
Rodrigo García, segundo por la derecha, en su
intervención en Wrocław durante
los Premios Europa del Teatro.
Roberto
Corte
La
13.ª edición del Premio Europa para el Teatro y la 11.ª del
Premio Europa de Nuevas Realidades Teatrales se ha celebrado
en Wrocław, Polonia, en el último día de marzo y en la
primera semana de abril. Y la ubicación no es casual: la
UNESCO ha declarado el 2009 como el año Grotowski. Los actos
del programa oficial comprendieron la presentación y estudio
de los galardonados, la exhibición de sus espectáculos, y un
apartado dedicado a Grotowski al cumplirse los 50 años de la
fundación de su Laboratorio, y el décimo aniversario de su
muerte. Jornadas y hechos a los que hay que sumar otras
actividades, porque también hubo encuentros paralelos de
asociaciones nacionales de críticos y de otras instituciones
relacionadas con el teatro, que convirtieron durante unos
días a la ciudad en un foro de interés internacional. Como
me es imposible glosar todos y cada uno de los actos
celebrados me dedicaré a comentar algunos de los que he
visto y considero de mayor interés.
grotowski
La ciudad de Wrocław no me es del todo desconocida. Estuve
en ella hace veintidós años, en un viaje organizado por
Jaroslaw Bielski, que trabajaba entonces en el Instituto de
Teatro de Gijón. El objetivo principal de aquel viaje era
Varsovia y Cracovia, donde pasamos varios días, aunque la
visita al museo Laboratorio de Grotowski era de cumplimiento
obligado. Vimos una exposición de fotografía y una sala que
contenía la mesa de El príncipe constante, un
estupendo film en 16 mm sobre training, y una obrita de
teatro en una de las salas de la ciudad. También recuerdo
que concertamos una entrevista con Rena Mirecka, una de las
actrices principales de los espectáculos de los sesenta, que
nos habló de la necesidad de despojarse de todo artificio
para acercarse a un teatro que centre su estudio en el
actor. Digo todo esto porque, ahora, entre los actos que
organiza el Premio Europa concertados con el Instituto
Grotowski, los participantes tuvimos la oportunidad de oír a
Ludwik Flaszen, que asumió con Jerzy Grotowski hace medio
siglo la dirección del Teatro de las 13 Filas (más tarde
Teatro Laboratorio), y a Maja Komorowska, actriz que narró
también las experiencias que marcaron su vida con el grupo,
y su posterior vida profesional en el cine. El encuentro
agrupó también a importantes especialistas que resaltaron
las influencias existentes entre Grotowski y el teatro
oriental, y las metodologías corporales afines que utilizan
destacados artistas del teatro japonés contemporáneo. Para
ponerle un broche de oro a este apartado muchos nos pasamos
por el Teatr Pieśń Kozła a ver un Macbeth, en
colaboración con la Royal Shakespare Company y dirigido por
Grzegorz Bral.
La utilización del espacio, los textos seleccionados y
cantados al modo gregoriano, la excelente interpretación, y
el tratamiento coreográfico y de síntesis de la tragedia en
una genuina línea grotowskiana, muy desarrollada, y quizá
también con reminiscencias de la Lacrimosa que el
mismo Bral acababa de montar, fijó un hermoso espectáculo
difícil de olvidar.
lupa
El Premio Europa para esta año, dotado con 60.000 €, ha sido
para Krystian Lupa, director formado en la Academia de
Bellas Artes de Cracovia y experto en cine. El jurado
destacó su obra sobre el resto de finalistas porque “su
teatro tiene el rasgo distintivo de la tradición cultural de
la Europa central, que él mismo reivindica y valora para
darle categoría de visión del mundo”. La escenificación y su
peculiar manera de tratar los argumentos de las novelas de
Musil, Bernhard, Bulgákov o Dostoyevski, le dieron
relevancia en el teatro internacional. Su Factory 2,
el espectáculo que algunos ya han visto en el Festival de
Otoño de Madrid y que ahora fue representado en el Wytwónia
Filmów Fabularnych Studio B, de siete horas y media de
duración con dos descansos, es una pieza construida con
improvisaciones sobre la mítica Factory de Andy Warhol y el
grupo de personas que en ella participaron. Como el
resultado final es un conjunto vasto de trabajos que
propician muchos flancos de interpretación, apuntaré algunas
impresiones que considero evidentes. Lo primero que nos
llama la atención es el tratamiento del tempo a través de un
naturalismo radical que no hace concesiones al espectador.
