Número 26. Mayo de 2009

¡No hablen más de Carmen Machi!

LA TORTUGA DE DARWIN

de Juan Mayorga

Dirección: Ernesto Caballero

Intérpretes: Carmen Machi, Vicente Díez, Susana Hernández y Juan Carlos Talavera

Teatro Jovellanos

26 de diciembre de 2008

Néstor Villazón

“La Tortuga de Darwin es, sin duda, Carmen Machi.” (Paola Ortega, Telecinco.es); “Una interpretación magistral.” (Ideal.es); “...ejemplo de trayectoria, en el que ha sabido imponerse a modas con la seriedad de su actuación.” (ABC); “Una intérprete no tan buena hubiera naufragado bajo su concha.” (Juan Valera, El País); “... desbordante de ternura y de registros.” (Inma Fernández, El Periódico de Cataluña); “Un texto para una actriz.” (Javier Villán, El Mundo); “Carmen Machi es una gloria nacional.” (Babelia)... y podríamos seguir así hasta completar esta crítica con las múltiples referencias que sobre la actriz se han dado en los medios. ¿Qué hacer? Hablar más sobre lo mismo sería agotar el tiempo del lector. No hablemos de Carmen Machi. Hablemos, por tanto, del resto de la obra.

La Tortuga de Darwin no es el mejor texto de Mayorga. Aún así, su argumento es original y consigue encandilar al público en sus primeros compases: un investigador recibe la visita de la criatura más anciana del mundo, la tortuga Harriet, que servirá como excusa para narrarnos con trágica ironía los dos últimos siglos de nuestra historia. Sin embargo, ya el propio autor —uno de los más importantes de la escena actual y parece que uno de los más honestos, pues acaba de ganar la tercera edición del premio Valle Inclán y dice sentir que se lo ha “robado” a la otra gran finalista, Vicky Peña, a quien ha prometido un monólogo “como recompensa”— se refería a su obra durante la gala de los Max como un texto “con muchas imperfecciones, convertido en un acontecimiento teatral por la gran Carmen Machi”... Pero no hablemos de Carmen Machi.

La dirección, que corrió a cargo de Ernesto Caballero, fue correcta. Y es que la conjunción entre Caballero y Mayorga —que aquí se da por primera vez— puede que sea una de las más importantes y fructíferas que lleguen a nuestro teatro. Una propuesta escénica sencilla dejaba un total protagonismo a los actores, introduciendo algunos pequeños cambios de luz que nos trasladaban a una consulta médica. La acción transcurría sin demasiados sobresaltos, ligeramente previsible, dejando todo el peso dramático sobre los hombros de la vieja tortuga Harriet que... Pero no hablemos más de Carmen Machi.

El resto de intérpretes se mostraron correctos, sin llegar su historia a trascender más que el valor de una simple réplica. En ocasiones funcionaban como mera pantalla, a la espera de la auténtica protagonista, llenando cada escena con gran virtuosismo...

La Tortuga de Darwin es, en efecto, Carmen Machi. Un texto para una gran actriz que, de no haberla encontrado, hubiese naufragado bajo su concha; un ejemplo de trayectoria que ha sabido imponerse a las modas, una interpretación magistral, desbordante de ternura y de registros; una única voz sobre el escenario, la de Carmen Machi, gloria nacional.   

 

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