Número 26. Mayo de 2009

Editorial
Falta coherencia y equilibrio

Abrimos este número con una encuesta realizada a las compañías y asociaciones profesionales de nuestra región, acerca de la política teatral del Principado. El objetivo no es otro que el de recoger opiniones sobre los apartados que, en este momento, vertebran las principales vías de actuación: el Circuito de Teatro Profesional y Laboral Escena. Actividades que inciden directamente sobre la producción y las exhibiciones en Asturias, y que durante los últimos meses han estado expuestas a la discusión entre las gentes del gremio, trasfiriendo su descontento a diferentes medios de comunicación.

Nada más lejos de nuestro interés que ofrecer una imagen de oposición maniquea e inconsciente. Como hemos dicho en más de una ocasión a través de los editoriales, y más allá de la diversidad de pareceres y respuestas, se trata de considerar la opinión generalizada de que Asturias necesita un proyecto y desarrollo teatral equilibrado que haga compatible las nuevas tendencias, la investigación y la exhibición en un foro internacional de referencia como es la Ciudad de la Cultura —dicho con la misma terminología que aparece en el desiderátum—, con un organigrama básico de infraestructuras y representaciones por las principales villas de nuestra región. Pues sólo desde la construcción de un tejido cultural y social sólido, que cuente con la participación de nuestros profesionales y espectadores, cobrarán sentido los proyectos que nos relacionen con los foros europeos donde se forjan los trabajos sobresalientes y las experiencias más arriesgadas.

No se trata, pues, de contravenir el ideario del gobierno en sus políticas teatrales, sino de todo lo contrario, de conseguir que éstas se lleven a cabo y de que no se queden en una mera declaración de buenas intenciones. Es mucho aún lo que resta por hacer, y grande ha de ser el compromiso. Empezando por los presupuestos, que es uno de los apartados más escabrosos, y sobre el que sólo cabe manifestarse con solvencia, incluso ahora que la crisis financiara empieza a ser una realidad que afecta también al entramado cultural. Un presupuesto digno en consonancia con las necesidades de nuestra comunidad teatral será el primer síntoma que garantice la viabilidad y seriedad del proyecto. El control y la coherencia de gastos y salarios —diferentes en función de las responsabilidades, pero con un veto decidido y moratorio hacia los contratos estrella—, la creación de un equipo administrativo encargado exclusivamente de la gestión teatral en nuestra autonomía y la coproducción de un montaje anual desde la Ciudad de la Cultura equiparable a la de un Centro Dramático Regional, junto a la mejora de los planes y servicios que ahora están en ejercicio, pueden ser los objetivos inmediatos que nos hagan pensar en un futuro esperanzador.

Los megaproyectos del Centro Niemeyer y Ciudad de la Cultura son realidades inminentes que nos dotarán de una valiosa infraestructura. Otorgarles contenidos que se correspondan con su justa condición de servicio público será otro de los objetivos.

 

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