Es más, casi diría que la propuesta se presenta ya desde el
comienzo como una suma de acciones que minimizan lo
“necesario” para magnificar una contingencia de lo superfluo
que, por extremada y chirriante, se conforma como la base y
la ambientación de una nueva dimensión temporal sobre la que
Lupa esboza las relaciones y situaciones de los personajes
“biografiados”. Cualidades y cadencias que son la prueba de
fuego que se le pone al espectador y que, una vez superada,
nos permite pasar a contemplar cuanto acontece. Las acciones
se presentan de manera fragmentada, y se exponen en un
espacio que reproduce la Factory, que hace de plató y de
estancia habitual del grupo. En la parte superior, hay una
super pantalla donde se proyectan las grabaciones en
directo. No hace falta decir que el tema que prepondera y se
superpone en la escena es el que concierne a la imagen y a
la cámara fotográfica en el universo Warhol, al de sus
actores y a sus vidas. El vacío y la impotencia que genera
la captura de una imagen en un film que se desea
trascendente —aunque no lo sea— plantea también un problema
existencial, porque ahora la realidad se manifiesta mucho
más inerte al tratarse, paradójicamente, de una imagen
mítica. Hay que decir que todo lo que se nos presenta nos
viene dado desde coordenadas temporales cruzadas, entre el
pasado, lo que se sabe de la vida de los personajes que
fueron reales, y los actores que ahora los representan.
Pieza, pues, que propicia muchos repliegues seudoreflexivos
que apuntan al sexo, a la creación artística, al voyeur, al
deseo del inconsciente, a la imposibilidad de amar, a la
incapacidad de fijar un tiempo “biografiado” que busca su
verdad, etc. Y sin eludir tampoco el pasaje de humor, como
ocurre en un cuadro que reproduce la escucha y retrasmisión
en pantalla de una llamada telefónica de casi tres cuartos
de hora de duración —lo que Warhol tarda en pintar un
cuadro—, que hace de respiradero, de punto de inflexión, y
es uno de los que más agradecen los espectadores. La
construcción del personaje Warhol por Piotr Skiba, como
ocurre con el resto del reparto, está en un hiperrealismo
naturalista impecable.
Los otros dos espectáculos de Lupa, The Presidents y
Persona, son de factura y resultados diferentes.
The Presidents, de Werner Schwab, en el Teatr Polski,
Scena na Swiebodzkim, es una pieza sobria, excelente,
interpretada por tres buenas actrices, que reproduce la vida
vulgar de tres mujeres —tres generaciones— enganchadas a la
televisión y aplastadas por los paupérrimos hábitos de la
clase social a la que pertenecen. Y Persona, que
reincide, al estilo Factory 2, en la investigación
acerca de la inexpresividad del personaje en relación con el
mito, en esta ocasión Marilyn Monroe, obsesionada en
interpretar la Grushenka de Los hermanos Karamazov.
Como es la parte de un tríptico que se mostró en Studio ATM
a manera de ensayo, aún es una pieza con importantes lagunas
de “afinación” que esperemos se subsanarán.
nuevas realidades
Los otros premios en la categoría Nuevas Realidades
Teatrales se concedieron a Guy Cassiers (Bélgica), Pippo
Delbono (Italia), Rodrigo García (España Argentina), Árpád
Schilling (Hungría) y a François Tanguy y su Téâtre du
Radeau (Francia). De Árpád Schilling, como no he visto más
que vídeos con secuencias de sus intervenciones en la calle,
me abstendré de opinar. Y de
Pippo Delbono
he de decir que su Il tempo degli assassins, pieza de
1986, me decepcionó. A Pippo lo había visto por la mañana
participar en uno de los coloquios donde hizo una pequeña
demostración de su trabajo. La fuerza en la expresión y el
buen acoplamiento del fondo musical auguraban una buena
tarde. Sin embargo, el primero de los espectáculos que
mostró en el Teatr Muzyczny Capitol fue suficiente para que
yo y unos cuantos abandonásemos la sala en busca de otro
teatro donde se iba a representar una pieza de Tanguy. Il
tempo degli assassins es una obra anticuada y mediocre
de las que ya he visto muchas en España. Como suele ocurrir
en estos casos, al encontrarme más tarde con compañeros de
otros medios que habían aguantado el tirón, me dijeron que
el plato fuerte del programa era el segundo, Questo buio
feroze, de 2006. Opinión que debía de ajustarse bastante
a la realidad porque también fue respaldada por otros muchos
espectadores. Lástima que el propio Pippo nos haya hecho
esta jugada.
