Número 26. Mayo de 2009

Algunas tendencias del teatro contemporáneo
Premios Europa del Teatro


Rodrigo García, segundo por la derecha, en su intervención en Wrocław durante
los Premios Europa del Teatro.

Roberto Corte

La 13.ª edición del Premio Europa para el Teatro y la 11.ª del Premio Europa de Nuevas Realidades Teatrales se ha celebrado en Wrocław, Polonia, en el último día de marzo y en la primera semana de abril. Y la ubicación no es casual: la UNESCO ha declarado el 2009 como el año Grotowski. Los actos del programa oficial comprendieron la presentación y estudio de los galardonados, la exhibición de sus espectáculos, y un apartado dedicado a Grotowski al cumplirse los 50 años de la fundación de su Laboratorio, y el décimo aniversario de su muerte. Jornadas y hechos a los que hay que sumar otras actividades, porque también hubo encuentros paralelos de asociaciones nacionales de críticos y de otras instituciones relacionadas con el teatro, que convirtieron durante unos días a la ciudad en un foro de interés internacional. Como me es imposible glosar todos y cada uno de los actos celebrados me dedicaré a comentar algunos de los que he visto y considero de mayor interés.

grotowski

La ciudad de Wrocław no me es del todo desconocida. Estuve en ella hace veintidós años, en un viaje organizado por Jaroslaw Bielski, que trabajaba entonces en el Instituto de Teatro de Gijón. El objetivo principal de aquel viaje era Varsovia y Cracovia, donde pasamos varios días, aunque la visita al museo Laboratorio de Grotowski era de cumplimiento obligado. Vimos una exposición de fotografía y una sala que contenía la mesa de El príncipe constante, un estupendo film en 16 mm sobre training, y una obrita de teatro en una de las salas de la ciudad. También recuerdo que concertamos una entrevista con Rena Mirecka, una de las actrices principales de los espectáculos de los sesenta, que nos habló de la necesidad de despojarse de todo artificio para acercarse a un teatro que centre su estudio en el actor. Digo todo esto porque, ahora, entre los actos que organiza el Premio Europa concertados con el Instituto Grotowski, los participantes tuvimos la oportunidad de oír a Ludwik Flaszen, que asumió con Jerzy Grotowski hace medio siglo la dirección del Teatro de las 13 Filas (más tarde Teatro Laboratorio), y a Maja Komorowska, actriz que narró también las experiencias que marcaron su vida con el grupo, y su posterior vida profesional en el cine. El encuentro agrupó también a importantes especialistas que resaltaron las influencias existentes entre Grotowski y el teatro oriental, y las metodologías corporales afines que utilizan destacados artistas del teatro japonés contemporáneo. Para ponerle un broche de oro a este apartado muchos nos pasamos por el Teatr Pieśń Kozła a ver un Macbeth, en colaboración con la Royal Shakespare Company y dirigido por Grzegorz Bral. La utilización del espacio, los textos seleccionados y cantados al modo gregoriano, la excelente interpretación, y el tratamiento coreográfico y de síntesis de la tragedia en una genuina línea grotowskiana, muy desarrollada, y quizá también con reminiscencias de la Lacrimosa que el mismo Bral acababa de montar, fijó un hermoso espectáculo difícil de olvidar. 

