Número 26. Mayo de 2009
----------------- Seleccione Artículo -----------------EditorialLos profesionales opinanFETEN 09Ubú asturiano¡No hablen más de Carmen Machi!La gran innovaciónEl placer de conocer a IsabellaEspacios para una geografía de la memoriaLo que uno se figuraComentarios de autor y directorEl alma de Electra'Iphigenia', una apuesta arriesgadaLa cabeza de VallePremios Europa del TeatroEntrevista a Rodrigo GarcíaMorcillasUn puñado de recuerdosJavier VillanuevaDedos en la LaboralLa papelera de Eurípides (y XIII)Dramaturgos en la sombra200 años de Nicasio Á. de CienfuegosLa hora de Andrés de ClaramonteDos orillas de expresión en MadridFrancis Bacon: ‘La escena monstruosa’Crisis, invocación y ultrajeSugestivo, dialéctico y discursivoBrutalidad conmovedoraApuntes de un directorTaro-kaja, el Arlecchino japonésContadores de historiasLibros y revistas
José Luis Campal Fernández ridea
La capa de indiferencia y silencio que, con el paso del tiempo, va cubriendo las carreras que fueron en su día fulgurantes se aprecia, por ejemplo, en la valoración antaño superlativa que se granjearon dramaturgos a los que hoy resulta un empeño ímprobo situar cualitativamente.
Guiado por una voluntad resarcidora, recupero aquí unas cuantas trayectorias de gentes que contaron, y mucho, en la escena capitalina de hace más de un siglo. Y lo hago exhumando las ripiosas estrofas con que se acompañaron sus caricaturas –obra de Luque, Cilla y Blanco y Roldán– en la portada del célebre semanario festivo Madrid Cómico, dirigido primero por Miguel Casañ y por Sinesio Delgado después, en el arranque de la década de 1880, que es la franja cronológica seleccionada. En esas tiradas versificadas que se colocaban debajo del retrato del autor se exaltaban sus aptitudes más sobresalientes y, por regla general, no se olvidaba el rimador de aludir al título de alguno de los textos que habían hecho popular al caricaturizado, bastantes de los cuales pusieron en algún modo su pluma al servicio de esa leidísima revista.
Reúno una docena de escritores dramáticos y cómicos que a día de hoy nada pintan, a no ser que hablemos de arqueología, pero que sí contribuyeron al regocijo popular en una época lejana pero no tan remota.
El conquense Ceferino Palencia (1858-1928), casado con la actriz María Tubau, cultivó la comedia, el sainete y la zarzuela en piezas como Cariños que matan, Las sorpresas del divorcio o La deseada. A él consagró Madrid Cómico la loa que sigue el 18 de abril de 1880 cuando iniciaba su andadura:
Con su “Carrera” ha obtenido
una ovación verdadera.
¡El éxito es merecido!
¡Bien principia su carrera!
¡Lejos, muy lejos irá!
Este chico es el demonio.
¡Tan joven y ya es papá
de “El cura de San Antonio”!
Natural de Madrid, Rafael García y Santisteban (1829-1893) despuntó en los juguetes cómicos a la par que en la composición de zarzuelas, contándose entre su producción títulos como La liquidación social, La torre de Babel, El novio de su mujer, La mujer de tres maridos o el triunfal Robinsón, libreto al que se refiere Madrid Cómico cuando lo hace primera plana de su edición del 6 de marzo de 1881:
Este que miráis aquí
es poeta muy jovial.
“Robinsón” le dio un caudal
y por eso viste así
en su hotel de Portugal.
Colaborador de El Imparcial y emperador del sainete, la zarzuela y la revista fue el matritense Ricardo de la Vega (1839-1910), quien nos legó, entre otros, La verbena de la Paloma, La canción de la Lola, El año pasado por agua o Una noche en el Retiro. Cuando estaba a punto de concluir el mes de marzo de 1881, así lo definía con dos pinceladas Madrid Cómico:
Refleja en cada creación
la vida, el color, la luz
y la gracia y la intención,
y es el nuevo don Ramón
de la Cruz.
