Abrimos este número con una encuesta realizada a las
compañías y asociaciones profesionales de nuestra región,
acerca de la política teatral del Principado. El objetivo no
es otro que el de recoger opiniones sobre los apartados que,
en este momento, vertebran las principales vías de
actuación: el Circuito de Teatro Profesional y Laboral
Escena. Actividades que inciden directamente sobre la
producción y las exhibiciones en Asturias, y que durante los
últimos meses han estado expuestas a la discusión entre las
gentes del gremio, trasfiriendo su descontento a diferentes
medios de comunicación.
Nada más lejos de nuestro interés que ofrecer una imagen de
oposición maniquea e inconsciente. Como hemos dicho en más
de una ocasión a través de los editoriales, y más allá de la
diversidad de pareceres y respuestas, se trata de considerar
la opinión generalizada de que Asturias necesita un proyecto
y desarrollo teatral equilibrado que haga compatible las
nuevas tendencias, la investigación y la exhibición en un
foro internacional de referencia como es la Ciudad de la
Cultura —dicho con la misma terminología que aparece en el
desiderátum—, con un organigrama básico de infraestructuras
y representaciones por las principales villas de nuestra
región. Pues sólo desde la construcción de un tejido
cultural y social sólido, que cuente con la participación de
nuestros profesionales y espectadores, cobrarán sentido los
proyectos que nos relacionen con los foros europeos donde se
forjan los trabajos sobresalientes y las experiencias más
arriesgadas.
No se
trata, pues, de contravenir el ideario del gobierno en sus
políticas teatrales, sino de todo lo contrario, de conseguir
que éstas se lleven a cabo y de que no se queden en una mera
declaración de buenas intenciones. Es mucho aún lo que resta
por hacer, y grande ha de ser el compromiso. Empezando por
los presupuestos, que es uno de los apartados más
escabrosos, y sobre el que sólo cabe manifestarse con
solvencia, incluso ahora que la crisis financiara empieza a
ser una realidad que afecta también al entramado cultural.
Un presupuesto digno en consonancia con las necesidades de
nuestra comunidad teatral será el primer síntoma que
garantice la viabilidad y seriedad del proyecto. El control
y la coherencia de gastos y salarios —diferentes en función
de las responsabilidades, pero con un veto decidido y
moratorio hacia los contratos estrella—, la creación de un
equipo administrativo encargado exclusivamente de la gestión
teatral en nuestra autonomía y la coproducción de un montaje
anual desde la Ciudad de la Cultura equiparable a la de un
Centro Dramático Regional, junto a la mejora de los planes y
servicios que ahora están en ejercicio, pueden ser los
objetivos inmediatos que nos hagan pensar en un futuro
esperanzador.
Los
megaproyectos del Centro Niemeyer y Ciudad de la Cultura son
realidades inminentes que nos dotarán de una valiosa
infraestructura. Otorgarles contenidos que se correspondan
con su justa condición de servicio público será otro de los
objetivos.