lupa

El Premio Europa para esta año, dotado con 60.000 €, ha sido para Krystian Lupa, director formado en la Academia de Bellas Artes de Cracovia y experto en cine. El jurado destacó su obra sobre el resto de finalistas porque “su teatro tiene el rasgo distintivo de la tradición cultural de la Europa central, que él mismo reivindica y valora para darle categoría de visión del mundo”. La escenificación y su peculiar manera de tratar los argumentos de las novelas de Musil, Bernhard, Bulgákov o Dostoyevski, le dieron relevancia en el teatro internacional. Su Factory 2, el espectáculo que algunos ya han visto en el Festival de Otoño de Madrid y que ahora fue representado en el Wytwónia Filmów Fabularnych Studio B, de siete horas y media de duración con dos descansos, es una pieza construida con improvisaciones sobre la mítica Factory de Andy Warhol y el grupo de personas que en ella participaron. Como el resultado final es un conjunto vasto de trabajos que propician muchos flancos de interpretación, apuntaré algunas impresiones que considero evidentes. Lo primero que nos llama la atención es el tratamiento del tempo a través de un naturalismo radical que no hace concesiones al espectador. Es más, casi diría que la propuesta se presenta ya desde el comienzo como una suma de acciones que minimizan lo “necesario” para magnificar una contingencia de lo superfluo que, por extremada y chirriante, se conforma como la base y la ambientación de una nueva dimensión temporal sobre la que Lupa esboza las relaciones y situaciones de los personajes “biografiados”. Cualidades y cadencias que son la prueba de fuego que se le pone al espectador y que, una vez superada, nos permite pasar a contemplar cuanto acontece. Las acciones se presentan de manera fragmentada, y se exponen en un espacio que reproduce la Factory, que hace de plató y de estancia habitual del grupo. En la parte superior, hay una super pantalla donde se proyectan las grabaciones en directo. No hace falta decir que el tema que prepondera y se superpone en la escena es el que concierne a la imagen y a la cámara fotográfica en el universo Warhol, al de sus actores y a sus vidas. El vacío y la impotencia que genera la captura de una imagen en un film que se desea trascendente —aunque no lo sea— plantea también un problema existencial, porque ahora la realidad se manifiesta mucho más inerte al tratarse, paradójicamente, de una imagen mítica. Hay que decir que todo lo que se nos presenta nos viene dado desde coordenadas temporales cruzadas, entre el pasado, lo que se sabe de la vida de los personajes que fueron reales, y los actores que ahora los representan. Pieza, pues, que propicia muchos repliegues seudoreflexivos que apuntan al sexo, a la creación artística, al voyeur, al deseo del inconsciente, a la imposibilidad de amar, a la incapacidad de fijar un tiempo “biografiado” que busca su verdad, etc. Y sin eludir tampoco el pasaje de humor, como ocurre en un cuadro que reproduce la escucha y retrasmisión en pantalla de una llamada telefónica de casi tres cuartos de hora de duración —lo que Warhol tarda en pintar un cuadro—, que hace de respiradero, de punto de inflexión, y es uno de los que más agradecen los espectadores. La construcción del personaje Warhol por Piotr Skiba, como ocurre con el resto del reparto, está en un hiperrealismo naturalista impecable.

Los otros dos espectáculos de Lupa, The Presidents y Persona, son de factura y resultados diferentes. The Presidents, de Werner Schwab, en el Teatr Polski, Scena na Swiebodzkim, es una pieza sobria, excelente, interpretada por tres buenas actrices, que reproduce la vida vulgar de tres mujeres —tres generaciones— enganchadas a la televisión y aplastadas por los paupérrimos hábitos de la clase social a la que pertenecen. Y Persona, que reincide, al estilo Factory 2, en la investigación acerca de la inexpresividad del personaje en relación con el mito, en esta ocasión Marilyn Monroe, obsesionada en interpretar la Grushenka de Los hermanos Karamazov. Como es la parte de un tríptico que se mostró en Studio ATM a manera de ensayo, aún es una pieza con importantes lagunas de “afinación” que esperemos se subsanarán.

nuevas realidades

Los otros premios en la categoría Nuevas Realidades Teatrales se concedieron a Guy Cassiers (Bélgica), Pippo Delbono (Italia), Rodrigo García (España Argentina), Árpád Schilling (Hungría) y a François Tanguy y su Téâtre du Radeau (Francia). De Árpád Schilling, como no he visto más que vídeos con secuencias de sus intervenciones en la calle, me abstendré de opinar. Y de Pippo Delbono he de decir que su Il tempo degli assassins, pieza de 1986, me decepcionó. A Pippo lo había visto por la mañana participar en uno de los coloquios donde hizo una pequeña demostración de su trabajo. La fuerza en la expresión y el buen acoplamiento del fondo musical auguraban una buena tarde. Sin embargo, el primero de los espectáculos que mostró en el Teatr Muzyczny Capitol fue suficiente para que yo y unos cuantos abandonásemos la sala en busca de otro teatro donde se iba a representar una pieza de Tanguy. Il tempo degli assassins es una obra anticuada y mediocre de las que ya he visto muchas en España. Como suele ocurrir en estos casos, al encontrarme más tarde con compañeros de otros medios que habían aguantado el tirón, me dijeron que el plato fuerte del programa era el segundo, Questo buio feroze, de 2006. Opinión que debía de ajustarse bastante a la realidad porque también fue respaldada por otros muchos espectadores. Lástima que el propio Pippo nos haya hecho esta jugada.

