la
espera de la auténtica protagonista, llenando cada escena
con gran virtuosismo...
La Tortuga de Darwin
es, en efecto, Carmen Machi. Un texto para una gran actriz
que, de no haberla encontrado, hubiese naufragado bajo su
concha; un ejemplo de trayectoria que ha sabido imponerse a
las modas, una interpretación magistral, desbordante de
ternura y de registros; una única voz sobre el escenario, la
de Carmen Machi, gloria nacional.