Diputado, hermano de un premio Nobel discutidísimo y facturador de numerosas comedias y zarzuelas como La casta Susana o Caridad fue el toledano Miguel Echegaray (1848-1927), el cual compareció el 1 de mayo de 1881 al dictamen del hebdomadario donde ejercía Clarín:
Es correcto en el decir;
y demuestran su conciencia
y su gusto al escribir
las comedias “Inocencia”
y “El octavo no mentir”.
Echando mano a otro par de textos teatrales recurrió, el 8 de mayo de 1881, Madrid Cómico para capturar la dimensión del periodista, comediógrafo y político malagueño Francisco Flores García (1846-1917), en cuyas alforjas se dan cita otras obras como Las parrandas, Navegar a todos los vientos y El nacimiento de Tirso:
Escritor culto, ocurrente,
y autor cómico de práctica,
se le ve en “Cuestión de táctica”
siempre “Llevar la corriente”.
El turno del valenciano Eduardo Navarro Gonzalvo (1847-1902) llegó el 16 de julio de 1881. Director de Los Madriles y autor de dramas, zarzuelas y comedias como Prueba fotográfica, La boda del inspector o El pecado de Caín, es conceptuado inmejorablemente por Madrid Cómico:
Ha tenido cien estrenos
con un éxito feliz,
y escribió “La institutriz”,
que es un drama de los buenos.
Su numen es tan fecundo
que podría, de mil modos,
llenar de comedias todos
los escenarios del mundo.
En otros casos, el renombre obtenido sobre las tablas anulaba el ganado en otras áreas profesionales. Eso se lo atribuye Madrid Cómico el 18 de noviembre de 1883 al madrileño Javier Santero (1848-1923), profesor universitario y responsable de zarzuelas y comedias como El gran Tamerlán de Persia, En la pendiente y Efectos del divorcio. En la cuarteta que le dedican se alude a otras creaciones suyas:
Con “Los guantes del cochero”
y el “Ángel”, que es un buen drama,
se ha oscurecido la fama
de médico de Santero.
También despuntaron en los escenarios gentes procedentes de las esferas aristocráticas, como el poeta y académico de la RAE murciano Juan José Herranz (1839-1912), autor de comedias y zarzuelas como Los cursis, Honrar padre y madre o Perlas. Acapara la portada del Madrid Cómico correspondiente al 27 de enero de 1884 y es destinatario del siguiente elogio:
Es autor muy aplaudido
y además conservador.
Fino, correcto y pulido...
¡Como buen húsar, ha sido
y será Gobernador!
A propósito del madrileño Tomás Luceño (1844-1933), que sería secretario del ministro López de Ayala y se labraría un nombre dentro del género sainetístico con piezas como Fiesta nacional y Cuadros al fresco, aseveraba Madrid Cómico el 17 de febrero de 1884 lo que se reproduce a continuación:
Como tiene más salero
y más gracia que el que más,
se ha enterado el mundo entero
de que es el gran sainetero
don Tomás.
El 24 de febrero de 1884, Madrid Cómico situó en el pórtico de su ejemplar al poeta y dramaturgo santanderino Eusebio Sierra (1850-1922), artífice de obras como La noche de San Juan y Botín de guerra. Debajo de su caricatura podía leerse:
Presento a ustedes a Sierra,
periodista, buen autor,
aplaudido, y el mejor
literato de su tierra.
La versatilidad era habilidad subrayada por las revistas decimonónicas al referirse al gaditano José Jackson Veyán (1852-1935), autor de juguetes cómicos, zarzuelas y sainetes como La tonta de capirote, La borracha o La carne flaca, compuesta conjuntamente con Carlos Arniches. Cuando Madrid Cómico lo retrató el 16 de marzo de 1884 no se olvidó de su ocupación laboral en el servicio de Telégrafos:
Es este mozo galán
José Jackson Veyán.
Lo mismo enjareta un drama
que transmite un telegrama.
Finalizamos este apresurado recorrido con el valenciano Mariano Barranco (1850-?), a cuya profusa pluma para el juguete cómico (La horma de su zapato, Rendirse para vencer, Marrón glacé, etc.) alude el rimador de Madrid Cómico cuando lo describe el 20 de julio de 1884:
De sal sus juguetes llena,
y con ellos humillada
tiene a la suerte en la escena,
porque el pobrecito estrena
quince cada temporada.
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