Ricercar, de François Tanguy y el Théâtre du Radeau, en la Wytwórnia Filmów Fabularnych, Studio B, es un trabajo inquietante y extraño sobre la superposición de perspectivas, casi siempre a contraluz, en constante cambio y descomposición. El “ricercar” es, como consta en el programa de mano, el término “precursor de la fuga que designa en su forma instrumental la expresión de un desarrollo polifónico, llamado contrapunto, cuya línea de ‘huida’ se elabora a merced de las intersecciones, inversiones y mutaciones de motivos o sujetos”. Que aquí se manifiesta en una escenografía que llamaré “de túnel”, como cuando se mira por un catalejo al revés, a la que se le van dando cortes que nos aproximan y alejan la estampa a merced de un movimiento de mamparas. El espectáculo tiene una atmósfera fantasmagórica y unos textos muy poéticos, aunque tan lábil y fragmentado como la luz.

En el Teatr Polski, Scena im.J.Grzegorzewskiego se presentó Sunken Red, de Guy Cassiers, a partir de una novela de Jeroen Brouwers e interpretada por Dirk Roofthooft, que cuenta la vida de un personaje, y la de su madre, traumatizado por su experiencia al estar recluido de niño en una prisión japonesa durante la Segunda Guerra mundial. Es un monólogo de profundis, amargo, y a corazón abierto, que se expresa desde el recuerdo de lo vivido, hacia una madre, a la que tampoco se le ocultan reproches. Lo sorprendente del montaje, además de la historia argumental, es la alta sofisticación técnica que presenta —pantallas, cámaras, iluminación— y la armónica utilización de la misma. Aunque cueste creerlo —quizá más por tratarse de un monólogo— el resultado es una obra rigurosamente sobria y contenida en la utilización de los medios. Como ejemplo baste decir que el micro, o gusanillo, sirve aquí para sacarle más partido a una interpretación que, de otra forma, posiblemente, no conseguiría la categoría de “confesión” deseada, ya que todo el texto se suelta sotto voce y está construido a base de susurros.

rodrigo garcía

Rodrigo García estrenó una performance creada para la ocasión con actores y bailarines polacos, El perro, que me he perdido. Aunque estuve en Arrojad mis cenizas sobre Mickey en la Wytwórnia Filmów Fabularnych, Studio A, y en Accidens (matar para comer), en la Sala Gotycka, que por ser presentadas con aforo reducido tenían dos sesiones. Las piezas de Rodrigo tienen una gran virtud, y es que siempre son polémicas y jamás dejan al espectador indiferente. La provocación es su elemento sustancial. Que bien puede dividirse en dos apartados, uno el conceptual y otro el que deviene de la propia ejecución, cuando ésta va por libre. Aunque a veces ocurra que hay conjunción, como en Accidens, que es una acción redonda que consiste en mostrar el sacrificio de un animal para satisfacer una acción cotidiana: matar para comer. A un bogavante se le adhiere una ventosa con un micro para retransmitirnos los sonidos amplificados que éste produce durante la manipulación, después se le cortan las patas, se parte longitudinalmente en dos mitades y se ponen a la parrilla. Sorprende ver cómo a los diez segundos el crustáceo demediado aún mueve sus partes sobre la parrilla. La acción finaliza cuando el bogavante está en su punto para ser servido. Ni que decir tiene que este espectáculo hiere la sensibilidad de la mayoría de los espectadores que, en su inconsciencia, quedan estupefactos al descubrir el “terrible” proceso de culturización que supone el pasar de lo crudo a lo cocido. En Arrojad mis cenizas sobre Mickey las acciones se presentan mucho más bellas y complejas, aunque, en mi opinión, algunas se pervierten por la ingenuidad de una frase, o de unas palabras, que puede que en ese momento no sean las más apropiadas. Como las acciones crearon polémica y hubo espectadores sensibilizados con la defensa de los animales —en dos ocasiones invadieron el espacio escénico para protestar— la repercusión mediática despertó el interés por estos espectáculos y Accidens se repitió en un tercer pase. Esperemos que el éxito conseguido por Rodrigo sirva para que el espectador, reconvertido en lector, se interese también por conocer sus otros textos.

coda

No me gustaría cerrar esta crónica sin hacer mención al sencillo y excelente espectáculo dirigido al público juvenil y adulto representado en el Teatr Lalek, Mozart listy pisze, interpretado por un joven pianista y dos actrices. Y la sorpresa que me produjo comprobar, después de veintidós años, la inquebrantable fe católica, apostólica y romana del pueblo polaco, que no ha parado de manifestarse estos días —algunos cirio en mano y de rodillas—, en memoria de su S.S. Juan Pablo II. Vale.

 

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