Ricercar,
de François Tanguy y el Théâtre du Radeau, en la Wytwórnia
Filmów Fabularnych, Studio B, es un trabajo inquietante y
extraño sobre la superposición de perspectivas, casi siempre
a contraluz, en constante cambio y descomposición. El
“ricercar” es, como consta en el programa de mano, el
término “precursor de la fuga que designa en su forma
instrumental la expresión de un desarrollo polifónico,
llamado contrapunto, cuya línea de ‘huida’ se elabora a
merced de las intersecciones, inversiones y mutaciones de
motivos o sujetos”. Que aquí se manifiesta en una
escenografía que llamaré “de túnel”, como cuando se mira por
un catalejo al revés, a la que se le van dando cortes que
nos aproximan y alejan la estampa a merced de un movimiento
de mamparas. El espectáculo tiene una atmósfera
fantasmagórica y unos textos muy poéticos, aunque tan lábil
y fragmentado como la luz.
En el Teatr Polski, Scena im.J.Grzegorzewskiego se presentó
Sunken Red, de
Guy Cassiers,
a partir de una novela de Jeroen Brouwers e interpretada por
Dirk Roofthooft, que cuenta la vida de un personaje, y la de
su madre, traumatizado por su experiencia al estar recluido
de niño en una prisión japonesa durante la Segunda Guerra
mundial. Es un monólogo de profundis, amargo, y a
corazón abierto, que se expresa desde el recuerdo de lo
vivido, hacia una madre, a la que tampoco se le ocultan
reproches. Lo sorprendente del montaje, además de la
historia argumental, es la alta sofisticación técnica que
presenta —pantallas, cámaras, iluminación— y la armónica
utilización de la misma. Aunque cueste creerlo —quizá más
por tratarse de un monólogo— el resultado es una obra
rigurosamente sobria y contenida en la utilización de los
medios. Como ejemplo baste decir que el micro, o gusanillo,
sirve aquí para sacarle más partido a una interpretación
que, de otra forma, posiblemente, no conseguiría la
categoría de “confesión” deseada, ya que todo el texto se
suelta sotto voce y está construido a base de
susurros.
rodrigo garcía
Rodrigo García estrenó una performance creada para la
ocasión con actores y bailarines polacos, El perro,
que me he perdido. Aunque estuve en Arrojad mis cenizas
sobre Mickey en la Wytwórnia Filmów Fabularnych, Studio
A, y en Accidens (matar para comer), en la Sala
Gotycka, que por ser presentadas con aforo reducido tenían
dos sesiones. Las piezas de Rodrigo tienen una gran virtud,
y es que siempre son polémicas y jamás dejan al espectador
indiferente. La provocación es su elemento sustancial. Que
bien puede dividirse en dos apartados, uno el conceptual y
otro el que deviene de la propia ejecución, cuando ésta va
por libre. Aunque a veces ocurra que hay conjunción, como en
Accidens, que es una acción redonda que consiste en
mostrar el sacrificio de un animal para satisfacer una
acción cotidiana: matar para comer. A un bogavante se le
adhiere una ventosa con un micro para retransmitirnos los
sonidos amplificados que éste produce durante la
manipulación, después se le cortan las patas, se parte
longitudinalmente en dos mitades y se ponen a la parrilla.
Sorprende ver cómo a los diez segundos el crustáceo
demediado aún mueve sus partes sobre la parrilla. La acción
finaliza cuando el bogavante está en su punto para ser
servido. Ni que decir tiene que este espectáculo hiere la
sensibilidad de la mayoría de los espectadores que, en su
inconsciencia, quedan estupefactos al descubrir el
“terrible” proceso de culturización que supone el pasar de
lo crudo a lo cocido. En Arrojad mis cenizas sobre Mickey
las acciones se presentan mucho más bellas y complejas,
aunque, en mi opinión, algunas se pervierten por la
ingenuidad de una frase, o de unas palabras, que puede que
en ese momento no sean las más apropiadas. Como las acciones
crearon polémica y hubo espectadores sensibilizados con la
defensa de los animales —en dos ocasiones invadieron el
espacio escénico para protestar— la repercusión mediática
despertó el interés por estos espectáculos y Accidens
se repitió en un tercer pase. Esperemos que el éxito
conseguido por Rodrigo sirva para que el espectador,
reconvertido en lector, se interese también por conocer sus
otros textos.
coda
No me gustaría cerrar esta crónica sin hacer mención al
sencillo y excelente espectáculo dirigido al público juvenil
y adulto representado en el Teatr Lalek, Mozart listy
pisze, interpretado por un joven pianista y dos
actrices. Y la sorpresa que me produjo comprobar, después de
veintidós años, la inquebrantable fe católica, apostólica y
romana del pueblo polaco, que no ha parado de manifestarse
estos días —algunos cirio en mano y de rodillas—, en memoria
de su S.S. Juan Pablo II. Vale.